Siete cuentos japoneses, de Junichiro Tanizaki

Me acerqué a este libro con el deseo de conocer más de cerca a un autor genuinamente japonés, sin que la proximidad de su estilo  las modas occidentales lo hayan encumbrado a la fama. En primer lugar me leí su novela La Llave, gracias a un amigo que me la regaló, y me pareció realmente inquietante.

Así llegué a estos siete cuentos japoneses, que tienen como hilo común el interés por la figura y el carácter de las mujeres, toda una rareza en la literatura japonesa. Son las mujeres, loe ciegos y la música los que centran la temática d estos relatos, terriblemente inquietantes, como ya dije, y también tremendamente crueles, de  una crueldad que nos cuesta entender a los occidentales, no tanto porque no la hayamos practicado a lo largo de los siglos sino porque nunca la solemos practicar gratis, porque sí, y sin obtener gran cosa a cambio.

En estos relatos hay algo de menosprecio a la vida, de fatalismo, de terror reconcentrado en pequeños actos cotidianos que esconde en su interior la imparable semilla de la autodestrucción. Los cuentos de Tanizaki son los cuentos del dragón, que sólo encuentra sentido a su existencia si en busca de quien lo mate.

Desde el punto de vista literario, los encuentro lentos, demasiado llenos de descripciones y centrados a menudo en pasajes que no consigo descifrar. La carencia será seguramente mía, pero los jardines japoneses y sus pequeñas sutilezas no me dicen gran cosa, igual que me dice muy poco la descripción de las atroces técnicas para enseñar a cantar a los ruiseñores enjaulados.

El libro, aún así, es interesante. Vale la pena conocer, de veras, otra cultura y otra sensibilidad en lugar de acercarse a sucedáneos pensados para que nos resulten más fáciles.

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El verano del pequeño San John (JOHN CROWLEY)

El verano del pequeño San John

El título (Engine Summer) es un juego de palabras con «Indian Sum-mer» y, por cierto, la cultura surgida después de la catástrofe que este libro describe tiene un vago parecido con la de los indios nor-teamericanos.  El narrador se llama Junco que Habla, y otros personajes llevan nombres como Pintada de Rojo y Siete Manos.  Todos viven juntos en una apacible comunidad consumidora de drogas, llamada Belaire Pequeña.  Francamente, los dos primeros capítulos son difíciles de seguir, pues el lector se pierde en un mar de nombres extraños y una topografía manifiestamente mal definida.  Pero vale la pena perseverar, pues pronto esta obra se convierte en una novela de ciencia ficción de excepcional sensibilidad y belleza.  Su autor, el norteamericano John Crowley (nacido en 1942), había publicado previamente dos novelas de cf – The Deep (1975) y Beasts (1976)-, y desde entonces se hizo famoso por su maravillosa novela fantástica: Pequeño, Grande (1981).

El libro es la autobiografía oral, o apología, de Junco que Ha-bla.  Estas gentes, que se llaman a sí mismas voceros de la verdad, son magníficas narradoras de cuentos.  Parece que fueron comple-tamente analfabetas, aunque muy civilizadas, y entre ellas goza de gran estima el comadreo.  Junco nos relata su infancia, haciendo muchas digresiones para recoger los cuentos folklóricos que han formado su visión del mundo.  A los individuos, muertos hace ya mucho tiempo, que han construido las vastas autopistas («»Y esto, ¿para qué sirve?», pregunta Junco cuando ve una carretera por pri-mera vez.  «Para matar gente», responde simplemente Siete Ma-nos»), los conoce como Ángeles; y a los héroes que han venido des-pués, los fundadores de la cultura, los llama Santos.  Junco tiene la esperanza de que un día también él sea recordado como Santo.

Se enamora de una chica frívola conocida como Una vez al día.  Otra tribu empieza a comerciar con los habitantes de Belaire Pequeña, y Una vez al día se va con ellos.  Varios años después, Junco decide buscarla.  La búsqueda es lenta y tortuosa.  Pasa muchos meses en compañía de un Santo que vive encaramado en un roble.  Este hombre puede leer («Tiempo, vida, libros», es una frase conmovedora que descifra en el título de un viejo tomo de siglos atrás), y le habla a Junco de la incomprensible sociedad de los viejos tiempos, anteriores a la Tormenta.  Junco medita sobre las maravillas del pasado:

Ah, qué populoso era el mundo en aquellos tiempos; lo imaginaba tanto más vivo que en estos períodos de calma en que nada cambia y el alumbramiento de una idea nueva puede arrastrarse durante muchas generaciones.  En aquellos tiempos las cosas se comenzaban y concluían en una sola vida, las grandes fuerzas se entrechocaban y eran devoradas por otras nuevas.  Era como una carrera monstruosa entre la destrucción y la perfección; tan pronto como una parte del mundo era conquistada, la Conquista se volvía contra los conquistadores, como la carretera que los mataba a miles; y del mismo modo, los sueños mecánicos que los ángeles llevaron a cabo con un trabajo y un ingenio inconcebibles, esos sueños que se propagaban por el aire como semillas volantes, durante todo el día, y que pasaban invisibles a través de las paredes y los muros de piedra, y los cuerpos de los propios ángeles cuando se sentaban a esperarlos, y que aparecían simultáneamente ante todos los ángeles para prevenirlos o instruirlos, un sueño soñado por todos para que todos pudieran actuar de común acuerdo… Y todo se precipitó cuando la Tempestad se hizo inminente.  La Tempestad era el fin de la carrera; las soluciones eran cada vez más extravagantes y más desesperadas, y los desastres más tre-mendos, y los ángeles soñaron entonces los sueños más descabella-dos, que viviríamos eternamente, o casi, que abandonaríamos la Tierra, esta Tierra estragada, y que flotaríamos en ciudades suspendidas entre la Tierra y la Luna para siempre…

Es una visión perturbadora de nuestro propio mundo; la apa-ci-ble, encantadora y otoñal narración de Crowley nos sorprende hasta el revelador final, cuando Junco encuentra de verdad a un «Ángel».  Dista mucho de ser un relato convencional de aventuras de cf.  Mejor será describirlo como un poesía en prosa.

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Cántico a San Leibowitz (WALTER M. MILLER)

leibowitzAl igual que James Blish, Walter M. Miller (nacido en 1923) es un escritor de cf interesado por el cristianismo, pero se diferencian en que Miller es un creyente, no un agnóstico como Blish. Cántico a San Leibowitz (A Canticle for Leibowitz) es su única novela. Cuando se pu­blicó por primera vez no fue calificada como «cf», a pesar de que sus tres partes aparecieron originalmente (abreviadas) como novelas cortas en Magazine of Fantasy and Science Fiction. Miller escribió un buen número de cuentos para revistas norteamericanas de cf a lo largo de la década del cincuenta; las mejores aparecieron juntas en Condicionalmente humano (1962) y The View from the Stars (1964), pero cuando completó su novela dejó de escribir totalmente.

La historia comienza en los antiguos Estados Unidos de Amé­rica del Norte, seis siglos después de una devastadora guerra nu­clear. La primera parte de la novela se refiere a un incitante descu­brimiento hecho por el hermano Francis Gerard, un monje novicio. Al escarbar ciertas ruinas, encuentra un refugio contra la polución radiactiva que contiene unas pocas reliquias del beato I. E. Leibo­witz, legendario fundador de la Orden. El objeto más valioso es el anteproyecto de un viaje exploratorio, aunque entre las reliquias también encuentra una lista de alimentos y programas de carreras de caballos (ignora de qué se trata). Casi todos los libros y docu­mentos han sido destruidos durante la «Era de la Simplificación» que siguió a la guerra nuclear. Los hallazgos del hermano Francis, aunque fragmentarios, representan un valioso descubrimiento para los monjes, quienes, lenta y penosamente, a veces a ciegas, tratan de rescatar y preservar el disperso conocimiento del pasado. Fran­cis se pasa quince años copiando ese precioso documento, e ilu­minando su copia con oro batido, a pesar de que ignora por com­pleto lo que pueda significar. Luego parte en peregrinaje hacia Nueva Roma, y en el camino le roban la obra de su vida. Pero Lei­bowitz –un ex especialista en armas que un día aborreció los li­bros– es canonizado. Los descubrimientos de Francis no han sido inútiles.

Es una fábula conmovedora, llena de pasión y de humor. La segunda parte del libro retoma la historia seiscientos años más tarde. Es una época de renacimiento, y de guerras entre los principa­dos. Al monasterio de San Leibowitz llega el más importante espe­cialista en ciencias naturales de entonces, un erudito aristócrata llamado Thon Taddeo. Se asombra al saber que los monjes han construido un arco galvánico, alimentado por los músculos de los novicios. Y se asombra aun más cuando examina la Memorabilia de Leibowitz: antiguos textos y anteproyectos, fragmentos de escri­tos científicos, ecuaciones matemáticas, que datan de mediados del siglo XX. Sobre la base de estos materiales, y confiando en su propio genio fríamente intelectual, Taddeo predice: «Dentro de un siglo, los hombres volarán por el aire en pájaros mecánicos. Carros de metal correrán a lo largo de carreteras de piedra construidas por el hombre. Habrá edificios de treinta plantas, buques que navegarán bajo el agua, máquinas para hacer todos los trabajos».

En la última parte de la novela, otros seis siglos después, las pre­dicciones de Taddeo han sido superadas. Una vez más, el mundo es capaz de fabricar armas nucleares, y de librar guerras en el espacio exterior. Cuando las bombas empiezan a caer, el último abad de la Orden Leibowitziana decide que algunos de los monjes abando­nen el planeta en una nave estelar, llevándose consigo la ya monu­mental Memorabilia. La historia se repite: el abad muere en medio de las ruinas del monasterio, mientras los monjes de San Leibowitz, y la fe cristiana, huyen para sobrevivir en el mundo de otra estrella. Es un final conmovedor para una novela excelente-mente escrita, rica en personajes y en detalles irónicos, y al mismo tiempo diver­tida y triste. Aunque algunos lectores critiquen su desenfadado contenido religioso, y especialmente su insistencia en la naturaleza caída de la humanidad, Cántico a San Leibowitz es una de las más importantes obras de la ciencia ficción moderna.

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