La Libertad, Piero Martinetti

[La libertà]. El examen del problema de la libertad ofrece en esta obra — publicada en 1928 — la ocasión a Piero Martinetti (1871-1943) de exponer su concepción moral.

La primera parte de la obra comprende un cuidadoso examen críti­co de las teorías fundamentales acerca de la libertad, consideradas, no históricamente, sino según el tipo de su solución. El problema de la libertad, según Martinetti, no es un mero problema psicológico, aunque se relaciona con el estudio de la voluntad, y su solución se refiere en apariencia a la obser­vación interior; se entrelaza de modo indi­soluble con las cuestiones metafísicas más profundas, y no es sino un momento parti­cular de un problema más- vasto que se ex­tiende a toda la realidad. Se puede definir la libertad en sentido general como «aquel estado en que un ser no es impedido de realizar las disposiciones e inclinaciones que constituyan su naturaleza». La forma primera, por lo tanto, e inmediata de libertad es la espontaneidad, «por la cual el espíritu en todo momento crea, con los elementos en que se ha fijado y determi­nado su vida, una unidad superior viviente en que se expresa más adecuadamente su verdad. La libertad vive en el desarrollo, en la liberación y en la creación» y no es mera negación del proceso causal, sino su integración en un finallsmo más vasto. Ahora bien, la vida humana tiene su verdad en la razón; la libertad que aquí ha sido consi­derada en su inmediatez como espontanei­dad creadora sé actúa verdaderamente con el actuarse de la conciencia racional. El sistema conceptual del intelecto determina con la estructura lógica de la experiencia el orden de los medios y los fines, y en vista de éstos la voluntad construye y actúa como libertad práctica que tiene en el sistema del derecho su más plena com­prensión.

Pero más alta que la síntesis em­pírica del intelecto se eleva la síntesis ideal de la razón. Ésta tiende no al orden de la experiencia empírica, sino a la absoluta Unidad y a sus formas puras, que tras­ciende la experiencia misma, si bien actúa en ella como un deber ser supremo. «La voluntad inteligente se convierte por su extensión a los fines universales absolutos, en voluntad racional; la libertad práctica se convierte en libertad moral». La voluntad actúa aquí en vista de ideas universales, y «la unidad que por ella se expresa es la unidad de la ley moral, principio formal de todos los motivos morales concretos». La libertad moral «no es, por lo tanto, una absurda facultad del bien y del mal; es una sola cosa con la potencia, con la dig­nidad del alma recta; faltar a la ley moral es volver a caer bajo el dominio del im­pulso, perder la libertad moral». Conside­rada en su conjunto, la libertad es, pues, para el hombre «liberación gradual de los vínculos de las necesidades interiores y accesión hacia la unidad formal de su prin­cipio inteligible». Este principio es un momento absoluto de Dios, en que toda la realidad tiene su verdad. «La esencia y el principio de la libertad del hombre está, pues, en su personalidad divina, en su ser absoluto, así como está coexistencialmente en la razón absoluta». En esta obra, en la que se tiende a eliminar la ambigüedad de la teoría kantiana de la libertad, el racio­nalismo moral asume una vaga tonalidad religiosa.

A. Banfi