Juego de San Nicolás, Jean Bodel de Arras

[Li jus de Saint Nicholai]. El milagro del infiel hecho prisionero y convertido luego por obra de San Nicolás, tema de composiciones latinas, está aquí recogido con algunas variantes por el poeta Jean Bodel de Arras, que vivió entre los siglos XII y XIII. Como Jean Bodel compuso, además de poesías líricas, un poema épico sobre la guerra de Carlomagno contra los sajones, no es extraño que se adviertan en los versos de su drama (impreso por primera vez por Monmerqué, en París, en 1834, en sólo treinta ejempla­res y reeditado recientemente a cargo de Alfred Jeanroy, Le jeu de Saint Nicolás, París, 1925), reflejos claros del Cantar de Roldan (v.) ni que se coloque la acción en tiempos de las Cruzadas. Al terminar un sangriento combate, un cristiano es he­cho prisionero por los sarracenos mientras reza arrodillado ante la estatuilla de San Nicolás; interrogado, exalta el poder de dicho santo, capaz de resarcir de toda pér­dida, de devolver la vista a los ciegos, de resucitar a los ahogados, de evitar la pér­dida o el robo de cualquier cosa que se le confíe.

Para poner a prueba dichas afir­maciones, el rey de los musulmanes hace colocar la estatuilla junto con su propio tesoro, retirar las cerraduras y guardianes del mismo y divulgar la noticia de todo ello. Un grupo de ladrones se aprovecha in­mediatamente de las circunstancias, pues la responsabilidad recaerá sobre el infeliz cristiano en forma de crueles tormentos. Pero San Nicolás, ardientemente invocado por él, se presenta a los ladrones y los persuade a que devuelvan el tesoro a su lugar, donde el senescal lo encuentra, y, además, multiplicado. En vista del prodigio, el rey hace liberar al prisionero y cambia de fe, seguido por toda la corte. Sería exa­gerado atribuir gran mérito al drama, de escaso dramatismo, mecánico, ingenuo; sin embargo, llama la atención de los historiadores de la literatura por los numerosos episodios realistas que el autor ha introdu­cido, recreándose en ello: algunas escenas se desarrollan en el campo de batalla, otras en una cárcel, varias en una taberna donde taberneros, bebedores, jugadores, mensaje­ros, bandidos y pillastres actúan con espon­tánea naturalidad, hablando un idioma sa­broso, de modo que nuestro Juego constituye un momento importante de la transforma­ción del teatro religioso medieval en teatro profano.

S. Pellegrini

La veracidad de la pintura, el libre desarrollo del diálogo, la fisonomía grave de los personajes, hacen de él un cuadro flamenco animadísimo. Encontramos algunos versos perfectamente rimados que resultan poéticos a fuerza de ser vivos y sentidos. (Demogeot)