Los hermanos Karamazov (fedor Dostovievsky)

Esta novela es generalmente considerada una de las mejores novelas del escritor ruso Fiódor Dostoievski y la culminación del trabajo de su vida. Ha sido aclamada, citada y analizada por diversos escritores del mundo entero, tales como Sigmund Freud, Andrew R. MacAndrew, Konstantin Mochulsky y hasta el Papa Benedicto XVI como una obra maestra de la literatura y una de las más grandes novelas jamás escritas.

El libro puede leerse en dos niveles: en el más superficial se encuentra la historia de un parricida con el que todos los hijos del hombre asesinado comparten diversos niveles de complicidad; pero en un nivel más profundo se encuentra el drama espiritual de un conflicto moral que involucra: fe, duda, racionalismo y libre albedrío. La novela fue compuesta en su mayor parte en la localidad de Staraya Russa, al sur de Novgorod, la cual es también el marco principal de la historia. Dostoievski pasó cerca de dos años escribiendo Los hermanos Karamazov, que fue publicada como una serie en El Heraldo Ruso, y completada en noviembre de 1880. El autor murió menos de cuatro meses después de la publicación de esta obra.

Contexto y ambiente

Dostoievsky comenzó sus primeras notas de Los hermanos Karamazov en abril de 1878. Varias de las influencias de Dostoievski se perciben en las primeras etapas del borrador de la novela. En principio se ve el profundo efecto que el filósofo y pensador ruso Nikolai Fiodorovich Fiodorov tuvo en Dostoievski en ese periodo de su vida. Fiodorov abogaba por un Cristianismo en el que la redención y resurrección del ser humano pudiera ocurrir en la tierra cuando los hijos redimieran con sus acciones los pecados de sus padres; de este modo se lograría la unión de la raza humana en una familia universal. La tragedia del parricidio en esta novela se vuelve aún más conmovedor debido a la completa inversión de esta ideología. Los hermanos en la historia no sólo no ganan la resurrección de su padre, también son cómplices en su asesinato, actos que en sí mismos representan la completa desunidad de la humanidad para Dostoievski.

Aunque la religión y la filosofía influyeron profundamente a Dostoievski en su vida y en Los Hermanos Karamazov, una tragedia mucho más personal alteró el curso de esta obra. En mayo de 1878 la creación de la novela de Dostoievsky fue interrumpida por la muerte de su hijo de tres años, Alyosha. Aún cuando este suceso era trágico en cualquiera de las circunstancias, la muerte de Alyosha fue devastadora para Dostoievski a causa de que el niño murió de epilepsia, una condición que había heredado de Dostoievski. El dolor del novelista es palpable al leer el libro. Dostoievski nombró Alyosha al héroe de la novela, además de dotar a éste con todas las cualidades que él mismo admiraba. Esta tragedia también aparece en la novela como la historia del Capitán Snegiryov y su pequeño hijo Ilyushechka.

Una experiencia muy personal también tuvo influencia en la decisión de Dostoievski de que fuera un parricidio el crimen que dominara la acción externa de la novela. Al tiempo que cumplía con su sentencia de katorga (trabajos forzados) en Siberia por hacer circular textos polìticamente subversivos en los 1850s, Dostoievski conoció a un joven llamado Ilyinsky que habìa sido condenado por asesinar a su padre para convertirse en heredero. Casi 10 años después de este encuentro, Dostoievski se enteró de que Ilyinsky había sido injustamente condenado y más tarde exonerado cuando el verdadero asesino confesó su crimen. El impacto de este encuentro en el autor es bien claro en la novela, ya que es el principal vehículo de la trama. Muchas de las características físicas y emocionales del personaje Dmitri Karamazov son muy parecidas a las de Ilyinsky.

Estructura

A pesar de haber sido escrita en el siglo XIX, Los hermanos Karamazov presenta un cierto número de elementos modernos. Dostoievski compuso el libro con una variedad de técnicas literarias que llevaron a muchos de sus críticos a llamarlo "descuidado". El ejemplo más relevante que puede mostrarse al lector es la narración omnisciente. Aunque el autor evita mezclarse con muchos de los pensamientos y sentimientos de los personajes protagonistas, se auto-proclama escritor, y caracteriza sus propios manerismos de tal forma que a menudo, a lo largo de la novela, él mismo se transforma en un personaje. A través de sus descripciones, la voz del narrador emerge imperceptiblemente en la de las personas que describe. Así, no existe una voz autoritaria en la historia.

El lenguaje es otra técnica única que Dostoievski emplea en su obra. Cada personaje tiene una manera particular de hablar que expresa mucho de la personalidad íntima de una persona. También tenemos que la novela se aparta de la trama en ciertas ocasiones para penetrar en la historia y la personalidad de otros personajes que en un principio ni siquiera podían ser considerados importantes para el lector. La narrativa en el sexto libro está casi enteramente dedicada a la biografía de Zosima, la cual también contiene una confesión de un hombre que Zosima conoció muchos años atrás, lo cual no tiene ninguna relación con los eventos que suceden en la trama principal.

Traducciones

Los diferentes tipos de técnicas literarias y distintas voces usadas en la novela hacen que la elección de una buena traducción sea de vital importancia. Los hermanos Karamazov ha sido traducida del original en ruso a varios idiomas.

Traducciones al inglés

En inglés, la traducción de Constance Garnett probablemente continua siendo la más extendida. Sin embargo, Garnett ha sido criticado por tomarse la libertad de traducir el texto de forma victoriana. Un ejemplo de esto es el que en la traducción de Garnett los personajes de clase baja hablan en cockney. En 1990, Richard Pevear y Larissa Volokhonsky publicaron una nueva traducción que se esfuerza más en acercarse a la calidad estilística del texto original y que ha sido mucho más aclamada por distintas fuentes tales como The New York Times y la Universidad de Illinois.

Traducción al catalán

Una de las más notables traducciones es considerada la realizada por Joan Sales al catalán, la cual recibió buenas críticas.

Lista de los personajes principales

  • Fyodor Pavlovich Karamazov. Bufón y oportunista de 55 años que tiene 3 hijos en el transcurso de sus dos matrimonios. Se rumora también que es el padre de un cuarto hijo, ilegítimo, a quien contrató como su sirviente. Fyodor no tuvo ningún interés en ninguno de sus hijos, por lo que, como resultado de esto, crecieron apartados entre ellos, y también de su padre. El asesinato de Fyodor y la implicación que sobreviene de su primogénito proporciona la mayor parte de la trama en la novela.
  • Dmitri Fiodorovich Karamazov (Mitya, Mitka, Mitenka). Único hijo del primer matrimonio de Fyodor con Adelaila Ivanovna Miusov. De los tres hijos, la personalidad de Dmitri es la más parecida a la de su papá; tiene una insaciable lujuria por la vida, es un sensualista en todos los sentidos, y apuesta y desplifarra enormes cantidades de dinero. En su juventud Dmitri también fue soldado, participó en un duelo, y generalmente se deshonraba de numerosas maneras. Al principio de la novela Dmitri se enreda en una amarga discusión con su padre sobre su herencia y una mujer local que los tiene encaprichados a ambos. El altercado entre el padre y el hijo es un factor que lleva a Dmitri a ser el principal sospechoso en el asesinato de su padre.
  • Iván Fiodorovich Karamazov (Vanya, Vanka, Vanechka). Segundo hijo de Fyodor, pero el primero de su segundo matrimonio con Sofía Ivanovna. Racionalista ferviente y también ateo. Desde una edad temprana se le apartó y alejó de todos alrededor de él. Iván tiene un odio hacia su padre que no expresa abiertamente pero que lo conduce a su propia culpabilidad moral sobre el asesinato de Fyodor y contribuye a su locura más reciente. Algunos de los pasajes más memorables y aclamados de la novela involucran a Iván, incluyendo el capítulo "Rebelión", El Gran Inquisidor, y su pesadilla acerca del diablo en el libro 11.
  • Alexei Fiodorovich Karamazov (Alyoshka, Alyosha, Alyoshenka). El más pequeño de los hermanos Karamazov, hijo de Fyodor Palovitch y Sofía Ivanovna. En el capítulo de apertura el narrador lo proclama como el héroe de la novela. Al principio de los acontecimientos narrados en la historia, Alyosha es un aprendiz en el monasterio local. De esta manera Alyosha actúa como equilibrio al ateísmo de su hermano Iván. El monje principal lo envía a la ciudad y posteriormente se enreda en los míseros detalles de la disfunción de su familia. Alyosha también está involucrado en una historia lateral en la cual se hace amigo de un grupo de muchachos de la escuela quienes su destino agrega un mensaje de esperanza a la conclusión de esta novela que de otra manera sería trágica.
  • Pavel Smerdyakov. Hijo de una mujer muda de la calle, se rumora extensamente que es un vástago ilegítimo de Fyodor Karamazov. Cuando la novela comienza Smerdyakov es sirviente y cocinero de Fyodor. Es un hombre muy antipático y huraño. De niño recogía gatos perdidos para después poder colgarlos y más adelante enterrarlos. Smerdyakov es distante con la mayoría de la gente pero tiene una especial admiración por Iván y comparte su ideología atea. Más adelante le confiesa a Iván que él, y no Dmitri, era el asesino de Fyodor y asegura haber actuado con la bendición de Iván.
  • Agrafena Alexandrovna Svetlova (Grushenka, Grusha, Grushka). Es un personaje al estilo del personaje bíblico de Jezebel. Tiene un extraño encanto entre los hombres. Un oficial polaco la dejó plantada en su juventud y quedó bajo la protección de un avaro tirano. Grushenka inspira la completa admiración y lujuria en Fyodor y Dmitri Karamazov. Su rivalidad por su afecto es uno de los motivos más perjudiciales que lleva a Dmitri a la convicción del asesinato de su padre.
  • Katerina Ivanovna Verhovtseva (Katya, Katka, Katenka). Prometida de Dmitri a pesar de sus aventuras muy abiertas con Grushenka. Se comprometió con Dmitri después de que él sacó bajo fianza a su padre a causa de una deuda. Katerina produce otro triángulo amoroso entre los hermanos Karamazov cuando se enteran de que Iván está enamorado de ella. Se caracteriza por ser excesivamente orgullosa y su magnanimidad es una fuente constante de tormento para Dmitri.
  • Zosima. Líder espiritual (starets) de Alyosha en el monasterio de la ciudad. Se podría decir que es famoso entre los ciudadanos pues muestra ciertas habilidades proféticas y curativas. Este hecho inspira tanto admiración como celos entre sus compañeros monjes. La tarea de refutar las poderosas discusiones ateas de Iván es dejada a lo espiritual, que se apoya de la vida y las enseñanzas de Zosima.
  • Ilusha. Uno de los estudiantes de la escuela local, y el protagonista de la trama secundaria más importante de la novela. Su padre, el Capitán Snegiryov, es un funcionario empobrecido que es insultado por Dmitri cuando Fyodor lo contrata para amenazar a éste último para que pague sus deudas, y esto lleva a la familia a la vergüenza. Nos conducen a creer que es la razón por la que, en parte, Ilusha cae enfermo, para eventualmente morir (su funeral es el capítulo de conclusión de la novela), para ilustrar indudablemente el tema que incluso las acciones de menor importancia pueden dejar una profunda huella en las vidas de otros, y que "somos todos responsables los unos con los otros".
Sinopsis

Libro primero: Una Pequeña y Agradable Familia [editar]

Introduce la familia Karamazov y relata la historia de su pasado reciente y distante. Se describe en esta crónica, algunos detalles de los dos matrimonios de Fyodor así como su indiferencia hacia sus tres hijos. El narrador también establece las personalidades ampliamente variadas de los tres hermanos y las circunstancias que los conducen a regresar al pueblo de Fyodor. El primer libro concluye describiendo el misterioso orden religioso de los Élderes de la cual se vuelve devoto Alyosha..

Libro segundo: Una Reunión Inapropiada

Se inicia cuando la familia Karamazov llega al monasterio local para que el Élder Zosima puede actuar de mediador en relación a la herencia de Dmitri. Irónicamente, fue idea del ateo Iván que se organizase esta reunión en tan sagrado lugar con la presencia del famoso Élder. Dmitri, como es usual en él llega tarde y la reunión pronto degenera logrando únicamente exacerbar las diferencias entre Dmitri y Fyodor. Este libro contiene también una escena conmovedora cuando el Élder Zosima consuela a una mujer que llora la muerte de su hijo de tres años. La pobre mujer refleja un paralelo con la tragedia de que sufrió Dostoievski al perder a su pequeño hijo Alyosha.

Libro tercero: Sensualistas

Ofrece mayores detalles del triángulo amoroso que se ha formado entre Fyodor, su hijo Dmitri y Grushenka. Se explora la personalidad de Dmitri en la conversación entre el y Alyosha mientras Dmitri se esconde cerca de la casa de su padre para ver si llega Grushenka. Más tarde esa noche, Dmitri irrumpe en la casa de su padre y lo ataca mientras lo amenaza con regresar y matarlo en el futuro. Este libro introduce también a Smerdyakov y sus orígenes, así como la historia de su madre Stinking Lizaveta. En la conclusión de este libro, Alyosha es testigo de la amarga humillación de Katerina, la prometida de Dimitri, por parte de Grushenka, lo que conlleva a una terrible vergüenza y escándalo para esta orgullosa mujer.

Libro cuarto: Raíces

Introduce una historia colateral en la novela que resurgirá nuevamente más adelante en la trama. Se inicia con Alyosha observando a un grupo de escolares que lanzan piedras a un compañero enfermizo llamado Ilyushechka. Cuando Alyosha regaña a los chicos y trata de ayudar, Ilyushechka muerde el dedo de Alyosha. Más adelante el padre de Ilyushechka, un jefe de personal retirado de nombre Snegiryov, fue atacado por Dmitri quén lo empujó fuera de un bar. Alyosha escucha sobre los problemas que tienen en casa de los Snegiryov y le ofrece al padre dinero como disculpa por los actos de su hermano. El padre del niño inicialmente acepta el dinero, pero luego se lo arroja a Alyosha y lo expulsa de su casa.

Libro quinto: Pros y Contras

Fue descrito por Dostoievski como el punto culminante de la novela. Ivan Karamazov defendía y adoptaba la ideología racionalista y nihilista que avanzaba en Rusia en esa época mientras discutía con Alyosha en un café. En el libro llamado "Rebelión" Iván proclama que rechaza el mundo que Dios creó debido a que está construido sobre las bases del sufrimiento de niños inocentes. Más adelante, en el capítulo probablemente más conocido de la novela, El Gran Inquisidor, Iván le lee a Alyosha un poema suyo que describe a un representante de la Inquisición española y su encuentro con Jesús, quien ha retornado a La Tierra. El inquisidor cuestiona a Jesús afirmando que al darle libre albedrío a la humanidad lo que se ha obtenido es la condena de la humanidad a la miseria y al desespero.

Libro sexto: El Monje Ruso

Relaciona la vida y la historia del Zosima, el líder espiritual, mientras que está tendido en su celda a punto de morir. Zosima describe su juventud rebelde, cómo descubrió su fe a la mitad de un duelo, y cómo, debido a esto, decididó convertirse en monje. Algunas de las doctrinas y de las enseñanzas de Zosima son las de predicar que la gente debe perdonar a otros al reconocer sus propios pecados y su culpabilidad ante los demás. Zosima enseña que ningún pecado se encuentra aislado y de esta manera cada uno es responsable de los pecados del otro. Dostoevsky escribió este libro como respuesta y refutación al desafío de Ivan por la creación de Dios descrita en el libro anterior.

Libro séptimo: Alyosha

Comienza inmediatamente después de la muerte de Zosima. Una opinión que comúnmente tienen en la ciudad, así como en el monasterio, es que los cuerpos de los hombres excesivamente santos no sucumben a la putrefacción. Así la expectativa para el Zosima líder es que su cuerpo muerto tampoco se descompondrá. Es una gran sorpresa para la ciudad entera que el cuerpo de Zosima no solamente decae, sino que también comienza el proceso casi inmediatamente después de su muerte. Desde el primer día el olor del cuerpo de Zosima es ya insoportable. Para muchos esto les hace cuestionar su anterior respeto y admiración hacia Zosima. Alyosha está devastado particularmente por la violación del nombre de Zosima debido nada más que a la corrupción de su cuerpo muerto. Uno de los compañeros de Alyosha en el monasterio de nombre Rakitin utiliza la vulnerabilidad de Alyosha para preparar una reunión entre él y Grushenka. El libro termina con la regeneración espiritual de Alyosha mientras que él besa la tierra fuera del monasterio y llora estremecivamente hasta que finalmente sale al mundo, renovado.

Libro octavo: Mitya

Trata principalmente de la búsqueda salvaje y loca de Dmitri por el dinero para poder huir con Grushenka. Dmitri le debe dinero a su prometida Katerina y se considerará un ladrón si no encuentra el dinero para pagarle antes de emprender su búsqueda por Grushenka. Esta loca búsqueda por el dinero lleva a Dmitri del benefactor de Grushenka a una ciudad vecina con una falsa promesa de un negocio. Todo el tiempo Dmitri está aterrorizado de que Grushenka pueda ir con su padre Fyodor y casarse con él porque éste ya tiene los medios monetarios para satisfacerla. Cuando Dmitri regresa del fracaso con el negocio en la ciudad vecina se entera que el antiguo prometido de Grushenka ha vuelto y que se la ha llevado a una casa de campo cerca de donde acababa de estar Dmitri. Tan pronto como se enteró de esto, Dmitri carga un carro completo de comida y vino y paga por una orgía enorme, para finalmente enfrentar a Grushenka en presencia de su viejo amor. En el transcurso de esta disputa Grushenka promete que ella realmente está enamorada de Dmitri. Pero justo en la conclusión del libro, la policía entra a la casa de campo e informa a Dmitri que está bajo arresto por el asesinato de su padre.

Libro noveno: La investigación preliminar
Introduce los detalles del asesinato de Fyodor y describe el interrogatorio y tormento de Dmitri mientras que es cuestionado y sospechoso de un crimen que él no cometió. El lector descubre que Dmitri tuvo la oportunidad de matar a su padre, e incluso lo deseó, pero no lo hizo. En lugar de esto casi mata al criado de la familia, Grigory, aporreándolo en la cabeza con la mano de un mortero, mientras que escalaba sobre la cerca en el jardín de Fyodor. Toda la evidencia apunta hacia Dmitri; la única otra persona que estaba en la casa a la hora del asesinato era Smerdyakov y estaba incapacitado debido a un ataque epiléptico que sufrió el día anterior. De hecho, Smerdyakov fingió este ataque y, se sabe más adelante, que él fue quien mató a Fyodor. Como resultado de la evidencia abrumadora en contra de él, Dmitri es formalmente culpado de parricidio y llevado a prisión para aguardar el juicio.

Libro décimo: Muchachos

Reintroduce la historia de los estudiantes e Ilyushechka mencionado por último en el libro 4. El libro comienza con la introducción del muchacho joven Kolya Krasotkin. Kolya es un muchacho brillante que proclama su ateísmo y creencia en las ideas de Europa. Parece estar destinado a seguir los pasos espirituales de Ivan Karamazov; Kolya está aburrido con la vida y constantemente atormenta a su pobre madre poniéndose en peligro. Como parte de una travesura, Kolya se acuesta debajo de ls vías del ferrocarril mientras que un tren pasa sobre él y se convierte en algo así como una leyenda por dicha hazaña. El resto de los muchachos admiran a Kolya, especialmente a Ilyushechka. Puesto que la narración dejó a Ilyushechka en el libro 4, su enfermedad ha empeorado progresivamente y el doctor indica que no se recuperará. Kolya e Ilyushechka tuvieron un altercado acerca de la humillación que Dimitri hizo al padre de Ilyushechka. Pero gracias a la intervención de Alyosha los otros estudiantes se reconciliaron con Ilyushechka y, Kolya pronto los acompaña al lado de su cama. Es aquí cuando Kolya conoce a Alyosha por primera vez y comienza a valorar de nuevo su creencia nihilista.

Libro undécimo: El hermano Ivan Fyodorovich [editar]

Narra la influencia destructiva de Ivan Karamazov a aquéllos alrededor de él y su caída a la locura. Es en este libro cuando Ivan se reúne tres veces con Smerdyakov, la última reunión culmina en la confesión dramática de Smerdyakov de haber asesinado a Fyodor Karamazov. Smerdyakov expresa incredulidad en la ignorancia y sorpresa profesadas de Ivan. Smerdyakov asegura que Ivan fue complice en el asesinato debido a que le dijo a Smerdyakov cuando él iba a salir de la casa de Fyodor, y más importante, debido a que inculcó en Smerdyakov la creencia de que en un mundo sin Dios "todo se permite". El libro termina cuando Ivan tiene una alucinación en la cual lo visita el diablo, quien lo atormenta al burlarse de sus creencias. Alyosha encuentra a Ivan delirando y le informa que Smerdyakov se mató poco después de su última reunión.

Libro duodécimo: Un error judicial [editar]

Detalla el juicio de Dmitri Karamazov por el asesinato de su padre Fyodor. El drama de la Corte es satirizado agudamente por Dostoevsky. Los hombres en en la audiencia son descritos como resentidos y vengativos, y las mujeres están irracionalmente envueltas en el romanticismo del triángulo amoroso de Dmitri entre sí mismo, Katerina, y Grushenka. El momento crucial en el juicio ocurre con el testimonio de Katerina que condena a Dmitri, en el cual ella reproduce una carta que él le escribió a ella cuando estaba borracho, diciendo que él mataría a Fyodor. La tragedia continúa cuando la locura de Ivan toma su asimiento final sobre él y lo sacan de la Corte después de hablar de su última reunión con Smerdyakov y de la confesión ya mencionada. El libro concluye con las apasionadas observaciones de cierre del fiscal y de la defensa, y el veredicto final de que Dmitri es culpable.

Epílogo

Durante el epílogo se narran los hechos posteriores al juicio de Dimitri, en el cual se remarca la idea de la posible fuga de éste. También se muestra el entierro del pequeño Iliushechka y se deja entrever el posible futuro de Aliosha lejos de la ciudad.

La influencia de la novela Los hermanos Karamazov ha tenido una gran influencia sobre algunos de los mayores escritores y filósofos que le siguieron. Sigmund Freud la llamó "la más magnífica novela jamás escrita" y se encontraba fascinado con el libro por su temática edípica y parricida. En 1928 Freud publicó un ensayo titulado "Dostoevsky y el parricidio" en el cual investigaba las propias neurosis de Dostoievski y cómo contribuyeron a la novela. Freud sostuvo que la epilepsia de Dostoeivski no era una condición natural sino una manifestación física de la culpa escondida del autor sobre la muerte de su padre. Según Freud, Dostoievski (y todos los hijos venido el caso) deseaba la muerte de su padre por un deseo latente por su madre, y como evidencia Freud cita el hecho de que los ataques de epilepsia de Dostoievski no comenzaron hasta que cumplió 18, el año en que su padre falleció. La temática del parricidio y la culpa, especialmente en la forma de culpa moral ilustrada por Iván Karamazov, sería luego obviamente utilizada por Freud como evidencia literaria de su teoría.

Franz Kafka es otro escritor quien se sintió inmensamente endeudado con Dostoievski y Los hermanos Karamazov por influir en su trabajo. Kafka se llamó a él y a Dostoievski "parientes de sangre", tal vez debido a los motivos existencialistas de Dostoievski. Kafka también luchó con su propia enfermedad debilitante, la tuberculosis, mientras que Dostoievski sufría epilepsia. Otro paralelo interesante entre los dos autores fueron sus relaciones tensas con sus padres. Kafka se sintió inmensamente atraído hacia el odio que los hijos de Fyodor le demostraban en Los hermanos Karamazov y lidió con la temática de padres e hijos en muchas de sus obras, pero de forma más explícita en su historia corta "El juicio".

Curiosidades

En un principio, la obra final de Dostoievsky constaría de dos tomos, el primero como preludio del segundo, el cual sería de mayor trascendencia e importancia que su antecesor. El héroe del primer relato, Aliosha, sería tomado como principal protagonista del segundo tomo, 20 años después de lo acaecido con el parricidio, periodo en el cual el joven se ve envuelto en el mundo revolucionario y en un crimen político, además del retorno a casa de su hermano Mitia. No obstante, esta obra nunca fue escrita debido a la muerte de Fiodor, y sólo quedan estas notas recogidas por sus editores, entre ellos A.G Dostoievskaia y A.S Suvorin.

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Una biblioteca (Arturo Pérez Reverte)

Una biblioteca (I)

Durante esta última semana, aprovechando una temporada de calma, he ordenado la biblioteca. Siempre ocurre lo mismo cuando termino de escribir un libro, sea el que sea; en los últimos días no conoces ni a tu familia, ni a tus amigos más íntimos, ni a nadie. Bajas a la mina cada día, o no sales de ella ni para dormir, como un picador del pozo María Luisa, dale que te pego. Vives obsesionado con darle a la tecla y terminar de una vez; y el material que utilizas, los libros que consultas y las nuevas adquisiciones, se acumulan por todas partes, esperando una tregua para su sitio exacto. Porque amén de la utilidad que reporte, un libro tiene su dignidad, y no puede ir en cualquier parte y de cualquier manera; requiere compañía y lugar adecuados. Nabokov puede ir junto a Conrad, tal vez, pero no junto a Cervantes; y Stendhal puede avecinarse con Heine y con Lampedusa, pero nunca con las Crónicas de Froissart, con Moratín o con Plutarco. Cada cual es cada cual.

A veces algún lector escribe pidiendo la recomendación de un libro clave, o que el arriba firmante considere como tal; y no falta quien solicita un canon de obras fundamentales -imprescindibles, es la estúpida palabra de moda en ciertos suplementos literarios-. Siempre me niego, porque eso de las obras fundamentales depende mucho del gusto de cada uno; y libros que a ti te cambian la vida pueden pasar, para otro, sin pena ni gloria. De cualquier modo, mientras colocaba y reordenaba los libros estos últimos días, hubo, como siempre, un par de centenares de títulos y autores donde la vista y las manos se me demoraban más que en otros, por diversas razones. Y de pronto me he dicho: por qué no. Por qué no decir cuáles son, y si a alguien resultan útiles, pues me alegro. La relación, que no es exhaustiva, sí resulta en cambio desordenada y larga: tal vez ronde los ciento cincuenta títulos, de modo que, metidos en faena, contársela me llevará esta semana y la próxima. Así que quien no esté interesado por el asunto puede pasar mucho de calzarse esta página, hoy y la semana que viene.

Última advertencia: los libros no figuran por orden de importancia; y faltan, porque no los recuerdo ahora o porque no me lo parecen, muchos otros. Pero, ya que de algo tan personal se trata, esta lista de Schindler resulta tan buena como otra cualquiera. A ver por qué ha de ser menos válida que la que se fabrican cuatro compadres bobalios para darse coba unos a otros en los cursos de verano:

El Quijote (Cervantes). La Odisea (Homero). La Eneida (Virgilio). Vidas paralelas (Plutarco). Obra completa (Francisco de Quevedo). Obra completa (Jorge Manrique). La Biblia. La Divina Comedia (Dante). Fausto (Goethe). Episodios nacionales y novela completa (Pérez Galdós). Obra completa (Pío Baroja). Moby Dick (Melville). Teatro completo (Shakespeare). La montaña mágica (Thomas Mann). Los tres mosqueteros (Dumas). En busca del tiempo perdido (Marcel Proust). El rojo y el negro (Stendhal). La regenta (“Clarín”). Cuadros de viaje (Heinrich Heme). Expedición de catalanes y aragoneses contra turcos y griegos (Francisco de Moncada). Las relaciones peligrosas (Choderlos de Laclós). El ruedo ibérico (Valle-Inclán). Ana Karenina (Tolstoi). Crimen y castigo (Feodor Dostoievsky). Victoria (Joseph Conrad). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (Bernal Díaz del Castillo). Cien años de soledad (García Márquez). Conversación en la catedral (Vargas Llosa). La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela). Tragedias (Sófocles). El jorobado (Feval). Tragedias (Eurípides). Relatos (F. Scott Fitzgerald). El buen soldado (Ford Madox Ford). El prisionero de Zenda (Hope). El gatopardo (Lampedusa). El americano impasible (Graham Greene). La cartuja de Parma (Stendhal). Viajes por Italia (Stendhal). Lord Jim (Conrad). Guerra y paz (Tolstoi). Biografías (Ludwig). Biografías y novelas (S. Zweig) La flecha de oro (Conrad). La línea de sombra (J. Conrad). La marcha de Radetzky (J. Roth). El conde de Montecristo (Dumas). Suave es la noche (F. Scott Fitzgerald). El gran Gatsby (F. S. Fiztgerald). París era una fiesta (Hemingway). Aventuras de Sherlock Holmes (Conan Doyle). “V” (Thomas Pynchon). Poderes terrenales (Anthony Burgess). Grandeza y decadencia de los romanos (Montesquieu). El halcón maltés (Dashiell Harnmet). La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (R. J. Sender)…

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Que aproveche.

Arturo Pérez-Reverte

El Semanal

27 de septiembre de 1998

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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Literatura rusa

En la literatura rusa de comienzos del siglo XX destacan poetas como Blok, Briúsov, Balmont, Bugaíev y Gippius. Blok, el más destacado, construyó un universo poético personal e intenso, producto de un vocabulario poético radicado en lo cósmico, lo angélico y lo demoniaco, lleno de  términos pasionales, de anhelos y miedos completamente humanos. A pesar esto, no perdió el contacto con la realidad. Poco después de la Revolución Rusa produjo uno de sus mejores poemas, \’Los doce\’ (1918), una viva y poderosa descripción de las aventuras de un batallón del Ejército Rojo encabezado, como se descubre en sus últimos versos, por el mismísimo Jesucristo.

Los simbolistas trabajaron tanto la prosa como en verso, e insistieron de modo particular en alterar las propiedades tradicionales de la novela. Así, Fiódor Sologub (seudónimo de Fiódor Kuzmich Tetérnikov, 1863-1927) describió la actividad sobrenatural que tiene lugar paralelamente a los acontecimientos de la existencia ordinaria en la novela El pequeño demonio (1907) y en sus numerosos relatos breves.

Otros muchos escritores trabajaron de modo completamente independiente de cualquier escuela o movimiento.

El novelista, dramaturgo y ensayista Maksim Gorki ldestaca por sus obras de corte político (La madre, 1907) y es reconocido como fundador del movimiento denominado realismo socialista.
Durante los años de calma que sucedieron a la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, muchos escritores y críticos defendieron que su misión era crear nuevas formas de arte apropiadas para la nueva época que estaban viviendo. Unos proclaman que una nueva cultura proletaria reemplazaría a las formas heredadas del pasado, para lo cual se debería utilizar la literatura como elemento de concienciación y cambio. Los futuristas (Maiakovski) propusieron un drástico cambio en las formas, imágenes literarias y en la textura del lenguaje. Otros más conservadores prefirieron mantenerse más fieles a las tradiciones clásicas rusas, defendiendo la literatura como actividad autónoma.

"Maiakovski llevó el espíritu de experimentación a niveles muy altos. Maestro de la declamación hiperbólica y de un nuevo lenguaje vivaz y basado en el habla vulgar, se constituyó en el mejor guía de las inmensas energías que se habían liberado tras la revolución. Un humor ardiente, una mordacidad satírica y un torrente de declaraciones comprometidas, aunque no serviles, de lealtad al régimen soviético, caracterizan lo mejor de sus poemas y obras teatrales públicas. Su voz privada, en cambio, que es la de una persona sensible y hasta vulnerable se ha dejado entrever en muchos de su primeros poemas, incluso entre la bravuconería del famoso \’La nube en pantalones\’ (1915). Maiakovski se suicidó en 1930. La nota que dejó tras su suicidio transmite la sensación de que la tensión entre sus vidas pública y privada terminó por dañar su talento poético y hacerle imposible la existencia."

No obstante, pronto se hizo patente que el refinado intelectualismo del arte prerrevolucionario ya no encajaba en la nueva atmósfera proletaria. Sólo unos pocos poetas, herederos de la cultura literaria anterior, continuaron escribiendo sus obras: Pasternak, Anna Ajmátova, Mandelstam. Pese a que algunos de estos alcanzaron un cierto prestigio, muchos terminaron siendo expulsados de la Unión de Escritores o deportados a Siberia.

La narrativa soviética de esta época tuvo que luchar contra las dificultades que encontraron los escritores para describir la revolución y la guerra civil. Estos hechos estaban señalados por el caos dentro de las vidas pública y privada, el colapso de las instituciones y por la hostilidad entre los dos bandos en que se dividió la nación. La tónica dominante de la narrativa terminó siendo una combinación de realismo literario y didacticismo político, que se convertiría en la doctrina artística oficial de la Unión Soviética a partir de 1934. Autores como Babel, Fedin, Leónov o Fadéiev trataron de buscar una cierta originalidad, al margen de la corriente dominante.

A finales de los años 20 se produjo un cierto resurgir del comercio privado, que desembocó en  una atmósfera particularmente vulnerable a la sátira. Así, se detecta en algunas obras del momento una combinación entre ardor revolucionario y afanes comerciales, en relatos ácidos, satíricos, etc. (Katáiev, Zoshchenko, Ilf y Pétrov)

Con los años 30 y el primer plan quinquenal, concluyó la tolerancia oficial hacia la literatura "disidente" y hacia la iniciativa privada en la edición literaria. A partir de entonces se estableció un férreo control político de toda actividad literaria, el cual sería administrado por un único aparato administrativo, la Asociación Rusa de Escritores Proletarios (RAPP). Ésta aseguraría la conformidad de las obras con la doctrina comunista; severos juicios políticos fueron sustituyendo a las críticas estrictamente literarias, y los escritores fueron sometidos a grandes presiones para que se adaptaran al nuevo régimen imperante. El resultado es un tipo de melodrama didáctico de carácter político (Leónov, Shólojov).

En 1932 la es sustituida por la Unión de Escritores Soviéticos, que responde al deseo estatal del imponer la doctrina del realismo socialista mediante un sutil y omnicomprensivo sistema de controles ajustables que sustituyera a la cruda coacción de la RAPP. Esto vino a significar que el aparato del partido y sus doctrinas controlarían la imaginación literaria rusa.

Sólo dos novelas escapan a la mediocridad generalizada de la producción literaria entre 1934 y 1939: Hacia el océano (Leonov, 1935) y El Don apacible (Shólojov , 1928-1940), considerada como la obra maestra en prosa de la época soviética, que viola algunas de las prescripciones oficiales básicas.
En los años de la II Guerra Mundial la literatura se vuelca en el propagandismo.
Tras la muerte de Stalin (1953) parece producirse una cierta apertura, que lleva a  la publicación de algunas novelas poco convencionales, como El deshielo (1954) de Ehrenburg. Muchos autores eliminaron o redujeron significativamente los contenidos políticos de sus obras. Destacan poetas como Yevtushenko y Voznesenski. No obstante, prosiguen los conflictos entre los escritores y el aparato político-literario. De hecho, hasta la llegada de la glasnost (\’apertura\’) a finales de la década de 1980, las obras más interesantes de la literatura rusa no se publicaron en la URSS, sino que circularon por otros países, bien editadas en ellos o bien en forma de manuscrito.

Doctor Zhivago (1957) de Boris Pasternak, no pudo leerse en ruso hasta 1987. En 1958, a Pasternak se le concedió el Premio Nobel de Literatura pero, sometido a poderosas presiones oficiales, no lo aceptó.

Alexandr Solzhenitsin estuvo siempre en la línea que separaba lo permitido de lo prohibido. En 1963 pudo publicar Un día en la vida de Iván Denisóvich, que trata de la vida en los campos de concentración. Sus novelas más importantes no pudieron ser publicadas más que en el extranjero. Sus protestas contra la censura, contra su propia expulsión de la Unión de Escritores y contra la práctica de confinar a los intelectuales disidentes en sanatorios mentales, constituyeron algunos de los compromisos morales de toda su obra narrativa. Solzhenitsin recibió el Premio Nobel y hubo de exiliarse definitivamente de su país.

"El término literatura ilegal (samizdat) durante el periodo postestalinista se aplicó repetidamente a las obras de Mijaíl Bulgákov. En 1928 comenzó a escribir su más importante novela El maestro y Margarita, en la que llevaba a cabo una sátira del gobierno, pero no pudo publicarla en la URSS hasta 1967, aunque en una versión muy recortada. También ilegal fue la conmovedora obra del poeta Joseph Brodsky y de muchos otros escritores y pensadores. Brodski, que fue expulsado de la Unión Soviética, viajó a los Estados Unidos en 1972. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1987 y recibió el nombramiento de poeta laureado de los Estados Unidos en 1991. Entre sus obras se encuentran Parada en el desierto (1970) y Elegías romanas (1983). Otro escritor disidente, Valerii Tarsis, al que se le permitió dejar el país y marcharse a Suiza en 1966, plasmó sus satíricos ataques al régimen soviético en novelas como La botella azul (1963). Escribió, además, Sala 7 (1965), una obra de carácter autobiográfico basada en sus propias experiencias en un hospital mental, y La fábrica de placer (1967), una ingeniosa historia sobre las gentes de la región del mar Negro. Estas obras ilegales contribuyeron a preservar las mejores tradiciones de la literatura rusa hasta que el colapso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y la disolución del Estado soviético en 1991 abrieron una nueva época para los escritores rusos."

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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El método Coué (Javier Menéndez Llamazares)

A finales de 1944 regresa a su provincia natal Manuel Llamazares, un piloto de la Escuadrilla Azul que ha combatido en el frente ruso. Con la vitola de héroe de la Guerra Mundial, es recibido con enormes fastos por la jerarquía local. Sin embargo, el joven se encuentra en un estado calamitoso, aquejado de una grave enfermedad que le mantendrá postrado durante meses en la casa familiar, en el leonés valle del Curueño.
Durante su convalecencia, al cuidado de Lolita, una prima enfermera, tendrá ocasión de reconstruir lo sucedido desde que se uniera al ejército alemán en 1941. Demasiado joven durante la Guerra Civil, Manuel se alista en el Ejército del Aire al finalizar la contienda; su deseo es ser piloto, pero las plazas están reservadas para los veteranos de guerra. Tras dos años de espera, se une como voluntario a la Escuadrilla Azul, una unidad de élite que, a semejanza de la División Azul, se integra en la Luftwaffe para combatir contra el Ejército Rojo. Tras un periodo de instrucción en Werneuchen, su conocimientos del alemán, adquirido en la escuela, le permiten convertirse oficiosamente en piloto. En el frente de Moscú tiene una actuación destacada, derribando varios aviones. Tras salvar a varios compañeros de una muerte segura en la Batalla de Klin es condecorado y ascendido a oficial. Su fotografía aparece en toda la prensa propagandística de la órbita alemana, lo que confiere una efímera celebridad al “héroe de Klin”. Sin embargo, el ejército español no reconoce su ascenso, y es relegado a tareas administrativas en el cuartel general.
En Berlín trabará una estrecha amistad con el agregado de prensa, Jacinto Alemany. Tras convertirse en su asistente, conocerá de primera mano los entresijos de la diplomacia española y alemana, y los turbios intereses de los corresponsales de prensa, la mayoría a sueldo del gobierno nazi. Convertido en fotógrafo, Llamazares retrata la vida desenfrenada de la gran ciudad; vivirá también los bombardeos, el miedo y la decadencia de una urbe que, a pesar de todo, es capaz de sobrevivir y rehacerse, renaciendo de sus escombros una y otra vez.
Allí conocerá a Claudia Stolz, una joven secretaria del Negociado de Prensa del Ministerio de Propaganda. Tras odiarse a primera vista, los caminos de Claudia y Manuel se entrecruzan varias veces, hasta que la tragedia y el amor terminan por unirles una noche en la Torre Einstein. Juntos vivirán una extraordinaria experiencia, ajenos por completo a un mundo que se desmorona.
En el verano de 1944 Manuel debe regresar a España para tramitar la documentación: planean casarse ese otoño. Sin embargo, cuando vuelve a Berlín, Claudia ha desaparecido. En medio de una gran confusión, tras un atentado frustrado contra Hitler, se desata una persecución feroz contra los opositores al régimen nazi. Y la única pista sobre el paradero de Claudia conduce hasta Prinz-Albrechtstraße, sede de la temible Gestapo, la policía secreta de los nazis.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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EL DUELO (Joseph Conrad)

Por esta vez no entraremos al común vituperio de los tiempos, contemporáneos, cismodernos o metaoccidentales, pero es un verdadero placer comprobar que de vez en cuando regresa la vieja costumbre de editar un clásico acompañando el libro de un estudio preliminar que lo aliña, lo explica, y le confiere una perspectiva de la que en otro caso, en el caso común, carecería completamente.

En las cien primeras páginas, cien nada menos, Julián Jiménez Heffernan nos pone en antecedentes de lo que significaba el código de honor en la época en la que se escribió el libro, y para ello desgrana con erudición pero sin pedantería las opiniones de filósofos y juristas como Foulcault, Cesare Beccaria. Como hoy en día, en este tema del honor parece haberse impuesto en lo literario la opinión de Galdós ("el honor es una cosa muy buena para abonar las tierras. Mierda.") y en lo práctico la de los magnates del ladrillo ("tonto el último") se agradece de veras que la introducción nos ayude a ponernos en tesitura par comprender los conflictos morales, personales y sociales a que se enfrentaban los personajes de la historia.

La misma oportunidad se puede aplaudir en la reseña histórica sobre las tensiones políticas generadas a raíz de la coronación de Napoleón como Emperador, o incluso de la biografía del autor. Porque Conrad, maravíllense, es uno de esos autores, raros y escasos, que escribían preferentemente sobre asuntos de los que sabían algo.

Josef Conrad se llamaba en realidad Josef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski, lo que induce vagamente a dudar de sus raíces anglosajonas a pesar de ser considerado hoy como uno de los más brillantes escritores en lengua inglesa. Echando un vistazo a su biografía, la sospecha se confirma: nació en 1857 cerca de Berdichev, en la Ucrania polaca, ocupada en aquellos tiempos por los rusos. Sus padres, Apollo Nalecz y Evelina, pertenecían a la aristocracia terrateniente y la literatura ya había entrado en la familia por la rama paterna, pues Apollo Nalecz era poeta y traductor al polaco de Shakespeare y Victor Hugo.

Lamentablemente para ellos, no sólo la literatura penetró en la familia por rama paterna, sino también la desgracia, pues la parrticipación de Apollo en actividades nacionalistas para liberar a Polonia del yugo ruso condujeron a la deportación de toda la familia a Rusia cuando Josef tenía cuatro años. Dos años después, destruida su salud por la dureza de los inviernos rusos, murió la madre de Josef, y seis años más tarde el padre, quedando nuestro escritor huérfano a la edad de doce años en medio de una población de enfermos, exiliados, y otros muertos en vida que nunca llegaría a exorcizar completamente.

Deseoso de huir de aquel ambiente, Conrad se embarcó a los diecisiete años rumbo a Marsella, y la sensación de haber abandonado la patria y traicionado la sagrada causa por la que habían muerto sus padres no le abandonaría nunca.

Así es como el honor, el honor perdido del que huye para no enfrentarse a su destino, se convierte en un tema literario para Conrad, que en sus muchos y largos viajes aprenderá perfectamente el inglés, sin regresar nunca, siquiera con la palabra, a su Polonia natal. La traición de Conrad, a sus propios ojos, no puede ser más completa.

El Duelo, concluida por Conrad en 1907, es un relato de tremenda intensidad en el que, ya desde el principio, se advierte al lector que el duelo , en cualquiera de sus formas, ya sea por culto a la tradición castrense o por una cuestión moral, es una especie de momento entre paréntesis en que dos hombres civilizados se convierten voluntariamente en homicidas.

Los dos protagonistas de la novela, dos tenientes de húsares, no pueden ser más distintos entre sí, tanto por su aspecto, uno gordo y otro flaco, por su carácter, uno fogoso y otro flemático o incluso por sus ideas políticas, uno incondicional admirador de Napoleón Bonaparte y el otro más bien frío con las ideas imperiales. Sin embargo, el ambiente social y el código de honor que comparten los mantendrá indisolublemente unidos, porque no hay nadie más cercano, más intimo y más familiar que el hombre que habrá de matarte. Y con el tiempo dejará de importar la razón por la que comenzó esta enemistad y proseguirá solamente la ceremonia violenta, como un sacrificio a un dios que muere cada año pero nunca resucita.

En esta dicotomía, de contradicción quizás sólo aparente, se mueve Conrad, con su perfecto estudio psicológico y con esa energía, maligna sin duda, que tan bien mostró en otras de sus obras, como El Corazón de las Tinieblas.

En El Corazón de la Tinieblas, obra en la que posteriormente se basó Francis Ford Coppola par rodar Apocalypse Now, Conrad entra hasta lo más profundo del horror, de su significado y de sus consecuencias parta el alma humana. En El Duelo, podemos disfrutar de la mismo pulso narrativo con la irracionalidad y el poder del entorno como origen de la violencia.

A Ridley Scott le pareció un libro tan bueno que en 1977 lo utilizó para rodar su primera película.

Mejor no se lo pierdan.

javier Pérez

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