El texto de este Libro contiene, en parte, rasgos relacionados con los comienzos del Imperio egipcio (siglo XVII a. de C.), más tarde reproducidos sobre las paredes de los hipogeos reales, en rollos de papiro y en cubiertas de sarcófagos.
Con frecuencia, entre las líneas del texto son intercaladas viñetas que suponen una interesante y preciosa ilustración de más de un pasaje del Libro. El argumento atiende al viaje que Ra, el dios sol, iniciaba en el momento de su aparición hasta hundirse en el horizonte occidental. Según una de las creencias egipcias, el dios sol, una vez terminada su ruta cotidiana a través del cielo (concebido como una inmensa extensión de agua) llevado por la barca de la salida matutina (la «M.nsj.t») proseguía el camino nocturno, como muerto, en la barca de la puesta vespertina (la «M.skj.tj.t») penetrando a través de la monumental puerta del Occidente, guardada por leones, para sumergirse en una inmensa fosa o caverna subterránea, dirección oeste-este donde reaparecía cruzando otra gran puerta, asimismo guardada por leones, para iniciar nuevamente el camino diurno en el cielo, en la barca de la salida. La fosa o caverna subterránea se llamaba «Aker», según la antiquísima denominación conservada en los Textos de las Pirámides (v.), o bien «Té’e», nombre más reciente, que con el tiempo acabó por sustituir a la primera.
La región subterránea es descrita como dividida en doce partes, tantas como las horas de viaje, y recibiendo cada una un nombre propio, al que precedía una divinidad particular, que acogía y guiaba al dios sol. Las viñetas citadas representan con trazos esquemáticos y convencionales, paisajes campestres, ríos y las arenosas llanuras del Té’e. A la abundancia de agua de esta región subterránea aluden también los Textos de las pirámides, en los que se han conservado las más antiguas denominaciones de los lagos y estanques: «Lago del chacal», «de la cantadora de himnos», «del Té’e», «del Ánade». El cortejo formado por la barca que transportaba al dios sol y su séquito, era escoltado por una legión de seres divinos, cuya misión consistía en ensalzar al dios Ra y defenderlo de sus enemigos (por ejemplo, la serpiente Apope), que podían obstaculizar su viaje nocturno. El egipcio debía tener, para cuando muriese, conocimiento exacto de la topografía del Té’e, poniéndose en condiciones de recorrerlo formando el séquito del dios sol Ra.
E. Scamuzzi

