EL DON APACIBLE (Mijail Sholojov)

Puede que calificar esta novela como bélica sea un exceso, pero la guerra es algo que está presente a lo largo de toda la novela y que marca el desarrollo del drama.

Estamos ante la novela que hizo aparecer la etiqueta de "novelas río", para otras que, como ella, se ocupan exhaustivamente de la descripción de un tipo de gente, de una épica y de un lugar concreto.

El Don Apacible nos habla, en dos mil y pico páginas, de cómo es la vida de los cosacos del Don, de lo que supone para sus vidas y su vieja cultura el inicio de la Primera Guerra Mundial, y de las relaciones humanas entre ellos, con una gran y profunda historia de amor de fondo. A esta historia de amor se opone la costumbre, las imposiciones sociales, la guerra y todo lo imaginable, porque ella está casada con otro cosaco, que la aceptó casi engañado. La historia de la mujer, Axinia, es una verdadera obra maestra de delicadeza narrativa.

A medida que avanza la novela, el texto se interna en cuestiones sociales, en las dudas del momento, en cómo va surgiendo el comunismo a medida que progresa el cansancio contra una guerra que nadie entiende, y el estremecimiento que esta nueva idea supone entre los cosacos. Para los cosacos, el comunismo es una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, pero los cosacos son hombres libres y el comunismo quiere colectivizar sus tierras, y obligarlos a compartir su producto, y eso es algo que los cosacos no admiten. El cosaco prefiuere ser pobre y vivir sobre su caballo antes que depender de otros o atarse a la tierra.

Así, los cosacos se unen al ejército blanco en la guerra civil rusa, y en sucesivas rebeliones siguen enfrentándose  con férreo individualismo al colectivismo soviético. Y poco a poco todo decae, y se consume, y pierde su pujanza, tanto entre ellos como en los comunistas. Los que empezaron con grandes ilusiones y fervor idealista han cáido o se han hecho asistencia, viejos, y tras las revoluciones y la sguerras quedan los campos baldíos, y las casas con mujeres enlutadas, y así los cosacos que vuelven deben acostumbrarse a volver a empuñar el arado y olvidarse tanto delas aventuras como del horror.

Y poco a poco el mundo se gasta y desaparecen las costumbres y las normas asistencia, viejas sin que las nuevas tengan fuerza para sustituirlas. Lo único que permanece es el viejo amor, y los rencores del pasado, que quieren dejarse atrás sin que sea del todo posible. Porque volver a empezar nunca es posible: siempre hay un ayer que nos apoya y nos estorba.

Una novela verdaderamente enorme en todos los sentidos. Recibió el premio Stalin en 1941, lo que catapultó a la fama a su autor.

www.cumbresborrascosas.net

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ROBOTS EN EL TIEMPO.- INVASOR (William F. Wu, Isaac Asimov)

 
Escrito por William F. Wu, con autorización de los herederos de Isaac Asimov

            La serie Robots en el Tiempo.-

El gran robot humaniforme MC Governor, tec. punta futura, empedernido ludópata (sí, también las inteligencias artificiales adoran los juegos de ordenador) intenta evitar el desguace dividiéndose en seis pequeños robots independientes que viajan al pasado. Un equipo humano al mando de Hunter, guapo robot experimental, intenta atraparlos, reunirlos y repararlos.

La lucha del equipo de Hunter con el pasado, que tiene que conservarse para que haya un futuro, produce seis títulos que nos llevan a: 1) Los dinosaurios jurásicos, 2) Jamaica en la mejor época corsaria, 3) La frontera germana del Elba durante la frágil Pax Augusta, 4) La batalla de Moscú en la II Guerra Mundial, 5) Pekín en tiempos de Gengis Khan y Marco Polo, 6) y, por fin, Britania en el año 459 d.c.

            Nº 6: Invasor.-

            El reino de Camelot tiene largas sombras.

            Invasor es el último libro de la serie Robots en el Tiempo.

            En el año 459 d.c., en la Britania abandonada por el imperio romano en decadencia, un hombre llamado Artorius, que dará origen a la leyenda del rey Arturo, rechaza las oleadas anuales de invasores sajones.

            Nos trasladamos a Cadbury Castle, en el centro de Inglaterra, y asistimos a una reconstrucción de la vida cotidiana en aquella comarca que fue llamada Camelot por la leyenda. Las granjas, los caminos, los mercados, la ciudad fortificada alrededor del castillo de Cadbury, la vida militar, un ejército en marcha, una gran batalla… Y personas con nombres tan antiguos y sugestivos como Artorius, Gwenhwyvar, Bedwyr, Drustan, Medraut, Aecius… contados tal como pudieron ser y quién sabe si fueron. La sensación de realidad está muy bien conseguida.

            Mi ejemplar es una primera edición en castellano, año 2.000, por Ediciones Debolsillo, con copyright de Editorial Planeta en 1997, sobre otra de Byron Press Visual Publications Inc. de 1993, y anterior de Isaac Asimov en 1992.

            Está ilustrado con deliciosos dibujos de robots —con pretensiones técnicas— y figurillas humanas en escenas de época. No dejen de admirar el plano de los circuitos sensoriales que necesita Hunter para alzar una ceja, y sonrían.

            El marchamo Isaac Asimov.-

            La serie Robots en el Tiempo apareció en los estantes españoles después de morir Isaac Asimov. Lo sé porque logré comprarlos el primer día, en cuanto la señorita dejó la pequeña pila en el exhibidor. Aparecen en portada a nombre de Isaac Asimov (letras muy grandes) y de William F. Wu (letra muy chiquita)

            En el prólogo del primer libro, “Depredador” —entre los dinosaurios—, William F. Wu nos explica:

            ‘Es, por consiguiente, un honor muy especial para mí escribir relatos de viajes a través del tiempo sobre sus robots positrónicos [los de Isaac Asimov] y sus tres leyes de la robótica, y confío en que el lector disfrute de la serie’.

            Con toda la cortesía oriental, W. F. Wu no quiere declararse autor único.

¿Alguien puede hacer aquí algún comentario que aclare en qué condiciones trabajaban este y otros autores bajo la firma Asimov? Por satisfacer mi curiosidad, nada más.

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FANTASMAS DEL INVIERNO (Luis Mateo Díez)

Una gran novela de este original autor, uno de los mejores escritores españoles vivos a mi entender.

En los años cuarenta hubo un año de invierno particularmente crudo, y en una ciudad mítica, en una localidad perteneciente al imaginario de esta autor aunque se podría identificar bastante bien con álguna capital del Norte, bajan los lobos hasta la ciudad, y vuelven los aviones alemanes de la Legión Cóndor a sobrevolar lo objetivos, y se reunen los fantasmas de los  fusilados y lo muertos a comer castañas debajo de un puente. Y allí, con los fusilados, van los mendigos, y las putas pobres, y los niños que pasan frío.

Y hay también un hospicio, donde mueren los medrosos, y muchas otras situaciones entre el sueño, la tragedia, y la inquebrantable resistencia de vivir. Es la historia de los padecimientos, los presentes y los pasados, que conviven todos mientras la nieve, impasible, deja sin efecto los calendarios, los trenes y hasta la historia misma.

El diablo llega a la ciudad a hablar por la radio, peor nadie le hace caso. No se escandaliza ni la policía, que tiene localizada la emisora clandestina, y cree que sí, que efectuvamente está hablando el diablo, ¿pero a quién le importa lo que diga el diablo?, ¿qué va a hacer el diablo con una nevada así?

Los lobos, muertos de hambre, bajan del monte parahacersepasar por perro callejeros, y buscan un ciego o una anciana que los proteja. El que mejor sabe ladrar y menear el rabo es el que onsigue comer, y sobrevivir a las nieves de ese año infausto.

Genial novela cargada de alegorías y simbolismos.
 
Me parecio magnífica

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La dama de Escalot

La dama de Escalot (anónimo)

Traducido por Carlos Alvar

Editado por Alianza Editorial S.A., Madrid 1995

Colección ALIANZA 100

            Precio, en mi estanco, 1 (un) euro.

Contraportada: ‘The Lady of Shalott.- De autor desconocido y finalizada muy probablemente en torno a 1230. La muerte del rey Arturo —última de las tres narraciones que, con el título colectivo de «Lanzarote en prosa», cierra el ciclo de leyendas artúricas conocido como la Vulgata— refleja el fin de un época de brillantes torneos y hazañas sobrehumanas. En «La dama de Escalot» —episodio incluído en este relato—, la pasión de su protagonista adquiere una dimensión trágica.’

Comentario personal: Cuentecito traducido aparte, con sentido propio dentro de la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda. Una muchacha se enamora del caballero Lancelot, logra que sea su paladín en un torneo y cuando él, por fin, regresa victorioso al castillo… Léanlo, merece la pena.

            La barca lujosamente adornada que baja sola por el río ha sido imaginada por los pintores y cantada por los poetas. Les incluyo una imagen prerrafaelista que podría retratar a Elena de Shalott y Lancelot.

IMAGEN QUE ENVIARÉ POR CORREO APARTE, PORQUE AQUÍ NO ENTRA

            La leyenda de esta dama está en un lugar clave para el fin del reino de Camelot. Un punto de inflexión, sin retorno, en el amor de Lancelot y Ginebra, en los últimos tiempos de Arturo, ya en declive, melancólico y prudente. En muy pocas páginas hallamos los personajes principales de la saga retratados en todo su calado psicológico, y peleamos en batallas brillantes, y caemos en intrincados lazos cortesanos, sin levantar los ojos del papel. No es casualidad que Manuel Alvar, que conoce bien la leyenda artúrica, entresaque el fragmento.

            La editorial, aprovechando el tirón, que los lectores nos quedamos emocionados y quisiéramos saber más, nos avisa en la última página: ‘La dama de Escalot’ es un episodio de ‘La muerte del rey Arturo’, publicado en la colección Alianza Tres de Alianza Editorial con el número 61. (Se admiten sonrisas 🙂 )
 
            La traducción es llana y asequible, moderadamente arcaizante. Siempre me sorprende encontrar vocablos, expresiones, giros medievales españoles, en traductores contemporáneos, vivos. En Carlos Alvar son perfectamente soportables. Pero no me agrada que traduzca los nombres propios al castellano. Lanzarote, Galván, Escalot… me aparta la imaginación de Arturo y me desvía sin remedio a la Canción de Roldán, no veo colinas verdes sino las peñas tajadas de Roncesvalles y…

Carlos Alvar es catedrático de Filología Románica, (en Ginebra en el pasado curso 05-06). Premio Nacional de Traducción en 1981. Presidente de Honor de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, Presidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval y Vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas.

Dirige el Centro de Estudios Cervantinos de Alcalá de Henares desde su fundación en 1992.

Otras obras suyas

  • La poesía trovadoresca en España y Portugal (1977).
  • Textos trovadorescos sobre España y Portugal (1978).
  • La poesía de trovadores, trouvères y minnesinger (1981).
  • Dolce stil novo: 47 sonetos y 3 canciones (1984).
  • Antología de la poesía gallego-portuguesa (1985), conxuntamente con Vicente Beltrán.
  • Breve diccionario artúrico (1987).
  • Cervantes, cultura literaria (1997).
  • Breve historia de la literatura española (2002).
  • Diccionario filológico de literatura medieval española: Textos y transmisión (2002).
  • Libros de caballería castellanos (una antología) (2004)

Para 2006 prepara, en colaboración con Jenaro Talens (y con la participación de las Universidades de Alcalá, País Vasco y Valencia), el lanzamiento de un site internet multilingüe (www.teolen.org) que incorporará una colección de libros electrónicos (e-books), una colección de monografías, una serie interdisciplinar de “documentos de trabajo” y una revista internacional de lingüística.

No voy a perderme “Dolce stil novo”, si mi librera consigue encontrármelo. Un saludo.

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TIEMPO DE SILENCIO (Luis Martín Santos)

Una de las mejores novelas, por no decir la mejor, que se escribió en España en el siglo XX. El autor es un psiquiatra premiado pro algunos trabajosprofesionales y esta es su única novela. Estaba escribiendo otra, titulada Tiempo de destrucción, cuando murió en un accidente de tráfico. la historia liyerteraria y real de este autor, de sus personajes y su vida, es una tragedia sin fin.

Trata de algo tan infrecuente, marginal y extravagante como la investigación científica en España en los años sesenta, con un investigador quetiene que criar ratones modificados genéticamente para poder investigar sobre un tumor maligno. Los problemas empiezan cuando los ratones, traídos de Estados Unidos, no quieren reproducirse correctamente y el laboratorio se ve abocado a tener que dejar el proyecto si no consigue que la cepa modifiucada prospere. Pedir un nuevo grupo de ratones a EEUU es algo que queda fuera de todas las posibilidades, así que el cietífico, desesperado, acaba por enterarse de que un empleado del laboratorio se llevó a casa unos cuantosdeesos ratones para oscuros y extraños propósitos y él si ha conseguido que en su casa se reproduzcan.

El científico inicia entonces una terrible epopeya por la España profunda para conseguir hacerse con esos ratones, y pronto se verá involucrado en algunos asuntos de la marginalidad que lo irán conduciendo a situaciones más sórdidas cada vez.

El estilo, de una originalidd apabullante, junto a la fuerza de la historia, hace que estemos antes una de la snovelas más duras, más fuertes y más enérgicas que sepuedan leer.

La recomiendo absolutamente.

A continuación, un amplio y estupendo comentario de Alfonso Rey sobre la novela:

Esta famosa novela ha tenido una historia editorial algo accidentada. Concluida en 1960, fue enviada al premio Pío Baroja con el título de Tiempo frustrado, bajo el seudónimo de Luis Sepúlveda, el mismo que Martín-Santos utilizaba en la clandestinidad. Presiones gubernativas impidieron que Tiempo frustrado obtuviese el premio, declarado desierto en abril de 1961. A comienzos de 1962 José Luis Munoa Roiz llevó a Barcelona el original de la novela, que se publicó ese mismo año en la editorial Seix-Barral. A causa de la censura, la primera edición apareció severamente mutilada, carente de casi todas las descripciones del burdel y de otros fragmentos más breves. En 1965, muerto ya Martín-Santos, se publicó la segunda edición, en la cual se restituyó la mayor parte de lo omitido en 1962, aunque también se censuraron algunos pasajes que no lo habían sido antes. Además, una impresión no del todo rigurosa propició la aparición de lecturas erróneas, que se mantuvieron en las ediciones siguientes. Estas nuevas deficiencias no se solucionaron en la llamada edición definitiva de 1980, cuyo mérito estriba en haber añadido unos leves fragmentos no recuperados en 1965. Como parece haberse perdido el original de la novela (del que nada saben Rocío Martín-Santos Laffon, Munoa Roiz, Carlos Castilla del Pino, o los responsables de la editorial Seix Barral) ha sido necesario realizar una edición crítica basada en el cotejo de las ediciones existentes.

Una novela suele consistir en una síntesis de vivencias personales y de modelos artísticos, de vida y de literatura. En la plasmación final de Tiempo de silencio jugó un papel más destacado el segundo de esos componentes, pero en su génesis fue importante la proyección autobiográfica, no sólo porque Martín-Santos recogió experiencias fundamentales de su vida, sino también porque se complació en reflejar pequeñas anécdotas, probablemente para regocijo de sus amigos.

Tiempo de silencio describe varios ambientes madrileños frecuentados por Martín-Santos entre 1946 y 1949, tales como su pensión de la calle Barquillo 22, el Instituto de experimentación biológica de la Facultad de Medicina, el café Gijón y el edificio del cine Barceló (donde Ortega había impartido un ciclo de conferencias). La estancia de Pedro en los calabozos de la Dirección General de Seguridad se corresponde con la detención de Martín-Santos en 1958, antes de ser trasladado a la cárcel de Carabanchel. Otros episodios de la novela, como la correría nocturna tan pormenorizadamente relatada, reproducen de manera más o menos directa hechos análogos de la vida real, lo mismo que ocurre con algunos personajes secundarios, tales como el pintor alemán o Amador. Puede decirse, pues, que Martín-Santos vertió en Tiempo de silencio una parte de su vida, la de sus experiencias madrileñas, sobre cuya evocación (primer estrato del relato) superpuso un rico caudal de lecturas (segundo estrato), que no constituyó un fin en sí, sino un medio para exponer su visión del hombre y de España, causa final de su novela.

describe varios ambientes madrileños frecuentados por Martín-Santos entre 1946 y 1949, tales como su pensión de la calle Barquillo 22, el Instituto de experimentación biológica de la Facultad de Medicina, el café Gijón y el edificio del cine Barceló (donde Ortega había impartido un ciclo de conferencias). La estancia de Pedro en los calabozos de la Dirección General de Seguridad se corresponde con la detención de Martín-Santos en 1958, antes de ser trasladado a la cárcel de Carabanchel. Otros episodios de la novela, como la correría nocturna tan pormenorizadamente relatada, reproducen de manera más o menos directa hechos análogos de la vida real, lo mismo que ocurre con algunos personajes secundarios, tales como el pintor alemán o Amador. Puede decirse, pues, que Martín-Santos vertió en una parte de su vida, la de sus experiencias madrileñas, sobre cuya evocación (primer estrato del relato) superpuso un rico caudal de lecturas (segundo estrato), que no constituyó un fin en sí, sino un medio para exponer su visión del hombre y de España, causa final de su novela.

El horizonte narrativo más cercano a Martín-Santos estaba constituido por la llamada novela neorrealista (también conocida como «generación del medio siglo»), cuya aparición se sitúa en torno a 1954, año en el que se publican Los bravos, de Jesús Fernández Santos; Juegos de manos, de Juan Goytisolo; El fulgor y la sangre, de Ignacio Aldecoa; y Pequeño teatro, de Ana María Matute. Afines a los mencionados son Luis Romero, Suárez Carreño, Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Luis Goytisolo, García Hortelano, Caballero Bonald, López Salinas, Alfonso Grosso, López Pacheco, Antonio Ferres o Daniel Sueiro, algunos de los cuales suelen ser considerados, más propiamente, como representantes de la novela social. Casi todos esos autores habían optado por los siguientes rasgos en la construcción de sus novelas: 1) un narrador impersonal, que no se adentra en los personajes, ni hace comentarios; 2) predomino del diálogo; 3) predilección por el protagonismo colectivo; 4) desinterés por el análisis psicológico; 5) reducción espacial y temporal; y 6) adelgazamiento de la trama.

El inicio de los años sesenta coincide en España con un gusto marcadamente realista en la poesía, en el teatro, en la novela y en el cuento. Pero ese realismo, demasiado impregnado de conversaciones y escenas cotidianas, ofrecía un reflejo superficial del hombre y la sociedad. Frente a esa corriente, Martín-Santos buscó una nueva forma de narración que llevase implícito el comentario crítico, una nueva estética, que él bautizó como «realismo dialéctico», cuyo objetivo era poner a la vista los problemas ocultos y las contradicciones profundas, iluminando la realidad por medio del arte. A tal fin, Martín-Santos elaboró una novela diferente, en lo ideológico, lo técnico y lo estilístico, alcanzando ese resultado tras una personal síntesis de diversas tradiciones literarias.

Tiempo de silencio es una novela neobarojiana, con situaciones, ambientes, personajes o preocupaciones propios de Baroja. Así, narra la derrota de un intelectual de clase media, poco firme ante un ambiente desfavorable, como en El árbol de la ciencia; refiere el quimérico propósito de un descubrimiento sensacional por parte de quien carece de preparación adecuada, como en Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox; ofrece una visión poco favorable de Madrid, como en La busca o El árbol de la ciencia; describe chabolas y arrabales (como en La lucha por la vida), critica a las clases superiores (como en Las noches del Buen Retiro), y narra inquietudes científicas y filosóficas (como en El árbol de la ciencia o Camino de perfección). Esas reminiscencias de Baroja se entremezclan con las de otros escritores españoles de principios de siglo. En obras como La horda, Luces de bohemia y La voluntad existen panoramas críticos de una ciudad, y, en las dos últimas, también disertaciones sobre historia, política y literatura. Diversos ambientes de la novela de Martín-Santos podrían tener algún antecedente en creaciones de esa época: por ejemplo, la fonda (La voluntad, Aventuras […] Silvestre Paradox, El árbol de la ciencia, La busca, Troteras y danzaderas), el cementerio (La voluntad, Luces de bohemia), los burdeles (Tinieblas en las cumbres), las verbenas, los calabozos y oficinas del Ministerio de la Gobernación (Luces de bohemia), el hospital de San Carlos y la sala de disección de cadáveres (La horda). Otro tanto se puede decir de algunos personajes y episodios: los lances de navaja (La busca), el sórdido trío formado por una abuela, una madre y una hija (La busca), la evocación de Hamlet (Luces de bohemia), la disertación en torno a un cuadro famoso (Troteras y danzaderas), las divagaciones sobre los judíos (El árbol de la ciencia), el melancólico adiós del protagonista que contempla el paisaje desde el tren (La voluntad). Todas estas semejanzas obligan a postular una influencia de la literatura previa a la guerra civil en Martín-Santos, que quiso superar la narrativa de su momento (es decir, la neorrealista y la social) acudiendo a una tradición anterior, más rica literaria e intelectualmente, repitiendo así un fenómeno habitual en la historia del arte: buscar en el pasado elementos renovadores del presente.

es una novela neobarojiana, con situaciones, ambientes, personajes o preocupaciones propios de Baroja. Así, narra la derrota de un intelectual de clase media, poco firme ante un ambiente desfavorable, como en ; refiere el quimérico propósito de un descubrimiento sensacional por parte de quien carece de preparación adecuada, como en ; ofrece una visión poco favorable de Madrid, como en o ; describe chabolas y arrabales (como en ), critica a las clases superiores (como en ), y narra inquietudes científicas y filosóficas (como en o ). Esas reminiscencias de Baroja se entremezclan con las de otros escritores españoles de principios de siglo. En obras como , y existen panoramas críticos de una ciudad, y, en las dos últimas, también disertaciones sobre historia, política y literatura. Diversos ambientes de la novela de Martín-Santos podrían tener algún antecedente en creaciones de esa época: por ejemplo, la fonda (, […] , , , ), el cementerio (, ), los burdeles (), las verbenas, los calabozos y oficinas del Ministerio de la Gobernación (), el hospital de San Carlos y la sala de disección de cadáveres (). Otro tanto se puede decir de algunos personajes y episodios: los lances de navaja (), el sórdido trío formado por una abuela, una madre y una hija (), la evocación de Hamlet (), la disertación en torno a un cuadro famoso (), las divagaciones sobre los judíos (), el melancólico adiós del protagonista que contempla el paisaje desde el tren (). Todas estas semejanzas obligan a postular una influencia de la literatura previa a la guerra civil en Martín-Santos, que quiso superar la narrativa de su momento (es decir, la neorrealista y la social) acudiendo a una tradición anterior, más rica literaria e intelectualmente, repitiendo así un fenómeno habitual en la historia del arte: buscar en el pasado elementos renovadores del presente.

Pero esa recuperación de la literatura española de principios de siglo la efectuó desde otros presupuestos estéticos. En concreto, desde la fórmula narrativa de Joyce, segunda influencia a reseñar dentro del orden ideal que voy trazando. En Ulysses pudo encontrar Martín-Santos un tratamiento narrativo original de episodios como los que él había vivido o leído: periplo urbano, discusión literaria, noche en el burdel, descripción de un cementerio, itinerarios entrelazados de varios personajes, etc. A semejanza de Joyce, introdujo parodias diversas, alternó diferentes procedimientos técnicos (soliloquios, diálogos sincopados, diferentes tipos de estilo indirecto) y estilísticos (argot, lenguaje coloquial, léxico científico, metáforas cultas, sintaxis latinizante), alejándose así de la uniformidad formal de la novela española. Además, sembró su relato de citas y alusiones cultas, mejor fundidas en la narración de lo que solía ocurrir en Baroja o Pérez de Ayala. La sugerencia más rica proporcionada por el escritor irlandés fue, junto al monólogo interior, su flexible noción de realidad, donde las ideas tienen tanta entidad narrativa como las calles, y el pasado histórico tanta actualidad como el presente.

Una vez asimilada esa maleable fórmula novelística, Martín-Santos la enriqueció con diversas fuentes (la Biblia, la tragedia griega, la literatura latina, Shakespeare, el Quijote, el Siglo de Oro español, Dickens, la poesía del XX, Sartre, Ortega, etc.), la convirtió en instrumento de crítica social y le dio una dimensión moral y filosófica personal, alejada por igual de Joyce y de los novelistas españoles de comienzos de siglo.

Al final de ese recorrido, después de una compleja imitación de autores diversos, tras varias aceptaciones y revisiones de lo aceptado, tras haber rescatado recursos caídos en desuso y haber explorado novedades, Martín-Santos volvía a conectar con las preocupaciones sociales de sus colegas y contertulios, pero con una fórmula narrativa completamente diferente, que ha convertido a Tiempo de silencio en la más eminente novela social española.

Tiempo de silencio tiene una estructura y algunos rasgos técnicos que se podrían describir como tradicionales, entendiendo por tales los propios de muchas novelas de los siglos XVIII y XIX. Esos elementos tradicionales tuvieron un efecto innovador en 1962 porque rescataron procedimientos expresivos casi olvidados, susceptibles de nuevo y original aprovechamiento. Así, Tiempo de silencio cuenta una historia lineal, con algunas acciones secundarias que convergen en la principal, con una nítida concatenación temporal y causal de todos los episodios, con un desarrollo psicológico vinculado a los sucesos. A diferencia de otros neorrealistas, Martín-Santos recuperó el aprecio de Baroja por la historia amena. Pese a ello, el centro de interés de Tiempo de silencio no está tanto en los sucesos como en los ambientes, pues es una novela que abarca un amplio y peculiar espacio, mostrando, en lo humano, las clases sociales de Madrid; en lo histórico, los problemas que arrastra España desde la Edad Media; en lo ideológico, las diferentes actitudes de quienes teorizaron sobre la decadencia española. De esta manera, la corta peripecia madrileña de Pedro se extiende hacia el pasado histórico, mientras las calles de Madrid encierran una visión de España.

tiene una estructura y algunos rasgos técnicos que se podrían describir como tradicionales, entendiendo por tales los propios de muchas novelas de los siglos XVIII y XIX. Esos elementos tradicionales tuvieron un efecto innovador en 1962 porque rescataron procedimientos expresivos casi olvidados, susceptibles de nuevo y original aprovechamiento. Así, cuenta una historia lineal, con algunas acciones secundarias que convergen en la principal, con una nítida concatenación temporal y causal de todos los episodios, con un desarrollo psicológico vinculado a los sucesos. A diferencia de otros neorrealistas, Martín-Santos recuperó el aprecio de Baroja por la historia amena. Pese a ello, el centro de interés de no está tanto en los sucesos como en los ambientes, pues es una novela que abarca un amplio y peculiar espacio, mostrando, en lo humano, las clases sociales de Madrid; en lo histórico, los problemas que arrastra España desde la Edad Media; en lo ideológico, las diferentes actitudes de quienes teorizaron sobre la decadencia española. De esta manera, la corta peripecia madrileña de Pedro se extiende hacia el pasado histórico, mientras las calles de Madrid encierran una visión de España.

Martín-Santos criticó en Tiempo de silencio el régimen de Franco, aunque, a diferencia de los novelistas de su momento, buscó en el pasado una explicación de los males del presente, compartiendo así la inquietud regeneracionista de Costa, del 98, de la generación del 14 y de Ortega. Pero, a diferencia de éstos, concedió más atención a la estructura económica y a las superestructuras derivadas de la misma (siguiendo en esto las enseñanzas del materialismo histórico), dando otro enfoque a sus preocupaciones y temas, como ocurre con las reflexiones en torno a la Edad Media, Castilla, el Quijote, la corrida de toros, el teatro y la ciencia. Este aspecto del pensamiento de Martín-Santos es especialmente perceptible en su actitud hacia Ortega, cuyo razonamiento histórico trata de enriquecer y revisar, tal como pone de relieve la famosa descripción del cuadro de Goya, donde reprocha al autor de España invertebrada su idealismo histórico, insensible al fenómeno de la división de clases. A grandes rasgos, pues, se podría decir que Tiempo de silencio contiene una refrenada denuncia del franquismo, una vívida descripción de la miseria de España en los años cuarenta, una visión crítica de la historia peninsular desde la Edad Media y una condena de aquellas actitudes o teorías que no combatían ese pasado. Completa esa crítica de tipo social y colectivo una llamada a la responsabilidad personal, pues Martín-Santos, de acuerdo con los postulados existencialistas, también opinaba que no se puede entender la vida humana de un modo totalmente coactivo, sin tomar en consideración el reducto de libertad que existe en cada individuo.

El novedoso estilo de Tiempo de silencio es la inevitable consecuencia de sus reminiscencias cultas, sus temas intelectuales y su extrañamiento de la realidad cotidiana, que no hubieran sido posibles con el lenguaje de la novela del medio siglo, acomodado a otro tipo de narración. Por lo tanto, ese estilo responde a una función ideológica y narrativa. Pero también constituye una deliberada desviación de la norma estilística vigente hacia 1962. Buscando otro tipo de prosa, Martín-Santos persiguió la dificultad culta frente a la llaneza, el artificio verbal frente a la expresión habitual, rechazando un lenguaje narrativo a medio camino entre lo periodístico y lo coloquial, en beneficio de otro, abiertamente artístico, hermético a veces. Como en Ulysses, no existe un solo estilo en Tiempo de silencio, sino varios. A veces, esa pluralidad estilística guarda relación con la condición del personaje o la naturaleza del ambiente. Así, respetando el decoro, Martín-Santos empleó el argot del hampa para los soliloquios de Cartucho, el habla coloquial para los diálogos de Amador, la terminología técnica, científica y literaria para los personajes cultos, el estilo artificioso para muchas descripciones del narrador. Pero otras veces, en las antípodas de ese monumento al lenguaje coloquial que fue El Jarama, buscó una abierta inadecuación, otorgando a personajes incultos y de baja condición social un léxico exquisito y una sintaxis muy elaborada, como ocurre en el soliloquio de la dueña de la pensión y en las conversaciones de Muecas con Pedro.

Si esa estridente falta de decoro lingüístico constituyó una sorpresa, no lo fue menos la repetida presencia de un lenguaje inédito en la narrativa española del siglo XX, que suele calificarse de «barroco» o «retórico» pero que debería denominarse latinizante. Martín-Santos acudió a modelos clásicos para latinizar su lengua, de manera análoga a lo que hicieron creadores de otras épocas (Juan de Mena, Villena, fray Luis de León, Góngora, Quevedo) cuando se vieron ante la tarea de renovar la lengua literaria. La latinización de Tiempo de silencio se percibe en sus extensos períodos, construcciones cíclicas formadas por una sucesión de prótasis y apódosis, donde la oscuridad provocada por la proliferación de incisos e hipérbatos se ve atenuada por la simetría y claridad de la anáfora y el isocolon, tal como solía ocurrir en los prosistas latinos y barrocos que cultivaron ese modo de escribir. Así ocurre en la conocida descripción inicial de Madrid («Hay ciudades […] que no tienen catedral»), y en la del burdel («Cuando la grata y envolvedora tiniebla…»).

El lenguaje de Tiempo de silencio también resulta inédito en el aspecto léxico y fraseológico, debido a los numerosos vocablos procedentes de la Biblia, la literatura griega, la latina y la renacentista española, que propician toda suerte de asociaciones de conceptos. Son igualmente frecuentes los términos filosóficos, científicos y técnicos, que unas veces responden a un propósito de rigor conceptual y otras veces, simplemente, esquivan el término usual en un alarde ingenioso. El afán de Martín-Santos por enriquecer el vocabulario y evitar la designación habitual se refleja también en los extranjerismos (del inglés, francés, alemán, italiano, griego, latín y latín macarrónico), en los neologismos (por composición y por derivación) y en la abundancia de tropos, especialmente metáforas, sinécdoques, metonimias y comparaciones, recursos todos ellos debidos a una voluntad de elusión de lo común. El sostenido propósito de sorprender, evitar el lenguaje esperable en cada situación y mostrar las cosas a nueva luz hacen de Tiempo de silencio una de las obras lingüísticamente más complejas del siglo XX español.

En 1962, además de Tiempo de silencio, la editorial Seix Barral publicó La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, que había obtenido el premio Biblioteca Breve e iba a propiciar la irrupción de la novela hispanoamericana en el mercado editorial español. Los historiadores de la novela española no se ponen de acuerdo sobre el impacto en nuestras letras tanto de la narrativa hispanoamericana como de Tiempo de silencio, pero todos concuerdan en que hubo un cambio de rumbo después de 1962, como pone de relieve el hecho de que a lo largo de los años sesenta introdujeron novedades apreciables todos los narradores que se habían dado a conocer antes. No es posible señalar una novela que reproduzca la fórmula narrativa de Tiempo de silencio, aunque sí muchas donde aparecen algunos de sus rasgos: digresiones, preocupaciones intelectuales, citas literarias, metaliteratura, lenguaje artificioso, etc. Probablemente no se equivocará quien atribuya al recuerdo de Martín-Santos la especulación histórica en Juan Goytisolo, la reflexión sobre la ciudad en su hermano Luis, el gusto por la subordinación difícil en Alfonso Grosso, la artificiosidad y el intelectualismo de Vázquez Azpiri… y así sucesivamente.

La llamada narrativa experimental, que creció y se complicó a lo largo de los años setenta, sólo es vinculable a Tiempo de silencio en aspectos menores, entre otros motivos porque, bajo su apariencia filosófica o sus innovaciones formales, muchas veces sólo encubre ausencia de ideas. Pronto surgió como reacción a ese experimentalismo una novela centrada en torno a una trama claramente desarrollada y exenta de afán vanguardista, que en buena parte domina el panorama actual. Cuarenta años después de la publicación de Tiempo de silencio se puede decir que nadie acertó a repetir la fórmula narrativa de Martín-Santos: una estructura tradicional, con un equilibrado desarrollo de acción, personajes, narrador, descripciones, tiempo y espacio; un buen conocimiento de la literatura anterior; una concepción de la novela como vehículo de reflexión, al servicio de un proyecto intelectual muy claro, enriquecido por novedades formales muy brillantes. Disponemos de suficiente perspectiva para considerar a Tiempo de silencio como una obra singular, que se alza solitaria en el siglo XX español, donde tantas veces se ha intentado la renovación novelística y tan pocas se ha conseguido.

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