El asunto de este poema heroico, de Miguel de Silveira (siglo XVII), es, como el autor advierte, la restauración del templo de Jerusalén, hecha por el invicto capitán Judas Macabeo. Como en contadas obras, puede comprobarse en ésta que sus censores alaban de tal manera su texto, tema y estilo, que asombra al lector de hoy poco acostumbrado al elogio arrebatado. Por ejemplo, don Jerónimo Pardo, del Consejo de S. M., en el Real de Castilla, dice: «Entre la multitud de libros y papeles, o compuestos de nuevo, o reimpresos, que cada día se dan a luz, he notado con igual maravilla que dolor el que una obra tan excelente, que a haber vivido Miguel de Silveira en siglos más antiguos podría servir por el mejor dechado de un poema épico, no conociendo ventaja alguna, así en *la pureza de la locución y en lo elevado de los conceptos, como en la exactitud con que observa las reglas que piden semejantes composiciones, no haya encontrado quien (deseándolo igualmente que todos los hombres doctos, eruditos de nuestra nación) haya querido por el medio, que al presente se intenta, aumentar los pocos libros que, en la primera vez o por mejor decir única, se imprimieron en Nápoles; de donde nacía vernos privados -de uno de los más singulares adornos de la Poesía y Lengua Españolas…», fechando sus palabras en Madrid en 1725. Miguel de Silveira nos informa a su vez de que el asunto’ de su obra lo tenía elegido el Tasso para su poema, aunque desistió más tarde de llevarlo a efecto. No obstante la importancia de la obra, reconocida por sus censores, y la seriedad con que el autor la acomete y corona, gastando veintidós años de su vida en realizarla, las historias de la literatura española suelen desdeñar su mención. Veinte son los libros que componen El Macabeo, y su lectura poética resulta un tanto abrumadora.
C. Conde

