La cosecha de hielo (Scott Phillips)

Charlie Arglist dedica la noche de navidad a despedirse de la gente que conoce antes de salir huyendo de la ciudad.

Típica y tópica historia de esas que transcurren en una noche y pretenden mostrar la vida y circunstancias de un personaje en una situación límite, en este caso con escasa fortuna.

El protagonista se pasa las (por suerte) pocas páginas de la novela yendo de un bar a otro, tratando con personajes tan fracasados como él, reiterando una y otra vez el mismo “mensaje” de: “qué fracasado soy y que oportunidad me merezco pero seguramente no voy a tener sólo porque tengo muy mala suerte, no porque no haga lo más mínimo por cambiar las cosas”.

Así Charlie se encuentra con su igualmente hundido ex cuñado Vic, un cara dura perpetuamente borracho con el que visita un par de antros y a la que fuera familia de ambos, en plena cena navideña, sin importarles disgustar a los hijos porque se autocompadecen demasiado para pensar en los demás.

Después de varios capítulos de dar vueltas sin mucho sentido por la ciudad, la novela se lanza a una muy vista y poco convincente trama de novela negra en que nadie es lo que parece y todo el mundo es capaz de lo que haga falta para sobrevivir y hacerse con el dinerito que hay por ahí.

Naturalmente, esto incluye algunas prostitutas, una mujer fatal, mafiosillos de tercera y el mencionado botín.

La historia comienza donde se le ocurre al autor, por lo que tarda unas cuantas páginas (¿capítulos?) en aclarar el motivo de la urgencia por largarse del protagonista, que no puede ser más anodino.

Para entusiastas de “El padrino”, no se evita la alusión a los personajes de la película/novela: “Tom Hagen (interpretado por Robert Duvall) y yo le hemos hecho a un tipo una oferta que no podía rechazar, por eso hemos llegado tan tarde”, en una especie de homenaje a los personajes de Mario Puzo que quizá pretende (sin éxito) compararse con ellos.

Quizá lo “mejor” está en un final poco habitual, irónico y coherente con lo sucedido hasta entonces.

Hace unas semanas se estrenó la película basada en esta novela, dirigida por Harold Ramis y protagonizada por John Cusack, Billy Bob Thornton, Connie Nielsen y Oliver Platt.

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Nicho de Reyes (Tobías Grumm (David Mateo) )

Terribles incursiones de seres negros y crueles, los orcos, perturban la paz del reino de Abisinia. Acuciado por las noticias de matanzas, crímenes y violaciones en masa, el Rey se decide a intervenir y reune un ejército de nobles de la región. Entre tanto, su propia familia es refugio de pasiones e intrigas. Su hijo menor, Elvor, un chico siniestro con afición a la magia, se somete a extraños rituales, al tiempo que escucha voces que lo aleccionan; su hermana, Ikra, que siente una gran atracción sexual por él (al parecer mutua) se siente desconcertada por su comportamiento huraño y tenebroso; y Galendor, el hermano mayor, llamado a ser el futuro rey, desea ponerse a prueba en la batalla junto a su padre. Temerosa de las intenciones de Elvor, Ikra encomienda al noble Sir Yavin que proteja a Galendor… El ejército parte hacia el bosque de Twentie donde tendrá lugar el enfrentamiento con las criaturas diabólicas…
Confieso que empecé a leer este libro con todas la prevenciones posibles, a pesar de la curiosidad que me despertaba el hecho de que un autor español se atreviera con un género dominado por autores anglosajones. No me gusta mucho la fantasía heroica (dejando aparte \»El señor de los Anillos\»); para colmo, ya había leído en la web del autor el prólogo y uno de los capítulos, de una farragosidad increíble, que me hicieron temer lo peor. Sin embargo, al final no me ha disgustado demasiado.

Es quizás ese terrible prólogo lo peor de la novela, capaz de echar para atrás al más valiente. El autor, que ha creado una historia completa y detallada para su mundo imaginario, nos la cuenta toda de golpe, de forma apelotonada, con gran acumulación de nombres, hechos y situaciones, imposible de asimilar, de tal forma que la única manera de leer esa parte es \»en diagonal\» o mejor, no leerla, pues no aporta, que yo haya visto, nada a la historia (de hecho, yo no la he leido esta vez; la salté directamente). Otro detalle que desagrada, sobre todo en ese prólogo, es la heterogenidad de los nombres, que a veces parecen tomados de otras obras del género (y las situaciones también, es como una mezcolanza de Dragonlance, Tolkien y otros), y otras veces deformaciones humorísticas un tanto fuera de lugar. De todas formas, esto no tiene mucha importancia, porque, como digo, no hace falta leerse esa parte para entender el libro.

Pasado ese primer escollo, Grumm nos presenta la localización y a sus personajes, quizás con un exceso de verborrea que hace muy pesado ese inicio. El autor describe mucho y con minuciosidad, llegando incluso a contar el número de pulseras que lleva cierto personaje y mil detalles no muy necesarios para la comprensión. En las descripciones de lugares, tres cuartos de lo mismo.
Creo que es precisamente en este detalle donde se nota que el autor es primerizo: en lugar de hacer elipsis y cortar, cuenta y cuenta sin mesura, intercala historias, y lo peor, explicaciones innecesarias acerca de los personajes y de sus motivos, que el lector debería ir viendo a través de sus actos. Por otra parte, las escenas se alargan en exceso, y llegan a ser repetitivos algunos diálogos. Los capítulos, huelga decirlo, son eternos, lo cual hace que sea difícil abarcarlos en una sesión de lectura. También se cargan mucho las tintas sobre ciertos aspectos y ciertas escenas, en especial sobre el carácter \»siniestro\» de Elvor, y su relación con la hermana, de una tensión sexual demasiado elevada, pero que no explota, inexplicablemente, pese a que ambos personajes son descritos como carentes de escrúpulos de esa índole. La adjetivación, a veces muy excesiva, contribuye al efecto de exageración: \»Muchos de los allí presentes ahogaron lastimeros sollozos. Las imágenes que se presentaban ante sus ojos eran desgarradoras. Los salvajes acorralaban a las tropas del rey y caían sobre ellas violentamente. Los soldados eran masacrados vilmente por unas criaturas de aspecto monstruoso\»

Sin embargo, la historia es interesante y está contada con pasión (aunque se notan las influencias de otros libros, e incluso de películas, como la saga de Star Wars, con la que tiene marcadas similitudes en lo que toca a la conversión de Elvor al \»lado oscuro\»). Se nota que el autor cree en su obra, y en su mundo y lo describe con emoción y sentimiento. Suple los pequeños fallos técnicos con ese aliento propio de los autores que se abren camino. Quieres saber qué pasa con los personajes, se te hacen bastante visibles dentro de su estereotipo, sobre todo Ikra y Elvor (Galendor está menos construido, pese a tomar más protagonismo al final; de sir Yavin, que se intuye tendrá un gran protagonismo en el resto de la saga, se sabe mucho de su vida, pero poco de su psicología). Además, consigue que el lector se involucre en la trama, yo creo que porque se detiene bastante en narrar la parte de las relaciones humanas, algo que suele descuidarse en este tipo de novelas, más centradas en la fantasía propiamente dicha. También mete sueños y visiones quizás con una intención de \»flashforward\», para anticipar de forma velada hechos que sucederán más adelante (Ikra sueña con una mujer que abandona dos bultos, dos bebés se intuye, etc, etc… y eso da por pensar que quizás sea ella y dos posibles hijos; no nos olvidemos que echó un polvete con el sir Yavin…; sea como sea, eso abre expectativas para la segunda parte)

En cuanto al ritmo, es un poco lento, debido a la acumulación de descripciones ya mencionada. Yo diría que sobre la mitad de la novela hay otro escollo importante en ese aspecto, que es la batalla, un episodio clave en la trama y el cual produce un giro argumental que aunque previsible, no deja de ser astuto. Y digo que es escollo porque para contarla se tira páginas y páginas. Eso hace que la posible fuerza de ese punto argumental se diluya un poco hasta que llega la \»revelación\», donde de nuevo remonta el interés.

Si el libro tuviera la mitad de páginas sería una más que digna novela de aventuras heroicas. Incluso tal y como está, si se leen un poco por encima, ejem, las parrafadas que no aportan nada, está bastante presentable y yo diría que es mejor que la pesadísima saga de \»Añoranzas y Pesares\», que tuve que dejar en el tomo cuatro o cinco, y mucho mejor que la Dragonlance, aunque la obra de Weis y Hickman es mucho más ligerita y más ágil en cuanto a forma de escritura (también, por qué no decirlo, más \»pobre\» en su calidad). De todas formas veo muchas palabras y páginas para un argumento escueto ( y algo tópico) que seguramente se desarrollará en siguientes tomos, pues deja el final muy abierto.

Un punto aparte es la edición, que es muy cuidada en su parte visual y muy poco en cuanto a corrección de textos. Se descubren cantidad de faltas de ortografía como \»rallo\» (rayo), \»vanal\» (banal), \»vasto\» (basto), \»bello\» (vello), \»pié\» (pie, ésta varias veces) y el uso de algunas palabras que parecen un poco fuera de contexto en un mundo así: masificación, paranormal, etc… E incluso frases mal construidas sintácticamente (\»De las paredes, forradas con murales de madera de roble, colgaban extraños aparatos que Galen era incapaz de comprender su uso o su procedencia, aún así un experto marino reconocería de inmediato instrumentos tan sofisticados como los astrolabios, sextantes…\»). Vamos, que no se han matado nada los de la editorial revisando.

Me ha hecho gracia el sistema de acceso a la Orden de caballeros de Luján, que explica sir Yavin, y que consiste en la superación de pruebas que parecen una oposición (incluso tienen un examen con preguntas, aunque no explica si es tipo test…) Suena bastante \»moderno\», aunque no carece de gracia.

En resumen, gustará a los fans de la fantasía heroica, pues no desmerece, e incluso está por encima, de otras del mismo género de autores anglosajones.

Quizás lo que da más miedo es pensar que solo es el primer tomo de una serie de ¡DOS TETRALOGÍAS! Y supongo que de 600 pp. para arriba cada tomo… De todas formas ¡ánimo para los autores españoles!

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La interpretación del asesinato (Jed Rubenfeld)

La novela policíaca clásica, tal y como la conocemos a través de las obras de Conan Doyle y autores posteriores, siempre ha gozado de una extraordinaria salud pese a haber quedado al margen de las principales corrientes literarias. A lo largo del siglo XX y, en especial a partir de la Segunda Guerra Mundial, los detectives han comenzado a parecerse sospechosamente a los criminales a quienes persiguen. La frontera entre Ley y delito se desdibuja. Los criminales se valen de argucias legales, la policía obtiene sus pruebas de manera ilegal o, por lo menos, poco ortodoxa. Este panorama, sin duda más real, no es el buscado por Jed Rubenfeld para plantear y desarrollar La interpretación del asesinato.
Esta novela cumple a la perfección con el guión establecido. Un crimen (en realidad varios) de los que sólo pueden ser descubiertas e interpretadas las claves explicativas gracias a una mezcla de inteligencia, suerte y observación minuciosa. Al igual que Sherlock Holmes es capaz de distinguir entre decenas de marcas de tabaco sólo con observar su ceniza, el detective Littlemore es un experto en arcillas. Como ocurre con las obras de Doyle en las que lo que primero se idea es el crimen y luego se construye el relato “hacia atrás” para lograr esos increíbles giros que siempre sorprenden al lector, *** siembra el libro de pistas falsas, muestra escenas que llevan a engaño y oculta otras que pudieran resultar vitales para que el lector se anticipe a l desenlace.

Como en estas grandes obras, el desenlace es rápido, en pocas páginas todas las piezas encajan (en un sentido muy diferente al que se preveía) y la explicación final en la que los investigadores desgranan sus hallazgos resulta algo difícil de seguir, el lector queda con la duda de si esta explicación es sólo una de las muchas que pueden dar coherencia a toda la trama.

Pero en otros aspectos, La interpretación del asesinato también introduce pequeños matices y alteraciones en el canon clásico. La historia se desarrolla en el Nueva York del año 1909, una época caracterizada por la construcción de muchos de los edificios que hoy se pueden admirar en Manhattan, incluyendo su famoso puente, por las grandes fiestas en las que se presentaba en sociedad a las debutantes abriendo así la veda para su futuro matrimonio pero también por una brutal corrupción policial o por huelgas de trabajadores empleados en fábricas ubicadas en pleno corazón de la ciudad. Esta compleja urbe, con sus divisiones de clase marcadas a fuego, es el extraordinario mapa sobre el que se desplazan personajes que cruzan de continuo las barreras que separan un mundo de otro.

Y a ese nuevo mundo en el que el dinero y la ambición marcan la pauta del éxito, arriba un trío de representantes de la vieja Europa de unos valores algo alejados en los que el mérito se acredita por la herencia y la moralidad. Pero estos personajes, y en especial uno de ellos, Sigmund Freud, con sus modernas teorías sobre el complejo de Edipo y sobre la represión sexual pugna por superar ese esquema y cree que sus tesis encontrarán en Estados Unidos un campo propicio. Con un afán de proselitismo acude a la invitación de la Universidad de Clark para recibir honores académico acompañado de dos brillantes discípulos, Ferency y Carl Jung (quien ha sido nombrado sucesor del maestro). En el muelle son recibidos por dos jóvenes psicólogos americanos que han aceptado las teorías del psicoanálisis y que actuarán como cicerones de los europeos durante su estancia en los Estados Unidos.

Entre tanto, en un edificio de lujo se comete un terrible asesinato con connotaciones sexuales para cuyo esclarecimiento el alcalde de la ciudad pone al frente al responsable de las investigaciones criminales ayudado por un joven detective de quien se sospecha su incapacidad. Otro crimen, esta vez frustrado, de las mismas características, permite que el alcalde conceda que el joven psicólogo Younger (uno de los anfitriones de Freíd) psicoanalice a la joven víctima bajo la supervisión del maestro.

Por dos vías paralelas discurre la investigación, de una parte Littlemore parece enredarse en una trama china que no le lleva a ninguna parte, de otra, Younger lucha por superar sus propias dudas sobre el psicoanálisis y todas sus implicaciones al tiempo que descubre sentimientos hacia su paciente que le complican aún más su labor terapéutica e investigadora. Finalmente, ambos concurrirán en la dirección correcta para aclarar los sorprendentes hechos que explican estos crímenes (y alguno más que se va desvelando según avanza la lectura).

Hay suficientes elementos para hacer de este libro algo más que lo que su simple argumento sugiere. La visita de Freud a los Estados Unidos no dio los frutos esperados y Freíd siempre guardó un mal recuerdo de la misma sin que pueda conocerse el exacto motivo del mismo. Rubenfeld propone su propia teoría. Asimismo, la presencia de Jung (quien realmente acompaño a Freud en este viaje) sirve para escenificar la ruptura entre ambos (que realmente tendría lugar tiempo después), Esta lucha, centrada en parte en el rechazo por Jung del complejo de Edipo dejando así en segundo plano las teorías sobre la sexualidad que aquel lleva implícitas, sirve al autor para explicar superficialmente los fundamentos del psicoanálisis (de hecho, el personaje de la joven psicoanalizada por Younger ha sido construido tomando como ejemplo el caso clínico más famoso de Freud, Dora).

Las luchas y resistencias que estas nuevas teorías tuvieron que superar en una sociedad pudorosa y remilgada, donde el sexo era un tema tabú son descritas de una manera incidental pero muy elocuente. También se explica cómo el psicoanálisis se adapta perfectamente a la mentalidad americana pese a su evidente puritanismo.

En su esfuerzo por conocer el discurrir de la mente de Nora Acton, Younger deberá superar ciertas reticencias hacia el psicoanálisis, pero también deberá enfrentarse a sus propios miedos y a los fantasmas de su pasado (el suicidio de su padre). Su discurrir le permite una interpretación del Hamlet de Shakespeare alternativa a la comúnmente aceptada y a la expuesta por Freud (precisamente la interpretación de éste fue el desencadenante de su interés por la psicología). No se trata de la alternativa entre el ser o no ser, el actuar o el morir. Más sutilmente, comprende Younger que para Hamlet, quien actúa lo que hace es representar, mentir por tanto. Sólo quien no actúa, no interpreta y, por tanto, no falsea la realidad. Inevitablemente este descubrimiento le ayudará a enfocar de un modo alternativo el crimen investigado.

Los personajes de La interpretación del asesinato son complejos, no tanto por su riqueza de registros sino por sus elucubraciones. Sus pensamientos cambian su modo de actuar, su forma de enfrentarse a los problemas. Sin embargo, Younger y Littlemore son esencialmente honrados y bienintencionados. Por el contrario, los sospechosos de los crímenes (culpables o no), se nos presentan sin demasiados matices, sólo sus retorcidas mentes les hacen algo más reales al descubrir pasiones tan primarias como el amor, los celos, el dinero o el poder.

Pequeños capítulos (pensados quizá para servir de esquema al guión de una futura película) que alternan las diferentes ramificaciones de la trama de manera que la lectura se convierte en un placer en el que el momento de tomar un respiro se torna de difícil elección. Trasfondo histórico bien documentado y con un componente “culto” al introducir la figura de Freud atraerán la atención de lectores con un nivel de exigencia elevado sin asustar necesariamente a los que gusten de lecturas más simples. La interpretación del asesinato es, en definitiva, un ejemplo de que se puede realizar literatura de calidad conforme a un esquema sencillo y una buena historia.

 

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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El caso Karen (José Ángel Mañas)

La escritora Karen del Corral, con una sola novela publicada, se ha convertido en superfamosa. Sale en todos los debates de TV, vive inmersa en fiestas con mucha droga, tiene una vida sexual promiscua y se porta de un modo totalmente engreído. Vamos, que se le ha subido la fama a la cabeza y se cree la octava maravilla a pesar de las críticas negativas. A punto de salir su segunda novela, "El mundo de K", y después de una fiesta en su casa, la escritora aparece muerta en la calle. Dado que también sufría ciertos desequilibrios mentales (tomaba prozac, ejem, entre otras cosas…) lo primero en que se piensa es en el suicidio. Pero un testigo vio salir de su casa a un joven teñido de rubio… Así que las cosas no están tan claras. Los policías Duarte y Pacheco harán investigaciones en el círculo de la difunta. Sospechosos no faltan: Velasco, su ex novio, un director de cine gore; Pilar, una rival literaria; Ferrater, un editor con el que estuvo liada; la mujer de éste; Constantino, un profesor universitario que escribe una tesis sobre ella…

Lo que más destaca de esta novela es que se trata de una historia de género negro (una muerte y su investigación) contada con técnicas narrativas novedosas. No novedosas porque no se hayan visto nunca, sino porque no suelen verse en relatos policiales.

Tales técnicas, que incluyen transcripción de las novelas de la difunta Karen del Corral, un personaje hablando en segunda persona; multiperspectivismo, continuos cambios de enfoque, fragmentos de crítica literaria, etc… a menudo confunden más que ayudan a armar el rompecabezas. Sí, el alarde es loable, pero no es fácil de seguir, y como digo, te pierdes; y muchas veces te preguntas ¿y esto a cuento de qué viene?

Por ejemplo, hay varias escenas, que se muestran intercaladas con las otras en las que se ve a uno de los policías con sus relaciones homosexuales; o escenas que parecen de película de gángsters, con torturas, tráfico de drogas, trapicheos, y cosas de esas del narcotráfico de Galicia. Los trozos de la novela de Karen (que no se explica con claridad que lo sean, aunque te lo imaginas, claro) se revelan muy pronto como autobiográficos, aunque la verdad, tampoco es que tengan mucho sentido en la trama (sí como estructura, ya que el libro de Mañas también es "transcripción" de una realidad encubierta bajo nombres falsos, lo cual crea un curioso juego metaliterario)

"Había una relación demasiado directa entre su vida y su literatura sin que quedase demasiado claro cuál de las dos influía más en la otra. Todo lo que vivía afloraba en sus novelas, pero también su pasión por la ficción la llevaba a menudo a interpretar a sus propios personajes."

También hay una cierta ironía o burla desacarada acerca de la crítica literaria, que es la única misión que tiene la transcripción de la tesis del profesor universitario, a mi modo de ver…

Como una buena parte de las novelas de género negro, la investigacion sobre la muerte es la excusa para la descripción de unos tipos o arquetipos enmarcados en un mundo cerrado, en este caso el literario. Mañas lo confiesa en la novela, en boca de otros personajes:

"Tu relato, para que el público lo pueda entender, es, y corrígeme si me equivoco, una sátira del mundo editorial, sólo que en clave de novela negra y con algo del género fantástico, pero que retrata a la perfección y con una lucidez admirable los entresijos de lo que se cuece anualmente en los pasillos de Frankfurt, en esa "feria de las vanidades", como la llamas…"

"Yo entiendo que el argumento y las triquiñuelas narrativas son las argucias, casi diría la máscara, que un escritor utiliza para exponer sus opiniones sobre ese fascinante enigma que es la naturaleza humana…"

Tampoco se priva de ofrecer la visión contraria:

"El argumento a ti no te importa, pero al lector seguramente sí"

El autor hace continuas referencias a escritores reales (Armando Sala ¿Gala?), editores, agentes literarias (Carina Martinell, la agente más poderosa ¿Carmen Balcells?), personajes de la TV, críticos, que la mayor parte de las veces, excepto para los que estén muy metidos en ese mundo, se pierden. La misma protagonista, Karen, tiene una cierta similitud con la mediática Lucía Etxebarría, similitud que el autor no niega.

Si el mundillo literario es tal y como Mañas lo pinta, la verdad es como para echarse a correr. Drogas, fiestas, autores fatuos y super-creídos, pedantes "creadores" alternativos, juergas, gente a la que se le sube el éxito a la cabeza y empieza a crearse "personajes"; autores inventados por el marketing y cuya calidad literaria es más que cuestionable.

A este respecto, todos los personajes que aparecen me han caído fatal, aunque personalidad (si es que a su comportamiento se le puede llamar así) solo se atisba un poco en Karen, y precisamente porque es tan calcada a Lucía Etxebarría (en lo que se conoce o conoció de ella en la TV) que no puedes evitar "verla" en acción.

La resolución del misterio no destaca por su originalidad y se ve venir, aunque supongo que eso no era lo importante.

Ambiciosa, y con algunos ciertos, loable intento de darle un aire nuevo a una historia vieja, se queda sin embargo, en un conjunto no muy bien trabajo, confuso en ocasiones, y cuyo mayor interés es el morbo de ir reconociendo a los diferentes personajes que se citan bajo nombre supuesto (¿Quién será ese autor argentino llamado Washintong Tostón? jeje)

Interesante para quien quiera leer una novela negra "diferente", con pretensiones de "mainstream", y para gente con vocación de escritor o integrada ya en el mundillo.

 

Bibliografía:

Historias del Kronen (finalista del Premio Nadal 1994)
Mensaka
Soy un escritor frustrado
Ciudad rayada
Sonko 95
Mundo burbuja
El caso Karen

http://reginairae.blogcindario.com/2005/12/00249-el-caso-karen-de-jose-angel-manas.html

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Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams)

Toca un libro curioso. Y es que, originariamente, este libro fue en realidad una novela radiofónica. Fue tras el éxito de la radionovela que el autor decidió pasarla a libro convencional. Por lo visto, existen también series televisivas y teatrales en las que ha colaborado el autor, un juego de ordenador, cómics y una toalla de baño.

La edición que tengo entre mis manos es un regalo y venía con lector por un periodo de tres días. Es la “Edición Definitiva” de la editorial Anagrama. ¿Y por qué definitiva? Et bien, porque además del texto de la Guía, incluye un epílogo de Robbie Stamp, uno de los productores ejecutivos de la película; una serie de entrevistas que este mismo autor ha hecho a los actores, así como la primera hoja de rodaje, del día 19 de abril de 2004 (para cinéfilos o maníacos) y una magnífica autoentrevista con Karey Kirkpatrick, guionista de la película.

¿Qué es la Guía del autoestopista galáctico? Pues bien:

  • "No se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrícola lo vio ni oyó hablar de él"
  • Probablemente, se trate del libro más notable que jamás publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales tampoco ha oído hablar terrícola alguno."
  • Y además, en muchas civilizaciones, esta Guía ya ha sustituido a la gran Enciclopedia Galáctica como "la fuente de todo el conocimiento y la sabiduría", por dos razones: a) es un poco más barata y b)porque ostenta la simpática leyenda: NO SE ASUSTE. (Y aquí es cuando todos los lectores aspiran hacia dentro y dicen: OH!).

    Y ya aquí empieza la parodia, pues la Enciclopedia Galáctica es una creación de Isaac Asimov que aparece en su "Trilogía de la Fundación". ¿Quieren aún más parodia? Pues bien, la Guía del autoestopista galáctico pertenece a una "trilogía en cinco partes". Douglas Adams no pudo evitar añadir los libros 4 y 5, de ahí su nombre.

    Yo no sé mucho de Ciencia Ficción. La verdad es que nunca me han llamado la atención los planetas imaginarios, los monstruos de múltiples cabezas, las princesas peinas al ilicitano modo, las espadas láser o las transgresiones temporales que no se puedan hacer en un DeLorean. Así pues, tampoco puedo decir hasta qué punto es paródica la Guía del Autoestopista Galáctico. Pero no deja descanso a la mandíbula. Lo que me ha encantado de este libro (aparte de que me lo leyeran en voz alta en el Parque de San Francisco) es que, más que una parodia de la desbordante imaginación de los autores de ciencia ficción, parece una parodia del propio género humano.

    Adams utiliza todo tipo de monstruos y galaxias para reírse de los humanos. El método es sencillo, pero desternillante: ¿qué hay que hacer para reírse de algo? Apreciarlo con suficiente distancia, deshacerse de las categorías, romper las etiquetas, atreverse a mirar las cosas por primera vez. Adams no deja títere ni terrícola con cabeza: se ríe de la burocracia:

    ”- Pero los planos estaban a la vista…
    – ¿A la vista? Si incluso tuve que bajar al sótano para verlos.
    – Ahí está el departamento de exposición pública.
    – Con una linterna.”

    Se ríe de las máquinas ultraperfectas que somos capaces de construir mediante dos personajes metálicamente entrañables: Eddie, un ordenador de pareado perfecto: tan inteligente como insolente; y Marvin, un robot deprimidísimo que deprime a quien lo tenga al lado. Se ríe de la política y de las parafernalias de los gobiernos:

    ”Sólo seis personas en toda la Galaxia sabían que la función del Presidente galáctico no consistía en ejercer el poder, sino en desviar la atención de él.”

    Se ríe de todo y de todos a la vez; de la onomastia alucinante de los libros de Ciencia Ficción utilizando nombres como Prostetnic Vogon Jeltz, (monstruo monstruoso capaz de hacer monstruosa poesía pero dispuesto a escuchar críticas metafísicas acerca de ella), la Voraz Bestia Bugblatter de Traal, o Slartibartfast; de los mundos posibles mediante la creación de un planeta cuya principal fuente de ingresos es precisamente, la construcción de planetas; se ríe de los humanos haciendo que los ratones se rían de ellos; se ríe consigo mismo utilizando absurdos y lógicas ilógicas, así por ejemplo , se dice de un anciano solitario que “declaró repetidas veces que nada era verdad, aunque más tarde se averiguó que mentía”. También se ríe de los delirios enrevesados de la Biblia y de las exégesis grotescas que todo hijo de vecino está dispuesto a acometer antes o después. De hecho, aporta un argumento para demostrar la no existencia de Dios que haría reventar de risa a San Anselmo: “Me niego a demostrar que existo”, dice Dios, “porque la demostración anula la fe y sin fe no soy nada”.

    Por eso me gusta, porque utiliza el mundo de la ciencia ficción para reírse un poquito de ella. Y también para reírse sanamente de nosotros mismos. Además, gracias al distanciamiento que surge de contemplarnos a nosotros mismos a través de los ojos (acuosos, verdosos, sanguinolentos, sopocientos, digitales…) de los monstruos de la galaxia, Adams ilumina las regiones más asumidas del comportamiento humano, esas que nunca se someten a crítica, de tan interiorizadas como las tenemos. De hecho, creo que todas las citas que hasta ahora he utilizado no tienen por qué atribuirse única y exclusivamente a un libro de ciencia ficción…

    ¿La trama? La trama es bien sencilla. La tierra es destruida y Arthur Dent, un humano humanísimo, con preocupaciones humanísimas se encuentra fuera de la esfera del humano y se ve obligado a sentir como ajeno todo lo humano (por hacerle un esguince a Terencio). Consigue salvarse gracias a Ford Prefect (sic), con el que se ve arrojado al espacio exterior. Allí, primero sufre una serie de peripecias de la mano (no recuerdo exactamente si tienen este tipo de extremidades) de los vogones, raza extraterrestre contra la que conviene precaverse. Finalmente son recogidos por la nave robada por Zaphod Beeblebrox y sus dos cabezas, que utiliza la energía de la improbabilidad para funcionar (¿qué esto es altamente improbable? Claro, pues por eso). Se dirigen a Magrathea, a buscar un tesoro (no podía faltar). No os cuento lo que sucede al final por no estropearlo; eso sí: es digno de Ingmar Bergmann…

    Un viaje definitivamente alucinante, divertidísimo, pero muy sabio; para amantes y no amantes de la Ciencia Ficción, para amantes del humor absurdo, de los juegos de palabras y de los disparates… ¿Se animan? Pues cojan la toalla… y cuidado con los hooloovoos…, que en vez de ser a whiter shade of pale son a smart shade of blue 😉

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