[The Christian Hero]. Breve tratado del escritor irlandés Richard Steele (1672-1729), publicado en 1701. Ésta es la primera obra del célebre fundador y director del «Tatler» (v.) y del «Spectator» (v.), los dos periódicos que tanta influencia ejercieron en las costumbres y en la historia literaria inglesa. En él están expuestos los principios informadores, si no de la vida, de las aspiraciones del autor. Steele, que por temperamento puede decirse que pertenece a la generación libertina anterior a la suya, la de la Restauración, dedicó la mejor y más duradera parte de sus actividades literarias a la reforma de las costumbres, tanto en los brillantes ensayos publicados en los periódicos citados, como en sus obras teatrales. Ésta fue su manera de ponerse al unísono con sus contemporáneos, deseosos de un pacífico orden burgués, dentro de un marco de reglas éticas bien definidas, que conciliasen los ideales cristianos con los de los antiguos filósofos, estudiados y propugnados por los neoclásicos.
En el tratado — cuyo significativo subtítulo es: «Argumentación para probar que sólo los principios de la razón son los adecuados para formar un gran hombre» —, comienza con esta advertencia : «encontrando el autor que la vida militar expone a un gran desenfreno» ha escrito «con el propósito de imprimir fuertemente en su ánimo un ideal de virtud y de religión que repriman su poderosa inclinación a los placeres ilícitos». Pasa después a sostener la superioridad de la Biblia como guía moral frente a los principios filosóficos, en sí mismo nobles, pero demasiado unilateralmente intelectuales, de los antiguos, especialmente de los estoicos, y termina con un paralelo entre Luis XIV y Guillermo III de Orange, sosteniendo la tesis de que no el deseo de gloria, sino la conciencia, debe ser la guía de la conducta de un hombre verdaderamente grande. Son notables, por la influencia que tuvieron sobre las costumbres, las páginas en que al contrario de la gran mayoría de los escritores de su tiempo, el autor aconseja el respeto a la mujer, iniciando con ello la campaña en su propia obra y en la de Addison en el «Tatler» y en el «Spectator», de la que se derivó la posición románticamente caballeresca en la vida, y más todavía en la literatura del siglo siguiente.
L. Krasnik

