Historias del Buen Dios, Rainer María Rilke

[Geschichten vom lieben Gott]. Volumen de narra­ciones del poeta alemán Rainer María Rilke (1875-1926), publicado en 1900.

Son trece historias breves, trece parábolas — como ad­vierte el subtítulo de la primera edición — narradas a los mayores para que las expli­quen como leyendas a los niños, pero qui­zás, como observa Edmond Jaloux, a seres adultos que se han vuelto niños por mila­gro, dotados de una sensibilidad inadecuada, experta y enfermiza, susceptible de vibra­ciones más intensas, de una penetración más aguda y profunda. El poeta compuso este libro después de una larga permanen­cia en Rusia, donde visitó al gran León Tolstoi, cuya influencia es sensible, y des­pués de algunos encuentros con piadosas figuras de campesinos rusos que le produ­jeron una impresión profunda. «Rusia limi­ta con Dios», afirma Rilke, que ya había escrito a Ellen Key: «El amor a la vida y el amor a Dios han de coincidir, en lugar de tener — como sucede a menudo — tem­plos distintos erigidos en diversas alturas. No se puede adorar a Dios si no se vive completamente la vida. Dar a Dios formas cada día más elevadas, deducir una armo­nía cada vez más variada entre Dios y las cosas aparentemente inanimadas, significa crear a Dios. En otras palabras, es preciso entender y hacer descender a Dios a la vida, o bien hacer que la vida florezca en ausen­cia de Dios».

Algunas de estas historias son narradas a un paralítico, Ewald, que pasa sus días monótonos, sentado siempre ante la misma ventana que da a una llanura. Otras son narradas al Philister Baum, al maestro pedante, a la ingenua vecina, y la última a las tinieblas. Cada narración tiene dos sentidos: uno filosófico, de parábola simbólica, vago, lleno de sobreentendidos; el otro de fábula, sencilla y clara, pero que estimula la fantasía. Pero en una o en otra forma, Dios está siempre cerca de las cosas y se muestra o se aproxima a quien sabe sentirlo con la llama en el corazón, «en el fondo del yo, donde están las raíces del ser». Dios vigila para que no se pierdan los can­tos populares que en las familias de los cantores rusos se transmiten de padres a hijos. Y en la historia «De como el viejo Timofei murió cantando» es la omnipresencia de Dios lo que impulsa al joven Jegor a separarse de su hijo y de su esposa para volver a su casa y recoger de labios del viejo Timofei moribundo las melodías, que luego él cantará con un timbre cuidadoso, evocando al hijo y a la esposa abandonados para cumplir su misión de cantor. Dios es lo Inacabado.

El que se crea a medida que nosotros evolucionamos, creado de nuestra espera confiada, hecha de ilusión. Así, en «Una historia narrada a las tinieblas», una mujer, que ha renunciado a todo para unir su existencia a la del hombre amado, espe­ra, junto al hijo que de él ha tenido, su retorno. Dicho retorno es incierto, pero la beatitud mística de la espera depende de la ciega confianza del alma, aunque la razón la desmienta. Las Historias del buen Dios representan la pausa de serenidad en la continua búsqueda de Dios a través de la cual se desarrolla la actividad de Rilke: como advierte Errante, en ellos está más bien el sentimiento que la idea de Dios y con ello el poeta se satisface. [Traducción de Marcos Altama (Barcelona, 1951)].

O. S. Resnevich