Diccionario de la lengua inglesa, Samuel Johnson

[Dictionary of English Language]. Clá­sico diccionario publicado en 1755 después de sólo ocho años de trabajo, con el fin de «depurar nuestra lengua gramaticalmente, puliéndo­la de todo barbarismo, licencias idiomáti- cas o combinaciones irregulares». Esto mis­mo había ya realizado en Italia la Acade­mia de la Crusca en 1612 y en Francia la Academia Francesa en 1694. Johnson conci­bió la idea de componer su diccionario so­bre principios semejantes, creyendo que la lengua inglesa había alcanzado tal perfec­ción en el léxico que no necesitaba ningu­na mejora: lo esencial era pues salvarla, fijando los límites con nueva autoridad.

En su «plan» o programa, habla todavía de la importancia de adoptar el principio histó­rico del valor de las palabras, para lo cual es necesaria abundancia de citas que, bien seleccionadas, puedan corroborar las defini­ciones y dar todos los matices de significa­do que no queden fijadas con la propia de­finición. Entre sus fines, pues, se cuenta el de fijar la pronunciación de la lengua, para conservar la pureza y con ello alargar su duración. Esto se lo reconoce el conde de Chesterfield, llamándole dictador y el que salvó de la anarquía a la lengua.

Al tardío elogio del conde de Chesterfield, a quien Johnson había enviado el plan de su obra sin obtener respuesta, dió el autor una fa­mosa réplica, diciendo que tal acogida «de haber sido pronta, hubiese resultado cortés; pero se había retrasado tanto que él se sen­tía indiferente, y no le podía dar alegría; él era un solitario, y no podía comunicarlo; era una persona conocida y ya no lo necesi­taba». Esta famosa carta (7 febrero 1755) se considera como un acontecimiento que pone término a la era de los mecenas e inicia la independencia de los escritores.

Johnson se dió perfecta cuenta de que mientras él creaba el Diccionario, cesaba éste de ser perfecto, porque la lengua sufre perpetuos cambios, y unas palabras brotan al tiempo que otras desaparecen; pero este mismo error da un valor especial a la obra que, al tratar de fijar la lengua en una época de florecimiento literario, lograba clasificar lo que debía ser uso inglés. Considerando la edad de oro de la lengua en la época isabelina, Johnson aseguraba que los escrito­res de antes de la Restauración (1661) eran «fuentes puras de dicción genuína» y rema­cha su opinión tomando como modelos a Sidney (1554-1586) y a Spencer (1552-1599); si incluye palabras arcaicas, las avala con citas de autores conocidos y demuestra la necesidad de devolverlas al uso.

Su más grave temor es que la lengua pueda co­rromperse por la influencia del francés; por eso declara locura el naturalizar palabras extranjeras con daño de las nacionales. El diccionario resultó personalísimo: a través de las abundantes definiciones y de los ejemplos, Johnson revela sus cualidades de estilista y de crítico, sus propias ideas polí­ticas y a menudo su humorismo. He aquí la definición que da implícitamente de sí mismo en la voz «lexicógrafo»: «un traba­jador inofensivo».

M. Navarra

El héroe como hombre de letras. (Carlyle)