[Das Buch gehört dem König]. Relación fantástica de una conversación entre la madre de Goethe y la autora, Bettina Brentano (1785-1859), que se imagina ocurrida, según se desprende de la dedicatoria, en 1807, fecha absolutamente arbitraria con la cual Bettina dató también su Epistolario de Goethe con una niña (v.).
Se cuenta en ella un visita hecha por «Frau Rat» (la madre de Goethe) en el castillo de Darmstadt a la reina Luisa. En realidad las visitas fueron dos, una en 1799 y otra en 1803, según resulta de dos agudas cartas de la madre a su hijo. Aquí trabaja la fantasía de Bettina y las reduce a una, manteniendo en la viveza del relato el carácter de espontaneidad y frescura de una cosa narrada y no escrita. Por otra parte, esa acción ofrece manera a la autora de manifestar así al azar, entre una impresión de la pequeña vida burguesa, la descripción de un baile en la corte y algunos pensamientos suyos, de orden politicosocial y filosófico, todos los cuales van a parar siempre al tema de la libertad. A propósito del baile, lanza sus dardos contra los dignatarios de corte y de Estado, que, ignorantes de sus deberes para con el pueblo, no piensan más que hacer buen papel con el monarca. Aparecen, aquí y allá las teorías «ilustradas» propias del siglo XVIII, en las cuales la naturaleza se une a «las luces» en atrevidas aproximaciones contra la moral preceptista, los pedagogos, los pietistas y cualquier Iglesia confesional.
La duda acerca de la creación del mundo en siete días promueve una larga digresión en la cual Bettina quiere exculpar a «Frau Rat» y probablemente a sí misma de la acusación de ateísmo, profesando una especie de deísmo espiritual: «la verdadera inmortalidad es la pura concepción de la abierta inteligencia humana, que no está vinculada a nada terrenal». También la libertad política es defendida en alta voz, y censurado Napoleón que sólo dio libertad ficticia con aquella especie de bienestar superficial que elevó a alemania haciendo traición a los altos ideales de cultura y libertad. La narración, dividida en dos partes se cierra con el retorno de «Frau Rat», de noche, cruzando el bosque en la berlina de la Corte. Todas estas divagaciones, más poéticas que filosóficas, aun haciendo gala de profundidad goethiana, se resienten de influencias románticas de Schleiermacher y saben ocultar hábilmente mucha pedantería con su riqueza de imágenes y vivacidad de narración.
G. A. Ajroldi

