Lucila, Nicolas-Edmé Restif de la Bretonne

[Lucile]. Breve novela publica­da en 1768 por Nicolas-Edmé Restif de la Bretonne (1734-1806), en la que destacan de modo característico las cualidades, defec­tos y contrastes del extraño temperamento de este narrador.

Lucila es la bellísima hija de quince años del señor De Fumeterre, rico mercader de una ciudad de provincias, y prometida por intereses a un tal señor Fisiomone, feo y malvado, pero que une a las riquezas la «nobleza de toga»; ella huye con un joven y apuesto empleado de su padre, Dangeot. Después de un mes de estancia en París (durante el cual Dangeot respeta extrañamente la inocencia de Lucila) ambos muchachos son sorprendidos por el padre y el pretendiente de la joven. Lucila, ate­rrada, consigue desaparecer. Dangeot es preso, pero puesto en libertad por compa­sión del buen Fumeterre. Los padres de Lucile quedan desesperados (no tenían, fuera de ella, más que un hijo que, oficial en América, hace tiempo que no manda no­ticias). Entretanto, Lucile cae en manos de una mujerzuela, la Courton, que la lleva a una casa infame, pero la conserva para venderla a alto precio a un riquísimo joven, Durichemont.

Éste ha acogido a Lucila, creyéndola corrompida, para hacer de ella su amiga, pero el candor de la joven le asombra y su finura e inteligencia acaban enamorándole por completo. Quisiera ca­sarse con ella, pero le retiene el origen de la muchacha, a quien cree hija de la infame Courton. En este punto Lucila, también enamorada, narra su verdadera historia, que había callado hasta entonces por temor de volver a caer en manos de Fisiomone. Se suceden los golpes de teatro; llegan, felices, los ancianos padres; llega también, de la lejana América, el hermano de Lucila, con una hermosa joven que presenta como su prometida y que es nada menos que Dangeot, el ex empleado del señor De Fumeterre, obligado desde sus más tiernos años a adoptar aquel disfraz masculino, debido a una novelesca historia de heren­cia.

Todo concluye, pues, de la mejor ma­nera, con dos matrimonios. La extravagante intriga entra en la tradición de la novela y de la comedia novelesca de la época; los detalles crudamente realistas de muchas escenas dan innegable originalidad a la obrita. Aparece la afición de Restif por los asuntos equívocos y el sabor ambiguo del contraste con una soñada inocencia, mez­clados a una extraña tendencia, no menos característica, a curiosos razonamientos pe­dagógicos (se cita y discute a Rousseau y se apela al Ser Supremo); todo ello presen­tado con rápido brío, en un estilo impuro pero extraordinariamente vivo y eficaz.

M. Bonfantini