Ciclo de cuatro novelas del escritor inglés Hugh Seymour Walpole (1884-1941), que comprende Herries el rufián [Rogue Herries] (1930), Judith Paris (1931), La fortaleza [The Fortress] (1933) y Vanessa (1934).
El ciclo narrativo transcurre en Cumberland, región rocosa junto al mar, misteriosa y salvaje, de cielo siempre nublado; se narra en esta obra la historia de toda la familia de los Herries, desde el 1700 hasta después de la Gran Guerra. La historia de una familia, y con ella la historia de toda Inglaterra, porque «200 años son un día, y la vida del hombre es eterna». En esta familia de la alta burguesía Walpole ve personificados todos los defectos y todas las cualidades que han hecho a Inglaterra tal cual es: el sentido común, la falta de imaginación, la fuerza de voluntad, la confiada seguridad en que el país permanecerá siempre aislado del resto del mundo, la testarudez insular, el generoso corazón oculto tras una pantalla de fría desconfianza ante todo lo extranjero. Según el autor, la historia de cada , país y la de cada familia presenta incesantes movimientos subterráneos de flujo y reflujo, a los que obedecen, aunque inconscientemente, los diversos miembros del país y de la familia, y cuyos hilos hay que volver a atar. Herries el rufián contiene la historia de Francis Herries llamado «el rufián» por haber vendido en la feria a una amante suya y por haberse casado en su vejez con una gitana, Mirabella Starr, que huye de casa, vuelve después, y a los 43 años, trae al mundo una niña, Judith, y muere inmediatamente después junto con su anciano marido. Entonces empiezan a presentarse ante nuestros ojos los varios personajes cuyas individualidades se afirmarán en los sucesivos volúmenes.
Desde el principio, el paisaje es animado y pintoresco; se ve a la familia de Francis que se traslada en diligencia desde la villa de Doncaster al lugar de origen de la familia en Cumberland, a Borrowdale, una vieja mansión en ruinas, expuesta a todos los vientos, que las montañas aíslan del resto del mundo. Se nos muestra la Inglaterra setecentista, con sus luchas jacobinas y religiosas, con sus ferias (famosa la del 1732 en Keswick, que fue llamada «china» por la presencia en ella de chinos, hasta entonces nunca vistos), con sus características costumbres, las pantagruélicas Nochebuenas, que recuerdan las inmortalizadas por Brueghel, las peleas y las apuestas, las viejas sospechosas de brujería, ahogadas como en la Edad Media, y un sinfín de hombres y cosas, que deja adivinar toda la vida del país. En Judith Paris seguimos las aventuras de Judith, la hija de Francis Herries y la gitana, nacida en 1774. En la casa desierta donde yacen los dos muertos, velados por una anciana borracha, el vagido de una criatura recién nacida despierta la atención de un viandante, el castellano de Stone Ends, Tom Gauntry, que recoge a la niña y la lleva a su casa. Judith va creciendo ora aquí, ora en casa de su hermanastro David, en Uldale, se casa con un francés seductor y aventurero, George Paris, que será el único amor de su vida, queda pronto viuda, y da a luz en París a un hijo ilegítimo, Adam, fruto de un brevísimo idilio con un primo lejano.
Ya en este segundo volumen el interés se centra en torno a la figura menuda, y en apariencia trivial, de la voluntariosa Judith, continuamente en lucha entre el lado Herries de su naturaleza y la herencia gitana de su madre, que la empuja a evadirse y vivir en libertad; por otro lado, se nos muestra la ascensión de la rama de la familia representada por Walter Herries, sobrino de David, cuya característica es la fuerza de voluntad calculadora, decidida a triunfar. Es Judith quien mueve los hilos que dirigen la suerte de la familia; ella es quien, en la áspera contienda familiar, derivada de una escena en un baile en casa del padre de Walter, toma partido por los más débiles, Francis, hijo de David, y los suyos, y renuncia incluso a la independencia para combatir mejor a Walter, que quiere adueñarse del castillo de Uldale. En ella se concentra en los momentos de lucha toda la fuerza de la familia. En La fortaleza el paisaje está dominado por la triste morada gris construida en 1830 en High Ireby por Walter Herries, para que con su posición elevada domine la casa de Uldale, donde vive Judith Paris con los parientes de Francis Herries, como para atestiguar tangiblemente la vieja enemistad familiar que sigue latente. Por un lado Walter con su hija Elisabeth, y su hijo, Uhland, por el otro la viuda de Francis Herries, pasiva y asustada, defendida por Judith. El destino quiere que su hijo John, amado por Elisabeth se case con ésta después de huir de la casa paterna. La lucha vuelve a encenderse de lleno y culmina en la muerte de John a manos de Uhland, quien a su vez se suicida. El clima es trágico, de odio inextinguible, pero, como siempre, Judith domina la situación, desvirtúa las maquinaciones de Walter y defiende la casa y sus habitantes.
Y el libro termina con la celebración de su centenario, el 28 de noviembre de 1874, al cual asisten todos los Herries próximos y lejanos, desde su hijo Adam, que vive en Cat Bells, en la vecindad, con su esposa e hija Vanessa, hasta el viejo Walter, atontado, como para indicar el fin de la contienda. Por el contrario se siente ya resurgir en sordina, en la sinfonía familiar, el viejo tema de la disputa con el advenimiento de Ellis, el último hijo del anciano Will Herries, de Vanessa, la bellísima hija de Adam (n. 1859) y de Benjamín, hijo póstumo de John. En el fondo está la vida política de todo aquel período, la batalla de Missolonghi, Canning y Gladstone, las luchas de los cartistas, la gran exposición de Londres en 1851, los comienzos del reinado de Victoria. Vanessa, último volumen del ciclo, es la historia de la hija de Adam Paris y de su amor por Benjamín Herries. El escenario político y social es el de los últimos 60 años; se evocan sucesos y fiestas, escándalos y acontecimientos literarios, la guerra boer y la del 1914; pero el agreste Cumberland sigue siendo el fondo, allí volverá Benjamín antes de morir. El libro se inicia con la muerte de Judith Paris el día de su centenario, y está sembrado de muertes. Desaparecidos Adam y su mujer, Vanessa, que ama a Benjamín y ha sido abandonada por él, se casa con Ellis, pero después de largos años de infelicidad en la tétrica casa de Hill Street en Londres, huye al encuentro de Benjamín, de quien tiene una hija ilegítima, Sally, y acaba muriendo al lado de Ellis, loco, en cumplimiento de su deber de esposa.
Desaparecidas las personalidades más destacadas y los caracteres más temibles, también queda olvidada la antigua querella, que no tiene ya el vigor de otros tiempos. La fatigosa ascensión de la familia ha terminado. Este ciclo narrativo es la obra más significativa de Walpóle y una de las más notables en aquella producción literaria inglesa que, todavía dentro de la corriente del naturalismo, tendía a superarlo por su afán de evocar los resortes secretos que rigen la historia. De ahí la importancia de algunos valores líricos y rítmicos, de «motivos» — como el de la rivalidad, el de los rasgos equinos característicos de los Herries, y el del sueño, que es propio de todos los miembros de la familia, de un caballo blanco piafante, que, después de haber atravesado una laguna, se empina por una escarpada colina —. Todos estos motivos, como en la obra wagneriana, a la que esta producción recuerda en más de un aspecto, contribuyen a formar un clima interior y mágico donde se mueven figuras y caracteres de gran relieve.
M. L. Giartosio

