La Llamada al Soldado, Maurice Barrés

[L’appel au soldat]. Novela de Maurice Barrés (1862- 1923), publicada en 1900 a continuación de los Desarraigados (v.) como segundo volu­men de la trilogía «La novela de la energía nacional».

Trata de la situación política y moral de Francia vista según la tentativa autoritaria y antiparlamentaria del general Boulanger; los personajes que en el libro precedente eran observados en su vida de adolescentes llenos de esperanzas y de idea­les, aquí están juzgados en su directa parti­cipación en el drama de la nación. En espe­cial en torno a François Sturel se examina la situación del país, que sufre el marasmo de las luchas políticas y de las especulacio­nes de sociedad y de Bolsa y cree encon­trar una solución eficaz en el partido boulangista. Ardiente de patriotismo, soñando en su tierra lorenesa y ansiando un desquite contra el extranjero invasor, el abogado Sturel trata de aportar su contribución a la victoria del general Boulanger. El joven, haciendo un viaje a Italia, escribe desde Venecia a su compañero de estudios y de fe, el historiador Roemerspacher, y éste le contesta desde alemania donde está am­pliando su cultura.

En el sentimiento de la conciencia nacional y del heroísmo regene­rador ambos jóvenes comprenden que sólo con el amor de la tierra donde han nacido pueden proseguir una acción útil para Fran­cia; en la lucha contra toda corrupción siguen un deber entendido en su forma más pura. Con ánimo devoto y conmovido visitan Alsacia y Lorena y sienten el re­cuerdo de la gloria patria. En torno a ellos se enlaza la narración más amplia de la vida política francesa: con sus ideales, que sinceramente se adhieren al boulangismo, con­trastan la decadencia parlamentaria, la co­rrupción de los grandes grupos comerciales e industriales y el cansancio de muchos sectores del país frente a nuevas aventuras políticas.

El autor toma como pretexto la acción política de los dos soñadores, para mostrar con áspera crítica el aspecto más malsano de la vida social de su tiempo, par­ticularmente con ocasión del escándalo del Canal de Panamá y de las corrupciones en que se sumieron varios diputados de la Cámara. Casi como en una continua requisitoria Sturel hace el diagnóstico de los ma­les de la nación, ansiando una renovación total de las conciencias a través del movi­miento boulangista. Las duras vicisitudes de éste, particularmente desde 1885 hasta 1891, año en que el general se quitó dramá­ticamente la vida sobre la tumba de su amante, están expuestas en el libro con un gran caudal de detalles. Sturel lucha para realizar su programa político de nacionalis­mo y de moralidad incluso después de la muerte de Boulanger, pero nuevas pruebas le esperan ante el abandono de sus compa­ñeros y la inseguridad del país.

El libro, carente de la viveza de Los Desarraigados (v.), se ofrece como una amplia crónica de la Francia republicana y, también por el hecho de acentuar como en una confesión ideales y tendencias del joven Barres, se extiende en áspero juicio sobre los hombres de gobierno de la época y particularmente sobre los liberales y radicales. Por otra parte el amplio material examinado no se aclara en una narración propiamente dicha, lo cual crea cansancio expositivo y debi­lidad de representación artística. La patética llamada del país al «soldado», . es decir, a Boulanger, regenerador y presunto salvador de la patria contra el extranjero, halla un contraste en el volumen siguiente de la trilogía, Sus rostros (v.).

C. Cordié