El diamante del rey de los espíritus, Ferdinand Raimund

[Der Diamant des Geisterkónigs]. «Drama fabuloso» en dos actos, sacado de mo­tivos de Las Mil y una Noches y represen­tado por primera vez en Viena, en 1824. El mago austríaco Zephises muere súbitamente, sin poder dar a su hijo Eduardo los tesoros que él ha recibido del rey de los espíritus, Longimanus.

Una vez ascendido al reino de los espíritus, ruega a su protector que intervenga en favor del desgraciado mucha­cho. Éste, tras superar algunas pruebas, entra en posesión de los bienes paternos, y al fin Longimanus le promete también una estatua de diamante si logra presentarle una muchacha de veinte años que «no haya mentido nunca». Eduardo, acom­pañado de su fiel criado Floriano, parte en globo para el «país de la moralidad».

Entre las diversas muchachas que le pre­sentan, él escoge, contra lo que se espe­raba, a Amina, que encarna el ideal de la honestidad. Eduardo se enamora de ella, y Longimanus, tras algunas fingidas con­tiendas, se la concede como esposa díciéndole: «una mujer como ésta, es el más hermoso diamante que podía regalarte». En el drama, todavía ligado al teatro de fá­bula vienés, no puede decirse que el mun­do fabuloso y el mundo real se fundan. Son todavía muchos los personajes alegó­ricos, y demasiado tontos para hacer de «dioses ex machina» cuando el desarrollo dramático debe resolverse.

Sin embargo, es preciso reconocer que Raimund hace con esta obra el primer intento serio para re­novar el teatro popular vienés, infundien­do soplo humano a las máscaras de la «Co­media del arte» [Stegreifkomodie], que aun sobrevivían, renunciando casi siempre a los efectos fáciles y a los chistes, e inspirándose en sólidos principios éticos y esté­ticos.

G. Necco

Enc. Noguer.