[Il libro dell’arte]. Escrito probablemente a fines del siglo XIV por el pintor Cennino di Drea Cennini di Colle Valdelsa, es un precioso compendio de la práctica pictórica del «trecento» florentino. Afirmada desde el principio su descendencia artística de Giotto a través de Taddeo y Agnolo Gaddi, Cennini expone, para uso de quien «por amor y gentileza» trate de iniciarse en la pintura, los conocimientos y los procedimientos técnicos aprendidos en el taller de dicho Agnolo. La introducción recoge el concepto medieval del origen común de las artes en la «necessitas» surgida con el pecado de Adán, y establece el grado jerárquico de la pintura, después de la ciencia y junto a la poesía, reconociendo como dotes necesarias al artista, además de la habilidad manual, la fantasía «que encuentra cosas no vistas (captadas bajo la sombra de las naturales)… demostrando que lo que no es, existe».
Luego el libro trata, en numerosos y breves capítulos, de la práctica del dibujo, de los colores, de los pinceles, de la técnica de pintar al fresco en las paredes, en seco y al óleo, de la pintura sobre tablas, con minuciosos preceptos sobre el modo de teñir los planos de dibujo, de preparar y mezclar los colores, de enyesar y dorar las tablas, y cosas similares. Los principios sobre la doctrina de las proporciones derivan de los antiguos; la teoría de la perspectiva está apenas embrionariamente señalada. Algunas páginas reflejan el gusto y la experiencia estilística y no sólo técnica de los últimos discípulos florentinos de Giotto, como los pasajes sobre el dibujo, el relieve plástico, el color y sus relaciones, la manera convencional de hacer los arcos, los edificios, los paisajes. También son notables las observaciones sobre la necesidad de seguir a un maestro para formarse un estilo individual; sobre los peligros del eclecticismo; sobre la necesidad de copiar del natural. La última parte del libro está dedicada a las artes decorativas e industriales (pinturas de estandartes y arcas, dibujos para paños, molduras sobre el natural y su fusión en metal, etc.) que, según una costumbre que perduraba aún en el Renacimiento, solían efectuarse en el taller.
En conjunto, el tratado pertenece todavía a la Edad Media, por su carácter predominante de recetario técnico. Pero confrontado con una obra de estilo enteramente medieval, la Cedulilla de las diversas artes (v.) de Teófilo, el libro de Cennini demuestra pertenecer a una diversa civilización artística, la del «trecento» italiano, y encontrarse en el umbral de una época nueva, el Renacimiento. La señal más clara es la mayor conciencia de la personalidad del artista, evidente sobre todo en la orgullosa afirmación de que Giotto «transformó el arte de pintar de griego en latino y lo redujo al moderno». También para la terminología artística y la primera formulación de algunos conceptos pasados luego al lenguaje corriente («diseño» como forma interiormente concebida por el artista antes de expresarla manualmente, «relieve», «manera» y otros), el tratado tiene especial importancia e inaugura la gran tradición de la literatura sobre el arte vulgar. El libro, no impreso hasta el siglo XIX (primera edición crítica: Florencia, 1859), tuvo después varias traducciones y reediciones.
G. A. Dell’Acqua

