Intriga, humor negro y protesta social

secuestro» src=»http://www.criticadelibros.com/wp-content/uploads/2012/04/secuestro-203×300.jpg» alt=»» width=»203″ height=»300″ /> El secuestro del candidato

La novela actual, cuando se gira hacia lo político, suele volverse demasiado solemne, abandonado la vieja tradición de agudeza que hacía que el lector pensara por sí mismo. En este caso, sin embargo, sucede todo lo contrario: la denuncia de la corrupción política, la explotación de las víctimas y el desprecio al ciudadano se realiza a través del humor más descarnado, con trazas de humor negro en algunas ocasiones.

El secuestro del candidato es una novela cruel, digámoslo claro. Las críticas alcanzan tanto a los que manipulan a los demás como a los que se dejan manipular, contentándose con cualquier cosa por no tomarse la molestia en informarse o en interrogarse mínimamente acerca de lo que escuchan. En el caso de los políticos, no sólo se muestran distintas modalidades de corrupción económica, malversación y tráfico de favores, sino también su habilidad para explotar el sufrimiento de las a su favor, convirtiendo en acto partidista cualquier acto cívico ciudadano.

La trama en sí, ya describe la novela como una protesta política velada:

Un conocido político local se presenta como candidato al congreso de los diputados. En ese momento, mantiene una relación extramatrimonial con una trabajadora del hospital de su ciudad, y como cree que  podría perjudicarle políticamente que se conociera esta relación, abandona a la chica. Ella, dolida, en vez de resignarse lo secuestra a punta de pistola y lo encierra en el sótano de su abuela, en un pueblo de la montaña. La sorpresa para la secuestradora viene cuando al regresar a su trabajo en el hospital se entera de que el secuestro lo ha reivindicado Al Qaeda y todo el país está pendiente de las repercusiones políticas del asunto.

A partir de aquí se desarrolla una trama en la que se muestran los cálculos y trapicheos de la policía, la hipocresía de los políticos de su partido, que no quieren que lo liberen para sacar partido electoral al secuestro, el miedo de los adversarios, que temen verse culpados, la corrupción urbanística, los favores en las licencias de los bares y todo un abanico de porquerías que conocemos los españoles sobradamente, aderezados de humor negro, ironía y un punto de mala uva habitual ya en otras obras de este autor.

Quien creyese que la novela política en su más honda tradición estaba acabada, que no se pierda este libro, posiblemente la más aguda expresión literaria del movimiento indignado. No se arrepentirá.

 

Julia Manso

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Errores más comunes al escribir una novela X: las traducciones del español al español.

Revolucionarios. O sea, buenos...

Ya sé que os parecerá increíble en principio, pero uno de los mayores problemas con los que te puedes encontrar es la traducción del español al español de todo aquello que escribas.

Y me explico: una cosa es lo que dices, y otra la que entienden o sobreentienden los lectores, con su manía de dar por hechas cierats cosas o leer entre lineas lo que jamás se te pasó por la imaginación escribir.

Y es que ahí es donde el tópico lucha contra nosotros, imponiendo su ley.

Si escribes una escena en la que un hombre mayor sienta a una niña en su regazo, y la abraza y la besa, tienes un pederasta. La posibilidad de que sea un hombre cariñoso, o un pariente, o eche de menos a un nieto muerto, ni la sueñes: es un pederasta.

Si describes a un personaje como un bombonazo, ya sea un tío o una tía, procura que haya un rollo con él, y que alguien se lo acabe tirando, porque de lo contrario, el lector va a pensar que le timas.

Si hablas de una persona pobre, de clase baja, y cuentas su sufrimiento, procura que sea el bueno, porque los pobres que son además unos hijos de puta no gustan a los lectores, ya que les obligan a salir de su mundo de lectura entre líneas.

O  sea, y en resumen: procura que lo que el lector va a leer tenga algo que ver con lo que tú quieres que lea. De lo contrario, te la juegas.

Si crees que escribes en el mismo idioma que ellos leen, estás equivocado. El lector no te lee: te traduce.

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