Recopilación de poesías del neogriego Andrea Calvos, publicada primeramente en dos pequeños volúmenes: Odas (1824) y Nuevas odas (1826).
El centro del mundo poético de Calvos es el motivo de la «Virtus», don celestial, criatura divina que adopta nombres y formas varias (valor, verdad, libertad), fuerza que es manantial de admirables gestas, cuya luz baña la vida del hombre, siempre dispuesta a la lucha. En guerra con los turcos, turbas insaciables de sangre, el valor de los griegos .se despliega con desesperado valor, en nombre de la patria y la libertad, para librar el suelo sagrado del impío enemigo. La inspiración, exclusivamente patriótica, se expresa de modo singularísimo en estas Odas. Algunas influencias evidentes (evocaciones de Píndaro, resonancias de Horacio, imitaciones de Foscolo) no disminuyen su originalidad estilística, lingüística y métrica. En el conjunto de la literatura neogriega, aparece Calvos como figura aislada, al igual que Cavafis; su poesía — que Costis Palamás fue el primero en reivindicar — fue discutida durante largo tiempo y no ha llegado a ser popular. La lengua es arcaizante, aunque irregular, con imprevistos injertos demóticos; la métrica (estrofas de tres septetas y una quinteta), de raigambre italiana, excluye la «barbarie de la rima».
El aliento poético llena entonces el pecho del cantor con énfasis retórico, pero su naturaleza esquiva, severa, y el «pathos» trágico de su espíritu envuelven y casi colorean con timbres graves, de suspirante profundidad interna, los abandonos líricos con insospechados sones; lo «sublime» de los antiguos clasificadores convendría a esta poesía, que no renuncia a la descripción sino que la atiende, ni desdeña las exuberancias adjetivales en función desnuda y musical. Por doquier se descubren quiebras entre las nobles audacias del asunto y rigidez en los resultados: no siempre las medidas métricas consiguen gobernar el ímpetu de la visión, que se deshace en la monotonía de los finales, ni la expresión nace siempre de dentro, como una necesidad: dilaciones, reiteraciones, fatiga, conceptuosidad no resuelta, motivos oratorios no depurados, van en detrimento de la poesía que, en otros momentos, de modo genuino, embelesa con su evocadora dulzura y los candores temblorosos, por sus asuntos patéticos, la trágica austeridad y, en general, por la vigorosa densidad de sus digresiones y altura de vuelo.
P. M. Pontani

