[Histoire des Oracles], Obra de Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657-1757), publicada en 1687, y una de las más significativas, si no la más famosa, del ardiente cartesiano. Un erudito holandés, el doctor Van Dale, en dos disertaciones latinas sobre los Oráculos de los gentiles (v.), de 1683, había tratado de la desaparición de los oráculos paganos al advenimiento de Cristo; interesóse Fontenelle por el tema, y con el mismo espíritu de fino vulgarizador que le había dictado pocos años antes las Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos (v.), quiso traducir la obra para darla a conocer a un mayor número de lectores. Mas la dificultad de adornar con variantes y nuevas discusiones el pesado trabajo del holandés le indujo a rehacer por completo aquel tratado, con las necesarias modificaciones en la estructura y la forma. Así nació un libro no sólo aligerado de su pesada armadura de citas clásicas, sino en todo digno del brillante espíritu del escritor francés. Fontenelle partía del principio según el cual los oráculos de los antiguos no eran proferidos por potencias demoníacas.
El espíritu humano, envuelto en el error científico, no puede dejar de creer en lo maravilloso, cuando no acierta a explicar las cosas de otro modo. De ahí viene que la credulidad del pueblo induzca a usar del engaño a quienes están interesados en aprovecharse de la superstición: de aquí el origen de los oráculos, por la intromisión de los sacerdotes antiguos. Mas los oráculos debían necesariamente cesar cuando el espíritu humano, iluminado, los hizo callar. En el hábil manejo de sus razonamientos, el famoso secretario de la Academia de las Ciencias de París apunta aquí y allá la idea de que también para el milagro pueden valer las mismas consideraciones, lo que indujo a los jesuitas a señalar justamente la impiedad que entrañaba la obra. En este picante escrito de Fontenelle podemos ver uno de los primeros ejemplos, en los albores de la Ilustración, del espíritu de investigación aplicado a las bases históricas de las religiones, y en particular del Cristianismo. También nos recuerda a Voltaire por la manera garbosa, aunque desenvuelta y tendenciosa, con que se presentan los problemas filosóficos.
C. Cordie
Fontenelle viene a situarse en el preciso momento en que se creía poder liberar el espíritu de toda mitología, reduciendo el mito a un fantasma de la imaginación. (Fernández)

