Lamentación por la Batalla de Montecatini, Anónima

[Lamento per la battaglia di Montecatini]. Llamada también Balada por la batalla de Montecatini o Lamen­tación de Pedro de Anjou y también Los Reyes de Nápoles en la derrota de Monte­catini, de autor anónimo, es una obra con­temporánea a la sangrienta derrota que los Florentinos güelfos y sus aliados sufrieron en manos de Uguaccione della Faggiuola el 29 de agosto de 1315. Entre la abundante literatura medieval de polémica y propa­ganda política (sirventés, lamentaciones y baladas históricas), generalmente anónima, expresión inmediata y casi periodística de encendida pasión partidista y de la curio­sidad y humanidad populares, la Lamen­tación se levanta como una verdadera obra maestra y desde Carducci en adelante fue considerada «una de las más hermosas poe­sías menores del siglo XIV».

Está presen­tada en forma de diálogo entre María de Hungría, viuda del rey Carlos II de Nápoles y madre del rey Roberto de Anjou y de su hermano Pedro, muerto en el campo de batalla, y un güelfo superviviente de aque­lla batalla. «Deh avrestü veduto messer Piero, /poi che fu l’nostro campo sbarattato?» («¿Por ventura has visto tú a maese Pedro/después que nuestro campo fue desbaratado?») pregunta la afligida madre. Sí, el testigo ha visto a los príncipes de la casa de Anjou, Piero y Carlotto (otro so­brino de la reina) y «al buen Caroccio, valiente y fiero», y a don Brasco de Ara­gón, condestable de los Florentinos, com­batir gallardamente: ha visto caer a Car­lotto, pero Piero, asegura, «no se encuentra muerto ni vivo». La suerte de la guerra es así, y ahora no hay que pensar en otra cosa que en la venganza. A las palabras de consuelo del soldado, la reina contesta mos­trando su ánimo decidido: y puesto que el otro duda del apoyo que puede prestar el avaro rey Roberto, y de que ella, una mu­jer, sepa conducir a buen término la ven­ganza sobre los gibelinos, aunque la incite a llevarla a cabo, ella replica convencién­dole de su implacable propósito.

Quiera pues, ayudarla el «dulce maese Pedro», cor­dero inocente, que después de muerto — fantasea el superviviente — fue llevado al cielo como mártir y que por esto no ha dejado rastro en la tierra. Y aquí el anó­nimo poeta concluye su canto dirigiéndolo, mensajero de esperanza y de resurrección, a todos los güelfos caídos y lo rubrica con su sentimiento religioso, para el cual la derrota no fue otra cosa qué voluntad de Dios y castigo de una falta que habrá de ser purgada. Así se revela la inspiración política de la balada, que es deseo e invi­tación a la revancha, sin que por ello el acento de piedad y el eco dramático de la batalla pierdan nada de su fuerza poética.

F. Antonicelli