FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El corto verano de la anarquía (Magnus Enzersberger)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El corto verano de la anarquía (Magnus Enzersberger)»
FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI
LA MORAL DE LA PROFESION DE LAS LETRAS (Robert Louis Stevenson)
Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia
FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»LA MORAL DE LA PROFESION DE LAS LETRAS (Robert Louis Stevenson)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LA MORAL DE LA PROFESION DE LAS LETRAS (Robert Louis Stevenson)»
FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI
CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE ABRAZAR LA CARRERA DEL ARTE (Robert Louis Steven
CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE ABRAZAR LA CARRERA DEL ARTE
Con la seductora franqueza de la juventud me plantea una cuestión de indudable importancia para usted y (cabe pensar también) de cierta trascendencia para la humanidad: ¿ha de ser o no artista? Es ésta una pregunta a la que debe responder usted mismo; lo más que puedo hacer por usted es atraer su atención sobre algunos factores que debe tener en cuenta; y empezaré, como es probable que termine, asegurándole que todo depende de la vocación.
Saber lo que a uno le gusta marca el comienzo de la sabiduría y de la madurez. La juventud es una edad totalmente experimental. La esencia y el encanto de esa época ajetreada y deliciosa residen tanto en la ignorancia de uno mismo como en la ignorancia de la vida. Una y otra vez aúna el hombre joven estas dos incógnitas, ya en un ligerísimo roce, ya en un abrazo amargo; con un placer exquisito o con un dolor punzante; pero en ningún caso con indiferencia, a la cual es totalmente ajeno, o con ese sentimiento cercano a la indiferencia, la aceptación. Si se trata de un joven sensible, que se excita con facilidad, el interés por esta serie de experimentos excederá con mucho el placer que de ellos derive. Aunque así lo crea, no ama la belleza ni busca el placer; su objetivo será cumplir su vida y degustar la diversidad del destino humano, y en ello hallará suficiente recompensa. Porque hasta que la cuchilla de la curiosidad se embota, todo lo que no es vida y búsqueda desaforada de experiencias ofrece para él un rostro de repulsiva aridez que difícilmente podrá evocar más tarde; o, de haber alguna excepción –y el destino entra aquí en escena–, es en los momentos en que, hastiado o ahíto de la actividad primaria de los sentidos, revive en su memoria la imagen de los placeres y las penas pasados. De esta suerte, rechaza las profesiones rutinarias y se inclina insensiblemente hacia la carrera del arte que solamente consiste en saburear y dar cuenta de la experiencia.
Esto, que no es tanto vocación por un arte cuanto impaciencia para con las restantes ocupaciones honradas, se presenta frecuentemente aislado; y siendo así, se va borrando con el paso de los años. Bajo ningún concepto se le debe prestar atención, pues no es una vocación, sino una tentación; y cuando, hace días, su padre desaprobó de forma tan cruda (y a mi juicio) tan certera su ambición, no es improbable que recordase un episodio similar de su pasado. Porque acaso la tentación sea tan frecuente como la vocación es rara. Además, hay vocaciones imperfectas; hay hombres vinculados no tanto a un arte en particular cuanto al ars artium general, base común de todo arte creativo; ora se entregan a la pintura, ora estudian contrapunto o pergeñan un soneto: todo con idéntico interés, no pocas veces con conocimientos genuinos. Y de esta disposición, cuando despunta, me resulta difícil hablar; pero le aconsejaría dedicarse a las letras, pues, al servicio de la literatura (red de tan amplia cabida), toda su erudición pudiera serle útil algún día y, si continuara trabajando y se convirtiera al cabo en un crítico, sabría utilizar las herramientas necesarias. Por último, llegamos a esas vocaciones que son, a la vez, claras y decisivas; a los hombres que llevan en las venas el amor a los pigmentos, la pasión por el dibujo, el talento para la música o el impulso de crear mediante las palabras, de la misma forma que otros, o acaso los mismos, nacen amantes de la caza, el mar, los caballos o el torno. Están predestinados; si un hombre ama su oficio con independencia del éxito u la fama, los dioses han llamado a su puerta. Tal vez posea una vocación más amplia: sienta debilidad por todas las artes, y pienso que a menudo éste es el caso; pero es en esa disciplinada entrega a una sola, en el entusiasmo inquebrantable por los logros técnicos y (quizá por encima de todo) en la candorosa actitud con que acomete su insignificante empresa con una gravedad propia de los cuidados del imperio y estima valioso conseguir, a cualquier coste de trabajo y tiempo, la mejora más insignificante, donde hallamos huellas de su vocación. La ejecución dc un libro, de una escultura, de una sonata deben emprenderse con la insensata buena fe y el espíritu incansable de un niño que juega. ¿Merece la pena? Siempre que al artista se le ocurre hacerse esta pregunta, ampara una respuesta negativa. No se le ocurre al niño que juega a los piratas en un sillón del comedor, ni tampoco al cazador que rastrea su presa; la ingenuidad de aquél y el ardor de éste debieran fundirse en el corazón del artista.
Si descubre en usted inclinaciones tan acusadas, no haya lugar para vacilaciones: ríndase a ellas. Y observe (pues no es mi intención desalentarle excesivamente) que, al principio, nuestra natural disposición no se consuma con brillantez o, diré más bien, con tanta regularidad. El hábito y la práctica afilan los talentos; la perseverancia resulta menos desagradable, y con el paso del tiempo es incluso bien acogida; por vaga que sea la inclinación (si es genuina) se convierte, practicada con asiduidad, en una pasión absorbente. Pero ahora será bastante si al volver la vista atrás en un intervalo de tiempo razonable comprueba que el arte elegido tiene más cualidades que las que se arrogara en su momento entre los multitudinarios intereses de la juventud. Si la devoción acude en su ayuda, el tiempo hará el resto; y pronto todos y cada uno de sus pensamientos estarán empeñados en la tarea amada.
Mas, me recordará, pese a la devoción, pese a desplegar una actividad grata y perseverante, muchos artistas, a la vista de los resultados, viven su vida totalmente en vano: artistas a millares y ni una sola obra de arte. Recuerde, a su vez, que la mayoría de los hombres son incapaces de hacer algo razonablemente bien, y entre otros cosas, arte. El artista inútil no habría sido un panadero del todo incompetente. Y el artista, incluso si no divierte al público, se divierte a sí mismo; al menos ese hombre será más feliz gracias a sus horas de vigilia. Este es el aspecto práctico del arte: una fortaleza inexpugnable para el practicante sincero. Los beneficios directos –el salario del oficio– son reducidos, pero los beneficios indirectos –el salario de la vida– son incalculables. No existe otro negocio que ofrezca al hombre su pan de cada día en términos tan convenientes. El soldado y el explorador experimentan emociones más vivas, pero a costa de penalidades crueles y períodos de tedio que hacen enmudecer. En la vida del artista ningún momento debe transcurrir sin deleite. Tomo como ejemplo al autor con quien estoy más familiarizado; no dudo que ha de trabajar con un material díscolo y que el mismo acto de escribir perjudica y pone a prueba tanto sus ojos como su carácter; pero obsérvele en su estudio, cuando las ideas se agolpan en su mente y las palabras no le faltan: en qué corriente continua de pequeños éxitos transcurre su tiempo; con qué sensación de poder, como la de quien moviera montañas, agrupa a sus personajes menores; con qué placer para la vista y el oído ve crecer la etérea construcción sobre la página; y cómo se esmera en un oficio al cual afluye todo el material de su existencia y abre una puerta a todos sus gustos, preferencias, odios y convicciones, de modo que llega a escribir lo que ansiaba expresar. Es posible que haya gozado mucho en el grande y trágico patio de recreo del mundo; pero ¿qué habrá gozado con más intensidad que una mañana de trabajo fructífero? Supongamos que está pésimamente retribuido; lo sorprendente en verdad es recibir retribución de cualquier especie. Otros hombres pagan, y con largueza, por placeres menos deseables.
Pero el ejercicio del arte no sólo reporta placer; trae consigo una admirable disciplina. Pues el artista se guía enteramente por el honor. El público ignora o conoce bien poco los méritos en busca de los cuales está condenado a invertir la mayor parte de sus esfuerzus. Una determinada concepción, una energía personal o algún acierto de poca monta que el hombre de temperamento artístico obtiene con facilidad, tales son los méritos que se reconocen y valoran. Pero a aquellos más exquisitos detalles de perfección y acabado que el artista desea con vehemencia y siente de forma tan acusada, por los que (utilizando las vigorosas palabras de Balzac) ha de luchar «como un minero sepultado bajo un corrimiento de tierra», por los que día a día recompone, revisa y rechaza, a aquéllos, la gran mayoría de su audiencia permanecerá ciega. De estas penalidades ignoradas, y en el caso de que alcance elevadas cotas de mérito, acaso responda con justicia la posteridad; en el caso, más probable, de que fracase, siquiera por el margen de un cabello con respecto a la cota más elevada, tenga la seguridad de que pasarán inadvertidas: A la sombra de este gélido pcnsamiento, a solas en su estudio, el artista debe día a día ser fiel a su ideal. En la fidelidad radica la nobleza de su existencia; por ella el ejercicio de su arte le acrisola y fortalece el carácter; también gracias a ella la adusta presencia del gran emperador se volvió (siquiera un momento) condescendiente hacia los seguidores de Apolo, y aquella voz suave y enérgica pidió al artista que festejara su arte.
Aquí conviene hacer dos advertencias. Primera, si desea continuar siendo su única ley, vigile las primeras señales de pereza. En puridad, este idealismo sólo puede sustentarse merced a un esfuerzo constante; pues el nivel de exigencia se rebaja con enorme facilidad, y el artista que se dice a sí mismo «así será suficiente», ya está condenado; en ocasiones (especialmente en ocasiones desafortunadas), tres o cuatro éxitos mediocres bastan para falsificar un talento, y en el ejercicio del periodismo se corre el riesgo de tomarle afición a la negligencia. Existe este peligro, no siendo menor el segundo. La conciencia de hasta qué extremo el artista es (debe ser) su propia ley, corrompe a las cabezas mediocres. Sensibles a la existencia de recónditas virtudes difíciles de alcanzar, muchos artistas que formulan o asimilan recetas artísticas o se enamoran tal vez de alguna habilidad particular, olvidan el objetivo de todo arte: deleitar. Indudablemente es tentador abominar del burgués ignorante; empero, no debe olvidarse que él es quien nos paga y (salta a la vìsta) por servicios que desea ver realizados. Considerándolo adecuadamente, se plantea con ello una trascendental cuestión de honestidad. Ofrecer al público lo que no desea y esperar su aplauso es extraña pretensión, aunque muy corriente, sobre todo entre los pintores. En este mundo la primera obligación de cualquier hombre es ser solvente; conseguido esto, puede entregarse a todas las extravagancias que le plazcan; pero quede bien claro que sólo entonces. Hasta ese momento deberá cortejar con asiduidad al burgués que lleva la bolsa. Y si en el curso de tales capitulaciones falsifica su talento, demostrará con ello que éste nunca fue excesivamente sobresaliente y que ha preservado algo más importante que el talento: el carácter. Y si es tan independiente que no ha de doblegarse a la necesidad, aún tiene otra salida: dejar a un lado su arte y llevar un estilo de vida más viril.
Al hablar de un estilo de vida más viril, debo ser franco. Vivir a expensas de un placer no es una vocación muy elevada; aunque veladamente, entraña algún patronazgo; el artista se cuenta, por ambicioso que sea, entre las chicas de baile y los marcadores de billar. Los franceses entienden la evasión romántica como una ocupación y a sus practicantes las llaman «hijas de la alegría». El artista pertenece a la misma familia, es uno de los «hijos de la alegría» que ha elegido su oficio para deleitarse, se gana el pan deleitando al prójimo y se ha desprendido de la dignidad más severa del hombre. No hace mucho algunos periódicos denostaron el título nobiliario de Tennyson; y este «hijo de la alegría» recibió reproches por condescender y seguir el ejemplo de lord Lawrence, lord Cairns y lord Clyde. El poeta estuvo más inspirado; aceptó el honor con más modestia; y los periodistas anónimos (si he de creerles) no han reparado todavía el vicario ultraje a su profesión. Estos caballeros podrán hacerse más justicia a sí mismos cuando les llegue su turno; y me agradará saberlo, pues a mis ojos bárbaros incluso lord Tennyson aparece un tanto fuera de lugar en semejante reunión; no debería haber honores para el artista; el ejercicio de su arte ya le ofrece mayor recompensa de la que en vida le corresponde; y antes que el arte, otros oficios, menos atractivos y acaso más útiles, han hecho valer su derecho a tales honores.
Pero la maldición de las ocupaciones destinadas a deleitar es el fracaso. En ocupaciones más corrientes el hombre se ofrece para producir un artículo o realizar un objeto determinado puramente convencional, proyecto en el que (casi podemos afirmar) el fracaso es muy difícil. Mas el artista se aparta de la multitud y se propone deleitar: proyecto impertinente en el que no hay fracaso que no esté envuelto en odiosas circunstancias. La infeliz «hija de la alegría» que pasea sus galas y sonrisas inadvertida entre la multitud compone una estampa que no podemos evocar sin un sentimiento de lacerante compasión. Tal es el prototipo del artista fracasado. Como ella, el actor, el bailarín y el cantante deben mostrarse en público y apurar personalmente la copa de su fracaso. Y aunque todos los demás escapemos a la suprema amargura de la picota, en esencia tarnbién cortejamos a la humillación. Todos profesamos ser capaces de gustar. ¡Qué pocos lo logramos! Todos nos comprometemos a seguir siendo capaces de gustar. Pero a cada cual incluso al más admirado, le llega el día en que su ardor declina; pierde la astucia y, avergonzado, se sienta junto a la barraca desierta. Entonces se verá en la necesidad de hacer algún trabajo y se sonrojará al cobrarlo. Entonces (como si el destino no fuese ya suficientemente cruel) habrá de padecer las burlas de los raqueros de la prensa, quienes ganan su amargo pan execrando la basura que no han leído y ensalzando la excelencia de lo que son incapaces de comprender.
Y advierta que éste parece ser el final cuando menos inevitable de los escritores. Les Blancs et les Bleus (por ejemplo) reúne méritos muy diferentes a los del Vicomte de Bragelonne; y si existe algún caballero que soporte espiar la desnudez de Castle Dangerous, su nombre, según creo. es Ham: bástenos a nosotros leer sobre ello (y no sin derramar lágrimas) en las páginas de Lockhart. Así, en la vejez, cuando el confort y un quehacer se hacen más necesarios, el escritor debe abandonar a la par su medio de vida y su pasatiempo. Sin duda el pintor que ha logrado retener la atención del público gana fuertes sumas y hasta muy avanzada edad puede permanecer junto a su caballete sin fracasos ignominiosos. El escritor, al contrario, padece el doble infortunio de estar mal retribuido cuando trabaja y de no poder trabajar en la vejez. Por ello su estilo de vida le lleva a una situación falsa.
Pero el escritor (pese a los notorios ejemplos en sentido contrario) debe procurar estar mal pagado. Tennyson y Montépin se ganaron la vida espléndidamente; pero no todos podemos esperar ser Tennyson ni acaso desear ser Montépin. Si uno ha adoptado un arte como oficio, renuncie desde el principio a toda ambición económica. Lo más que puede honradamente esperar, si tiene talento y disciplina, es obtener los mismos ingresos que un oficinista invirtiendo la décima, si no la vigésima parte de su energía nerviosa. Tampoco tiene derecho a pedir más; en el salario de la vida, no en el del oficio, está su recompensa; así, el salario es el trabajo. Es evidente que no me inspiran simpatía los vulgares lamentos de la clase artística. Quizá olvidan el sistema de aparcería de los campesinos; ¿o piensan que no cabe trazar paralelismos? Tal vez no hayan reparado nunca en la pensión de retiro de un oficial de campo; ¿o es que creen que su contribución a las artes cuyo destino es agradar es más importante que los servicios de un coronel? ¿Olvidan con qué poco se conformó Millet para vivir? ¿O piensan que el tener menos genio les exime de mostrar iguales virtudes? No debe existir ninguna duda sobre este aspecto: un hombre que no es frugal, no tiene nada que hacer en las artes. Si no es frugal sus pasos le conducirán hacia el trágico fin del vieux saltimbanque; si no es frugal, cada vez le será más difícil ser honesto. Un día, cuando el carnicero llame a su puerta, acaso le tiente o se vea obligado a producir y vender una obra desaliñada. Si esta necesidad no es producto de su propia desidia, aún será digno de elogio; pues faltan palabras que puedan expresar hasta qué punto es más necesario para un hombre mantener a su familia que conseguir –preservar– alguna distinción en las artes. Pero si es responsable de su indigencia, roba, roba a quien puso confianza en él, y (lo que es peor) roba de forma tal que siempre sale impune.
Y ahora quizá me pregunte: si el artista en cierne no debe pensar en el dinero ni (como se infiere) tampoco esperar honores de Estado, ¿puede al menos ansiar las delicias de la popularidad? La alabanza, dirá, es un plato codiciable. Y mientras se refiera a la acogida de otros artistas, apunta hacia uno de los placeres más esenciales y duraderos de la carrera del arte. Pero si tiene la vista puesta en los favores del público o en la atención de la prensa, tenga la certeza de estar alimentando un sueño. Es cierto que en determinadas revistas esotéricas el autor, pongamos por caso, es criticado puntualmente, y que a menudo se le elogia más de lo que merece, a veces por méritos que él mismo tenía a gala despreciar, y otras por hombres y mujeres que se han negado a sí mismos el placer de leer su obra. Pero si el hombre es sensible a estas alabanzas desaforadas, cabe esperar que también lo sea a aquello que a menudo las acompaña e inevitablemente las sigue: un desaforado ridículo. Cualquier hombre, después de triunfar durante años, puede fracasar; tendrá noticia de su Eracaso. O puede haber triunfado durante años y seguir siendo una punta de lanza de su arte aunque sus críticos se hayan cansado de elogiarle, o habrá surgido un nuevo ídolo del momento, alguna «figura de relumbrón» a quien prefieren ahora ofrecer sus sacrificios. Tal es el anverso y el reverso de esa fea y vacía institución llamada popularidad. ¿Creerá algún hombre que merece la pena conseguirla?
Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia
FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE ABRAZAR LA CARRERA DEL ARTE (Robert Louis Steven»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE ABRAZAR LA CARRERA DEL ARTE (Robert Louis Steven»
FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI
Manual para ser niño (Gabriel García Márquez)
FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Manual para ser niño (Gabriel García Márquez)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Manual para ser niño (Gabriel García Márquez)»
FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI
LA ORATORIA (Jorge Mota)
LA ORATORIA
por Jorge Mota
Al esbozar este pequeño trabajo sobre la oratoria, he considerado importante añadir también unos comentarios sobre la psicología de las masas y sobre la personalidad de "Jefe", toda vez que, en mayor o en menor escala, un buen orador, tendrá directa o indirectamente la función de "leader".
LA PSICOLOGIA DE LAS MASAS.
Gustave Le Bon se ocupó de este tema con amplitud y su extenso estudio al respecto sigue siendo una pieza fundamental no superada. Cualquier persona que quiera iniciarse en la oratoria, debe leer, repetidamente, la obre de Le Bon.
Aquí extractaremos sólo algunos pasajes a modo de orientación: "igualmente que para los seres entre los cuales no interviene el razonamiento, en las muchedumbres la imaginación representativa es muy poderosa, muy activa y susceptible de ser vivamente impresionada. Las imágenes evocadas en su espíritu por un personaje, un acontecimiento, un accidente, tiene case la vivacidad de las cosas reales. Las muchedumbres están algo en el caso del soñador, cuya razón, suspendida momentáneamente, deja surgir en su espíritu imágenes de una intensidad extrema, pero que se disiparán rápidamente si pudiesen ser sometidas a reflexión. "No siendo capaces las muchedumbres ni de reflexión ni de razonamiento , carecen de la noción de lo inverosímil, porque generalmente las cosas más inverosímiles son las que hieren más profundamente su espíritu. "Lo maravilloso, lo legendario de los acontecimientos es siempre lo que impresiona a las muchedumbres con mayor intensidad".
En otro pasaje, y en cierto modo como resumen de una serie de razonamientos dice: "Hemos demostrado que las muchedumbres no razonan; que admiten o rechazan las ideas en bloque; que no soportan discusión ni contradicción, u que las sugestiones, actuando sobre ellas, invaden completamente el campo de su entendimiento y tienden enseguida a transformarse en actos. Hemos demostrado que las muchedumbres, sugestionadas convenientemente, está prontas a sacrificarse por el ideal que les fue sugerido. Hemos visto también que sólo conocen los sentimientos de violencia extremada; que en ellas la simpatía se convierte pronto de adoración, y la simpatía, apenas nacida, se convierte en odio. Estas indicaciones generales permiten ya presentir la naturaleza de sus convicciones".
Resumiendo Le Bon viene a afirmar que las masas como tales tienen la personalidad distinta de los individuos que las forman. Sus opiniones constituyeron en su tiempo una novedad, sin embargo hoy han sido ya estudiadas sistemáticamente todas las reacciones de las masas. Todos estos estudios, empero, partes de la obre de Le Bon y sobre ellos se apoya el "arte" de la democracia, es decir, el arte de hacer creer a los dirigidos que son directores.
Diversos autores han abundado en las opiniones del genial autor francés. Hitler, en "Mein Kampf" , comenta ampliamente el tema de las masa resaltando que el hecho de "ser una masa convence de la razón", afirmación muy justa y tremendamente cierta. El genial octor Robert escribiría: "Por lo mismo que las masas no discurren , tampoco soportan la contradicción. Las masas piensan poco pero las masas sienten. Las masas no razonan, sino que solamente se mueven por el sentimiento", e incluso en una gran película, "Un hombre para la eternidad" pudimos anotar una frase muy elocuente al respecto: "las masas siguen a cualquier cosa que se mueve".
Sin embargo como hemos apuntado, y aunque no nos extenderemos al respecto, los modernos estudios de formación de dirigentes, no olvidan esos principios fundamentales. En la obra "Formación de dirigentes" de Carlos Campoy, editada en 1971, podemos leer un espléndido resumen del libro de Le Bon, aunque no se indique así en el texto:
"A. La sociedad de masas es muy poco apta para el razonamiento, pero es muy apta para la acción.
"B. La muchedumbre, actuando masivamente, posee un alma colectiva que motiva pensamientos, sentimientos y acciones, distintas a aquellas de las que serían capaces de hacer aisladamente, los individuos que las integran. "C. Muy pocas veces son guiadas por la razón, careciendo de poder sobre ellas las leyes de la lógica. Por eso , sus dirigentes o líderes, invocan sus sentimientos y nunca su razón" continuando en otros puntos diciendo que son susceptibles de una moralidad extrema, son intolerables y autoritarias, simples y exageradas, sugestionables y crédulas." Sólo encontramos un gran error en Le Bon al afirmar que a través de los periódicos es muy difícil crear un gran movimiento de opinión. Realmente hay que tener en cuenta la época en que vivió el autor , pero indudablemente hoy sabemos muy bien que es no sólo posible, sino habitual. Aspectos importantes que afectan a cada persona individualmente como el impuesto de renta, no crea ni pintadas, ni manifestaciones, ni protestas, simplemente porque no es estimulado por la prensa. La prensa crea pequeños líderes de corta duración para evitar la pérdida de su control y procura que esos líderes no tengan realmente calidad de tales en cuyo caso podrían independizarse. En otros dos puntos hemos de mostrar una pequeña divergencia con Le Bon. Dicho autor viene a asegurar – como ya hemos dicho – que las masas tienen una personalidad propia.
Realmente este aspecto es discutible, pues lo que les confiere esa "personalidad" es el anonimato y la impunidad. Muy probablemente las personas que forman esa masa, solas, pero garantizando el anonimato y la impunidad, actuarían de igual forma.
Le Bon en cierto modo hace referencia a este hecho, pero no lo pone debidamente de manifiesto y ello tiene su importancia pues habrá que pensar que cuando las personas individuales que forman las masa, sean incapaces de actuar injustamente, – pese a la garantía de impunidad y anonimato – , esas masas, formadas por esas personas, tampoco lo harán.
Otro punto de discrepancia con Le Bon – aunque más bien en orden teórico – es que analizando sus comentarios se llega a la conclusión de que el buen "jefe", el buen "orador" es el que sabe adaptarse a esas características de las masas, es decir, el que sabe ser superficial, exagerado, intolerante, etc. De haber conocido Le Bon a Hitler, muy posiblemente habría dicho que ere el prototipo ideal que él había defino en su libro. Muchos camaradas incluso lo pensarán también, sin embargo Hitler supo arrastrar a las masas diciéndoles algo, sus discursos no son una sucesión de slogans más o menos convincentes.
Los discursos de Hitler son profundos, están llenos de ideas, de grandes ideas. Hitler en Nüremberg, en sus grandes discursos culturales, hablaba a las masas de arte, de moral, de ética. Nada más falso que pretender que las masas son y serán como son y los líderes ha de ser como son y serán las masas. El papel del líder – y eso ya lo trataremos luego en la oratoria – ha de pretender elevar a esas masas, educarlas y lograr cambiarlas, otro proceder sería tan absurdo como el misionero que para lograr feligreses, reparte entre los negros chocolate y abalorios. Efectivamente tendrá sin duda muchos más seguidores, pero durante mucho menos tiempo que aquel que se ha preocupado de convencerles. Ser líder de una masa que no va a ninguna parte tiene tanto interés como comprar uncoche sin motor.
Lo que sí es indudablemente cierto es que en una reunión donde no existe previamente un responsable, es imposible sacar conclusiones, independientemente de que esté formada por gente eminente o por estúpidos. Este es un fenómeno que no tiene su origen en la masa, o en lla gente reunida, sino en la organización, pero que no deja de ser interesante constatar.
En todo caso las masas pueden ser controladas por medio de la disciplina. Hay masas más salvajes que otras. Al término de la guerra mundial se puso de manifiesto este hecho y Francia e Italia se pusieron rápidamente en cabeza de la brutalidad de las masas, mientras que en países anglosajones o germánicos se produjo una depuración igual pero en forma más civilizada.
Creo que el motivo de este hecho habría que buscarlo en que esas naciones son, por naturaleza, más disciplinadas, más obedientes. Conciben menos ese actuar individualista típico latino. Esas masas esperarían más una orden de "vamos!" que un grito en igual sentido. El sentido de la disciplina, de la rectitud y, fundamentalmente, la educación, puede lograr, estoy convencido, que en el futuro el espíritu de las masas no se ajuste a lo escrito por Le Bon.
EL JEFE.
Un orador tiene que ser un Jefe. Puede no ser el Jefe Principal, incluso ese Jefe Principal puede no ser orador, pero indiscutiblemente el orador será un jefe tanto si se lo propone como si quiere evitarlo. Ello hace que sea conveniente analizar, aunque someramente, las virtudes que debe poseer un jefe.
Si observamos con detenimiento toda la sociedad que nos rodea veremos que está organizada jerarquicamente, desde el deporte, donde hay un "capitán" en cada equipo, un entrenador, etc., hasta las empresas donde todo son jefes y jefecillos. La sociedad actual, como cualquier otra del pasado , se articula en un sistema jerárquico.
A Joaquín Bochaca le preguntaron en el curso de un extenso examen psicotécnico, si él creía que los hombre eran iguales. Bochaca se limitó a decir que si fuesen iguales no le estarían haciendo a él un examen psicotécnico. La evidencia dejó sin respuesta al examinador pero, indudablemente, no le convenció, pues todo el mundo "sabe" que no puede ser convencido de según que cosas. En la sociedad capitalista todo está organizado alrededor de los "líderes", aunque se les llame "ídolos", "estrellas", etc., son realmente líderes falsos. Son encumbrados a placer y hundidos al gusto, pero fundamentalmente con ellos mueven a las masas o las distraen.
En el libro mencionado antes sobre "Formación de Dirigentes" – básicamente relativo a directivos de empresa _ se contienen algunos puntos plenamente válidos y que quizás no es necesario transcribir por conocidos, sin embargo es curioso constatar como en la formación de mandos de empresas se reconoce el papel de líder, del Jefe, si bien constatando a su vez que en la sociedad actual hay multitud de organizamos creados para dificultar la labor a ese líder – Parlamentos, Consejos de Administración…- elaborándose también los sistemas para conseguir la aquiescencia de dichos organismos. Una gran diferencia entre el concepto capitalista del "Jefe" y nuestro "Führerprincip" (principio de caudillaje), la tenemos en que para la mentalidad democrática el líder puede ser formado en una escuela de dirigentes, mientras que nosotros reconocemos que es precisa una cualidad interna básica e innata.
Realmente el capitalismo crea sus líderes, líderes a la medida de sus necesidades y efectivamente son prácticamente elegidos al azar, pero justamente eso es así porque les interesa que ese supuesto "líder" tenga sólo la apariencia de tal, diferente de nuestro "Líder" que debe serlo plenamente, debe dirigir y no ser dirigido.
Contrariamente es también común el error de pensar que el jefe "no se hace, nace". Esta afirmación tiene tanto de cierta como la anterior. El jefe realmente nace, pero precisa de una educación. En ejemplo muy ilustrativo de Clausewitz, diremos que el jefe es el río y los conocimientos técnicos los afluentes. Uno y otros se complementas.Es posible que un jefe que nace, también por instinto se forme él mismo autodidácticamente, pero realmente un conocimiento adquirido y unas técnicas adecuadas pueden descubrir más fácilmente la personalidad de un jefe. Las virtudes que deben tener los jefes son, en líneas generales, las siguientes: Inteligencia y fuerza intelectual; voluntad fuerte y tenaz; actividad, dinamismo y trabajo; energía y, en caso necesario, audacia; sentimiento de responsabilidad; sentimiento del deber; preocupación por el bien común; gran cultura general; capacidad organizativa, mando; capacidad administrativa, previsión; conocimientos generales de cosas muy diferentes del mismo ámbito; competencia en la especialidad propia; capacida física y mental; capacidad de relación social con hombres diversos; altruismo; sinceridad; lealtad; rectitud; confianza en sí mismo; optimismo; presencia física; seguridad ; valentía; independencia de intereses o personas; comprensión; intransigencia; sugestión (simpatía, atracción ); serenidad ( flema ); alegría; ser reservado; espíritu de cooperación; ambición. Contrariamente los defectos de los que debe carecer, además de los que por se contrarios a las virtudes mencionadas ya se presuponga, son :Exigir mucho de los demás; tomarlo todo al pie de la letra; estar inclinado a generalizar; reaccionar ante todo; reaccionar coléricamente; intenso apasionamiento; capacidad de odio intenso; incapaz de olvidar una injusticia; incapaz de mantener una actitud; ser socialmente indiferente; ser intratable; despertar malos sentimientos; ser pesimista; dar demasiada importancia a problemas pequeños; no tener una escala de valores definidos para ordenar cada cosa en su importancia; ser desagradable en el trato.
De hecho de estar virtudes y defectos podría decirse en justicia que ni son todas las que estás ni están todas las que son. Se trata más bien de una recopilación de lo que diversos autores han opinado sobre el tema. Con gusto añadiría o suprimiría de la lista, aquellas que se me puedan indicar erróneas. Por ejemplo la presencia física me había pasado totalmente por alto, pese a ser de importancia decisiva. Fue Enrique Aynat quien con ocasión de un conferencia en Valencia me hizo dar cuenta de la omisión. León Degrelle, por ejemplo, lleva en una maleta una americana sólo para el momento de hablar. Una vez acabado un acto se cambia de vestido. Político como Adolfo Suarez han debido buena parte de su éxito a su presencia física, pero incluso aquellos que poseen un mal aspecto, son "arreglado" por maquilladores y sastres. La presencia física tiene ciertamente mucha importancia.
Personalmente pedí a varios camaradas que me conocían desde hacía bastante años, que hiciesen una valoración mía según esas "virtudes" y "defectos" del Jefe. Yo mismo me punté también y otro camarada, recién entrado en CEDADE, hizo igualmente su valoración. El camarada nuevo, -que indudablemente me conocía muy poco- , bien por ignorancia o por respeto fue muy generoso en su puntuación, con un 7 en las virtudes y un 3 en los defectos. Sin embargo los otros, incluido yo mismo, coincidimos bastante en la puntuación, siendo más o menos de 7 en las virtudes y 7 en los defectos.
Con un ligero saldo a favor tenía indudablemente que reconocer que mis defectos anulaban mis virtudes. Creo que es interesante que cada cual se haga a sí mismo y a sus mandos, una valoración privada según esas virtudes y defectos. Ayuda mucho a corregirse o a formarse, el tener una clara visión de la situación personal.
Esto es tanto más interesante cuanto que hay determinadas virtudes, al igual que determinados defectos, que si se hallan incorporados a la manera de ser, al "estilo", de CEDADE.
No ha de extrañar que esto ocurra, pues personas que en un mundo absolutamente hostil, confluyen desde diversos puntos a un mismo lugar, han de tener necesariamente unas características comunes. Ejemplo plenamente manifiesto al respecto lo constituye un examen psicotécnico realizado por tres destacados miembros de CEDADE en una misma empresa. El resultado de los tres exámenes, realizados con considerable diferencia de tiempo -años-, es sorprendentemente similar. Junto a algunos rasgos típicos de cada cual, se mencionaron en dicho informe -que dicho sea de paso costó- 120.00 pesetas- diversas características comunes a los tres y raras en otros compañeros de trabajo: tendencia a sentirse bien entre pequeño grupo (no espíritu de masa); serios e introvertidos; seguridad en sí mismos; ambición; capacidad al razonamiento abstracto; reflejos mentales; rigidez de espíritu acentuada honradez; tenacidad; dotes de mando (tendencia al liderazgo autocrático, uno de ellos); facilidad numérica; sensibilidad muy acusada; capaces de prescindir del afecto de los demás. Es verdaderamente curioso observar que estas tres personas, de sexo y edad diferentes, posean las tres "facilidad numérica" o "capacidad al razonamiento abstracto", lo cual puede tratarse de una casualidad o del resultado de las otras características. Algunos problemas relacionados con la "Jefatura", tiene una especial característica en CEDADE. Una de esas peculiaridades es la de que no se posee ningún medio coactivo que pueda obligar a cumplir las órdenes. En las empresas la obediencia se basa en el sueldo y, eventualmente, en el afán de ascenso. En el Ejercito la obediencia se halla enmarcada por sanciones a troche y moche. Contrariamente en CEDADE la obediencia ha de ser voluntaria, espontánea y sincera. Esto hace que, unido a una época anárquica como la actual y a la naturaleza de los españoles, la disciplina brille más bien por su ausencia. Las cualidades del Jefe en CEDADE tienen que tener una gran parte de sicología. Como muy bien me decía hace poco nuestro Presidente Pedro Varela, sólo se puede ordenar a la gente aquello que sabes de antemano que va a cumplir. Se precisa pues un sexto sentido o una gran sigología, para lograr la apariencia externa de disciplina.
El problema que atraviesa CEDADE -como todos los partidos sin excepción-, es la falta de mandos. Poseemos muchos soldados, peor muy pocos oficiales y jefes. Es por ello que esa sicología de los mandos de CEDADE, deban emplearse en saber elegir bien a los futuros militantes. Ante todo nuevo militante se presentan los tres grados clásicos para su incorporación a la lucha: integración, actuación y participación. Es necesario cuidar con más interés a aquellos futuros miembros de los que podamos sospechar que en el futuro puedan ser mando. Ello lo hemos de hacer incluso cuando esos futuros mandos, nos desplacen a nosotros. En la actualidad el militante se integra más que lo integramos. Igualmente su actuación es casi siempre por iniciativa propia e, indudablemente, la participación parte de él en la mayoría de ocasiones. Evidentemente el sistema capitalista, o las estructuras empresariales, cuentan con dos factores de los que carecemos: el dinero y el halago. Dos armas muy importantes para controlar a los subalternos o impresionar a los superiores. No pudiendo utilizar ninguna de ambas, es realmente difícil lograr una cohesión y cuando se logra ello es indudablemente una virtud del jefe.
En CEDADE nos encontramos ahora en un momento de transición que trae consigo graves problemas organizativos. Hasta ahora éramos demasiado pocos para tener que integrarnos en un esquema organizativo perfectamente estructurado. Ahora, sin embargo no somos todavía los suficientes, pero somos demasiados como para continuar como hasta ahora, con un sistema simple de responsabilidad y funciones otorgados oralmente sobre la marcha y cambiadas en poco tiempo.
A este constante cambio de mando y funciones, contribuye en buen manera el hecho de que una parte de la militancia es "flotante". Viene a CEDADE a cumplir una especie de servicio militar y se marcha al cabo de unos pocos meses o años. Sin embargo, constatando este hecho, se precisa la estructura adecuada para minimizar su aspecto negativo y convertirlo en positivo. Todo ello lleva a carecer de una estrategia definida. Ello resulta imposible ya que todo plan estratégico requiere una proyección a varios años vista y ello es prácticamente imposible cuando las piezas claves de esas estrategias cambian o abandonas CEDADE. sean determinantes dentro de un plan general. El hecho de contar con un buen diseñador gráfico ha influenciado en buena manera el aspecto exterior de CEDADE. Si en lugar de un diseñador hubiésemos dispuesto de un diseñador de carteles, ello se habría notado igualmente. En una empresa una persona que cesa es sustituida por otra, pero aquí se está al arbitrio de lo que "venga", que debe ser aprovechado una vez viene y sobre la marcha.
Igualmente constituye una dificultad importante para todo mando, delegado etc. el conciliar la convivencia de personas de la tercera edad, junto a hombres maduros y jóvenes de 15 años. Todo ello requiere unas virtudes my difíciles de alcanzar, por lo que, habitualmente, el círculo de personas que rodea a un determinado mando, es similar a su propia edad, lo cual es indudablemente un fracaso.
El Jefe debe tener, como he dicho, una profunda sicología. 12 puntos básicos son enumerados en el libro de Campoy y conviene relacionarlos con todo detalle:
"1. El hombre es una unidad psicológica.
"2. Existen grandes diferencias entre las personas. todo individuodebe ser tratado con arreglo a sus personalidad.
"3. La conducta del hombre no es lógica, sino psicológica.
"4. Toda persona tiende a conservar su integridad física y su vida.
"5. Toda persona tiende a conservar su integridad moral y su estimación.
"6. Toda persona tiende a la agrupación.
"7. Toda persona tiende a repetir aquello que ha tenido éxito.
"8. Existe una gran resistencia a los cambios.
"9. Existe una repulsión por las situaciones que no permiten un cierta libertad de acción al individuo y por las que la permiten en exceso.
"10. Todo los juicios de las personas tienen carácter comparativo.
"11. hay una tendencia a terminar las tareas comenzadas.
"12. Existe una necesidad de conocer los resultados de la propia situación. "
Quizás habría que discrepar el punto 6 pues realmente, en los últimos años, la tendencia a la asociación se ha perdido en un cada vez más creciente individualismo en todos los órdenes. Esa tendencia abstracta a la asociación sigue existiendo es situaciones especiales, cuando el hombre solo siente miedo y precisa de estar integrado en una unidad mayor, pero los medios modernos de propaganda y especialmente la televisión, han logrado plenamente matar ese instinto.
Como punto suplementario añadiría una que dijese que "toda persona es sensible al halago". Es verdaderamente difícil encontrar una persona que pueda opinar sobre otra, sin que influyan en esta opinión la actitud y pensamiento de esa persona en cuestión con relación a él. Se tiende a simpatizar con el que nos halaga y a sentir poco entusiasmo hacia quien nos critica.
Esos 12 (con el último, 13) puntos de sicología aplicada, hay que conocerlos, tanto para poder tratar a los demás, como para corregir aquellos que pueden
ser defectos en un mando.
Para terminar con este apartado, y dentro de las necesidades de CEDADE, hay que mencionar una vez más, que el espíritu jerárquico no significa autocrático. La jerarquía distribuye responsabilidades no órdenes. Da a cada cual un ámbito de actuación. Todo control obsesivo sobre los subalternos acaba por hacerles perder el interés por el trabajo. En las empresas puede constatarse plenamente que personas de una gran eficacia la pierden al recortarles sus responsabilidades y al tener ingerencias de sus superiores en asuntos de su competencia.
En las empresas esas personas dejen de rendir al haber matado su interés, pero continúan pues están sujetas por un sueldo y quizás, con un cambio de jefes, puede despertarse de nuevo su entusiasmo. En CEDADE esas personas marchan y muchas veces los mandos no llegan a enterarse de los motivos que las llevaron a irse y que, de haberlos conocido, podrían hacerse subsanado.
En cierto modo el sistema democrático tiene un interés y un aplicación. En pequeño grupo puede ser útil, especialmente cuando se trata de tomar resoluciones que afectan directamente a las personas. Así por ejemplo antes de imponer un mando sobre unos militantes, debe conocerse la opinión de éstos. El mejor líder del mundo sería ineficaz entre personas que de buen principio le rechazan.
Al igual que marchando un grupo por un camino es lógico que se consulte la opinión de todos antes de tomar una u otra dirección, así aquellos problemas que afectan a todos, tienen que resolverse conociendo la opinión de la mayoría. La mayoría no debe decidir, pero debe respetarse su opinión. Es
importante discutir algunos problemas con personas cuya opinión puede ser estimable. Escuchar las diversas opiniones y, sin intervenir, observar las actitudes de cada cual. Al término de la discusión podrá tomarse una postura mucho mejor nacida del conjunto de ideas de todos. Lo que no debe hacer el Jefe es participar de la discusión, pero si escucharla para poder actuar con el mejor provecho.
Igualmente hay que hacer caso de la mayoría cuando, sin excepción, se queja de una actitud o de una situación. Cuando todos o una gran parte, repiten exactamente lo mismo, habrá que pensar que tienen razón. Sin embargo en esos casos hay que tener mucho cuidado de que realmente sea la opinión de la mayoría y no la de unos pocos que gritan más que los otros y que procuran dar la sensación de número.
ORATORIA
A lo largo de la historia -de la más reciente- ha habido diversas personas que han cobrado fama por su facilidad como oradores. De 1900 hasta 1940, fueron los oradores la base y fundamento de toda acción política. Hitler en "Mein Kampf", deja claro que los oradores son los que arrastran a la masas y no los escritores. Todas las observaciones de Hitler al respecto son tremendamente ciertas, sin embargo, casual o premeditadamente, los tiempos cambian. Hombres como Lerroux, Hitler o Degrele, podrían llegar a tener un poder enorme por medio de su simple palabra, de al tremendamente barato y que no podía prohibirse -aunque a Hitler se le llegó a prohibir-. Cualquier persona podía convertirse en un peligro y ello tenía que se remediado. La televisión iba a sustituir con ventaja a la oratoria. Es importante es constatación porque muchos camaradas que están tentados a pensar que el "Mi Lucha" es un libro plenamente actual, han de tener en cuenta que trasladar a nuestra época las consideraciones de Hitler sería erróneo.
No voy a pretender tampoco tener yo la clave de la "oratoria hoy", puedo, cuando menos, afirmar que he procurado estudiar el problema con detenimiento.Se ha dicho de mí en ocasiones, que soy un buen orador. El camarada Otto Skorzeny llegó a decir después de un mitin en el que intervine que puedo ser buen orador dentro de CEDADE, pero disto mucho de ser lo que realmente puede calificarse de "buen orador". Ello no no es falsa modestia, sino el resultado de mis estudios sobre el tema, sobre ello volveremos luego. Lo que es importante constatar es la diferencia existente entre los años
30 y la actualidad. En aquella época, tanto en alemania como en spaña, no existía la televisión, y la radio era un lujo. Millones de parados, verdaderamente arruinados, no podían hacer otra cosa que quedarse en la mísera habitación que poseían o salir a la calle. Los parados de los años treinta estaban en la calle y no como ahora en sus casa, cuando no eran en los bares.
Esos millones de parados, preocupado por su existencia física, por la comida del día siguiente, eran el público que llenaba los grandes locales. Hitler, como Degrelle, cobraban entrada en sus mítines. Eso era realmente insólito y tanto más en su tiempo, pero lo normal era poder estar 4 ó 5 horas gratis, escuchando un mitin. Si esto ocurría en España, imaginemos a alemania o Inglaterra en pleno invierno.
Los oradores, esos grandes oradores, muy pocos, hablaban tres, cuatro y hasta cinco horas seguidas, pero ahora la situación ha cambiado.
Realmente cinco horas seguidas es imposible encontrarlas libres en un mundo tiranizado por la falta de tiempo. La gente que llena los mítines hoy no son obreros parados preocupados por su comida, De hecho los parados de hoy no tienen en general problemas de comida, pero además no son los que llenan los mítines. La gente que llena los mítines son los aficionados a la política, gente en cierto modo culta o por lo menos entendida en el tema del que se diserta. La gente que asiste a los mítines va a divertirse, a pasar un rato divertido, a gritar un poco y a aplaudir frenéticamente las mejores frases. Por ello realmente hay que proporcionarles esa diversión. No podemos ser graves y taciturnos, el público de los mítines va a estos actos un poco como "esparcimiento" y no volverá a menudo si le sembramos el porvenir de negros presagios.
Como he dicho, la primera vez que me escuchó Skorzeny dijo que era un doctor Goebbels, mientas que la siguiente, afirmó que era un orador malísimo. Por qué? Le escribí preguntándole el motivo de este cambio de opinión, pero lamentablemente falleció antes de que pudiésemos hablar extensamente sobre el tema, sin embargo, pude analizar personalmente ambos actos y con lo que me había dicho Skorzeny, encontré la explicación.
El primer acto había sido la fundación de CEDADE en Madrid. Tuve la suerte de que en la sala de hallaban presentes los recién "expulsados" diplomáticos de la china nacionalista. Una alusión a ellos levantó una ovación y "caldeo" un acto que discurría hacia la monotonía y el aburrimiento.
Sin embargo en este acto yo hablé de ideología, de socialismo, dije realmente algo, y aunque el público se limitó a aplaudir los aspectos menos profundos, se sintió unido al conjunto del Poco a poco la mayoría de los asistentes a nuestro actos dejaban de ser gente mayor para estar llena la sala de jóvenes. Las frases que aplaudía la gente no eran ya la alusión despectiva al vaticano, o alguna referencia al 18 de julio, sino temas como la banca, el sionismo, etc.
Habíamos seguido el buen camino, gracias en parte a las recomendaciones de Skorzeny. No basto con arrastrar a las masas, sino que hay que arrastrarlas hacia alguna parte. La fácil demagogia oratoria, puede llevar a que sean las masas las que re arrastren a ti, como nos había ocurrido los primeros tiempos. Mirando el público, sabía de lo que tenías que hablar. ocurrido los primeros tiempos.
De toda esta experiencia de años, y de haber hablado con los mejores oradores que he podido y haber escuchado al resto, creo que en la actualidad la oratoria tiene un carácter diferente de la de los años 30. Lo importante no es lo que se dice, quien lo dice, a quién, por qué y cuando lo dice, sino que lo determinante es "como lo dice". es decisiva la forma de decir las cosas y para ello cre que debe servir de magnífica norma el más depurado humor inglés. Jerome K. Jerome y Wodehause, son dos autores para leer todo aquellos que quieran ser oradores. Este tipo de humor siempre se ha caracterizado por basarse en la forma de decir las cosas. Las mismas cosas dichas de otra forma, carecerían de interés.
Al empezar un mitin, creo que n Valencia, dije de buen principio más o menos: "A mi me toca hablar de la democracia, es decir, la mía no es una conferencia seria". Ello despertó risas y los aplauso, por dos motivos: Por inesperado (lo inesperado produce hilaridad) y por la forma de decirlo. Si hubiese dicho que la democracia no era seria, ello no habría sorprendido a nadie.
A diferencia de lo que dice Hitler, creo que los mítines actuales tienen que tener una duración máxima de tres cuartos de hora por orador y dos horas máximo el conjunto. Puede extenderse un solo orador durante una hora o máximo hora y media, pero basto mirar al público para darse cuente de que, pro interesado que esté en el asunto, empieza a estar cansado. Un portentoso orador, al igual que un genial director de cine, quizá pueda extenderse más tiempo, pero constituirá la excepción a la regla general.
El orador actual, además ha de ser muy versátil. Debe saber hablar en forma diferente a públicos diferentes o en lugares diferentes. De los grandes oradores del pasado, muy poco lo lograban. En general el orador es considerado como el que habla a las masa y basta.
En la actualidad la técnica de la oratoria tiene en la gran sala de mítines, sólo un parte, y pequeña, de lo que la oratoria debe ser. Se ha de saber hablar en la radio, en una universidad, en una fábrica, en la televisión, en la calle, en el trabajo… A este respecto la lectura de los primeros discursos de Hitler en 1933 es prácticamente obligatoria. Hitler habla de las SA, a la masa del pueblo en el Palacio de Deportes, al Parlamento en el Reichstag y a un círculo restringido de autoridades, y en las cuatro ocasiones expone las mismas cosas pero en forma absolutamente distinta. Esos cuatro discursos constituyen un ejemplo de lo indicado.
COMO PREPARAR UN DISCURSO.
Antes de empezar a hablar en público procure hablar con algunos oradores famosos. Pude hablar del tema especialmente con Jesús Suevos, un hombre sorprendente que hablaba y escribía muy bien, fenómeno poco usual. No puede hablar sobre el tema con Blas Piñar, pero asistí a diversos actos de este genial orador. También asistí a algunos de Jiménez de Parga que en esa tiempo era el hombre de "izquierdas" que tenía mayor poder de convocatoria . También hablé con León Degrelle sobre como preparar un discurso.
Para mí Jesús Suevos era el orador más inteligente de la política española, sabía ser claro y sobre todo profundo. Blas Piñar es muy "italianizante" es sus mítines. Más que un orador es un actor, pero realmente es el orador adecuado al público que asiste a sus actos. Su forma de hablar, si papel ni notas, es sorprendente. Construye las frases con absoluta corrección y da la impresión de estar leyendo. Jiménez de Praga, era un orador gris, pero que en una sala llena de policías y falangistas esperando el momento oportuno, hacía unas críticas durísimas logrando que las autoridades no se percatasen de ellas, aunque lamentablemente sus seguidores, como puede comprobar, tampoco, limitándose a aplaudirle en algunos momento de escaso interés. Jesús Suevos me dijo que para se orador había que hablar, constantemente, no para, permanentemente y a todas horas y que luego era cuestión de subir al estrado y zás. Lo mismo me dijo León Degrelle. Según él basto con empezar a hablar y seguir durante el rato que convenga. Indudablemente parece este el mismo procedimiento de Blas Piñar, mientras que Hitler, por lo que he leído, dictaba a sus secretarias los discurso el día anterior a la fecha en cuestión, y tal como se lo escribían directamente a máquina, los leía en las sesiones del Reichstag. Sus colaboradores decían que esos discurso estaban llenos de alusiones a temas había tratado con ellos durante la semana anterior, es decir, lo que me había indicado Jesús Suevos. Además el 80 por ciento de los discursos de Adolf Hitler eran improvisados. Dictaba lo que había de dar en el Reichstag y que podían tener trascendencia política internacional, una vez ya en el poder.
El análisis de todo esto me ha llevado a la afirmación de que yo no soy en absoluto buen orador. Yo tengo que preparar mis discursos y además tengo ciertas limitaciones. Como máximo podría dar uno cada tres mese, toda vez que me resulta muy molesto repetirme. Especialmente cuando se trata de ironías o salidas graciosas, la repetición me daría la sensación de ser un actor y no un orador.
Estos grandes oradores, por lo que se ve, no precisan preparación alguna. Ocasionalmente Hitler llevaba durante sus campañas electorales, un papel en la mano con algunas anotaciones, pero en todo caso creo que para aquellos que no somos superdotados, es precisa una preparación.
Lo primero es elegir el tema general. Se puede elegir un máximo de cuatro o cinco temas bastante diferentes entre sí. Un discurso de una hora no da para más. Imaginemos que el tema elegido para el mitin es "LA DEMOCRACIA". Lo dividimos en cuatro temas, que podrían se IGUALDAD, LIBERTAD, FRATERNIDAD, PAZ. Esos temas lo podemos subdividir en otro subtemas, IGUALDAD: de sexos, de razas, de creencias, etc. LIBERTAD, de , de trabajo, de pensamiento. FRATERNIDAD, entre los pueblos, entre las razas, entre las ideologías. PAZ, entre las naciones, los bloques, etc. Dentro de cada subapartado podemos poner indicaciones marginales. En la página siguiente voy a indicar en forma de esquema una forma de presentarlo. En ese papel inicial en que indicamos los temas, podemos hacer cuantas anotaciones queramos, pero lo que no hacerse es a última hora, hacerlo de nuevo, en limpio, porque mientras hablemos no nos acordaremos absolutamente de nada. Si conservamos el papel original, la memoria fotográfica, recuerda los tonos diferentes de las anotaciones en los lados, etc. Hacerlo de nuevo obliga a llevarlo en la mano y consultarlo periódicamente.
Hay que tener presente que pese a los mejores deseos, nos olvidaremos de cosas importantes y que, aún teniendo el papel en las manos, no encontraremos momento para mirarlo, pues esas décimas de segundo necesarias parecen siglos cuando todo el mundo está exclusivamente pendiente de uno. Igualmente hay que tener en cuanta que si preparamos un discurso de una hora, la duración real en el mitin será como máximo de la mitad.
No hace falta decir que con el tiempo y la experiencia todas estas dificultades van siendo vencidas, pero los que han dado alguna conferencia o discurso, saben que eso pasa exactamente así. El esquema de un discurso, según lo indicado antes podría ser:
IGUALDAD
sexos
En el trabajo
En la familia
En la política.
de raza
Gitanos
Negros
Judíos
Arabes
de creencias.
etc.
LIBERTAD
marchar al extranjero
marchar a otra provincia
cambiar de piso
de trabajo
etc.
Y así sucesivamente. Este esquema quedará memorizado rápidamente. Lo aprendérselo de memoria, pues si surge algún inconveniente y debe uno terminar antes de los previsto o extenderse más tiempo, le será imposible. Le ocurrirá como esos "cicerones" de las catedrales que se conocen la explicación de carretilla y que cuando son interrumpidos para preguntarles la hora, deben empezar desde el principio para continuar en el lugar eaxácto.
Con ocasión de un acto celebrado en Barcelona, yo pedí que no se me colocase en último lugar pues no quería llevar el peso del mitin, ya que era un acto conjunto entre varios grupos. había previsto cuatro oradores principales, pero en el momento de actuar sólo apareció uno y yo mismo. El otro que debía hablar el último, me pidió cambiar el orden. Yo había previsto un discurso ideológico dejando para él la parte "mitinera". Pero al tener que cambiar de orden, y especialmente al hacer intervenido él antes que yo con un discurso muy bien preparado e ingenioso, no me quedó más remedio que cambiar totalmente el orden de lo que pensaba decir, así como la manera de decirlo. Aquel fue también un acto memorable porque igual que he comentado antes, fue un acto en el que se dijeron cosas, un acto con contenido. Quizás la falta de oradores fue el mayor éxito. Sin embargo el orador que me procedía, que como he dicho, dio un discurso admirable, lo llevaba escrito y no tenía más remedio que seguir el texto, lo cual debe evitarse.
COMO DAR UN DISCURSO
Hay algunos aspectos externos que tiene para mí indudable importancia. Es fundamental no lee y, en la medida de lo posible, no llevar notas en la mano. Si queremos llevarlas las podemos dejar en un bolsillo por si hemos de recurrir a ellas o, incluir alguna cita contextual larga y aprovechar la ocasión para llevar anotaciones en dicha cita. Hemos de llevar los bolsillos vacíos o hacer, como Degrelle -mencionado antes- , que lleva una americana solo para el mitin. Si llevamos algo en los bolsillos con el movimiento lógico del discurso puedo uno, entre la calderrrilla y las llaves, parecerse a un trineo con sus peculiares campanitas. hay que evitar balancearse. Esto es tanto más importante cuando detrás del orador hay algún símbolo muy contrastado, -blanco sobre rojo, por por ejemplo-, que va emergiendo por la derecha y la izquierda de la cabeza del orador. Tampoco conviene mucho de un lado al otro. Hay que disponer de un estrado sin nadie ni nada.
Tampoco conviene mucho de un lado al otro. Hay que disponer de un estrado sin nadie ni nada. Creo que nunca lo he conseguido pero insisto en ello.
Sobre el estrado, sin arreglatorio, ni botella, ni mesa barroca, etc. debe estar únicamente el orador, sin nada en las manos, y empezar a hablar como lo estaría haciendo en su casa. Equivocarse, tartamudear, confundirse, etc., no tiene mayor importancia. Al contrario, da la sensación de una conversación normal, siempre que uno no se vea nervioso o confundido. Si nos equivocamos no hemos de preocupar, pues la mayoría de gente apenas se da cuenta. No hemos de cometer el error de decir "mocasines" en lugar de "adoquines" y, llamar nosotros mismos la atención sobre ello, diciendo el clásico, "perdón, queríamos decir…", pues entonces todo el mundo ríe, mientras que nadie lo hará si continuamos.
En ocasiones, cuando se ven movimientos en la sala, comentarios entre varios, señales, cuando entra la policía, etc., uno pierde el hilo de lo que decía.
Nunca ha de pararse. Ha de salvar el trance hablando sin decir nada durante el tiempo que convenga hasta coger el hilo de lo que se decía, lo cual a veces no es nada fácil. Frases como, "es indudable que en todo caso hay que ser conscientes de que los problemas exigen una solución adecuada a la naturaleza de los mismo, pues corresponde a la naturaleza de casa cosa una igual correspondencia en su resolución, otra forma de actuar contribuiría a confundir la forma de concebir las soluciones de aquellos aspectos más transcendentes…" y con cualquier frase de puente, podemos volver al camino original. Quizás los más observadores podrán notar algo raro en el transcurso de la incoherente frase, pero es que realmente aunque para nosotros parezca que ha pasado mucho tiempo, la gente presente en las sala, no se ha percatado pues en conjunto se ha tratado de segundos.
Es importante elegir bien la hora. Que no coincida con partidos de fútbol retrasmitidos por televisión, ni con actos similares de signo parecido. La 7 u 8 de la noche es una hora habitualmente buena en España. La sala ha de ser cuidadosamente elegida y decorada. Es preferible una sala pequeña atestada que una enorme, con más gente que la otra, pero que se vea vacía. El último acto en Barcelona después de salir yo de la cárcel, resultó un fracaso por la elección de una sala enorme.
No hay que mirar a un solo punto de la sala, y menos a la mesa o al techo. hay que ir cambiando la vista de lugar, mirando por igual a las primeras filas que a las últimas. Unicamente resulta un poco forzado mirar a un segundo piso si lo hay. Pero nunca hay que tener la vista fija. No hay que hablar rápido. Siempre mantener la calma e ir pensando en ello para no "dispararse", así se dispone de más tiempo para pensar.
Darse cuenta de cuando el público está cansado. En ese momento hay que caminar ya hacia el final del acto, procurando decir lo más importante de lo que nos queda en el tintero. Los brazos deben ayudar a la expresión, pero sin exageración. Hay que estar atento de lo que pasa en la sala y a las mínimas expresiones del público. Siempre hay en la sala en que va asistiendo con la cabeza, o negando. "El orador tiene el auditorio al cual se dirige un punto permanente de referencia -escribe Hitler-, siempre que sepa leer en la expresión de sus oyentes hasta qué puntos éstos son capaces de seguirle y comprender sus ideas". ha de estar pendiente de todo lo que ocurre y hacer los oportunos comentarios en los momentos precisos, aunque sean totalmente fuera de texto previsto.
QUE DECIR EN UN DISCURSO
Lo profundo da categoría y lo divertido llena. Creo que lo ideal es ser siempre profundo y divertido. En general los mítines organizados por un partido, se llenan con simpatizantes de ese partido. No hace falta pues preocuparse de aclarar algunos puntos que para la gente de la calle estrían oscuros, sin embargo hay que ser claro y sencillo en la exposición. Hitler dice que si el orador "nota que sus oyentes no parecen hallarse convencidos de la veracidad de lo expuesto, optará por repetir lo mismo cuantas veces sea necesario, siempre en forma de nuevos ejemplos, refutando las objeciones que, sin serle hechas, capta él del auditorio y las replica y desmenuza hasta que, en definitiva, el último sector de la oposición revele a través de su actitud haber capitulado ante la lógica argumentación del orador". Esto tiene ahora relativamente poca importancia en los mítines pues, como queda dicho, se llena de correligionarios.
Siempre hay que pensar en esa 5, 10 o 100 personas que no nos conocen y a ellas hay que dirigir una parte de nuestra rgumentación, pero realmente la necesidad indicada por Hitler ahora la tenemos raspasada a la televisión o al parlamente, toda vez que los debates parlamentarios son retrasmitidos por televisión.
En este caso hay la indudable dificultad de que no puede verse al público. Cuando la "oposición" va a un mitin que no es de los suyos, solo lleva intensiones destructivas.
Como he dicho antes, lo importante es la forma de decir las cosas, más que las cosas en sí. Hay que utilizar ejemplos muy gráficos, independientemente de que sean adecuados o no. si queremos justificar la conveniencia de ir poco a poco y paso a paso, sin grandes accione espectaculares. Cuanto más multitudinario es un acto, tanto más generales han de ser las ideas.
Lo importante pese a todo, es la forma de decir las cosas. Hay que procurar evitar el hablar como en las sinfonías clásicas que veinte compases antes de terminar ya se adivina el final. Hay que salir sino con ideas nuevas, con formas nuevas de presentar esas ideas. hemos de mencionar también la importancia de impostación de la voz. Es imposible por escrito matizar este extremo, pero indudablemente a cada situación corresponde una peculiar impostación. Incluso, en los ejemplos sonoros que acostumbro a poner al dar el mana de la oratoria, siempre destaco un discurso de Hitler en el cual logra el aplauso general, únicamente por la impostación adecuada. Por último señalaré los puntos que Le Bon considera básicos para un "agitador", "la afirmación, la repetición yel contagio. la simple afirmación, limpia de razonamientos y de prueba, es uno de los más seguros medios de inculcar las ideas en el espíritu de las muchedumbres.
Cuando una afirmación se ha repetido suficientemente y hay unanimidad en la repetición, fórmase lo que se llama una corriente de opinión, dando lugar a que surja el poderoso mecanismo del contagio".
HITLER ORADOR
La simple audición, si entenderlo, de un discurso de Hitler y otro de Goebbels, nos demuestra que este último era mejor orador. Eso, evidentemente, es abstracto, sin embargo en la práctica, Hitler unía a su natural talento en la oratoria, un singular personal indescifrable, magnética. Lo que llamamos carisma.
Resulta pues adecuado apuntar algunos rasgos típicos de los discursos de Hitler, pues resultan muy valiosos. tal como dice Le Bon, una de las características de la oratoria de Hitler la hallamos en las afirmaciones categóricas. En muchas ocasiones hallamos esas afirmaciones, sin embargo, cuando el tema en cuestión contiene alguna complicación, -economía, fenómenos históricos, etc.-, sigue invariablemente a esta afirmación, una serie de detallados y clarísimos ejemplos, que dejan tan claramente expuesto el problema que es innecesaria explicación posterior. No hay nada más claro para entender la economía que los pocos discursos que Hitler dio sobre el tema. Son trasparentes como el cristal.
También, en el más puro estilo de Le Bon, Hitler utiliza las repeticiones. A lo largo de cada discurso pueden destacarse dos o tres temas principales, y desde diversos puntos vuelve una y otra vez sobre ellos, pero en una forma amena y sencilla.
La característica más remarcable de Hitler es posiblemente la adaptación al auditorio, como ya he mencionado antes. Le bastaba una simple mirada para sentirse parte del auditorio y dialogar con ellos con toda sencillez o con toda gravedad.
Otra de las características de los discursos de Hitler, es la utilización del diálogo en el discurso. esta forma era muy habitual en él y se logra con ella un efecto de claridad y sencillez muy adecuado.
"Son otros muchos los que dicen : "Piense Ud. en que todo pesa sobre las espaldas de los jóvenes". Pues pueden sentirse orgullosos de pasar por esa escuela!". Este fragmento de discurso, elegido al azar, muestra una forma muy peculiar y habitual de Hitler en su oratoria que, repito, produce un efecto muy cordial, de familiaridad.
A través de esos diálogos, consigue Hitler exponer ideas muy profundas en forma muy sencilla. También es normal en Hitler la puntualización de soluciones o de problemas a través de primero, segundo, tercero, etc. Y en general sus discursos cuentan con una parte inicial histórica, evocando los primeros tiempos de lucha, para pasar luego a los temas del momento. En general este hecho se explica porque casi siempre tomaba la palabra en conmemoraciones de hechos del partido.
La idea de Hitler de que debía empezarse en forma moderada, casi rutinaria, con la voz monótona durante una hora, para pasar en la siguiente a actitudes combativas, continuar en la tercera en igual forma y volver en la cuarta hora al período inicial, no tiene a mi entender muchas posibilidades de éxito hoy día. Al contrario, soy de la opinión de que lo que conviene es actuar justamente a la inversa, contando con el entusiasmo del público desde el primer momento. Siempre hay alguien entre los espectadores dispuesto a aplaudir en un momento oportuno, en ocasiones una especie de "clacla" puede arrastrar al público. El aplauso difícil es el primero, por ello conviene evitar que con un largo prólogo inicial el público de amodorre.
Es definitiva cuando se carece de las virtudes innatas de los grandes oradores, que en definitiva no son demasiados a lo largo de la historia, hay que prepararse meticulosamente para la actuación en público. No hay realmente sistemas patentados, y por ello cada cual sobre la marcha puede ir logrando la "técnica" adecuada. Yo he expuesto aquí algunos puntos básicos debido a mi experiencia, pero hay que tener en cuenta que cuando me hallaba en el colegio, prefería que castigasen que salir a hablar en público. Sólo a base de voluntad logré tomar la palabra sin dificultad en cualquier acto.
Los mítines tienen el gran inconveniente de que han de ser "éxitos". No pueden resolverse como uno quiera sino como quiera el público. En una conferencia en la que se trata de exponer un tema, es conveniente también tratar de hacerla amena a base de anécdotas o comentarios ingeniosos, pero no es obligatorio. Si la gente se cansa, que se canse y si se va, que se vaya. El objetivo de una conferencia es formar a una gente que se supone va con esa intención, pero en un mitin el público espera pasarlo bien y debe conseguirse que salga con una moral de lucha.
Eso es lo importante, lo demás carece de interés. Por ello a mí que no me resulta ningún problema hablar durante una hora sobre cualquier tema en plan de conferencia, me es verdaderamente molesto un mitin, pues, como digo, cada uno debe superar al anterior. Hay que prepararlos concienzudamente y tener presente que siempre se puede seguir aprendiendo. Es preciso asistir a los mítines de los que tengan más fama de buenos oradores para seguir aprendiendo siempre. Cuando Tarradellas volvió del exilio en medio de una campaña multitudinaria preparada por todos los partidos en liza , sus palabras: "ja soc aquí" (ya estoy aquí) constituyen una de las genialidades oratorias más inteligentes de los últimos tiempos. Esa simple frase -ignoro si escogida por él o pro un equipo de publicidad- , fue más elocuente que todo un largo discurso.
En un acto en Valencia nuestro presidente Pedro Varela utilizó un sistema muy útil para un mitin. Aunque no recuerdo bien los temas, fue queríamos. "El capitalismo quiere un obrero …, nosotros en cambio queremos un obrero…". Esto fue de gran efecto pues el aplauso era obligado al término de cada comparación. Yo utilicé ese mismo sistema en un mitin mío en Madrid con igual éxito.
El que quiere ser orador -y todo mando de CEDADE lo ha de ser, mejor o peor-, debe asistir a mítines, propios o extraños, desde un punto de vista pedagógico, observando aquello pasajes que causan más impacto en el público y los motivos por los que esto ocurre.
En un mitin dado por Jesús Suevos en Barcelona, la parte más notable tuvo lugar cuando dijo la frase: "En Yalta se reunieron Churchill, Roosevelt, Stalin… tres criminales de guerra". Lo lógico es que esta frase hubiese sido pronunciada en forma de crescendo hasta convertirse en grito al llamarles criminales de guerra. Suevos hizo exactamente lo contrario. Empezó a un nivel normal, y fue bajando paulatinamente hasta llegar casi a un susurro.
Nadie esperaba por su tono de voz que fuese a llamar criminales de guerra a los tres grandes, especialmente si tenemos en cuenta que en la sala se hallaban presentes todas las autoridades civiles y militares. Creo que puede calificarse de genial esta forma elegida, pues evidentemente contrastó plenamente su voz casi apagada con el estruendoso aplauso que la siguió.
No hay pues sistemas "estáticos", y siempre conviene ir aprendiendo, así como saber en todo momento cual es el objetivo a conseguir en cada acto.
Cuando el famoso acto de Madrid en el cual la prensa en pleno abandonó ostensiblemente la sala molesta por mis alusiones, el público quedó entusiasmado del acto, de mi improvisación y de mi sangre fría, pero realmente cometí un grave error. Tenía ante mí a toda la prensa española, a los más destacados periodistas y de hecho el mitin, en detrimento del público debería habérselo dado todo a ellos. Les tenía a todos juntos y les podía convencer pues en lo que llevábamos de acto, mirando sus rostros, podía ver que se lo estaban pasando bien. Si por ejemplo en un mitin vemos que hay una gran masa de gente ajena a nosotros, hay que dirigirse preferentemente a ellos y procurar ver si son obreros , estudiantes, etc. para enfocar el discurso en este sentido.
Es indudable que la voz tiene una importancia muy grande, como ya he dicho. Se puede elevar el tono de la voz, se puede gritar, pero ha de ser natural.
Hay algunos que creen que un mitin es dar una conferencia a gritos y eso es falso. Cuando escuchemos a Hitler debemos tener presente que en alemania se habla así, es un idioma más duro y, por otro lado, hemos de pensar que se ha perdido la costumbre. Un "crescendo", empezado débilmente y ulminando con toda la fuerza de nuestros pulmones, puede ser de un gran efecto peto es preciso, primero que el tema lo exija y , segundo, que lo logremos pues muy probablemente tendremos que tomar aire antes de acabar la frase o llegaremos al final sin haber alcanzado el punto máximo de la voz. Sólo en unos pocos casos Goebbels y Hitler logran la perfección al respecto.
ARTE DEL DIALOGO Y ENTREVISTAS
Mientras día a día me preocupa más intervenir en un mitin, contrariamente en una emisora de radio o ante un público hostil, me encuentro cada día más a gusto.
El orador, como ya he dicho, o más exactamente el saber hablar, es una práctica que tiene varias facetas. No podemos dominar un en detrimento de las otras. Hoy las necesidades políticas van más allá de los grandes mítines y es por ello necesario, aplicar parte de lo dicho, a los diálogos, entrevistas, etc. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando en un diálogo en la radio, en un colegio, etc., o en cualquier ambiente contrario, los interlocutores o el público hagan sus preguntas, se limitarán siempre a notorio que nuestros adversarios, particularmente sus oradores controversistas -escribe Hitler- aparecían en escena con un "repertorio" determinado y en el cual se repetían siempre los mimos argumentos contra nuestros acertos", añadiendo que "en cada uno de los discursos, era esencial orientarse previamente acerca del probable contenido y la forma de objeciones que podrían ser formuladas en el curso de la discusión, para según eso analizarlas minuciosamente ya el propio discurso. Convenía desde el comienzo mencionar las posibles impugnaciones del adversario y demostrar su inconsistencia".
Estas observaciones siguen teniendo validez, pero más bien aplicadas a las "conferencias" que a los mítines. También tienen especial valor en las entrevistas radiofónicas o televisivas. En ese caso el público no podrá hacer objeciones, pero las estará pensando y es preciso sacarlas a colación en el propio discurso o diálogo.
Dice muy acertadamente Le Bon que "el arte de los gobernantes, como el de los abogados, consiste en saber manejar las palabras . Una de las grandezas de este arte es que, en una misma sociedad, las mismas palabras tienen, por lo común, sentido muy diferente para las diversas capas sociales". Las palabras son muy importantes, especialmente cuando por el uso quieren decir mucho más de lo que realmente dicen. No se puede decir ante un colegio Mayor que uno es "antidemócrata". Se puede razonar una postura antidemocrática, pero , pero sin mencionarlo específicamente así.
Algo que hay que evitar en toda discusión, bien sea radiofónica o en cualquier "mesa redonda", es ir al terreno del interlocutor. Hay que tener en cuanta que desde los licenciados en historia contemporánea, hasta los peones de tercera categoría, nadie tiene la más mínima idea de la ideología nacionalsocialista. Cualquier militante de CEDADE, por poco formado que esté, tiene las de ganar en cualquier debate. Por ello el interlocutor, cuando vea que está perdido, especialmente si es un buen locutor profesional, procurará llevarnos al tema que a él le interesa. hemos de evitarlo a toda costa. Si no queremos ir a su terreno, podemos volver al que nos interese con cualquier excusa. A la pregunta formulada por un periodista "Que hay de los seis millones?" un camarada contestó hablando sobre los seis millones… de parados.
Si de cualquier otra forma nos apartan del tema del que queremos hablar hemos de volver a él dejando de lado cualquier
FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»LA ORATORIA (Jorge Mota)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LA ORATORIA (Jorge Mota)»
FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI
