La deuda de Dancer, de John Lutz

La deuda de Dancer

La deuda de Dancer

Cayó esta novela policiaca en mis manos por pura casualidad, como suelen caer las buenas novelas, y también las malas, según pude comprobar más tarde…

Cuando empezamos a leer la deuda de Dancer, de John Lutz, no sabemos a quién le va peor, si al detective que recibe el encargo de investigar las deudas de un tipo al que han amenazado, o al propio tipo, que sale malparado de un par de encuentros con matones. Luego, con el tiempo, nos iremos enterando de que en el fondo se trata de una pregunta que carece de importancia, porque ni el uno ni el  otro es capaz de suscitarnos mayor interés.

La novela se basa en una idea bastante interesante, justo la que no debo contar, pero su desarrollo es un paseo dominical por todos los caminos trillados imaginables, mientras el lector va saludando, sombrero en mano, a un montón de arquetipos, situaciones y mecanismo demasiado vistos ya.

La novela encuentra su redención en algunas buenas frases que el autor va dejando caer a un lado y a otro, como si se olvidara de pronto de que está escribiendo una novela de mierda y se le escapasen toques de calidad que lo delataran como un escritor con posibilidades.

La deuda de Dancer es una historia más, otra , de un tipo borrachín y jugador que tiene una novia maravillosa y bellísima que lo adora y que hace lo imposible por ayudarle. Unamos a eso que el tal Dancer  tiene fobias que le quedaron de Vietnam, que el detective es pobre como una rata y amigo de un jefazo de la policía y verán que el autor tiene que ser muy convincente a veces para conseguir, con semejantes mimbres, que me haya acabado la novela.

Como dije, la idea central y la resolución, tienen un pasar. La conclusión es floja. La novela vale lo que cuesta si, como yo, se compra por dos euros. Si no, malamente.

La vida de los deseos (Thomas Glavinic)

La vida de los deseos, de Thomas Glavinic

Después de leer la anterior obra de este autor austriaco, Algo más oscuro que la noche , reconozco que me quedé con ganas de leer alguna otra obra suya. Por eso me apresuré a hacerme con la vida de los deseos en cuanto supe de su existencia.

La trama, en principio, sonaba bien, conociendo el gusto del autor por lo surrealista con tintes filosóficos: a un trabajador de una agencia publicitaria se le acerca un día un hombre, completamente borracho,  que en un banco público, mientras el protagonista come su apresurado almuerzo, le ofrece tres deseos.

Por supuesto, el protagonista lo manda a paseo, pero el hombre insiste, y para alejarlo le dice que sólo quiere uno: que se cumplan todos sus deseos en vez de uno. El borracho se lo concede.

Y aquí es donde viene, para mí, la primera sorpresa, porque nos e trata, como cabría esperar de que el cumplimiento de esos deseos acabe con él haciéndole la vida imposible. No, nada de eso. Os recuerdo que estamos con un autor de lengua alemana en general, y con Glavinic en particular, así que nunca a va a ser tan fácil. Nada es fácil en la literatura alemana: ni siquiera morirse tranquilamente en un sanatorio de tuberculosos es una cosa fácil, como saben los seguidores de Thomas Mann.

Sin entrar a contar lo que sucede, quiero advertir solamente que la novela tiene dos niveles: si te la lees mientras comes el bocadillo, entenderás una cosa, ligera y entretenida. Si te fijas en lo que el autor dice entre líneas, verás que en realidad la trama es mucho más complicada, más profunda, y más retorcida. Quizás un poco como esas cosas que pasan en Austria, donde un fontanero con bigote y buen vecino, tiene veinte años a su hija encerrada en un garaje, mientras se acuesta con ella ante el silencio de su esposa, que supuestamente no sabe nada.

No, no me regodeo en las desgracias de otros. Lo creáis o no, es un ejemplo muy bien traído para lo que pasa en esta novela con l0s deseos, su vida, su existencia propia, y lo que nos atrevemos a averiguar de ellos.

La vida del protagonista no es ni buena ni mala. Le pasan cosas a cierta distancia, como las que le suceden a cualquiera, pero de pronto los hechos se acercan, se aproximan a él, sin dejarlo ya al margen.

Totalmente recomendable.