LA VÍA MUERTA (Danuta Reah)

Deborah Sykes, una profesora de secundaria de una pequeña ciudad inglesa, es la única que ha visto al estrangulador que desde hace meses aterroriza a las mujeres de la región. La imprudencia de un periodista local la pondrá más tarde en el punto de mira de este asesino obsesionado con los trenes, en torno a los cuales comete todos sus crímenes. A partir de ese momento, a la protagonista empiezan a sucederle cosas extrañas que no son sino señales de que el psicópata va estrechando su cerco.

Con estas premisas podríamos decir que nos encontramos ante la típica novela de suspense con asesino en serie, y no nos equivocaríamos, sobre todo en lo de típica. Su estructura es calcada a la que utilizó (y supongo que seguirá utilizando) Dean R. Koontz en casi todas sus novelas de horror, a saber: mujer más o menos indefensa que se ve involucrada en una serie de acontecimientos extraños que ponen en peligro su vida (en los libros de Koontz este peligro podía ser desde una mutación genética de origen militar hasta una secta satánica, pasando por el mismísimo Hitler), y que es rescatada por el héroe de turno que siempre resulta ser un ex espía o boina verde (ex policía en la novela que nos ocupa) con un pasado poco claro que le ha obligado a dejar el cuerpo de élite en cuestión. Todo ello se comprende en el caso de Koontz, cuyas ideas políticas y sobre la vida en general nos resultan siempre un pelín sospechosas (a la derecha de Gengis Khan, vamos, como dijo alguien una vez de Larry Niven y Jerry Pornuelle), pero resultan curiosas en esta nueva autora británica que inicialmente trata de presentarnos a su protagonista como una mujer liberada y autosuficiente para luego quedar completamente a merced del psicópata o el “mazas” de turno. En fin, me parece que nunca comprenderé bien eso del feminismo.

Por lo demás, tampoco la caracterización del asesino en serie resulta demasiado novedosa para cualquiera que haya leído un par de libros de este tipo. Los problemas del pobre hombre con su padrastro resultan aburridos y la autora pasa sobre ellos como si no le importaran demasiado, por lo que dan una sensación de ser superfluos que no remite ni al final del libro. A parte de eso, el hecho de que el psicópata lo sea porque recibió malos tratos de niño resulta demasiado facilón. La “técnica” de presentarnos los pensamientos del malo en cursiva tampoco ayuda mucho, y creo que tampoco es demasiado original.

Por último, la forma en la que se nos van relatando los hechos es lenta y muy aburrida. La comparación con Koontz no es posible esta vez: el autor americano, pese a escribir siempre la misma novela, lo hace con suficientes momentos de clímax, una narración mucho más fluida y un saber administrar las cosas que el lector debe saber en cada momento que están ausentes, a mi entender, en esta novela (por eso Koontz vende lo que vende).

En definitiva, se le nota demasiado que es una primera novela, utiliza elementos totalmente trasnochados del género y no sabe, en cambio, utilizar los recursos que hacen que un lector no sea capaz de dejar un libro. Todo ello, junto al final previsible, hacen de esta una novela totalmente prescindible que no aporta nada nuevo.

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DIABULUS IN MUSICA (Espido Freire)

Diabulus in musica es el título escogido por la bilbaína Espido Freire para su última novela. Una novela donde posiblemente resalta, más que la propia historia, el hecho de la incorporación de elementos fantásticos dentro de un marco cotidiano. Destaca, por tanto, más por sus implicaciones que por su contenido.

Se trata, a priori, de una historia de amor entre una joven y un maduro actor divorciado donde el pasado juega un papel fundamental. La protagonista es el personaje central y absoluto del relato. Narrado de forma retrospectiva autobiográfica, ella es una figura muy trabajada, con una gran complejidad y profundización psicológicas. Aunque capaz de tomar decisiones contundentes (como emigrar a Inglaterra para vivir allí), es una mujer que necesita una protección total y demostraciones continuas de afecto; una mujer que en muchos momentos se ve desbordada y absorbida por los pocos personajes que la rodean. Esta debilidad se manifiesta en su mundo cerrado y hermético (muy bien plasmado por Freire mediante el tratamiento subjetivo de la realidad, sumamente interesante) y en sus obsesiones y miedos, que la acercan más a una adolescente que a una mujer adulta (aunque se mueva en esos círculos).

Las conexiones entre esta chica y la propia autora son muchas, hecho relevante desde el punto de vista de la construcción del personaje, que sin duda habrá sido más fácil así. Además, la visión femenina (un personaje femenino dibujado por otra mujer) aporta mayor verosimilitud y capacidad de introspección. Además, la novela cuenta con todos los rasgos que le son ya propios a Espido Freire. Es un libro que se nota que es suyo.

El estilo es estilo ágil y ligero pero pulido, no exento de elementos retóricos, más cercano a Melocotones helados que a La última batalla de Vincavec el Bandido. La estructura circular está muy trabajada: repeticiones presentes del pasado, paralelismos, acontecimientos circulares, personajes reflejo de otros personajes… El desorden temporal de la narración (que es, repito, retrospectiva pero sin seguir ninguna línea temporal) nos da una imagen más fiel de la interiorización de la protagonista (pues todos recordamos caóticamente).

La atmósfera onírica tan característica de la bilbaína también está presente aquí, desde el arranque (espléndido, por otra parte) hasta el final (que es el mismo punto), recorriendo toda la novela con momentos de mayor y menor lirismo. Pero, en definitiva, siempre palpable.

Y ahí reside uno de los mayores aciertos de la obra; en la introducción de elementos fantásticos con absoluta naturalidad. Dije más arriba que se trataba, a priori, de una historia de amor entre una joven y un actor. Bien, pues si indagamos un poco más en el libro nos damos cuenta de que estamos en realidad ante un relato de terror de fantasmas y posesiones. Lo que ocurre es que Freire ha presentado estos rasgos con plena aceptación, dejando de ser así su función la de asustar y/o sorprender para pasar a configurarse como un instrumento más a cargo de una historia que se superpone sobre ellos. No los cubre, pues son fundamentales, pero tampoco aparecen como lo principal, aunque en realidad sean el móvil de todo.

Si seguimos el criterio de Todorov, esto sería una marca definitiva de narración puramente fantástica: lo fantástico no es explicado ni está encuadrado en una ambientación donde es algo usual. No. La novela está situada a finales del siglo pasado. Los fantasmas no son algo aceptado. Pero ella los muestra con total normalidad (que nadie se crea que le estoy chafando el libro, la gracia reside en que esto se dice abiertamente desde la primera página), como si no hubiera nada especial en ellos. Por tanto, la "vacilación" fantástica está muy disimulada. No dudamos de la existencia real de esos fantasmas porque en ningún momento se nos plantea esa posibilidad, pero nos choca que estén ahí.

Esta táctica tan bien maquinada responde, a mi modo de ver, a una manera de tratar de fusionar realidad, ficción y fantasía para crear un universo nuevo donde los tres conviven al mismo nivel. Supone, por tanto, una forma de enfocar la ficción en general desde una perspectiva más rica y abierta, puesto que la imaginación del autor, y no sólo el mundo empírico, constituye el campo de referencias en el que se basa. Evidentemente, esto no es novedoso (desde el realismo mágico es una tendencia habitual en la literatura hispanoamericana), pero sí es muy destacable pues supone seguir abriendo huecos para que la literatura fantástica deje de verse como un subgénero deleznable y poco literario por una gran parte de la crítica académica. Pero en absoluto afirmo que sea el único método; es más, el aumento de la calidad de las producciones fantásticas sería el camino ideal.

Antes de terminar, un último apunte. Una importante cadena comercial ha distribuido el libro junto a una edición no venal exclusiva: Cuentos malvados, una serie de cuentos ultracortos en una línea muy similar (quizá demasiado), en cuanto a lirismo, intención y formas, a los poemas en prosa del gran Rafael Pérez Estrada, donde resalta cierto toque perverso y malvado sobre un atmósfera muy poética en numerosas ocasiones. Resulta bastante interesante y sería una lástima que no se reeditase algún día en una versión más accesible.

En definitiva, Diabulus in musica es una buena obra, muy trabajada y estudiada, con personajes de una gran profundidad psicológica y con el aliciente especial de esa presentación cotidiana de lo sobrenatural, aunque la historia en sí no sea ni muy llamativa ni particularmente absorbente.

Alberto García Teresa en www.bibliopolis.org

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EL HAMBRE COMO ARMA POLÍTICA (Jonathan Wilde)

Entre los numerosos crímenes cometidos por Stalin se cuenta el de la hambruna forzosa de Ucrania durante los años 1932-1933. Como es común en los países en los que reina el socialismo, las hambrunas intencionadas se han usado como arma política utilizada para alcanzar los deseados objetivos contra varias clases. Las víctimas señaladas en esta ocasión fueron los kulaks, los agricultores campesinos que tenían propiedad y contrataban a trabajadores.
Cuando Stalin alcanzó el poder en 1924, vio el nacionalismo ucraniano como una amenaza al poder soviético, creyendo que cualquier insurrección futura podría provenir probablemente de los kulaks. Así que decidió aplastarles utilizando los métodos que tan exitosos habían sido en la URSS durante la política de “liquidación como clase”. En 1929, arrestó a miles de intelectuales ucranianos bajo falsos cargos y o bien los fusiló o bien los envió a campos de trabajo en Siberia. Llevó a cabo la colectivización de las explotaciones ucranianas requisando todas las tierras y el ganado privados, lo que afectó aproximadamente al 80% de la población de Ucrania, anteriormente conocida como el granero de Europa. Declaró a los kulaks enemigos del pueblo.
Se han estimado en diez millones de personas las que fueron desposeídas de sus hogares y pertenencias y enviadas a Siberia en trenes de mercancías sin calefacción, condiciones en las cuales pereció al menos un tercio de ellos. Los que se quedaron en Ucrania lo pasaron igual de mal, si no peor. Enfrentándose a la propaganda de guerra y a una ardua batalla, muchos kulaks se rebelaron, volviendo a sus propiedades, e incluso matando a las autoridades soviéticas locales.
Tan pronto como llegó a Stalin la palabra rebelión el pequeño éxito de los kulaks se tornó breve. Los soldados del Ejército Rojo fueron enviados para ahogar la rebelión y la policía secreta inició una campaña de terror con el objetivo de romper el ánimo de los kulaks. En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas colectivizadas a la fuerza, Stalin ordenó un aumento en las cuotas de producción de comida. Lo hizo en múltiples ocasiones hasta que no quedó comida para los ucranianos. La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado. Los historiadores han calculado que dicha cosecha podría haber alimentado a los ucranianos por dos años.
Cuando el partido comunista ucraniano solicitó a Stalin una reducción en las cuotas, éste respondió enviando al Ejército Rojo para exterminar el PC ucraniano e impedir que los ciudadanos fueran a más con la creación de un inmenso campo de concentración dentro de sus fronteras. La policía secreta aterrorizó a la población haciendo inspecciones aleatorias de las pertenencias personales y requisando toda la comida que encontraran, ahora considerada sagrada propiedad del Estado. Cualquier ladrón de comida del Estado o bien era ajusticiado inmediatamente o era enviado por lo menos por diez años a los Gulag.
El efecto fue la hambruna, masiva y prolongada. Murieron millones de personas, simplemente porque no tenían con qué comer. El aspecto característico de los niños era esquelético y con el abdomen hinchado. Se cuenta que las madres abandonaban a sus hijos en los vagones de los trenes que iban a las grandes ciudades con la esperanza de que alguien pudiera cuidar de ellos mejor. Desafortunadamente, las ciudades estaban inundadas de miseria y hambre. Los ucranianos pasaron a comer hojas, perros, gatos, ratas, pájaros y ranas. Cuando esto no era suficiente, incluso pasaron al canibalismo. Se ha escrito que “el canibalismo era tan común, que el gobierno imprimió carteles que decían: comer a tus propios hijos es un acto de barbarismo”CONVERTIR ESTE LIBRO «
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En los momentos más crudos de la hambruna, morían unas 25.000 personas cada día en Ucrania. El recuento final se sitúa entre los cinco y los ocho millones de personas. Cuando los familiares extranjeros de los ucranianos, en Occidente, respondieron enviando cargamentos de comida, los oficiales soviéticos reaccionaron requisando esa ayuda. Los gobiernos occidentales ignoraron durante mucho tiempo los informes sobre las hambrunas que periódicamente se escapaban al Estado de terror soviético. Franklin Delano Roosevelt reconoció formalmente al gobierno de Stalin en 1933, y la Unión Soviética fue reconocida en la Sociedad de Naciones en 1934.
Los kulaks no tienen un museo, mucho menos un memorial. Hoy, nosotros les recordamos.

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CISNES SALVAJES (Jung Chan)

Cisnes salvajes es una novela extraordinaria, no sólo por la profusión de vivencias a través de las cuales la autora relata con inusitada amenidad la historia china durante el siglo precedente, sino por las sobrecogedoras conclusiones que analizándolas pueden inferirse.

La estructura narrativa es bastante sencilla, Jung Chan abre las puertas de su historia familiar para hacerla converger con la Historia de su país. La vida de su abuela, de su madre y la suya propia, eje fundamental del texto, se transforman en la caída del Imperio, la República de los Señores de la Guerra, la dominación japonesa, el gobierno del Kuomintang, la guerra civil, la dictadura comunista, el Gran Salto Adelante y la espeluznante Revolución Cultural. Es también, en cierta medida, una biografía de Mao Zedong, de su carácter, de su pensamiento, de sus temores, de sus ambiciones pero sobre todo de sus métodos de control.

A diferencia de la Unión Soviética, donde la Cheka era el principal instrumento de represión y control, en su patria Mao supo valerse del vulgo para perpetuarse en el poder. ¡Sus servicios secretos estaban compuestos por 600 millones de chinos! Además, este mecanismo totalizador respondía, de la misma manera, a una de las eternas y dementes obsesiones del déspota asesino, el conflicto continuado entre la población, como extensión de la revolución permanente y de una interminable lucha de clases. Pero para ello, el régimen tuvo que articular una estrategia, no plagada de profundos errores tácticos, destinada a anular al individuo y someterlo de manera absoluta a los designios del "Gran Timonel". Está destrucción de la conciencia individual se articuló en cinco grandes pilares: destrucción de la economía de mercado, idiotización de la sociedad, deificación de Mao, depuración de los opositores y transformación de la familia en una simple organización administrativa.

Mao se dispuso controlar toda la economía china para, por una parte, eliminar cualquier posibilidad de iniciativa y genialidad ciudadana y, por otra, subordinar la supervivencia de su pueblo a una producción suministrada por la maquinaria estatal. A principios de la década de los 50, se inicia con tal propósito la campaña "de los Tres Anti", esto es, la lucha contra la corrupción, el derroche y la burocracia, seguida poco tiempo después por la campaña "de los Cinco Anti", contra el soborno, la evasión de impuestos, el fraude, el robo de propiedad estatal y la obtención de información privilegiada. Estas medidas, cuyos objetivos en cualquier sociedad democrática hubieran sido impecables, en las manos de Mao se tradujeron en durísimas persecuciones contra funcionarios del partido (condenados en la mayoría de los casos por animadversiones personales) y sobre todo contra todos los capitalistas y burgueses del país. ¿Resultado? La gente rehuyó todo contacto con el dinero, dejando la producción en manos del Estado. Empero, sin duda, lo que más desgastó la economía China y más hizo depender a la población del escaso alimento proveído en las comunas fue el Gran Salto Adelante de finales de los 50. No se trata de analizar aquí las numerosas causas que provocaron la crisis (básicamente el empecinamiento de Mao por superar la producción de acero norteamericana desatendiendo la producción de alimentos), basta mencionar el resultado: estimaciones a la baja hablan de 40 millones de muertos por inanición, la mayor hambruna de la historia de la humanidad.

Mucho se ha comentado cuánto contribuyó el la dictadura roja por extender la educación a todas las clases populares, lo cual no es menos falaz que el tópico de que Mao dio una tacita de arroz a todos los chinos durante el Gran Salto Adelante. La Revolución Cultural supuso un brutal retroceso instructivo en la medida en que la mayoría de los profesores fueron considerados "enemigos de clase", el estudio "una costumbre burguesa", el éxito escolar "el principio de la metamorfosis aristocrática" y los libros "los mamporreros del imperalcapitalismo". Me atrevo a decir que nunca nadie será capaz de ponderar con fiabilidad el costo humano, económico y sobre todo cultural que conllevó para China. La consigna habitual de "romper con la tradición" arrastró a los enajenados "guardias rojos", generalmente chiquillos menores de 15 años, a destruir todas las obras de arte ancestrales, incluida la quema de libros al estilo nazi – como manuscritos únicos que se perdieron para siempre. La mera lectura autorizada era, como no, "El libro rojo de Mao", un compendio de frases horteras y yermas, que se recitaba a modo de letanía incuestionable durante todas las clases.

Sin embargo, si bien la eliminación del discernimiento ciudadano era uno de los propósitos de la Revolución Cultural, lo que se escondía en el trasfondo era una atroz purga del partido y la idolatría hacia el líder supremo. La represión contra los militantes fue extensa y profunda. La práctica totalidad de los altos funcionarios fueron anatematizados y sometidos a la autocrítica pública, consistente en continuos apaleamientos y vejaciones. Incluso Liu Shaoqui, presidente de la República Popular, y Deng Xiaoping, considerados ambos representantes de un cierto revisionismo a lo Jruchev, fueron destituidos de sus cargos, puestos bajo arresto domiciliario, sin menosprecio de ciertas torturas "imprevistas".

Siguiendo la siniestra lógica del terror maoísta, cuando vemos con qué crueldad, dureza, indiferencia y brutalidad socavó la fiel plataforma roja de sus acólitos en el partido no cuesta demasiado imaginar qué debió ser de la vaga disidencia contra el Régimen tiránico. La primera gran purga se llevó a cabo en 1951, dos años después de la proclamación del marxismo en China. Su objetivo era eliminar a los "contrarrevolucionarios" (todos los ciudadanos que habían integrado, años atrás, las filas del ejército del Kuomintang, liderados por Chiang Kai-shek, y que no se habían exiliado a Taiwán). Quienes no fueron suprimidos físicamente, padecieron una hiperbólica marginación social, al estilo de los parias indios. No contento con esta primera "purificación" Mao emprendió varias persecuciones más. En 1955 si inició una nueva "catarsis" destinada a descubrir a los "contrarrevolucionarios ocultos" (espías del Kuomintang y de la CIA); un año más tarde bajo el grito "que florezcan las cien flores" se exhortó a los intelectuales comunistas a que expresaran sus tibios desacuerdos con el gobierno, después de lo cual fueron encarcelados o ejecutados. Así, las cien flores dieron paso a la "Campaña Antiderechista", dejando al arbitrario rencor personal de los altos funcionarios el pleno derecho de discriminar a los enemigos de clase. La última caza importante, antes de la Revolución Cultural, se produjo en 1959, una vez el mariscal Peng Dehuai, ministro de Defensa y futurible sucesor de Mao, criticó en un congreso del partido ciertos aspectos nimios del "Gran Salto Adelante". Inmediatamente, el déspota rojo olvidó todo el afecto que sentía por Peng y lo tildó como un "oportunista de derechas", ordenando la captura urbi et orbi de sus seguidores.

Aunque todas estas medidas puedan parecer suficientes y válidas por sí mismas para robustecer la burocracia dominadora de Mao Zedong, hay un aspecto, sobre el que no suele hablarse generalmente, pero que constituye el motivo esencial de todos los males que aquejaron al país. El comunismo chino, al igual que en su día el soviético, consiguió descafeinar y debilitar hasta tal punto la familia que pasó a convertirse tan sólo en un instrumento con el que dar respuesta a los sueños de explosión demográfica del régimen. Los hijos pasaron a maltratar y denunciar a sus padres, los funcionarios antepusieron los intereses del partido al afecto familiar y el amor se convirtió en un vicio burgués. Este proceso de deshumanización personal a partir de la degradación familiar, convirtió a los chinos en pobres autómatas que seguían los designios de su Gran Timonel. Se vivía por una inercia servil y se moría por el capricho ajeno. Los valores perdieron todo su sentido y el individuo desapareció de facto para insertarse en una marea roja manejada por los vientos maoístas.

Cisnes Salvajes es el reflejo de esa época, de ese suicidio colectivo asumido con orgullo. Una novela imprescindible para comprender cómo pudieron los chinos elegir el camino de la inmolación y revivir la que fue, sin duda, la dictadura más sangrienta de la historia, pero al momento también una de las más admiradas por nuestros "inigualables" intelectuales orgánicos.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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EL HOMBRE DE ARENA (E.T.A Hoffmann)

creación, hermosa en su exterior, hueca y con extraños mecanismos de locomoción en su interior, Olimpia será el objeto de culto y veneración del estudiante Nataniel. Amor y fascinación por el objeto mecánico que lo trasladará a la locura y muerte romántica.

Hasta aquí la propuesta romántica se centra en una crítica al cientificismo de la época. Sin embargo, la propuesta original del trabajo oscila en la representación de lo maligno que podemos encontrar en el hombre de la arena.

Para Freud los pactos con el diablo o el enamoramiento de seres mecánicos o alejados de la realidad son producto de la neurosis infantil, creamos historias de demonios o representaciones maléficas sólo para encubrir nuestra real personalidad. Sin meternos en rollos psicoanalíticos la representación del mal o los miedos a lo extraño es una condición humana presente en todas las sociedades, es como diría Lovecraft "La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido"[4] El hombre de la arena parte de una premisa malévola, todo el cuento está inmerso en la tragedia, las acciones de los personajes están involucradas directamente a la intención y juicio de un ser maléfico: Coppelius.

Coppelius deja sin padre a Nataniel, destruye el amor de Clara por Nataniel, rompe la incitación de amor entre Nataniel y el autómata.

 Coppelius representa la maldad sin miramientos, su fisonomía es repugnante, sus intenciones siempre conllevan un beneficio particular. La bondad está fuera de lugar en su presencia.

En el estudio introductorio del hombre de la arena Freud hace un análisis sobre lo siniestro. Él manifiesta que lo ordinario o común se torna siniestro cuando lo elemental se hace extraño. Un simple sonido se puede verter en el sonido más escalofriante si le denotamos una sensación molesta a nuestra cotidianidad. Lo siniestro puede existir en nuestra casa: una lluvia constante y molesta, el ruido de un gato a la medianoche, un lugar oscuro en la habitación, las sombras proyectadas en la pared pueden turbar al individuo si su estado anímico está por los suelos o es presa de tensiones provocadas por trabajos de análisis literario. En fin, para el hermano Freud, todo el terror y ansiedad está en la gulivera de cualquier hermano azotado por la shloscas de un tierno día ( interpretación: Problemas mentales provocados por peleas o rencillas de un día cualquiera.

Lo malévolo en el hombre de la arena se vislumbra cuando el ser autómata forma parte de lo cotidiano, el profesor hace de su creación un símbolo de lo posible en un mundo de negaciones. Ha creado un ser, algo que la ciencia normal no ha podido. Nataniel queda petrificado con Olimpia, pues ella lo escucha, está de acuerdo en todo lo que dice, no replica por hambre o sed, tiene un ser que lo comprende y entiende. La felicidad está flotando en el aire de Nataniel, su dicha es eterna hasta el momento en que aparece Coppelius y desbarata el segundo amor del estudiante.

Lo demoníaco de Coppelius estriba en poner el orden en el caos, despiadado en la acción, hace que Nataniel observe cómo su objeto de amor (Olimpia) no es más que una simple máquina, en la lucha entablada entre Coppelius y Spalanzani en que se disputan al autómata, desmembrándola y saliéndole de sus cuencas los ojos ensangrentados; Nataniel adquiere una crisis de locura que lo hará recordar la muerte del padre y la frustración de su amor.

A diferencia de Mefisto, que representa el mal de una forma elegante, sutil, caballerosa, fina; Coppelius y su representación del mal se inclinan más hacia lo grotesco e insano, físicamente es abominable, pero aún más sus acciones. Irónicamente, cada que aparece Coppelius en el cuento las desgracias de Nataniel se duplican, por culpa del abogado Nataniel pierde a Clara y cuando nuevamente experimenta el amor con Olimpia, Coppelius destroza la vida sentimental y psicológica del estudiante.

Otra manifestación del mal que podemos encontrar en el Hombre de la arena, es el terror infantil. Tradicionalmente las imágenes de demonios, "cocos", hombres del costal, son formas represivas que los padres inculcan a los niños para generar un sometimiento o un terror nocturno. En la mayoría de los casos experimentamos lo siniestro cuando reforzamos nuestros temores con los espectros que nos inventan nuestros tutores.

El arenero es un símbolo de terror que se presenta desde la infancia en Nataniel, terror que lo acompañará a lo largo de su existencia. Como no puede destruir ese terror infantil. Lo evade por medio de la locura involuntaria, locura que no lo salva de su final trágico. Presa de sus temores y recuerdos el estudiante se suicida desde el campanario gritando " ¡ Ah, bellos ojos… bellos ojos"[5]

Según Freud, el mito o leyenda del arenero que se lleva los ojos de los niños que se portan mal no es más que un temor al fenómeno de la castración. Hoffmann a lo largo de sus historias amalgama lo desconocido con lo imprevisible para generar la sensación más aproximada al terror o al miedo que todo humano experimenta en su interior. El mal, no necesariamente tiene que reflejarse con asesinatos, sangre, seres monstruosos, etc., lo siniestro o terrorífico se nutre de los miedos y fantasías del ser humano. Lo siniestro o malévolo según el estudio preliminar del hombre de la arena se vislumbra cuando lo cotidiano, familiar o doméstico se torna en siniestro, y las cosas más naturales como el sonido se hace sobre natural cuando a ese sonido se le atribuyen otras interpretaciones.

 IV. Mi hija siniestra desconectó la computadora y perdí todo el trabajo.

Hemos visto en dos textos románticos la influencia o poder que lo demoníaco pueda afectar el curso de la vida de seres completamente extraños o diferentes. Fausto vende su alma al diablo para conocer la felicidad, aunque en ello pierde el alma. Nataniel no realiza ningún pacto, pero pierde el amor y el alma por la influencia de Coppelius.

Así, cuando a la sensación de temor y maldad se le sobreañade la inevitable fascinación de lo curioso y lo asombroso, surge un mezclado de emoción intensa y provocación imaginativa, cuya vitalidad dura tanto como la humanidad.

No es por intrigar, ni por hacerme el machito, pero a estas alturas de la noche ya me dio miedo la sombra que se proyectó a mi espalda. Por lo que mejor me voy a mis aposentos a dormir la mona.  

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