JAQUE AL TRONO (Cristina Muñiz)

 
Cuando estalla el escándalo del collar de María Antonieta, la nobleza encuentra la ocasión perfecta de mostrar su descontento
en un juicio que despierta la expectación de todo el país. Un grupo de liberales se aprovecha de ello para urdir un complot y
  desprestigiar a la reina. La pugna entre nobleza, clero, burguesía y pueblo llano crea nuevos e insospechados poderes: los
   Partidos Políticos, la Prensa, clandestina y efervescente, y la Opinión Pública, que se hace dueña de las calles y será
                                                         imparable.
Todo ello desemboca en la Revolución más famosa de la Historia, mientras intensas relaciones de amor, amistad y enemistad se
fraguan entre sus protagonistas. Jaque al trono es una magnífica conjunción de Historia, pasiones, intrigas y aventuras de la
         mano de unos personajes inolvidables que harán las delicias del lector y no le darán un momento de respiro.
 
                                                             ***
 
 
 
La  novela  transcurre  durante los convulsos años que preceden al estallido de la Revolución Francesa, en una ciudad, París,
donde se están derrumbando las instituciones y donde los ciudadanos ven cómo sus vidas son aplastadas por el yugo absolutista
de Luis XVI  y María Antonieta.
 
En  este  trasfondo  se  desencadena  el  asunto  La  Motte:  un turbio escándalo sobre un collar valiosísimo en el que María
Antonieta se vio implicada y que fue la llama que prendió la Revolución.
 
En  torno  a este affaire, se gesta una novela histórica en la más pura tradición. A través de los numerosos personajes vamos
conociendo de primera mano (destacamos especialmente la magnífica documentación de la novela) cómo transcurría la vida de los
nobles  y  los lacayos, los burgueses y el pueblo llano; asistimos al nacimiento de los panfletos y las octavillas políticas,
nos  emocionamos  con  el  levantamiento  de  unos  ciudadanos que dejaron de creer en sus monarcas para creer en sí mismos y
descubrimos de lo que es capaz el amor y la pasión aunque todo se derrumbe alrededor.
 
 
CRISTINA MUÑIZ Nacida en 1965, en Barcelona licenciada en Derecho, es abogado ejerciente desde 1989. Becada para realizar una
breve estancia en un despacho de abogados francés, ha realizado desde entonces frecuentes visitas al país galo. Aficionada a
escribir, empezó Jaque al trono,, su primera novela, hace varios años. Ahora la obra ve la luz, tras años de maduración y
rigurosa documentación
 
                                                          ENTREVISTAS
 
 
«—[…] ¿Qué quiere que le digamos al pueblo? ¿Que la reina reparte favores entre
sus amistades? ¿Que despilfarra fondos públicos en fiestas, palacios y joyas? ¿Que
coloca en los cargos públicos a sus favoritos? ¡A eso ya están acostumbrados!
Lo vienen oyendo desde el reinado de Luis XV. ¿Por qué iban a levantarse
contra Luis XVI, si no lo hicieron contra su abuelo que era mucho peor? No. Hay
que darles algo más palpable, algo que su moralidad no pueda tolerar. Dígales
que su reina es una ladrona de collares y una puta que se acuesta con mujeres y que
participa en orgías, y los despertará. Así es como funciona. La opinión pública es un
campo de cultivo del que pueden crecer grandes cosas. Pero hay que alimentarlo,
hay que nutrirlo.
 
»Me miró unos instantes y continuó, alentado por su propio discurso:
 
»—Cuando estas Memorias se publiquen, María Antonieta ya no podrá volver a
levantar la cabeza. El rey tiene que verse obligado a convocar los Estados Generales
de forma inminente y para ello la presión de la opinión pública debe ser irresistible,
porque además los Estados han de tener las facultades suficientes para establecer
nuevos principios constitucionales. Y sólo un rey vencido cederá a semejantes
pretensiones. Y estas Memorias serán un grano más, pero un grano de mucho peso.
La Corona quedará desacreditada. Ahora sí que creo firmemente que estamos
comenzando a construir el camino hacia el parlamentarismo.»

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SEXPLOSIÓN (Simón Merril)

 

Si hemos de creer en lo que dice el autor —y cada vez con mayor frecuencia nos vemos obligados a creer en los autores de ciencia ficción— la actual riada de sexo se va a convertir en un diluvio en los años ochenta. Pero la acción de la novela Sexplosión empieza veinte años más tarde, en una Nueva York cubierta de masas de nieve, durante un crudo invierno. Un anciano de nombre desconocido camina con dificultad, hundiéndose en la nieve y chocando con loscoches sepultados, llega a un rascacielos oscuro y silencioso, saca del bolsillo una llave ligeramente entibiada por el contacto con su cuerpo, abre un portal de hierro y baja al sótano. El camino recorrido por el hombre y unos recuerdos intercalados constituyen el contenido de la novela.

Aquel subterráneo sumido en una oscuridad rasgada solamente de trecho en trecho por el débil haz de luz de una linterna, sostenida por la mano temblorosa del anciano, era una especie de museo o, tal vez, una sección de expedición (o más bien sex-pedición) de un consorcio poderoso de la época en que América invadió una vez más Europa. La manufactura semiartesanal de los europeos se vio enfrentada con la marcha implacable de la producción automatizada, obteniendo una victoria instantánea el coloso postindustrial de la ciencia y la técnica. En el campo de batalla quedaron en pie tres consorcios: GENERAL EXOTICS, CIBERBORDELICS y LOVE INCORPORATED. Cuando la producción de estos gigantes estaba en su apogeo, el sexo —hasta entonces una diversión privada, una gimnasia colectiva, un hobby, o un coleccionismo artesanal— se convirtió en la filosofía de la civilización. McLuhan, un viejo robusto que vivió hasta aquellos tiempos, demostró en su GENITOCRACY que ése, precisamente, ha sido el destino de la humanidad desde que ésta escogió el desarrollo técnico, y que ya los remeros de la antigüedad encadenados a las galeras, los leñadores del Norte con sus sierras, la máquina a vapor con su cilindro y émbolo, habían marcado el ritmo, la forma y el sentido de los movimientos que componen la actividad sexual, o sea, el sentido del hombre. La despersonalizada industria USA absorbió las sabias posiciones del Oriente y del Occidente, transformó las trabas medievales en cinturones de incastidad, indujo a los artistas a proyectar copuladores, sexarios, magnopenes, megaclitos, vaginetas, pornotas, puso en marcha convoyes esterilizados de los cuales empezaron a bajar sadomóviles, cohabiteros, sodómnicos caseros y gomorcados públicos y fundó, al mismo tiempo, unos institutos científicos de investigación, dedicados a luchar por la liberación del sexo de la servidumbre de perpetuar el género humano.

El sexo dejó de ser una moda, ya que se había convertido en una fe. El orgasmo pasó a ser un deber ineludible y constante; sus contadores con saetas rojas ocuparon el sitio de los teléfonos en las oficinas y en la calle. Entonces, ¿quién era el anciano errante por los corredores de las salas subterráneas? ¿Un consejero jurídico de GENERAL EXOTICS? En sus recuerdos aparecen unas causas famosas, que habían llegado hasta el Tribunal Supremo, sobre el derecho a reproducir mediante maniquíes el aspecto físico de personas famosas, empezando por la First Lady de Estados Unidos. GENERAL EXOTICS ganó el juicio al precio de doce millones de dólares y ahora la luz trémula de una linterna se refleja en las polvorientas campanas de plástico, bajo las cuales permanecen las primeras estrellas de cine y las primeras damas de la alta sociedad mundial, princesas y reinas con magníficos atuendos, impuestos, como una condición inexcusable, por el fallo del tribunal.

En el transcurso de un decenio, el sexo sintético progresó de un modo espectacular, desde los primeros modelos, hinchables o de cuerda, hasta unos prototipos con regulación térmica y acoplamiento retroactivo. Los originales habían muerto mucho tiempo atrás, algunos de ellos vivían aún, convertidos en asistencia, viejas momias; pero el teflón, el nilón, el dralón y el Sexofix habían resistido a la acción del tiempo y, como en un museo de figuras de cera, las bellas damas, arrancadas a las tinieblas por la luz de la linterna, miraban al anciano con una sonrisa fija en los labios. Todas ellas tenían en la mano una cassette con un programa de seducción grabado (la sentencia del Tribunal Supremo prohibía al vendedor colocar la cinta en el maniquí, pero cada comprador podía hacerlo en privado en su casa).

Los lentos y vacilantes pasos del viejo solitario levantaban torbellinos de polvo, a través de los cuales se transparentaban en rosa pálido, en el fondo de la sala, unas escenas de amor colectivo (las había incluso de treinta personas), parecidas a enormes rosquillas o cocas apretadamente trenzadas. ¿Era, tal vez, el mismo presidente de GENERAL EXOTICS quien andaba por los estrechos pasadizos entre los gomorcados y los acogedores sodómnicos? ¿O, quizá, el proyectista principal del consorcio, aquel que había dado forma genital primero a América y luego al mundo entero? El aposento contiguo estaba lleno de paneles con sus mandos y programas, con aquel precinto de plomo de la censura por el cual se había entablado una causa jurídica a seis niveles, así como de montones de contenedores, listos para el envío a los países de allende los mares, repletos de bolas japonesas, olfatorios, cremas preamatorias y miles de otros artículos de esa clase, previstos de instrucciones para el uso y folletos explicativos.

Era la épica de una democracia por fin conseguida, donde todos podían hacerlo todo con todos. Atentos a los consejos de sus propios futurólogos, los consorcios contravinieron el decreto antitrust, se repartieron clandestinamente el mercado mundial, desarrollando, cada uno de los tres, una especialización diferente. El GENERAL EXOTICS promocionaba la igualdad de derechos entre la norma y la desviación, y los dos consorcios restantes invertían grandes capitales en la automatización. Para convencer al público de que la saturación del mercado era imposible, ya que la gran industria, si es de veras grande, no se limita a cubrir, simplemente, las necesidades sino que las crea, se comercializaron prototipos de mayales para la flagelación, de trilladoras y de azotadoras especiales. Los medios antiguos de lascivia doméstica fueron a parar junto a los sílex y los palos de los hombres de Neardenthal. Los hombres de ciencia organizaron unos cursillos preparatorios de seis u ocho años de duración, que daban acceso a la carrera superior de ambas eróticas, e inventaron el neurosexátor y toda clase de silenciadores, filtros antirruidos, masas aislantes y aspiradores especiales de sonidos, para que los vecinos no perturbaran mutuamente su reposo y su goce con gritos inmoderados.

Sin embargo, era preciso seguir adelante, siempre y con valor, ya que el estancamiento es la muerte de la producción. Ya estaba en vías de planificación y modelado un Olimpo para uso individual, ya se formaban en las rutilantes factorías de CYBER-BORDELICS los primeros androides de plástico parecidos a las diosas y dioses griegos. Incluso se estaba pensando en los ángeles, para cuya fabricación había sido prevista una reserva financiera para los costos de eventuales juicios intentados por las Iglesias. Por otra parte, había que dar una solución a ciertos problemas técnicos: ¿Que material usar para las alas? La pluma natural podía hacer cosquillas en la nariz. ¿Debían ser movibles? ¿No sería una molestia? ¿Y la aureola? ¿Qué clase de interruptor de su luz y dónde colocarlo? Etc., etc. Entonces se abatió como un rayo la catástrofe.

La substancia química necesaria para la producción, llamada —en clave— NOSEX, había sido sintetizada ya mucho tiempo atrás, tal vez en los años setenta. Conocía su existencia sólo un pequeño grupo de profesionales iniciados. El producto, obtenido por los laboratorios de una modesta empresa relacionada con el Pentágono, fue considerado al principio como un arma secreta. En efecto, el NOSEX, aplicado en aerosol, podía diezmar la población de cualquier país, ya que la ingestión de una fracción de miligramo de la preparación eliminaba todas las sensaciones que acompañan al acto sexual. El mismo seguía siendo posible, pero sólo como una especie de trabajo físico bastante agotador, como, por ejemplo, el lavado y planchado de la ropa. Después se tomó en consideración el proyecto de utilizar el NOSEX para frenar la explosión demográfica en el Tercer Mundo, pero la idea fue archivada, a causa del peligro que implicaba.

¿Cómo ocurrió la catástrofe mundial? Nadie lo sabe. ¿Es cierto que los almacenes de NOSEX volaron a consecuencia de un cortocircuito que inflamó un depósito de éter? ¿Fue, acaso, un acto de sabotaje cometido por unos enemigos industriales de las tres compañías, dueñas del mercado? ¿O bien tuvo algo que ver con ello una organización revolucionaria, ultraconservadora o religiosa? Nunca conoceremos la respuesta.

Fatigado por su vagabundeo en la inmensidad de los sótanos, el anciano se sienta en las suaves rodillas de una Cleopatra de plástico (después de haber apretado bien los frenos), y dirije sus pensamientos —como a un abismo— hacia el gran colapso de 1998. En un día, corno por reflejo de repulsa, el público se volvió de espaldas a todos los productos que colmaban el mercado. Lo que ayer tentaba, hoy tenía el mismo atractivo para la gente que la vista del hacha puede tener para un leñador cansado, o la de un barreño para una lavandera. El eterno (al parecer) encanto, aquel embrujo impuesto por la biología al género humano, se esfumó sin dejar rastro. Desde entonces, los pechos sólo evocaban el recuerdo de que los hombres eran mamíferos, las piernas, de que podían andar, y las posaderas, de que tenían sobre qué sentarse. ¡Nada más! ¡Absolutamente nada! Dichoso McLuhan por no haber llegado en vida a esta catástrofe, él, quien en sus obras había interpretado la catedral y el cohete cósmico, el motor de reacción, la turbina, el molino de viento, el salero, el sombrero, la teoría de la relatividad, los paréntesis de las ecuaciones matemáticas, los ceros y los signos de admiración como otros tantos sucedáneos y sustitutivos de esa única actividad que equivale a la percepción de la existencia en estado puro.

Toda esta argumentación perdió su fuerza en pocas horas. La humanidad se vio amenazada por el trance de morir sin dejar descendencia. Todo empezó por una crisis económica, comparada con la cual, la del año 1929 era una bagatela. Su primera víctima fue el comité de redacción del Playboy, que se prendió fuego y pereció entre las llamas. Pasaban hambre y saltaban por la ventana los empleados de los locales de strip-tease, hicieron bancarrota las revistas ilustradas, grandes consorcios de publicidad, institutos de belleza, grandes productoras de películas, se tambaleó toda la industria calitécnica y de perfumería, luego la de ropa interior; en el año 1999, en América había 32 millones de parados.

Entonces, ¿qué podía interesar todavía al público? Fajas para los herniados, jorobas sintéticas, pelucas de pelo gris, individuos afectados de parálisis y temblores, en sus sillas de ruedas, ya que era lo único que no se asociaba con el esfuerzo sexual, esa pesadilla, esos trabajos forzados; interesaba lo único que parecía garantizar la falta de una circunstancia erótica, o sea, el descanso y la tranquilidad. Por aquel entonces, los gobiernos, conscientes del peligro, emprendieron la movilización de todas las fuerzas, para salvar la especie. Los artículos de la prensa apelaban a la razón y al sentido de responsabilidad, los sacerdotes de todas las confesiones aparecían en la televisión, desplegando las más convincentes persuasiones y evocando los altos ideales del hombre; pero aquel coro de voces autorizadas no era capaz de vencer la indiferencia de los oyentes. No surtían efecto ni los manifiestos ni las arengas, que imploraban que los humanos vencieran su repugnancia. Los resultados eran insignificantes: una nación tan sólo, la japonesa, extremadamente disciplinada, obedeció, apretando las mandíbulas, a las consignas oficiales. En vista del fracaso, las autoridades instituyeron unos incentivos materiales especiales, diplomas de honor, distinciones, primas, premios, condecoraciones, medallas y concursos de fornicación. Cuando esta política falló a su vez, vinieron las inevitables represiones. En respuesta, las poblaciones de regiones enteras se negaron en rotundo al deber procreativo, la juventud buscó refugio en los bosques, la gente mayor producía unos certificados de impotencia falsificados, el soborno corrompía las comisiones sociales de control y vigilancia; cada persona se prestaba a controlar eventualmente al vecino, pero ella misma, en cuanto podía, evitaba aquella tarea agotadora.

La época de la catástrofe ya es solamente un recuerdo surgido en la mente del anciano solitario, sentado en los sótanos en el regazo de Cleopatra. La especie humana no se extinguió. La procreación se efectúa actualmente de modo sanitario, aséptico e higiénico, parecido a una vacunación; al cabo de años de inseguridad y peligro, sobrevino una cierta estabilización. Sin embargo, la cultura no soporta el vacío; la tremenda sensación de falta de vivencias, generada por la implosión del sexo, introdujo la gastronomía en el puesto vacante. Esta última se divide en normal y viciosa; existen perversiones gulísticas, álbums de pornografía restauradora, y la absorción de alimentos en ciertas posiciones se considera terriblemente indecente. Está prohibido, por ejemplo, comer fruta de rodillas (la secta de viciosos de la posición arrodillada lucha actualmente por conseguir esta libertad), no se permite comer espinacas ni huevos revueltos con las piernas levantadas hacia el techo. Pero hay (¡naturalmente!) unos locales clandestinos donde los expertos y los «gourmets» disfrutan de espectáculos obscenos: a la vista de los concurrentes, unos plusmarquistas especiales se atiborran de tal suerte que a los espectadores se les hace la boca agua. De Dinamarca llegan de contrabando unos álbums pornoalimenticios, donde se muestran verdaderos horrores (sin excluir la consumición de huevos revueltos a través de una pajita, mientras el consumidor, removiendo con los dedos un plato de espinacas sazonadas con una gran cantidad de ajo y, al mismo tiempo, oliendo salsa de carne al chile, yace encima de la mesa envuelto en un mantel, con las piernas atadas con una cuerda enganchada al molinillo de café, que sustituye en la orgía descrita la lámpara de techo). El premio Femina ha sido adiudicado este año a una novela cuyo protagonista frotaba el suelo con crema de trufa y luego lo lamía, habiéndose revolcado previamente en spaghetti. Cambió también el ideal de la belleza: ahora hay que ser un gordinflón de ciento treinta kilos de peso, ya que así se demuestra una capacidad extraordinaria del sistema digestivo. También la moda ya no es la de antes: no hay manera de distinguir a la mujer del hombre por lo que lleva encima. En los parlamentos de los estados más evolucionados se está debatiendo la cuestión de la posibilidad de iniciar a los niños en edad escolar en los secretos de los procesos digestivos. Hasta ahora, el tema, por indecente, constituye un tabú hermético.

Finalmente, las ciencias biológicas tomaron por objetivo de su desarrollo la liquidación del sexo, un órgano prehistórico superfluo. Los embriones serían concebidos sintéticamente y criados conforme a los programas de la ingeniería genética, obteniéndose por este sistema unos individuos asexuados, lo que acabaría de una vez por todas con aquellos recuerdos espantosos de los cuales no puede librarse la memoria de los que han vivido la catástrofe del sexo. En unos laboratorios llenos de luz, verdaderos templos del progreso, nacerá el magnífico hermafrodita, mejor dicho, el ser sin sexo, y la humanidad, lavada de su infamia anterior, podrá hartarse de toda clase de frutos, prohibidos únicamente por la gastronomía.

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El animal moribundo (Philip Roth)

‘El animal moribundo’ pone punto y aparte, en forma de novela corta, a los voluminosos tratados de Roth sobre el alma americana. Aunque aquí también hay sexo, una vuelta de tuerca presentada en la relación entre la joven y el anciano. Y también hay retrato generacional, el de los hombres y mujeres de los 70 que decidieron romper con los convencionalismos, lo que lleva, en el caso de David Kepesh, el protagonista, a abandonar a su mujer y a su hijo Kenny. Su conciencia quedará marcada por este hecho, tambaleándole entre el abandono a la carne y los remordimientos por haber abandonado a Kenny, convertido, 40 años después, en el hombre que David detestaría ser.
Aquí también hay mucho del propio Roth, como en sus obras anteriores y las confesiones íntimas se entremezclan con la reflexión filosófica o habría que decir «contrarreflexión»: «¿La gente cree que al enamorarse se completa? ¿La unión platónica de las almas? Yo no lo creo así. Creo que estás completo antes de empezar. Y el amor te fractura.»

¿Quién? Philip Roth es uno de los nombres que todos los años se barajan en las quinielas al Premio Nobel de Literatura. Nacido en Nueva Jersey hace 69 años, su obra ha denunciado desde el principio las contradicciones y la monstruosidad de la sociedad norteamericana desde la cínica mirada de un judío. Especialmente significativa resulta la trilogía compuesta por ’Pastoral Americana’ (Premio Pulitzer 1998), ‘Me casé con un comunista’, y ‘La mancha humana’. (Premio PEN/ Faulkner)

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El miedo de Montalbano (Andrea Camilleri)

A Andrea Camilleri se le dan muy bien las distancias cortas. Este siciliano se convirtió en 1998 en uno de los escritores más populares de Italia al publicar ‘Un mes con Montalbano’, una recopilación de 30 relatos. Y también domina las distancias largas, como bien saben los que han leído alguna de las siete novelas protagonizadas por el comisario Montalbano, o de sus narraciones históricas. En su último libro, ‘El miedo de Montalbano’ (Salamadra), podemos disfrutar de tres relatos largos y de otros tantos relatos cortos.

  • Empecemos por los cortos. En ‘Día de fiebre’ aparece con un vagabundo que no podría resistir que una vieja historia volviera a aflorar a la superficie. Además, Montalbano padece un acceso de gripe. El comisario, por cierto, se asemeja más a Maigret que a Carvalho, a pesar del homenaje de Camilleri a Vázquez Montalbán. Al parecer, llamó así al personaje por la novela ‘El pianista’, que no está protagonizada por el detective. En ‘Un sombrero lleno de lluvia’, Montalbano se encuentra en Roma con un antiguo amigo y con una inesperada jugada del destino.Y en ‘El miedo de Montalbano’ nos encontramos con Livia, la novia del comisario, y con el miedo a hundirse en los abismos del alma humana. En la nota final, Camilleri explica: «Los relatos cortos no pueden ser calificados como policiacos en sentido estricto; son más bien la historia de tres encuentros ocasionales y extraordinarios del comisario Montalbano».Los largos, en cambio son tres novelas cortas magníficas, repletas de muchos de los elementos tradicionales del género policiaco. En ellas, además, cobran tanta importancia como el caso en sí, como las muertes o los enigmas a los que se enfrenta Montalbano, las relaciones que éste mantiene con sus colegas y con las gentes que se cruzan en su camino. ‘Herido de muerte’ comienza cuando asesinan a un prestamista. ‘El cuarto secreto’, cuando Montalbano recibe un anónimo. ‘Mejor la oscuridad’, cuando un sacerdote le pide que escuche las últimas palabras de una anciana agonizante. 
  • Quién: Andrea Camilleri nació en 1925 en Porto Empedocle, provincia de Agrigento, Sicilia, y actualmente vive en Roma, donde imparte clases en la Academia de Arte Dramático. Durante 40 años fue guionista y director de teatro y televisión. En 1994 crea el personaje de Salvo Montalbano, el entrañable comisario siciliano protagonista de una serie que en la actualidad consta de siete novelas: ‘La forma del agua’, ‘El perro de terracota’, ‘El ladrón de meriendas’, ‘La voz del violín’, ‘La excursión a Tindari’, ‘El olor de la noche’ y ‘Un giro decisivo’.Cuatro años más tarde, una recopilación de 30 relatos titulada ‘Un mes con Montalbano’ se encarama al primer puesto en la lista de más vendidos y consagra a Camilleri como el escritor más popular de Italia. En 1999, repite su fenomenal éxito con dos libros más, ‘La Nochevieja de Montalbano’ y ‘El movimiento del caballo’, que llegan a ocupar el primer puesto en las principales listas de éxitos italianas. Hoy por hoy, Andrea Camilleri es uno de los autores más leídos de Europa.Además de los libros policiacos, Camilleri ha publicado ensayos sobre el espectáculo, crónicas sobre hechos históricos y novelas otras ambientadas en la Sicilia de finales del siglo XIX, como ‘La concesión del teléfono’, ‘La desaparición de Pato’, ‘La ópera de Vigàta’, ‘Un hilo de humo’ y ‘La temporada de caza’. Estas últimas se basan en hechos reales y presentan, a través de una sucesión de acontecimientos llenos de humor y comicidad, la realidad siciliana, que en sus rasgos esenciales es la misma hoy que hace 100 años. http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/12/02/libro_dia/1102001423.html
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    El método Coué (Javier Menéndez Llamazares)

    El método Coué

    de Javier Menéndez Llamazares

    El método Coué [pronúnciese «cué» ] es una novela que, en palabras de Antonio Colinas, bebe de las fuentes clásicas, por estilo y concepción, pero además es un libro de su tiempo, como demuestra el hecho –hoy día aún insólito– de ser una novela que surgió de internet. Descubierta por el editor Max Lacruz a través del blog del autor, el libro recrea una historia real, la aventura de Manuel Llamazares –un antepasado del escritor– durante la Segunda Guerra Mundial. Y Editorial Funambulista apuesta por esta novela y decide producir un book-trailer promocional, dirigido por el cineasta José Luis Santos, que también se difunde a través de la red. Está disponible en la web www.elmetodocoue.com, donde puede encontrarse más información sobre la novela y espacios especialmente ideados para la participación del público, como un novedoso sistema de videoreseñas, en el que cualquier lector puede grabar y añadir un video con sus propias opiniones.

     

    Visite la página web de la novela
     

    Argumento

    A principios del siglo XX, el psicólogo francés Émile Coué ideó una peculiar terapia, capaz de materializar el poder de la mente. El paciente ha de repetirse cada mañana: «Hoy me siento mejor, me encuentro mucho mejor…». A través de ese curioso método –que da título a la novela– aseguraba que era posible la curación de enfermedades, incluso graves. El empecinamiento a la hora de modelar la realidad será una constante en la singular peripecia del protagonista de esta historia, inspirada en hechos reales. El joven Manuel Llamazares, piloto de la Escuadrilla Azul –unidad aérea española que combatió junto a los alemanes en la II Guerra Mundial– deja atrás en 1941 una España rota y sumida en la posguerra, para vivir el apogeo de la alemania nazi, primero como aviador en el Frente de Moscú y posteriormente como personal diplomático en la embajada española en Berlín. Allí descubrirá el mundo de los corresponsales extranjeros (a medio camino entre la literatura y el espionaje) y conocerá a una bella alemana, Claudia Stolz, secretaria en el Ministerio de Propaganda, de la que acabará enamorándose. Pero este paseo por el amor y la muerte le conducirá hasta la Prinz-Albrechtstraße, sede de la temible Gestapo…

    Vea el trailer del libro dirigido por el cineasta José Luis Santos

     

    El autor

    Javier Menéndez Llamazares nació en León en 1973 y estudió en las Universidades de León, Colonia y Cantabria. Es titulado en Biblioteconomía, Lingüística y Tecnologías de la Información.

    En los años noventa inició una prometedora carrera, con algunos premios literarios y pequeñas publicaciones de difusión local y regional, pero abandonó la escritura para trabajar como documentalista en Colonia (alemania), como periodista en La Bañeza (León) y posteriormente como editor en Santander, donde reside desde 2004. Actualmente es columnista del diario Alerta, y en internet mantiene el blog Cómo ser nadie.

    Tras más de diez años de silencio narrativo, con El método Coué, su primera novela, reinventa una antigua historia familiar, la aventura de un legendario tío abuelo al que no llegó a conocer.

    El trailer de la novela está disponible en www.elmetodocoue.com y en youtube.com 
    El método Coué
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    Youtube
    Book-trailer
     
    Visite también la web de Editorial Funambulista, el blog del autor y la página en facebook.

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