El Hombre que fue Jueves, , Gilbert Keith Chesterton

[The Man who was Thursday]. Lo publicó con el subtítulo «Pesadilla», en 1908, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). En la dedicatoria en verso a E. C. Bentley, amigo de su pri­mera juventud, dice el autor que sólo él podrá comprender el verdadero significado de este libro, porque ambos sufrieron juntos el terror de las cosas misteriosas antes de llegar juntos a las cosas sólidas y comunes, a la fe y al matrimonio.

La narración co­mienza con una disputa sobre la naturaleza de la poesía entre Luciano Gregory, poeta de la anarquía, y Gabriel Syme, que se declara, con apasionada violencia, católico y poeta de la ley y del orden. Gregory arrastra con­sigo a su antagonista prometiendo hacerle pasar una tarde absolutamente fuera de lo común y haciéndole jurar que mantendrá a este propósito el más absoluto secreto. Am­bos se dirigen a la sede del círculo anar­quista cuyo consejo central está formado por siete hombres que guardan su incógnito bajo el nombre de los siete días de la semana, siendo el Domingo el Presidente. Al llegar a este punto Syme declara a Gregory bajo juramento de guardar el secreto, que forma parte de la policía y precisamente de una brigada secreta destinada a combatir la anarquía; se reconocen por tanto como ene­migos, pero, ligados por los juramentos cam­biados, no pueden perjudicarse uno a otro; Syme logra hacerse elegir en el puesto va­cante del Jueves. Tras varios incidentes, sabe que todos los componentes del con­sejo, excepto el misterioso Presidente, per­tenecen a la policía y han sido enrolados como Syme, por un desconocido jefe que no era para ellos más que una voz en una habitación oscura. Los seis policías se ha­llan ahora en Francia siguiendo la pista del único anarquista verdadero y hacen un descubrimiento verdaderamente sensacional: Gregory es el hombre de la habitación os­cura. Tras muchas otras aventuras revela que es la paz de Dios y después se esfuma como una visión. Y como dos compañeros que han recorrido en paz un buen trozo de camino, ambos poetas se encuentran de nuevo buenos amigos y llenos de una pro­funda alegría.

La clave de esta novela, en la que se insinúa el motivo de las actitu­des opuestas que se concilian en el senti­do dominante del amor (v. La esfera y la cruz), la da el mismo Chesterton en la Au­tobiografía: «La razón esencial era que mis ojos se habían vuelto más hacia el interior que hacia lo externo, dando, yo creo, a mi personalidad moral, un estrabismo todo lo contrario de atrayente. Estaba todavía opri­mido por la pesadilla metafísica de las ne­gaciones en lo referente al alma y la mate­ria, a la imagen morbosa del mal, al peso de mi cerebro y de mi cuerpo misteriosos; pero en aquel período me hallaba en lucha contra ellos, e intentaba construir una con­cepción más sana de la vida cósmica, aun­que equivocada y exagerada. Me llamaba a mí mismo optimista, porque me hallaba terriblemente próximo a ser pesimista». [Trad. española anónima (Madrid, 1922 y 1942)].

F. Ballini

Chesterton ha creado una especie de nue­va novela policíaca, con procedimientos y soluciones trascendentales, que a menudo se desarrolla en ambientes de «féerie», con la libertad y vehemencia ilusionista de las pantomimas y de las danzas. (E. Cecchi)