[Libre de bons amonestaments]. Obra en verso del escritor catalán Anselm Turmeda (hacia 1352-hacia 1423), escrita en Túnez en el mes de abril de 1398 y publicada, por primera vez, en Barcelona en 1575. Se nos ha conservado en el ms. 831 de la Biblioteca de Carpentrás, en el I del Ateneo Barcelonés, en el 21-4-1 de la Universidad de Barcelona y en un gran número de ediciones de los siglos XVI, XVII, XVIII y primera mitad del XIX, lo que prueba la extraordinaria popularidad de que gozó.
La obra es, en gran parte, una glosa de las máximas de la Dottrina dello Schiavo di Bari, poema italiano del siglo XIII, la cual ha sido adaptada a la peculiar manera de ser del autor. Turmeda nos da, en versos fáciles y pegadizos, consejos agudos y mesurados: «Acuérdate, hijo, de tener cuidado/de beber el vino con mesura,/pues el secreto nunca dura,/donde reina el vino»; los cuales tienen, a veces, una fina malicia: «Procura decir siempre la verdad/en todo lo que se te pregunte;/pero en caso de necesidad/ puedes decir falsedad». Habla mal de las mujeres, como es característico de la literatura de la época: «La mujer engañó a Salomón,/Adán, David y Sansón./¡Oh hijo, que Dios te perdone,/no te fíes de ella!/La mujer es cabeza de pecado,/nave del malvado demonio/y causa de la pérdida del santo reino,/dice Orígenes». El clero no escapa a la mordacidad del autor. Uno de los pasajes más notables y más conocidos de la obra es el elogio del dinero, el cual ha sido comparado con las famosas letrillas de Quevedo y Góngora: «Dinero hace de injusticia verdad,/y de juez hace abogado;/sabio hace volver al hombre necio,/ si lo tiene./Dinero hace bien, dinero hace mal,/dinero hace al hombre infernal/o lo hace santo celestial,/según como lo usa./ …/Así, pues, empéñate en reunir dinero./ Si lo puedes tener no lo dejes ir;/si tienes mucho podrás llegar/a papa de Roma».
La crítica ha insistido en la originalidad de este pasaje, pero no debemos olvidar que este tipo de elogio se encuentra, ya, en la poesía italiana de la época: «Denari fanno l’omo compar ere,/denari el stolto fingono scienziato; / denari compreno zascun peccato…», como se lee en un soneto de Niccoló del Kosso.
J. Molas

