Novela escrita por Eduardo Barrios (n. 1884), autor chileno distinguido asimismo en el drama. Con esta obra publicada en 1922 y reeditada varias veces en Chile y en otras naciones, el escritor se introduce en un convento franciscano, cuya regla siguió algunos meses para obtener la documentación necesaria a la obra. La novela consiste en el contrapunto psicológico entre fray Lázaro, vigorosamente atenido a la vida mundana que ha hecho antes de acogerse al refugio conventual, y fray Rufino, que representa la extrema adhesión a la doctrina de renunciamiento. El autor sigue los pasos de la locura mística de fray Rufino con la puntualidad del médico ante un caso clínico, hasta llegar a señalar cómo el fraile, en su apetito jamás saciado de perfección, se hace incompatible con la paz del claustro. El desenlace de la tragedia concuerda con la impresión que el novelista había venido dando en anteriores escenas. Fray Rufino pretende violar a una mujer en el templo, a fin de que, escarnecido y humillado de todos, la mortificación y el vergonzoso castigo de su falta, logren llevar a su alma la negación de todo amor propio que había ido a buscar en el convento.
El autor recibió en 1946 el Premio Nacional de Literatura y publicó en 1948 otra novela, Gran señor y rajadiablos, en la cual aborda la escena rural y describe con opulentas pinceladas la vida de un hidalgo campesino. Todos sus libros, entre los cuales cabe citar, además, las novelas El niño que enloqueció de amor (1915) y Un perdido (1917), están escritos con gran pulcritud de estilo. La crítica literaria española y americana le ha otorgado por esas obras el título de novelista psicológico, saludando de paso el valor artístico de su prosa.
R. Silva Castro

