[La Edera]. Novela de Grazia Deledda (1871-1936), publicada en 1908. Annesa tenía solamente tres años cuando fue llevada al país de Barunei por un mendigo que había venido a la feria y que murió allí de manera imprevista. La noble familia Decherchi recogió a la niña, y Annesa se hizo mujer en la devoción más absoluta a sus benefactores. Los Decherchi se hallan a dos pasos de la ruina; en la vieja casa viven pobremente, todavía fieles a las tradiciones, los últimos supervivientes de tres generaciones: el dueño, tío Simone, su hija Raquel, y el hijo viudo de ésta, Paulo, con una niña, Rosa. Junto a ellos viven dos viejos parientes: el tío Cosimu Damianu, y Zúa Decherchi, enfermo, asmático y avaro, con un criado joven, Gantine, novio de Annesa. En la casa, donde la ruina se ve cada día más próxima, donde tío Zúa impreca, jadea y parece que no quiere morir para no tener que separarse de su dinero, Annesa se mueve dentro del círculo de sus labores, costumbres y recuerdos, con «su sonrisa de vieja malévola y su mirada de muchacha triste». En esta casa han echado raíces todos sus afectos y su fe; no cree en Dios, porque Dios hiere a sus bienhechores, porque don Paulo, al que ella pertenece en cuerpo y alma, ha despertado en ella, con su amor ciego y desesperado, extraños pensamientos que con frecuencia la inclinan hacia un precipicio.
Llega el tiempo en que los acreedores amenazan con vender la casa y el huerto y en que don Paulo, no hallando manera de sacar más dinero, amenaza con suicidarse. Annesa está sola con tío Zúa que jadea, se queja y no muere: entre ellos, en la noche obscura y tempestuosa, van creciendo la angustia de Annesa y sus malos pensamientos que de minuto en minuto se hacen más fuertes y malvados, hasta impulsarla al crimen. Pero el crimen fue inútil. Paulo ha conseguido en préstamo el dinero que le habría permitido salvar la casa aun sin la herencia de tío Zúa, y habla de ponerse a trabajar y de casarse con Annesa. Pero Annesa no puede ya ser feliz. En las tinieblas de su culpa ha encontrado la luz de Dios. Deja el país y se va a servir a la ciudad, y sólo después de muchos años, cuando ya Paulo sea viejo, consentirá en casarse con él; entonces, junto a él, a su madre, a Rosa, maligna y decrépita, Annesa comenzará su verdadera y secreta penitencia. Grazia Deledda, ha encontrado en esta obra, que es una de las más importantes entre las suyas, una perfecta unidad entre el mundo exterior y el interior. El desierto rocoso de la montaña donde el viejo pastor, tío Castigu, esconde a Annesa, cuando los Decherchi son detenidos, el huerto melancólico que dentro de la casa confina con el bosque en dirección a una montaña salvaje, son imágenes de la pavorosa desolación en que se hallará Annesa después del delito, y de las amenazas que pesan siempre sobre su felicidad y su amor: una conmoción áspera y primitiva, nace lo mismo de las cosas que del alma atormentada de Annesa.
Entre los demás personajes destaca la figura del sacerdote Virdis, rudo, pero iluminado por la caridad, al que el pecado da un ingenuo dolor y una fuerza severa, imagen de lo divino tal como tenía necesidad de encontrarlo la pobre sirvienta de Barunei después de haber recogido en sí las más trágicas y violentas fuerzas de la vida.
O. Nemi
Hay en Deledda algo que no se expresa de una manera precisa ni directamente, pero que se deja poco a poco sentir en su tranquilo trabajo. (Serra)

