Las Islas del Oro, Frederi MistralI

[Lis Isclo d’or]. Primera colección de poesías líricas de Frederi Mistral (1830-1914), publicada en 1876 (en 8.° de XXI-499 pp.) por J. Roumanille, en Avignon (Frederi Mistral. Lis isclo d’or, Recuei de Pouesio diverso, em’uno Prefàci biougrafico de l’Autor escricho pér éumeme. Traduction française en regard. Avignon… 1876).

La colección contiene: «Prefàci (XXX pp.); I. «Li Cansoun» (Las canciones, 7 poemas); II. «Pouèmo: Lou Tambour d’Arcóle» (El tambor de Arcóle); III. «Li sirventés» (Los sirventés, 9); IV. «Li Pantai» (Los sueños, 9); V. «Li plang» (Los plantos, 9); VI. «Pouèmo: La Fin dôu Meissounié» (El fin del segador); VII. «Li Con­te» (Los cuentos, 5); VIII «Pouèmo: La princesso Clemenco» (La princesa Clemen­cia); IX. «Li Sounet» (Los sonetos, 12); X. «Li Cant nouviau» (Los cantos nupcia­les, 6); XI. «Li Salut» (Los saludos, 13); XII. «Li Brinde» (Los brindis, 8); XIII. «Li Cántico» (Los cánticos, 9). Una segunda edición, debida a Alphonse Lemerre, apare­ció en 1889 («Petite Bibliothèque Littéraire»); en ella, además de la supresión del prefacio, se procedió a la refundición de los Cánticos y de todas las piezas de circunstancias y se añadieron muchos poemas, escritos antes y después de 1876 (1848- 1887), entre ellos dos de los más bellos, el «Himno a la raza latina» y «El león de Arlés» (sumando un total de 72 en lugar de los 90 de la edición original). Esta apre­tada gavilla que coleccionó Mistral al cum­plir sus cuarenta y cinco años (el prefacio lleva fecha 26 de julio de 1875), representa prácticamente el conjunto de su producción lírica, es decir, de todos aquellos versos que compuso aparte de Mireio (v.) y Calendal (v.), las largas epopeyas rústicas sobre las que se estableció la base de su fama quince años más tarde.

Si se opone la poesía lírica a la épica, aun señalando la presencia constante de la primera de ellas, bajo la forma de intermedios, en las dos extensas obras legendarias, es preciso no obstante señalar además una importancia equivalente a Lis Iselo d’or, por su inven­ción poética y por la pujanza musical, que hace de él uno de los más importantes libros de poesía francesa en el siglo XIX. Aquí, en efecto, aprovechando la libertad de temas y la variedad de metros, y en virtud de una perspectiva más apta para ser percibida por el lector, aparece, quizá con mayor claridad, el sorprendente virtuo­sismo de un poeta que fue, a la vez, el milagroso renovador de su lengua natal. De todas maneras el lirismo siempre estriba en la riqueza del verbo, ya que, salvo raras. excepciones, la poesía de Mistral es imper­sonal. La emoción que ella provoca proviene principalmente del tema — con el que, cier­tamente, el autor se identifica por com­pleto— y parece en verdad engendrada por el corazón mismo del poeta.

En esto, Mistral se separa por completo de sus contemporá­neos, los últimos románticos y los prime­ros simbolistas, y se puede añadir que él ha arrancado toda su inspiración de su pro­pio ser y de la tradición de los poetas provenzales. Al único gran poeta de la civili­zación mediterránea al cual puede compa­rársele en Lis Isclo d’or es a Horacio, en sus Odas (v.) y en los Epodos (v.), del mismo modo que Mireio y Calendal le situa­ban en la línea de Homero y los alejan­drinos. Una tan densa colección tan plena de música y color y tan diversa en sus valo­res, se resiste al análisis breve de unas lí­neas. Valga, al menos, recordar que en ella se encuentra «La Coupo», que se transformó en el himno nacional de Provenza y una de cuyas estrofas canta así: «Vuejonous la Pouésio/Pér canta tout 90 que viéu,/Car es elo l’ambrousio/Que tromudo l’ome en diéu» («Venga a nos la Poesía/para cantar a todo cuanto vive/que es ella la ambrosía/que transforma al hombre en dios»). En fin, en­tre los diversos poemas, «El tambor de Ar­cóle», «La Condesa» (personificación de la Provenza), «La roca de Sísifo», «La comu­nión de los Santos», «La muerte de Lamar­tine», «El fin del segador»… pueden hallar­se aquellos, verdaderas obras de arte, que honran a Francia tanto como pudieran ha­cerlo las mejores páginas de Víctor Hugo, de Verlaine o de Baudelaire.