Composiciones a varias voces sobre texto en lengua vulgar de contenido profano y espiritual, de Giovanni Pierluigi di Palestrina (1525- 1594).
Fueron publicadas en las siguientes colecciones: II primo libro de Madrigali a quattro voci (Roma, 1555, importante reimpresión en Venecia, 1594); Il secondo libro de Madrigali a quattro voci (Venecia, 1586); Delli Madrigali spirituali a cinque voci di Gio. Pietro Luigi Prenestino Maestro di Cappella di S. Pietro di Roma. Libro secondo (Roma, 1594). Otros madrigales de tres a seis voces aparecieron esporádicamente en varias colecciones de la época, como la Ghirlanda; Li amorosi ardori; los Dolci affetti; los Libri delle Muse, etc., que, junto con los demás, forman un total de unas 140 composiciones, sin contar algunos que nos han llegado incompletos. Todos ellos se encuentran transcritos en notación moderna en la gran edición de Leipzig de las obras de Palestrina a cargo de Franz Xavier Haberl. En los libros a cuatro voces los textos poéticos están sacados por Palestrina de Petrarca y de la escuela petrarquista del Renacimiento, sin excluir de esta última ciertas manifestaciones frívolas o casi licenciosas; lo mismo puede decirse de los madrigales dispersos en varias colecciones, donde se encuentran musicadas algunas de las más célebres poesías de Petrarca, como «Chiare, fresche e dolci acque».
Los dos libros a cinco voces contienen en cambio, textos poéticos de carácter espiritual: himnos religiosos, generalmente a la Virgen, en lengua vulgar y en forma lírica. El primer libro contiene los ocho madrigales sobre la canción del Petrarca Vergine bella y otros sobre versos más modestos del tipo de las laudas del siglo XVI. En el segundo los textos poéticos son paráfrasis de las letanías de la Virgen (también en lengua vulgar) de autor desconocido. En cuanto a la música, algunos madrigales palestrinianos, a pesar de expresar un contenido profano o amoroso, son de una .altura espiritual rara en otros autores de la época. Se entiende, sin embargo, que su carácter es distinto al de las composiciones sacras del mismo autor. Comparando, por ejemplo, los madrigales a cuatro voces con los motetes también a cuatro, los primeros resultan de una escritura polifónica más sencilla; en parte de ellos domina la forma «nota contra nota», o sea, con superposición simultánea de las voces, en otros, en cambio, encontramos abundancia de procedimientos contrapuntísticos, con inicio y episodios a imitación fugada, como en los motetes, en cuyo caso la distinción formal entre los dos géneros se debilita, y en realidad no es tan rígida como algunos quisieran.
La mejor prueba está en el hecho de que más de un madrigal de Palestrina pudo transformarse, por mano del mismo autor, en una composición sacra: citaremos únicamente el caso del madrigal sobre la composición boccaccesca «Già fu chi m’ebbe cara», de la que nació una Misa parodia (v. Misas) que, entre otras cosas, contiene un «Sanctus» sublime. Al lado de la alta espiritualidad hay que admirar, en los madrigales como en todas las demás composiciones palestrinianas, aquella armonía de formas, aquella morbidez de líneas y de colorido que caracterizan el gran arte del Renacimiento. Entre los ejemplos más bellos hay que recordar los siguientes madrigales: a cuatro voces: «Donna vostra mercede»; «Deh! or foss’io col vago della luna», «Là vèr l’aurora», «Alla riva del Tebro», famoso este último por una disonancia no preparada, excepcional en aquellos tiempos, a cinco voces; «Se fra quest’erb’è fiore», «Soave fia il morir», «Vestiva i colli», uno de los madrigales más célebres del siglo XVI, transcrito para laúd por Vincenzo Galilei en el Fronimo e incluso parodiado por Adriano Banchieri en la Locura senil (v.).
Los madrigales espirituales suelen considerarse como de valor superior, en cuanto están más próximos, por. su forma e inspiración, a las composiciones sacras: sobre todo en el segundo libro el genio de Palestrina se manifiesta en todo su esplendor; éste es uno de los mayores ejemplos del estilo polifónico del Renacimiento, antes de que se afirmara la monodia. Las piezas contenidas en esta colección tienen carácter de piadosa y devota efusión, pero al mismo tiempo un estilo fantasioso y libre, una gran riqueza y variedad melódica y armónica. Recordaremos «Se amarissimo fiele», «Vincitrice de l’empia idra infernale», «Tu di fortezza torre», y el último «E tu, Signor, tu la tua grazia infondi», que parece cerrar la actividad artística de Palestrina en una serena plegaria, en una visión de consuelo a veces entreverada de acentos dolorosos.
M. F. Fano

