El filósofo y polígrafo estoico Posidonio de Apamea (135-52 a. de C.) escribió esta historia universal como continuación de las historias de Polibio, en 52 libros, que desde el año 145 alcanzaban posiblemente hasta el 82 a. de C. (dictadura de Sila). De la obra sólo se han conservado algunos fragmentos; más que por éstos, se pueden juzgar las características del escritor por los extensos fragmentos que Diodoro (v. Biblioteca histórica) transcribió en su obra de compilación. A lo que parece, su exposición no procedía analíticamente, sino que agrupaba en grandes secciones los acontecimientos de un mismo país, por amplios períodos.
Es singular su interés hacia los pueblos primitivos, cuyas instituciones eran analizadas con espíritu científico, esforzándose en penetrar su espiritualidad y remontarse a los aspectos primordiales de las agrupaciones humanas. También es notable su tendencia a relacionar la suerte de los Estados con sus condiciones geográficas. Tampoco descuidaba Posidonio los factores espirituales, concediendo gran importancia a las creencias religiosas, de las que no se ocupaba, como se le ha reprochado, por espíritu supersticioso, sino porque no se le escapaba la importancia que tiene este elemento en la vida de los pueblos. Por otra parte, su filosofía de la historia tiene resabios de aquel estoicismo que se encuentra en tantos otros escritores helenísticos, para los cuales la evolución y el progreso de los pueblos están determinados, en grado sumo, por las costumbres. De aquí el esfuerzo por fundar pragmáticamente la narración sobre una base ética, tal como se aprecia, sobre todo, en los fragmentos sobre la sublevación de los siervos, en Sicilia, que Posidonio juzga motivada por la vida lujosa de las clases dirigentes. También el imperio etrusco se hundió a causa de su corrupción. Es probable, asimismo, que la historia pasada y futura de Roma fuese juzgada desde parecido punto de vista. Es natural que Posidonio, en las guerras civiles de los romanos, tomase posición contra los reformadores y demagogos: pesaban sobre él muchas relaciones personales que lo ligaban a los hombres de la clase senatorial romana.
Precisamente por ello, su interpretación de los hechos es partidista: por ejemplo, entre las condiciones que hicieron posible la sublevación de los siervos de Sicilia (año 135), señala Posidonio la reforma judicial de los Gracos, que en realidad tuvo efecto el 122 a. de C. Esta multiplicidad de intereses confiere a la historia de Posidonio una gran riqueza de motivos, ya que abarca todos los aspectos, materiales y culturales, de la vida humana. Debe añadirse el encanto de un estilo abundante y colorido, sin esfuerzo, aunque no deje de servirse igualmente de los medios de la retórica y de expresiones vulgares. El largo fragmento que cuenta la entronización en Atenas del tirano Atenión (88 a. de C.) constituye el pasaje más instructivo; la viveza y la pintoresca superabundancia de la narración van de la mano con una posición irónica y ligeramente despectiva hacia el filósofo histrión, corrompido e intrigante. También en este aspecto la obra de Posidonio ocupa un puesto singular en la historiografía griega, por la universalidad de las actitudes especulativas y artísticas que testimonia.
A. Passerini

