NADA (Carmen Laforet)

Trata de una joven llamada Andrea, nos narra la llegada a la calle Aribau (Barcelona) donde se hospeda en la casa de sus tíos. En ella todo le parecía extraño a su imaginación, los estrechos y desgastados escalones, iluminados por la luz eléctrica, no tenían cabida en su recuerdo. En aquella casa le recibe la abuela, confundiéndola con una joven llamada Gloria, y esta confusa, le replica diciéndole que es su nieta, a tan rara situación comienzan a aparecer los tíos de Andrea. Uno era Juan que se hizo cargo de la situación, seguido de su mujer Gloria, otra en aparecer es la criada con vestimentas negras y acompañada por un perro negro, a continuación aparece tía Angustias que le recibe con menos precio.

Aquella noche Andrea cansada del viaje es traslada por la criada a su habitación, donde se toma una ducha y se acuesta ya que tenía bastante inseguridad en aquella casa. Al amanecer, Andrea mantenía esa sensación de inseguridad que le habían impregnado, durante toda la guerra la joven había estudiado en un colegio de monjas y parte del Bachillerato, por eso ahora había vuelto a Barcelona para estudiar Letras en la Universidad.

Su tía Angustia le había llamado y le comentó que Barcelona era una ciudad muy peligrosa, y cuando quisiera salir tendría primero consistirlo ella, también le comentó que la familia había tenido un cambio radical a consecuencia de la guerra. Andrea después se dirigió al comedor donde se encontró con su tío Juan, acompañado de su mujer Gloria y el hijo pequeño de ambos. Por allí apareció Román otro tío de Andrea, éste mostraba simpatía por la joven, pero tuvo un cambio de humor cuando entró en el comedor, insultando a Gloría, en esta discusión Juan defendió a su mujer y le amenazó a Román en matarle. Mientras éste se marcha se dirige a Andrea diciéndole que estos enfrentamientos ocurrían muy a menudo y se iba riéndose por la situación que había creado. Juan enojado se dirige a su mujer desviando su rabia en ella, originando la tristeza de la mujer.

A raíz que pasaba el tiempo Andrea se daba cuenta de que Román y Juan seguían hablándose como siempre, como sino sucediera nada y eso a Gloria no le gustaba nada. En ocasión Gloria, invitaba a Andrea a su habitación y le contaba que en la casa no había nadie bueno, excepto Juan y la abuela. Para Gloria, Román era una persona sin sentimientos. A consecuencia de este acercamiento entre Gloria y Andrea, Angustias se encerraba enojada y muchas de las ocasiones se encerraba en su habitación.

Los días pasaban sin importancia y para Andrea, el hecho de llegar a una casa que había cambiado radicalmente desde la última vez que estuvo allí, donde todo el mundo ha perdido en bondad, alegría y normalidad la sume en una profunda tristeza. No comprende el comportamiento de toda esa gente, su violencia y desprecio mutuos, la hipocresía de Angustias o el conformismo e incluso la alegría de Gloria.

Cuando se reanudaron las clases en la Universidad, conoce a la que sería su mejor amiga Ena, una compañera de clase, y se hacen las dos amigas casi inseparables. Gracias a esta amistad libera Ena, a su amiga Andrea de la presión y la pesadilla que sufre en su casa. A lo largo del tiempo Ena, la empezó a invitar a todo lo que podía permitirse. Andrea tan agradecida con estos gestos decidió regarle un pañuelo de encaje que le había regalado su abuela.

Un día que volvía Andrea a la casa con su abuela, se encontraron en la escalera de la casa un enfrentamientos entre Gloria, su marido y tía Angustias. Todo había sido originado porque

Angustias había dicho que Gloria había robado el pañuelo y en contra el marido de este abofeteó a Angustias. Dos días después se marchó sin decir a nadie adónde iba estar, ni cuando iba a volver. Pasado el tiempo Andrea se traslado a la habitación de su tía. Cuando regresó Angustias, tuvo otro enfrentamiento con Gloria y se enfadó con Andrea por haber esta en su habitación. Todo este intervalos de sucesos ocurridos a Angustias origina la marcha de la casa para dirigirse a un convento y allí reforzar su vocación.

Al llegar la primavera Jaime amigo de ambas jóvenes decidieron ir al campo. Jaime y Ena estaban enamorados, salieron varias veces. Pero Ena le comentó un día a Andrea que había una persona en el mundo que quería más que Jaime y que ella, pero lo tenía en secreto y no se quiso decir.

Pero pasado un tiempo, su amiga y ella se distancia, a causa de que Ena se estaba viendo a escondidas con su tío Román y ella se siente avergonzada de su familia, de su escasez económica, de esa vida gris, agobiante y triste, es la causa de que no quiere que ninguno de su familia se relacionara con sus amistades. La vida volvería a ser solitaria para Andrea, ya que Ena no quería saber nada de la joven.

Una tarde Andrea encontró a Pons en la biblioteca de la Universidad que se interesó por su amistad con Ena. En una de aquellas tardes, Pons vino un día más excitado que de costumbre y le habló de su amigo Guíxols que era un pintor maravilloso que quería conocer a Andrea.

Andrea acompañó a Pons al último piso de un patio, allí les abrió Iturdiaga, otro de los amigos de Pons que también era pintor. Estuvieron merendando en el estudio de Guíxols y Andrea se lo pasó muy bien allí.

Pons invitó a Andrea a una fiesta que se organizaba en su casa. La joven se encontraba extraña en dicha fiesta porque sentía el menosprecio de la gente de la fiesta.

Al salir de la fiesta se encuentra con la madre de Ena, le comenta a Andrea que ella en su juventud estuvo enamorada de su tío y su tío no tuvo interés ninguno por ella, por lo que le pidió ayuda porque sabía que su hija le iba a pasar lo mismo que a ella.

A lo largo de la novela antes de que Ena es marchase a pasar las vacaciones al Norte, volvieron a salir Andrea, Jaime y ella como en los asistencia, viejos tiempos. La familia de Ena piensan en trasladarse a Madrid, lo que originaría el no verse más de estas dos jóvenes.

Un día como todas las mañanas Andrea se despertó al llegarle unos gritos de la criada, era Román que se había suicidado con la cuchilla de afeitar.

Todos creían que había sido Gloria, pero no se aclaró nada de este suicidio. Antonia la criada decide marcharse. Las dos jóvenes vuelven a ser buenas amigas. Ena se traslada con su familia a Madrid. Finalmente al poco tiempo Andrea también se marcha de la casa para estar con su amiga.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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FRANKENSTEIN, O EL MODERNO PROMETEO (Mary Shelley)

Robert Walton abandona Inglaterra, su país natal, en dirección al Polo Norte y con el propósito de explorarlo. Reúne para ello al grupo de hombres que constituirá su tripulación. Mas esta tarea resulta harto complicada debido al peligro que acecha incesantemente en esos inhóspitos parajes. Una vez conformada la cuadrilla emprende el duro viaje. Cuando están ya llegando al Polo, y las condiciones comienzan a hacerse completa-mente insufribles, encuentran en su camino a un extraño personaje que viaja sobre un trozo de hielo navegando por un mar de aguas congeladas. El hombre es rescatado de entre las aguas y subido a bordo del barco, y es entonces cuando el Doctor Frankenstein comienza su aterrador e insólito relato.

De origen ginebrino y nacido en el seno de una familia bastante acomodada, la infancia del Doctor Frankenstein transcurrió feliz. Desde muy joven se interesó por los secretos que la naturaleza albergaba en su interior. Sus investigaciones se encaminaban hacia la metafísica y los secretos físicos del mundo. Durante años se dedicó a estudiar a Cornelius Agripa, a Paracelso, a Alberto el Grande. Pronto nació en su interior el deseo de deducir las causas últimas, de superar las murallas que impiden a los hombres penetrar en los reductos de la naturaleza, de hallar la fórmula para liberar al organismo humano de la enfermedad haciendo así del hombre un ser invulnerable a todo excepto a la muerte violenta. Era su intención estudiar las fuerzas desconocidas y revelar al mundo los misterios de la creación. Con estas pretensiones abandonó Ginebra y se trasladó a Ingolstadt con el fin de instruirse allí acerca de los avances de la ciencia. Uno de los fenómenos que más le interesaban era la composición de la estructura humana y la de todos los animales vivos.

Una y otra vez se interrogaba acerca del origen de la vida. Para ello se consagró a la investigación de la composición natural y los procesos de corrupción del cuerpo humano tras el fallecimiento, ya que sólo introduciéndose en el estudio de la muerte se hallaría en condiciones de penetrar los misterios de la vida. Una vez hubo reunido los conocimientos necesarios decidió que se hallaba en condiciones de realizar el proyecto que desde el primer momento se había planteado: crear un ser humano. Si conseguía animar la materia inerte, luego le sería posible rescatar a la vida a los cuerpos ya muertos. Y fue así como, violando los secretos de la naturaleza humana, consiguió crear lo que desde un principio se había propuesto. Mas, una vez hubo llevado a cabo su empresa exitosamente, una gran repulsión hacia su obra se apoderó de él y salió corriendo despavorido de la habitación en la que se hallaba su creación. Tras ello cayó en un estado harto peligroso para su salud y, una vez recuperado, decidió volver a Ginebra junto a su familia. Mas cuando llegó a su destino recibió la noticia de que su hermano menor había fallecido en extrañas circunstancias. Un sentimiento de temor invadió al Doctor Frankenstein, y comenzó a sospechar que el autor de tan malévolo crimen pudiera ser la criatura cuyo autor había sido tiempo ha.

Afligido y ensimismado en sus pensamientos decidió, con el fin de recuperarse de los disgustos ocasionados por las desgracias acaecidas en los últimos tiempos y aclarar sus ideas, preparar una excursión a las montañas.

Un día, estando disfrutando del contacto con la naturaleza, apareció ante él desde detrás de unos riscos una abominable criatura desproporcionadamente grande y deforme. Pronto reconoció en ella al monstruo fruto de sus experimentos en Ingolstadt. Al principio se asustó, pero su creación le dijo que se tranquilizara, que no le iba a hacer nada, que únicamente quería hablar con él. Fue entonces cuando el monstruo le llevó a su morada, y allí le relató su historia: Una vez abandonado por Víctor Frankenstein, la criatura salió al mundo exterior. Allí, debido a su aspecto físico, fue víctima del odio y el rechazo de todo el mundo. Su corazón albergaba buenos sentimientos, mas éstos fueron sustituidos por otros de índole negativa al verse expuesto a tamaña beligerancia por parte de los seres humanos. De modo que decidió buscar a su creador para exigirle que cumpliera con la obligación que tenía para con él, y que no era otra que asegurar la felicidad y el bienestar de su creación. De esta manera le pidió al Doctor Frankenstein una única cosa: que le diera una compañera. Nuestro protagonista aceptó la petición del monstruo creyendo que de esta manera, por un lado, cumplía con el deber que tenía para con su creación y, por otro, una vez concluida la labor zanjaría el desagradable asunto. Así que volvió de nuevo a Ginebra con el fin de comenzar con el proyecto que deseaba terminar cuanto antes. Se retiró a una isla con el fin de poder mejor trabajar. Continuamente le asaltaban dudas acerca de si estaba haciendo lo correcto, si no estaría con ello exponiendo a sus congéneres a graves peligros. Pero el miedo que experimentaba era mucho, ya que su creación le había amenazado con matar uno a uno a todos sus seres queridos si no cumplía con su misión. Cierta noche el monstruo se presentó en su laboratorio con el fin de supervisar el avance de los trabajos que culminarían con la creación de su ansiada compañera. El Doctor Frankenstein montó en cólera y destrozó su proyecto, dando así pie a que la criatura desatara su ira contra él.

Uno a uno fue exterminando la creación a los seres queridos de aquel que le había dado la vida, impidiendo así al protagonista de nuestra historia descansar ni ser feliz. Cuando Robert Walton encontró a Víctor Frankenstein éste iba persiguiendo al monstruo con el fin de darle muerte y así poder vengar todos los horribles crímenes de los que sus allegados habían sido víctimas.

A los escasos días de terminar de narrar su historia el Doctor Frankenstein cayó en un estado muy peligroso para su salud, y murió al poco tiempo, no sin antes pedirle a Robert que le vengara. Los restos de Frankenstein reposaban en un camarote del barco. Mientras Walton daba un paseo por cubierta escuchó unos ruidos que provenían de la estancia donde yacía el cuerpo inerte de su carísimo amigo. Corrió a ver qué ocurría, y cual fue su sorpresa al encontrar al monstruo que el Doctor Frankenstein había creado allí, derramando lágrimas sobre los restos de su creador. Robert Walton se enfrentó a él. Mas la horrible criatura, haciendo acopio de fuerzas, le comunicó su sentimiento de arrepentimiento y su propósito de abandonar la vida ahora que habían acabado los motivos para que continuara existiendo. Dicho esto, saltó por la ventana del camarote y desapareció.

Prometeo fue quien robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres después de que éstos hubieran sido castigados por aquellos a carecer del mismo. Es por ello que el subtítulo dado a esta genial y apasionante novela de la británica Mary Shelley es bastante acertado. Sí, Víctor Frankenstein es una nueva versión del clásico Prometeo de

la mitología griega. Pero no fue el fuego lo que robó el protagonista de la historia, sino el secreto de la vida. Penetrando en los insondables misterios de la naturaleza descubrió el origen de la existencia con el fin de entregarle su secreto a los humanos. El desenlace de la novela guarda asimismo un cierto paralelismo con el prometeico mito: de modo similar a como las acciones del griego fueron penadas con el encadenamiento en la cima del Cáucaso y posteriormente con el martirio que debía suponer el que un águila devora su hígado, que volvería nuevamente a crecer, el Doctor Frankenstein será castigado a arrastrar consigo durante el resto de sus días el dolor de la desgracia que se cierne sobre su cabeza, un martirio interminable que sólo hallará alivio con la muerte.

Las páginas de esta obra dan mucho que pensar. Se expone aquí un tema cuya repercusión y efectos debieron ser los mismos que los que ocasionaran años atrás las obras de Julio Verne. El viaje de la Tierra a la Luna podía parecer una ficción en su tiempo, un imposible y vano fantasma fruto de un delirio pasajero. Pero lo cierto es que el hombre ha llegado a la Luna, y la realidad ha superado con creces a la ficción. ¿No hemos pisado ya la Luna? ¿No es cierto que con los avances actuales de la ciencia pronto podremos llegar mucho más lejos de lo que aún podamos imaginar? Las aparentemente ficticias historias de las que estos autores nos hacen partícipes, especialmente la obra que nos ocupa en este estudio, instan al lector a pararse a hacer un serio balance acerca de las drásticas consecuencias que los avances de la ciencia y la tecnología pueden traer consigo. Todo ello plantea serios problemas, en gran parte éticos. A continuación explicaré a qué me quiero referir con esto de los problemas éticos. La problemática expuesta en “Frankenstein” bien podría trasladarse a la que hoy día existe en torno al asunto de la clonación. Primero se empezó por clonar animales (fruto de ello se creó a la célebre oveja Dolly). Lo siguiente sería hacer copias exactas y perfectas de los órganos humanos, alegando como razón que ello sería de gran provecho en el caso de la realización de transplantes de los mismos, que de este modo se salvarían muchas vidas. En lo que a este punto respecta, se hizo en primer lugar la firme promesa de que la técnica de la clonación no se aplicaría nunca para crear seres humanos en su completitud, esto es, que no se utilizaría como medio para dar vida a hombres completos sustituyendo así la reproducción embrionaria propia de los seres humanos por otra artificial. Hoy se rumorea que los científicos, rompiendo la promesa que en su día (un día que, por otro lado, no nos queda demasiado lejano en el tiempo) hicieron a la humanidad, se están planteando emplear la clonación para dar origen a individuos del género humano. Arguyen para justificarlo que de este modo se mejorara la especie, que las cosas avanzarán más rápido, que viviremos más y mejor, que pronto nos elevaremos hacia un grado superior de ser, de existir…

¿Es esto realmente cierto? ¿Mejorará en algo la clonación nuestras condiciones de vida? Evidentemente sí; gracias a esta técnica podremos llegar a ser lo que queramos, hacer del ser humano una especie de superhombre, insensible al dolor y a la muerte, capaz de realizar cualquier maravilla que se propusiera. Nos elevaríamos así a la categoría de dioses, el secreto de la vida en nuestras manos, el mundo a nuestros pies. Todo ello es claramente positivo. Mediante un simple proceso de manipulación del genoma humano se posibilitaría la consecución de individuos que poseyeran un basto coeficiente intelectual, una gran fuerza, una belleza inigualable… (el elenco de características entre las que se puede elegir a la hora de crear este tipo de seres es casi ilimitado) . Bastaría con realizar varios prototipos de hombres ideales conforme a los cuales se realizaría la clonación.

Así obtener cientos, miles, millones de individuos totalmente idénticos entre sí. Se podrían, como describió Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, realizar varios tipos de hombres: Epsilones, Alfas-Más, Metas-Menos… Cada uno de ellos destinados a una determinada labor, con un papel ya prefijado desde antes de que tenga lugar su nacimiento. Se ten-dría así la posibilidad de crear individuos que fueran capaces de satisfacer las necesidades que en la sociedad fueran surgiendo. Es innegable que ello contribuiría en gran medida a abrirnos paso y avanzar satisfactoria-mente en muchos campos que hoy se consideran inescrutables para el hombre. Pero, ¿no es cierto también que ello destruiría la originalidad de la especie? ¿Acaso no es verdad que podría dar lugar a que el poder se con- centrara aún más si cabe en manos de aquellos que tienen la potestad para realizar este tipo de actividades? Es por todo esto que se hace impres-cindible una reposada y detenida reflexión en torno al asunto porque, lo que hoy puede parecer positivo bien podría tener consecuencias muy negativas, incluso devastadoras para el género humano. Lo primero que habría que plantearse es si se debe confiar plenamente en la palabra de aquellos que prometen que el sistema siempre será utilizado como medio para beneficiar al hombre, para mejorarlo, y nunca en detrimento de la especie humana. Y es en este punto donde se hace preciso adoptar una postura cuyos extremos serían la confianza o el recelo (un término medio no ten-dría lugar debido a la importancia que posee el asunto que nos ocupa). Porque, claro está, no todo lo que en un principio promete ser bueno acaba siendo de este modo. Piénsese por ejemplo en la importancia que tuvo el descubrimiento de la fusión atómica. Evidentemente dicho hallazgo ha originado grandes avances; mas también enormes catástrofes, véase el caso del impune uso que se ha hecho de él para crear algo tan monstruoso como la bomba nuclear, que ha ocasionado grandes calamidades no sólo en lo que al entorno ecológico se refiere, sino también en el ámbito humano. ¿Cuántas vidas se cobró la bomba de Hiroshima? ¿Qué alcance tuvo? ¿Cuáles fueron sus repercusiones? Todo ello no hace sino echar tierra sobre el proyecto de la clonación en lo que a seres humanos se refiere. Pero la que suscribe no trata de probar ni defender que la clonación sea positiva o negativa (entre otras cosas porque no se considera con la suficiente autoridad moral como para emitir una sentencia en torno a la misma). Lo único que trato de demostrar es que urge realizar una valoración del asunto, de sus posibles consecuencias (ya sean beneficiosas o perjudiciales).

Si seguimos a la autora en el punto que nos ocupa ahora mismo, su balance es absolutamente pesimista. Mary Shelley predice claramente las consecuencias de la utilización tecnológica inmoral. La novela, aparecida en el período de la primera Revolución Industrial, hizo reflexionar a la escritora sobre los riesgos de la sociedad tecnológica naciente, inherente a la investigación científica y a la explotación de la naturaleza.

Lo que subyace a los proyectos del Doctor Frankenstein es, obvia-mente, un intento de obtener poder. Víctor se inspira en los flamantes científicos en quienes ha adivinado ese poder ilimitado para ocupar el papel de Dios en relación a su creación. Al hacer eso no sólo ha penetrado la naturaleza, sino que ha usurpado el poder de procreación en un deseo maniático de controlar los modos de reproducción con el objetivo de ser reconocido y reverenciado como el padre de las nuevas especies. Pero pronto se frustran sus ambiciones: la criatura a la que ha dado a luz se rebela contra su creador. Es sólo entonces cuando Frankenstein comienza a plantearse el verdadero alcance y la repercusión de su obra. Mas ya es demasiado tarde, no se puede hacer nada

Y es así como la creación termina por destruir a su “padre”.

La novela de Mary Shelley toma en consideración el hecho de que nuestro punto de vista del universo y nuestro estatus en él pueden ser cambiados radicalmente. Dichos cambios pueden ubicar al hombre en predicamentos nuevos y difíciles. Lo que pretende la autora es advertir contra la utilización de la inteligencia científica divorciada de los principios mora-les, contra los peligros inherentes a los desarrollos tecnológicos de la ciencia moderna. El mensaje clave de la obra bien podría ser el siguiente: un desarrollo científico moralmente irresponsable puede liberar un monstruo con capacidad de destruir a la humanidad.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha operado de tal manera que ha desequilibrado el balance entre los sistemas humanos y el sistema natural. Los científicos contemporáneos ya no se interesan por explorar la naturaleza, sino que dirigen todos sus esfuerzos a construir un nuevo sustituto artificial de ella.

La conclusión obvia de la novela es que la raza humana siempre ha intentado ir más allá de sus posibilidades, convirtiéndose finalmente así en una prisionera no de su cuerpo, sino de algo muy inhumano, y al mismo tiempo de su propio intelecto. La humanidad ha acabado por sucumbir víctima de la ambición, continuando incansablemente en su aspiración por el desafío la tarea de borrar cualquier vínculo con la naturaleza.

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LAS TUMBAS DE ATUAN (Úrsula K. Leguin)

Esta vez no tenemos a Ged por protagonista, sino a Tenar,
una niña que es llevada al Lugar de las Tumbas, en la isla de Atuan, en
las Tierras de Kargad, al noreste del Archipiélago Interior de
Terramar, pues es reconocida como la reencarnación de la sacerdotisa de
los Sin Nombre, antiguos poderes de Terramar que dominan el Lugar de
las Tumbas, y que tiene el nombre de Arha, que significa "La devorada",
pues a la niña se le despoja de su nombre (aunque no es su nombre
verdadero, pues, y eso lo sabemos hasta En el otro viento,
los habitantes de Kargad, al no practicar la magia, tampoco tienen algo
así como "nombres verdaderos", como los hárdicos de las Islas
Interiores).

Así, la historia se desarrolla cuando Arha, habiendo cumplido los
trece años, recibe la totalidad de sus deberes y privilegios como
Sacerdotisa de las Tumbas, una de las cuales es el acceso al Laberinto
de las Tumbas, una suerte de pasadizos conectados en una catacumba,
donde se solía encarcelar a los más grandes criminales. Pero también se
oculta un tesoro como ofrenda para los Sin Nombre. Así pues, Arha
comienza a pasar algún tiempo recorriendo los pasadizos, hasta que
cierto día observa una luminiscencia en el laberinto, y descubre que se
trata de un intruso, un hombre, aunque ella no sabía qué era un hombre
porque en el Lugar de las Tumbas sólo se permitía el paso a
sacerdotisas, princesas, y eunucos. Y, recordando la descripción física
que la sacerdotisa Thar le había referido de los hechiceros de las
Islas Interiores, Arha concluye que este hombre lo es.

Sin embargo, antes de hacer nada contra él, Arha comienza a espiarlo
por mirillas que habían en los Templos sobre el laberinto, y cada vez
la fascinación en ella es mayor, hasta que es obligada por otra
sacerdotisa, Kossil, a atrapar y ofrecer al intruso en sacrificio para
sus amos, los Sin Nombre. Así, ayudada por su eunuco personal, Manan,
Arha atrapa al hechicero y lo encierra en una celda a la cual Kossil no
tiene acceso, y comienza a interrogarlo. Éste le hace saber que su
nombre es Gavilán, y que ha ido al Laberinto a robar un tesoro. Arha lo
maldice, pero al final su interés por el hechicero es cada vez mayor.
Finalmente, ante la exigencia de Kossil, quien comienza a hacer sentir
a Arha su mayor influencia dentro del Lugar de las Tumbas, Arha finge
sacrificar a Gavilán, pero en realidad lo lleva hasta la cámara del
tesoro de las Tumbas, y ahí lo encierra, prometiéndole volver. A
cambio, Gavilán la nombra por su nombre original, Tenar. Así, a la
mañana siguiente, Tenar recuerda todo lo que creía haber olvidado de
niña, y se da cuenta de que su verdadero nombre, su verdadera esencia,
no es la de "La devorada", sino la de Tenar, y eso la mortifica
enormemente. Decide entonces regresar a la cámara y liberar a Gavilán,
quien mientras tanto ha hurgado en el tesoro, y ha encontrado lo que
buscaba: la segunda mitad del Anillo de Erreth-Akbé. Tenar, quien tenía
la mitad de Gavilán pero que se la había arrebatado cuando lo capturó,
se la devuelve y así reúne las partes alrededor de la muñeca de Tenar
(el anillo parecía más bien un brazalete). Entonces Gavilán le propone
que ella huya con él, y al ver reunidas las partes, Tenar accede.
Gavilán le da entonces a Tenar la mayor prueba de confianza: su nombre
verdadero, Ged.

Entonces comienzan la huida, pero no sin la oposición de los
Tenebrosos, quienes emplean su poder para provocar un terremoto que
destruye El Lugar, pero que es contenido por Ged hasta que Tenar
consiga sacarlos de ahí. En un momento dado, Tenar flaquea, pero Ged,
que ha depositado su entera confianza en ella, la exhorta a mantenerse
firme, y es así que consiguen escapar de la cólera de las tinieblas.

Pero ahora Tenar no sabe qué hacer. Habiendo conocido tan solo El
Lugar y sus alrededores, no sabe nada del mundo exterior. Cuando ve un
bosque por primera vez, le parece el mejor lugar del mundo, y cuando ve
una pequeña fortificación, la toma por una poderosa ciudad. De pronto,
Tenar descubre que sólo gracias a Ged ha podido llegar hasta aquí, y
siente dolor cuando se entera que él no puede permanecer a su lado
porque otros lo necesitan, y que ella debe hallar, por sí sola, su
lugar en el mundo. De hecho, Tenar llora lágrimas de amargura durante
el viaje, pero finalmente comprende que, pese a lo que diga Ged, su
lugar no es en la maravillosa ciudad de Havnor, adonde la lleva para
regresar el Anillo a su origen, sino algo más tranquilo, donde pueda
encontrarse a sí misma, y Ged le propone llevarla con su antiguo
maestro Ogion, en Gont. Ella accede, y así, finalmente, llegan a
Havnor, donde todos los hárdicos la reciben con los brazos abiertos.

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VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO PABLOS (Francisco de Quevedo)

Pablos, era un pícaro nacido en Segovia, procedía de familia pobre. Su padre de oficio barbero ladrón, y su madre bruja. Este iba a un colegio, el cual deja después de conocer de forma accidental a Don Diego. Pablos, se hace así, criado de Don Diego. Fueron juntos a un colegio que dirigía un hombre muy rácano y que no les da de comer, llamado Cabra. Debido a esto, se van a otro colegio de Alcalá de Henares, en el que a Pablos, le hacen todo tipo de novatadas, aunque mas tarde será conocido por mas gente por sus travesuras. Mas tarde, le llega una carta a Don Diego y otra a Pablos. La de Don Diego, dice que tiene que volver a casa, y la de Pablos, dice que su padre ha sido ahorcado por ladrón, y su madre está en la cárcel por bruja. Su tío, que es el que le escribe, dice que tiene que ir a Segovia a cobrar la herencia, y se fué.

Libro segundo:

De camino a Segovia para cobrar la herencia, se encuentra primero con un Ingeniero loco, y mas tarde a un Clérigo, que también parece estar medio loco, con este último, llega a Madrid. Al día siguiente, sale de Madrid y se encuentra con un poeta el que le ganó todo lo que tenía en un albergue jugando a cartas. Prosigue al día siguiente con un soldado, con el que llega a Cercedilla, su pueblo natal. En Cercedilla, se va a casa de su tío a cobrar la herencia, y le invita a cenar junto con unos amigos. Al final de la cena, Pablos era el único que estaba sobrio, ya que su tío y los amigos si lo estaban. Pablos coge la herencia y se va de casa dejando una nota a su tío, sin decirle donde va. De camino a la Corte, se encuentra con un señor que se hace pasar por hidalgo, con el que va a la Madrid y decide enseñarle a sobrevivir. Los dos, yendo a Madrid, se encuentran con un cura, que les deja sin dinero jugando a las cartas.

Libro tercero:

Llegan los dos a Madrid, y se van a vivir del cuento haciéndose pasar por hidalgos, y pidiendo dinero. Éste vivía con otros estafadores en Madrid. Debido a que no eran muy expertos, son descubiertos por la policía, robando y haciendo travesuras. Son llevados a la cárcel, donde Pablos consigue sobornar a un alguacil y a un escribano. Éste se va, dejando allí a sus compañeros. Pablos se va a una posada haciéndose pasar por don Ramiro de Guzmán, un noble con mucho dinero. Pero un día, al intentar entrar por la ventana en la habitación de una dama que le llamaba, cae en un tejado y es tomado por un ladrón. Consigue librarse gracias a unos amigos que hacen creer al escribano que es un ayudante del rey. Conoce a unos nobles que la presentan a una señora muy rica a la que Pablos intenta seducir. Don Diego es primo de la dama y en una visita a su casa reconoce a Pablos y advierte a los nobles conocidos de éste sobre el engaño. La promesa de pegarle una paliza, se cumplió. Después de la paliza, herido, pasa unos días en una posada. La dueña de la posada es detenida y Pablos es obligado a abandonar su cama aún malherido. Debido a su mal estado decide mendigar, y ayudado de una muleta, consigue hacer mucho dinero asociándose con otro mendigo con el que hace amistad. Pero se cansa pronto de mendigar y decide irse a Toledo con su dinero. Allí, conoce a unos actores que le invitan a trabajar con ellos, ve que tiene mucho éxito, y se mete en el mundo de escribir guiones de comedia. También como escritor tenia éxito, pero un día es detenido el dueño de la compañía por la policía y los actores se van cada uno a su sitio. Pablos conoce a una monja, e insatisfecho de la relación, se va a Sevilla. Allí conoce a unos ladrones con los que se llevaba bien, pero una noche, borrachos todos cometen un asesinato y son perseguidos por la policía. Consiguen esconderse en una iglesia y escapar días después, disfrazados. Pablos decide probar suerte en las Indias, pero parece que no lo consigue.

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SIDDHARTA (Hermann Hesse)

Siddharta era hijo de Brahmán. Creció junto a su amigo Govinda. Desde pequeño, participaba en las conferencias de los sabios. La alegría invadía el corazón de su padre al ver al su hijo, inteligente y veía en él un príncipe entre los brahmanes. Los hijos de los brahmanes suspiraban por él, pero el que más le amaba era Govinda, que admiraba sus pensamientos y su férrea voluntad. Todos querían a Siddharta y a todos daba alegría y gozo. El único que no sentía eso era el propio Siddharta, que había empezado a alimentar el descontento en su interior. Había empezado a presentir que su padre, los profesores y los sabios brahmanes, ya le habían comunicado la parte más importante de su sabiduría. Pero su espíritu no se hallaba satisfecho, su alma no estaba tranquila y su corazón no se sentía saciado.

Una noche comunicó a su padre que quería irse con los ascetas y convertirse en un samana. Al principio el padre rehusó, pues tenía planes para él, pero viendo la terquedad de su hijo, tuvo que ceder.

Salió Siddharta con la primera luz del día y se le unió su amigo Govinda.

CON LOS SAMANAS

Ese mismo día, se unieron a los ascetas. Siddharta regaló su túnica a un pobre, y desde entonces solo vistió el taparrabos y una descolorida capa color tierra. Comía una vez al día y hacía ayunos prolongados hasta que la carne fue desapareciendo de sus muslos y mejillas. Cuando pasaban por los pueblos, la gente les miraba con desprecio.

De los samanas aprendió el arte de abstraerse, de contener la respiración y de insensibilizarse contra el hambre y el dolor. Pero su espíritu seguía sin estar satisfecho. Cuando llevaba tres años viviendo con los samanas, escuchó hablar de Gotama, el Buda, que en su persona había separado el dolor del mundo. Junto a Govinda, abandonó a los samanes y fueron en busca de Gotama.

GOTAMA

En la ciudad de Savathi todos conocían el nombre de Gotama, y todos estaban dispuestos a llenar el plato de limosnas de sus discípulos. Cerca de la ciudad, se encontraba el bosque de Jetavana, que el rico comerciante Anathapindika, un devoto de Gotama, había regalado a él y a los suyos.

La primera vez que Siddharta y su amigo vieron a Gotama, lo encontraron pidiendo limosna. Lo reconocieron por la perfección de su alma y el sosiego de su figura. Por la noche, escucharon la doctrina del Buda, que hablaba sobre el origen del dolor y sobre el camino para reducirlo. Esa misma noche, Govinda abrazó la doctrina del Buda y cuando terminó la ceremonia quiso saber por qué Siddharta no la había aceptado. Éste, con mucho cariño, le contesto:

– No olvides, Govinda, que ahora perteneces a los samanas del Buda. Has renunciado a tu casa y a tus padres, has negado tu origen y tu propiedad, has repudiado tu propia voluntad, has rechazado la amistad. Así lo quiere la doctrina, y tú has elegido. Mañana me marcharé, no para buscar otra doctrina mejor, sino para dejar todas las doctrinas y todos los profesores, y para llegar solo a mi meta o morirme.

Asimismo, Siddharta pensó: – El Buda me ha robado un amigo que creía en mi y era mi sombra, pero me ha regalado a mí mismo.

DESPERTAR

Cuando Siddharta dejó el bosque y a su amigo, sintió que en ese bosque se quedaba su vida actual, y pensó que de lo que menos sabía en el mundo, era de sí mismo. Por eso echó a andar, en busca de sí mismo.

KAMALA

En su camino, Siddharta se encontró con un río que no podía cruzar sin barca.

Como no tenía nada, pidió al barquero, que lo cruzara sin cobrarle. El barquero aceptó, y esa noche le dio cobijo.

Al día siguiente, de camino a la ciudad, se encontró con un hermoso parque. Paseando por ese parque, se encontró con Kamala, la cortesana, una hermosa mujer reclinada en una litera dorada que iba con su comitiva.

Al día siguiente pidió audiencia a Kamala y ésta aceptó. Cuando se encontraron, Siddharta le pidió a Kamala su sabiduría. Ella se echó a reír y le dijo que ella enseñaba su oficio a la gente que venía a verla bien vestida y con dinero. Siddharta le contestó: – Ya empiezo a aprender de ti, pues para venir a verte me he afeitado y llevo aceite en el cabello. Es poco lo que me falta: ropas elegantes y dinero.

Su respuesta, le hizo gracia a Kamala, que le preguntó qué sabía hacer. Siddharta contestó: – Sé pensar, esperar y ayunar. También sé hacer versos, leer y escribir.

Pasados unos días Kamala puso en contacto a Siddharta con un rico comerciante llamado Kamaswami.

CON LOS HUMANOS

Cuando Siddharta se entrevistó con Kamaswami, éste le pregunto qué es lo que sabía hacer. Siddharta de nuevo contestó: – Sé pensar, esperar y ayunar. -¿ Y para qué sirve?, preguntó Kamaswami. – Pues, por ejemplo, si yo no hubiera aprendido a ayunar, hoy mismo tendría que aceptar cualquier empleo, pues el hambre me obligaría, pero como puedo contener el asedio del hambre, puedo esperar.

Kamaswami se dio cuenta de que tenía razón. Entonces le hizo una prueba de lectura y escritura que pasó sobresalientemente y ese mismo día le contrató y lo alojó en su casa.

Los criados le entregaron vestidos y zapatos y le preparaban el baño diariamente, le servían dos abundantes comidas diarias, pero Siddharta sólo comía una vez y nunca comía carne, ni bebía vino.

Siddharta llegó a aprender muchas cosas de los negocios, pues escuchaba mucho y hablaba poco. En vez de poner la pasión de Kamaswami en los negocios, para Siddharta eran como un juego.

Con buenos vestidos y regalos, iba a visitar a Kamala que le enseño el arte del amor, que no se puede recibir placer sin darlo. Junto a Kamala, encontró el sentido actual de su vida, hablaba mucho con ella y sintió que estaba más cerca espiritualmente de Kamala, de lo que nunca había estado con su amigo Govinda.

SANSARA

Los años pasaban y Siddharta se encontraba rodeado de comodidades, pues se había hecho rico y apenas se había dado cuenta. Había aprendido a comerciar, a ejercitar su poder sobre las personas, a divertirse con una mujer. Se había aficionado a vestir bien, a bañarse con agua perfumada, a comer platos sabrosos de pescado, carne, aves, especias y dulces. Y bebía vino, que da pereza y ayuda a olvidar. Además se había aficionado al juego.

Le había capturado el mundo del placer, las exigencias, la pereza y la codicia.

Llegó un momento que Siddharta se dio cuenta de lo que le estaba pasando y abandonó la ciudad con ánimo de no volver jamás. No volvió a visitar a Kamala, que, pasado un tiempo, se dio cuenta de que estaba encinta.

JUNTO AL RÍO

Siddharta caminó hasta llegar junto a la orilla del río que le había cruzado el barquero cuando era joven.

Estaba lleno de fastidio, de miseria y muerte, ya no existía nada en el mundo que pudiese alegrarle o consolarle. Se sentó bajo un árbol y oyó una voz llegar desde el más remoto lugar de su alma. Era una sílaba que se repetía una y otra vez, la vieja palabra, principio y fin de todas las oraciones de los brahmanes, el sagrado OM, que significa "lo perfecto". Y en el momento en que la palabra OM alcanzó su oído, se despertó su espíritu adormecido y reconoció la necedad de su vida anterior.

Se quedó dormido con esa palabra en su pensamiento y cuando despertó vio a un monje en postura de meditación. Reconoció en él a su amigo Govinda. Éste se había quedado velando su sueño al verlo cuando pasó con otros monjes, pues aquel era un sitio peligroso, paso de animales salvajes. Al despedirse Govinda, que no sabía que era Siddharta, se dio cuenta de quien era al pronunciar éste su nombre. Después de una breve charla, los dos amigos se despidieron.

EL BARQUERO

Siddharta observaba la corriente del río y deseó quedarse junto a él, quería aprender.

Por eso preguntó al barquero si lo aceptaba como ayudante, y este respondió que sí.

Al llegar la noche, se sentaron los dos en un tronco y Siddharta le contó toda su historia.

Siddharta, en poco tiempo aprendió a manejar la barca y a la vez aprendía mucho del río, como escuchar con el corazón tranquilo, sin pasión ni deseo, sin juicio ni opinión. Mucha gente al ver la cara de felicidad de los barqueros, entablaba conversación con ellos y empezó a correr la voz de que en el río vivían dos sabios.

Los años pasaban y un día pasaron en la barca a unos monjes discípulos de Gotama que les contaron que el Buda estaba muy enfermo. Unos días después venían por la orilla en peregrinación Kamala y el hijo de Siddharta. Kamala hacía mucho tiempo que se había retirado de cortesana y había regalado su casa y el jardín que poseía a los monjes de Gotama.

El hijo de Siddharta que se había criado entre algodones, estaba acostumbrado a imponer su voluntad, y no hacía más que quejarse de tener que ir andando para ver a un viejo que se estaba muriendo.

Kamala, tubo que parar a descansar, y al rato de estar sentada, la mordió una serpiente. Todos corrieron a pedir ayuda y fueron a parar a la choza de los barqueros. Siddharta reconoció a Kamala y se dio cuenta que el niño era suyo. Curaron a Kamala pero su vientre estaba ya negro e hinchado y esa misma noche murió.

EL HIJO

El hijo de Kamala se quedó a vivir con Siddharta, pero como estaba acostumbrado a vivir con lujos, pronto empezó a tener problemas con él.

El otro barquero, al ver la preocupación de Siddharta por su hijo, le dijo que éste, al haberse criado en un ambiente de lujo, era normal que tuviese esa aptitud. Además era joven y quería estar con gente de su edad, y no con dos asistencia, viejos como ellos. Por ello aconsejó a Siddharta que dejase ir a su hijo a la ciudad.
Siddharta, se resistía a dejarle partir, creía que su hijo cambiaría y como él, escucharía el río.

Pero una mañana, el hijo cogió la barca, pasó a la otra orilla y nunca supo más de él.

OM

Siddharta pensaba mucho en la marcha de su hijo, y le dolía que no hubiera querido quedarse con él. El barquero le decía que era normal, que también él se había ido de la casa de su padre para encontrar su camino, y su hijo había hecho lo mismo. Lo mejor que podía hacer, le aconsejó, era escuchar el río. El río habló a Siddharta y entonces entendió que cada uno tiene que buscar su camino, y cuando uno lo encuentra empieza a escuchar la palabra OM, " la perfección".

Al volver el barquero, le dijo que se tenía que ir al bosque, hacia la unidad. Siddharta lo sabía, se lo había dicho el río, y Vasudeva, el barquero, se fue rodeado de un resplandor.

GOVINDA

Govinda se encontraba viviendo en el jardín de Kamala y escuchó hablar de un viejo sabio que trabajaba de barquero. No reconoció a Siddharta hasta que éste se lo dijo, tras un rato de conversación. Govinda le pidió consejo a Siddharta, ya que llevaba toda la vida buscando.

Siddharta le dijo que quizá con tanto buscar, no tienes ocasión para encontrar.

Buscar significa tener un objetivo. Encontrar sin embargo, significa estar libre, abierto, no necesitas ningún fin.

Pasaron el día hablando los dos amigos y a la hora de irse, Govinda le dijo a Siddharta que mientras éste había llegado a conseguir la paz, él no la había encontrado, por eso le pidió algunas palabras más que le ayudasen en el camino para seguir buscando. Siddharta le dijo: – Acércate a mi y besamé la frente.

Al besarle, ya no contemplaba el rostro de su amigo, sino que veía centenares de rostros de personas, animales, pájaros, vio dioses y todas las experiencias de la vida.

Entonces Govinda, comprendió que había terminado su búsqueda.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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