[Die Geschwister von Neapel]. Novela de tema italiano del escritor austríaco Franz Werfel (1890-1945), que la consideraba como una de sus mejores obras; publicada en 1931, tuvo un gran éxito en los países simpatizantes con la Italia antifascista, mientras en Italia, la traducción, titulada Los Pascarella, fue mutilada por motivos políticos de algunos de sus pasajes más característicos.
En una calle tranquila de la ruidosa Nápoles vive don Domenico, patriarcal cabeza de familia, con sus seis hijos, huérfanos de madre: Annunziata, el puntal de la casa, maternal y ahorradora, bondadosa y prudente, particularmente vinculada a su hermano Lauro, el benjamín de su madre, muy hermoso, melancólico y enigmático; Placido, el mayor, tímido, con veleidades poéticas y filosóficas, muy ligado a su hermana y confidente, Grazia, linda y afectuosamente comprensiva; luego los dos «pequeños»: Ruggero, el Oso, grosero, aunque listo y fuerte, y su hermanita Iride, caprichosa y distraída con sus mil juegos. El padre reina despótico sobre sus hijos, que le besan la mano con una anacrónica docilidad y sumisión, y mantiene alejado el mundo exterior como un enemigo de la familia Pascarella, en un tiempo muy rica, ahora al borde de la ruina; la única diversión concedida es una velada cada año, en la inauguración de la temporada lírica del teatro San Cario, en un palco; y, de vez en cuando, el domingo, con puertas y ventanas cerradas, don Domenico canta con su bella voz los aires favoritos de la Gioconda, entre la viva emoción de sus hijos. Pintoresca y humorística es la figura del anciano criado Giuseppe, tipo de esbirro borbónico, muy hábil en espiar las travesuras de los muchachos para referirlas a Su Excelencia. Un acto de increíble audacia es la conjura de los hermanos para enviar a Lauro y a Grazia, a escondidas del padre, a un baile que se da en el famoso hotel Bertolini; todo el mundo contribuye con su parte de sacrificio en la empresa.
La fiesta es un triunfo para la belleza de Grazia, que encuentra allí a un anciano inglés, Arthur Campbell, al que ya ha conocido en el San Cario, que la sigue como hipnotizado y decide su destino, aunque de momento no le dé más que su dirección, no queriendo atarle a su persona, puesto que está a punto de partir para África. La travesura del baile pasa inadvertida, pues aquella noche don Domenico no regresa a su casa: el socio de su pequeño banco, después de estafarle durante muchos años seguidos, se ha largado con la caja. Entonces toda la familia colabora enérgicamente para evitar la bancarrota; pero entra en la casa un abogado, Gnolli, individuo sospechoso que lleva a cabo ciertas operaciones poco claras. Mientras, los hijos varones convencen a su padre para que los deje emigrar al Brasil para probar fortuna, en tanto que las hermanas se quedan en la triste casa, quitándose el pan de la boca para que a su padre no le falte nada; cada una de ellas vive espiritualmente en una especie de unión mística con el hermano favorito: Annunziata, rezando por Lauro; Grazia, copiando las poesías de Placido, mientras Iride, en su crecimiento precoz, es afectada por una leucemia. En Brasil, solamente Ruggero consigue hacer fortuna en una gran hacienda de un napolitano, y manda dinero a su casa; a Placido le cuesta penas y fatigas salir del paso como corresponsal mal pagado, y Lauro, empleado en un instituto para la cría de serpientes venenosas, es mordido por una de ellas y’ muere. Cuando la noticia llega a Nápoles, la familia está completamente arruinada; don Domenico grita con elemental violencia su dolor paternal, llama a sus hijos de América y echa de su casa al deshonesto abogado; Iride está gravemente enferma en el hospital, Annunziata se refugia en un convento, Grazia, que no se ha olvidado nunca de su inglés y que le ha enviado una vez una tarjeta con la dirección, está a punto de suicidarse, cuando vuelve a encontrar al hombre amado, que tampoco se ha olvidado de ella y que, en cuanto recibió la tarjeta, ha corrido a su lado.
El padre, enterándose de la aventura de su hija, quiere echarla de casa, cuando por una falsa denuncia de su socio, es arrestado por antifascista y masón, después de defenderse disparando contra los agentes. Pero Campbell, el inglés, salva la situación tratando hábilmente con las autoridades fascistas, que le toman por el gran político inglés de su mismo nombre y hacen’ todo lo necesario para liberar a Pascarella. Éste regresa a su casa cambiado: cansado y condescendiente, consiente en el matrimonio de Grazia y permite que su yerno transforme su firma en una agencia de viajes; luego permite que, de los dos hijos que han vuelto, Ruggero parta de nuevo para Brasil como futuro heredero de su jefe, junto con Iride, que ha curado tras una transfusión de sangre, donada por Annunziata. El domingo antes de la boda y de la partida, la familia reunida insiste para que don Domenico cante una vez más los queridos aires de la Gioconda, acompañado al piano por Annunziata; pero las vibraciones del piano hacen saltar una cuerda del contrabajo de Lauro, que había quedado apoyado allí, en su antiguo estuche: es como un quejido del hermano muerto, que corta bruscamente la música, una amonestación del mundo del más allá de que la época del canto y de la ley ha acabado. Pero, ¿qué época ha comenzado? Así concluye la novela, con el melancólico presagio de un triste porvenir para el país en que se ha desarrollado la acción. Magistral es la pintura del ambiente napolitano en sus varios tipos, de la vida pública y privada.
C. Baseggio-E. Rosenfeld

