El pan de los años mozos (Heinrich Böll)

Son los tiempos de postguerra en alemania. El joven protagonista inicia precisamente en esos duros y difíciles días su vida de trabajo.
En ésta, como en otras de sus obras, Heinrich Böll -Premio Nobel de Literatura 1972- denuncia el vacío escalofriante del que padece la humanidad. Su crítica social va dirigida hacia la hambruna, la escasez, el mercado negro, y además fustiga sin piedad antivalores como el consumismo de una sociedad que califica como \’americanizada".
Pero El pan de los años mozos es también una historia de amor que, como señala el crítico Ignacio Valente, se mueve en el plano de las relaciones profundas que se crean entre un hombre y una mujer bajo la superficie de los ademanes y palabras más simples, esta carga secreta y subterránea de miedo, ternura, asombro, deseo, torpeza, veneración, que se encierra en los pocos minutos del primer encuentro.

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Siempre hemos vivido en el castillo (Shirley Jackson)

La verdad es que la novela tiene no sólo un punto inquietante, sino grandes fases muy entretenidaas, con personajes más o menos bien construidos y, eso sí, una trama totalmente previsible. Por lo demás, la autora trata de centrarse en los ambientes opresivos, en los caracteres un poco maniáticos, y en la presión del ambiente.

A mí, personalmente, me interesó sobre todo el tema del loco que presiona al cuerdo para llevarlo a su lado de la razón, y que ejerce todo tipo de compulsiones sobre él, chantajes emocionales y toda clase de trucos para ir alejándolo de la lógica de los demás: la locura, o la enfermedad mental como mal infeccioso. Eso fue lo mejor.

Lo peor, como ya dije, lo previsible de todo.

Esto dicen por ahí:

Cuatro miembros de la familia Blackwood han muerto a causa de una comida envenenada. Durante seis años los sobrevivientes han vivido "en el castillo", acosados por el odio y el miedo de los aldeanos.

"Esta terrible y hermosa novela, de una de las más notables escritoras norteamericanas, cosigue el irónico milagro de convencer al lector de que una casa habitada por un lunático, un envenenador y un piromaníaco es un mundo más rico en simpatía, amor y sutilieza que el mundo real exterior" (Time).

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Literatura rusa

En la literatura rusa de comienzos del siglo XX destacan poetas como Blok, Briúsov, Balmont, Bugaíev y Gippius. Blok, el más destacado, construyó un universo poético personal e intenso, producto de un vocabulario poético radicado en lo cósmico, lo angélico y lo demoniaco, lleno de  términos pasionales, de anhelos y miedos completamente humanos. A pesar esto, no perdió el contacto con la realidad. Poco después de la Revolución Rusa produjo uno de sus mejores poemas, \’Los doce\’ (1918), una viva y poderosa descripción de las aventuras de un batallón del Ejército Rojo encabezado, como se descubre en sus últimos versos, por el mismísimo Jesucristo.

Los simbolistas trabajaron tanto la prosa como en verso, e insistieron de modo particular en alterar las propiedades tradicionales de la novela. Así, Fiódor Sologub (seudónimo de Fiódor Kuzmich Tetérnikov, 1863-1927) describió la actividad sobrenatural que tiene lugar paralelamente a los acontecimientos de la existencia ordinaria en la novela El pequeño demonio (1907) y en sus numerosos relatos breves.

Otros muchos escritores trabajaron de modo completamente independiente de cualquier escuela o movimiento.

El novelista, dramaturgo y ensayista Maksim Gorki ldestaca por sus obras de corte político (La madre, 1907) y es reconocido como fundador del movimiento denominado realismo socialista.
Durante los años de calma que sucedieron a la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, muchos escritores y críticos defendieron que su misión era crear nuevas formas de arte apropiadas para la nueva época que estaban viviendo. Unos proclaman que una nueva cultura proletaria reemplazaría a las formas heredadas del pasado, para lo cual se debería utilizar la literatura como elemento de concienciación y cambio. Los futuristas (Maiakovski) propusieron un drástico cambio en las formas, imágenes literarias y en la textura del lenguaje. Otros más conservadores prefirieron mantenerse más fieles a las tradiciones clásicas rusas, defendiendo la literatura como actividad autónoma.

"Maiakovski llevó el espíritu de experimentación a niveles muy altos. Maestro de la declamación hiperbólica y de un nuevo lenguaje vivaz y basado en el habla vulgar, se constituyó en el mejor guía de las inmensas energías que se habían liberado tras la revolución. Un humor ardiente, una mordacidad satírica y un torrente de declaraciones comprometidas, aunque no serviles, de lealtad al régimen soviético, caracterizan lo mejor de sus poemas y obras teatrales públicas. Su voz privada, en cambio, que es la de una persona sensible y hasta vulnerable se ha dejado entrever en muchos de su primeros poemas, incluso entre la bravuconería del famoso \’La nube en pantalones\’ (1915). Maiakovski se suicidó en 1930. La nota que dejó tras su suicidio transmite la sensación de que la tensión entre sus vidas pública y privada terminó por dañar su talento poético y hacerle imposible la existencia."

No obstante, pronto se hizo patente que el refinado intelectualismo del arte prerrevolucionario ya no encajaba en la nueva atmósfera proletaria. Sólo unos pocos poetas, herederos de la cultura literaria anterior, continuaron escribiendo sus obras: Pasternak, Anna Ajmátova, Mandelstam. Pese a que algunos de estos alcanzaron un cierto prestigio, muchos terminaron siendo expulsados de la Unión de Escritores o deportados a Siberia.

La narrativa soviética de esta época tuvo que luchar contra las dificultades que encontraron los escritores para describir la revolución y la guerra civil. Estos hechos estaban señalados por el caos dentro de las vidas pública y privada, el colapso de las instituciones y por la hostilidad entre los dos bandos en que se dividió la nación. La tónica dominante de la narrativa terminó siendo una combinación de realismo literario y didacticismo político, que se convertiría en la doctrina artística oficial de la Unión Soviética a partir de 1934. Autores como Babel, Fedin, Leónov o Fadéiev trataron de buscar una cierta originalidad, al margen de la corriente dominante.

A finales de los años 20 se produjo un cierto resurgir del comercio privado, que desembocó en  una atmósfera particularmente vulnerable a la sátira. Así, se detecta en algunas obras del momento una combinación entre ardor revolucionario y afanes comerciales, en relatos ácidos, satíricos, etc. (Katáiev, Zoshchenko, Ilf y Pétrov)

Con los años 30 y el primer plan quinquenal, concluyó la tolerancia oficial hacia la literatura "disidente" y hacia la iniciativa privada en la edición literaria. A partir de entonces se estableció un férreo control político de toda actividad literaria, el cual sería administrado por un único aparato administrativo, la Asociación Rusa de Escritores Proletarios (RAPP). Ésta aseguraría la conformidad de las obras con la doctrina comunista; severos juicios políticos fueron sustituyendo a las críticas estrictamente literarias, y los escritores fueron sometidos a grandes presiones para que se adaptaran al nuevo régimen imperante. El resultado es un tipo de melodrama didáctico de carácter político (Leónov, Shólojov).

En 1932 la es sustituida por la Unión de Escritores Soviéticos, que responde al deseo estatal del imponer la doctrina del realismo socialista mediante un sutil y omnicomprensivo sistema de controles ajustables que sustituyera a la cruda coacción de la RAPP. Esto vino a significar que el aparato del partido y sus doctrinas controlarían la imaginación literaria rusa.

Sólo dos novelas escapan a la mediocridad generalizada de la producción literaria entre 1934 y 1939: Hacia el océano (Leonov, 1935) y El Don apacible (Shólojov , 1928-1940), considerada como la obra maestra en prosa de la época soviética, que viola algunas de las prescripciones oficiales básicas.
En los años de la II Guerra Mundial la literatura se vuelca en el propagandismo.
Tras la muerte de Stalin (1953) parece producirse una cierta apertura, que lleva a  la publicación de algunas novelas poco convencionales, como El deshielo (1954) de Ehrenburg. Muchos autores eliminaron o redujeron significativamente los contenidos políticos de sus obras. Destacan poetas como Yevtushenko y Voznesenski. No obstante, prosiguen los conflictos entre los escritores y el aparato político-literario. De hecho, hasta la llegada de la glasnost (\’apertura\’) a finales de la década de 1980, las obras más interesantes de la literatura rusa no se publicaron en la URSS, sino que circularon por otros países, bien editadas en ellos o bien en forma de manuscrito.

Doctor Zhivago (1957) de Boris Pasternak, no pudo leerse en ruso hasta 1987. En 1958, a Pasternak se le concedió el Premio Nobel de Literatura pero, sometido a poderosas presiones oficiales, no lo aceptó.

Alexandr Solzhenitsin estuvo siempre en la línea que separaba lo permitido de lo prohibido. En 1963 pudo publicar Un día en la vida de Iván Denisóvich, que trata de la vida en los campos de concentración. Sus novelas más importantes no pudieron ser publicadas más que en el extranjero. Sus protestas contra la censura, contra su propia expulsión de la Unión de Escritores y contra la práctica de confinar a los intelectuales disidentes en sanatorios mentales, constituyeron algunos de los compromisos morales de toda su obra narrativa. Solzhenitsin recibió el Premio Nobel y hubo de exiliarse definitivamente de su país.

"El término literatura ilegal (samizdat) durante el periodo postestalinista se aplicó repetidamente a las obras de Mijaíl Bulgákov. En 1928 comenzó a escribir su más importante novela El maestro y Margarita, en la que llevaba a cabo una sátira del gobierno, pero no pudo publicarla en la URSS hasta 1967, aunque en una versión muy recortada. También ilegal fue la conmovedora obra del poeta Joseph Brodsky y de muchos otros escritores y pensadores. Brodski, que fue expulsado de la Unión Soviética, viajó a los Estados Unidos en 1972. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1987 y recibió el nombramiento de poeta laureado de los Estados Unidos en 1991. Entre sus obras se encuentran Parada en el desierto (1970) y Elegías romanas (1983). Otro escritor disidente, Valerii Tarsis, al que se le permitió dejar el país y marcharse a Suiza en 1966, plasmó sus satíricos ataques al régimen soviético en novelas como La botella azul (1963). Escribió, además, Sala 7 (1965), una obra de carácter autobiográfico basada en sus propias experiencias en un hospital mental, y La fábrica de placer (1967), una ingeniosa historia sobre las gentes de la región del mar Negro. Estas obras ilegales contribuyeron a preservar las mejores tradiciones de la literatura rusa hasta que el colapso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y la disolución del Estado soviético en 1991 abrieron una nueva época para los escritores rusos."

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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Ivan Klíma y Philip Roth hablan sobre Kafka

 

ROTH: Kafka. En noviembre, mientras un marginado y ex presidiario, Václav Havel, hablaba a los manifestantes que en aquel momento ocupaban Praga y cuya acción daría lugar al nacimiento de la nueva Checoslovaquia, yo estaba dando un cursillo sobre Kafka en un college de Nueva York. Los alumnos leyeron El castillo, la tediosa e infructífera lucha de K. para conseguir que le sea reconocida la condición de topógrafo por el poderoso e inaccesible dormilón a cuyo cargo esta la burocracia del castillo, el tal señor Klamm. Cuando apareció en el New York Times una foto en que se veía a Havel tendiéndole la mano, de lado a lado de una mesa de conferencias, al antiguo primer ministro del régimen, se la enseñe a mis alumnos. “Bueno”, les dije: “K. por fin consigue reunirse con Klamm.” A los estudiantes les encantó que Havel tomara la decisión de presentarse a las elecciones: así entraba K. en el castillo nada menos que como sucesor del jefe de Klamm.
La clarividencia irónica quizá no sea el mas notable atributo de la obra de Kafka, pero nunca deja de sor prendernos cuando pensamos en ella. Kafka es todo menos una mente fantasiosa creando un sueño o pesadilla, en cuanto pudiera ser lo contrario de una mente realista. Su narrativa insiste, una y otra vez, en un punto: que aquello que se nos antoja una alucinación inimaginable, una paradoja imposible de superar, es precisamente lo que constituye la realidad de cada cual. En obras como La metamorfosis, El proceso y El castillo, nos traza la crónica de como alguien es educado para aceptar—más bien demasiado tarde, en el caso del acusado Joseph K.—que lo que parece fuera de lugar y ridículo e increíble, muy por debajo de la dignidad y de los intereses de una persona, es de hecho lo que esta sucediéndole a uno: esto que se sitúa por debajo de mi dignidad resulta ser mi destino.
“No era un sueño”, escribe Kafka, poco después de que Gregor Samsa despierte al descubrimiento de que ya no es un buen hijo que ayuda a su familia, sino una asquerosa alimaña. El sueño, según Kafka, es un mundo de probabilidad, de proporción, de estabilidad y orden, de causa y efecto: lo que a él le parece absurdamente fantástico es un mundo fiable, hecho de dignidad y de justicia. Cuanto le habría divertido a Kafka la indignación de esos soñadores que nos dicen a diario: “¡No he venido a este mundo a que me insulten!” En el mundo de Kafka, y no únicamente en el mundo de Kafka, la vida solo empieza a tener sentido cuando nos damos cuenta de que para eso precisamente es para lo que estamos aquí.
Me gustaría saber que papel puede haber desempeñado Kafka en tu imaginación durante los años en que estuviste en el mundo para que te insultaran. Los comunistas vetaron los libros de Kafka en las librerías, las bibliotecas, las universidades, incluida la de su propia ciudad natal, y en toda Checoslovaquia. ¿Por qué? ¿Qué los asustaba en Kafka? ¿Qué los irritaba? ¿Qué significaba para vosotros, que teníais un conocimiento íntimo de su obra y que incluso podíais sentiros muy identificados por sus orígenes?
KLIMA: Yo también, como tu, he estudiado la obra de Kafka. No hace mucho escribí un largo ensayo sobre él y sobre una obra de teatro que trataba de su relación amorosa con Felice Bauer. Y yo formularía mi opinión sobre el conflicto entre el mundo onírico y el real en términos ligeramente distintos. Tu dices: “El sueño, según Kafka, es un mundo de probabilidad, de proporción, de estabilidad y orden, de causa y efecto: lo que a él le parece absurdamente fantástico es un mundo fiable, hecho de dignidad y de justicia.” Yo quitaría fantástico y pondría inalcanzable. Lo que tu llamas el mundo del sueño, para Kafka era mas bien el mundo real, el mundo en que impera el orden, en que los seres humanos, al menos a su modo de ver, eran capaces de tenerse afecto, hacer el amor, tener hijos, cumplir ordenadamente con sus obligaciones; pero ese mundo era, para el, inalcanzable en su casi patológica fiabilidad. Lo que hace sufrir a sus personajes no es que no puedan alcanzar sus sueños, sino el hecho de no ser lo suficientemente fuertes como para adentrarse de veras en el mundo real, para cumplir de veras con su obligación.
En cuanto a por que prohibieron a Kafka los regímenes comunistas, podemos encontrar la respuesta en una frase que dice el protagonista de mi novela Love and Garbage “Lo que más importa de la personalidad de Kafka es su honradez.” Un régimen edificado sobre el engaño, que obliga a la gente a fingir, que exige aprobación de boca para afuera, sin preocuparse para nada de cuales puedan ser las convicciones internas de aquellos cuyo consentimiento requiere, un régimen a quien le da miedo cualquiera que se pregunte por el sentido de sus propios actos, no puede tolerar que alguien cuya veracidad alcanza un carácter tan fascinantemente completo, tan terrorífico incluso, pueda dirigirse a los demás.
Si me preguntas que significo Kafka para mí, habrá que volver a la cuestión a cuyo alrededor estamos dando vueltas. En conjunto, Kafka es un escritor no político. A este respecto, me gusta citar lo que anoto en su diario el 2 de agosto de 1914. Es muy corto: “alemania declara la guerra a Rusia. Por la tarde, escuela de natación.” Aquí, el plano histórico, un hecho que conmociona el mundo, y el personal se sitúan exactamente en el mismo nivel. Estoy seguro de que Kafka escribe por un único motivo, la necesidad de confesar sus crisis personales, resolviendo así lo que de insoluble había en su vida personal: sobre todo, sus relaciones con su padre y su incapacidad para ir mas allá de cierto limite en sus relaciones con las mujeres. Una de las cosas que hago ver en mi ensayo es que la maquina letal de su relato “En la colonia penitenciaria” es una imagen desesperada, apasionada y maravillosa del hecho de estar casado o comprometido. Hacia varios años que había escrito este relato cuando le confió a Milena Jesenska sus sentimientos ante la idea de irse a vivir juntos:
Sabes, cuando intento escribir algo [sobre nuestro compromiso] las espadas cuyas puntas me rodean en circulo empiezan a acercárseme lentamente al cuerpo. Es un completo suplicio. Cuando ya están tan cerca que me arañan, la situación se hace tan terrible que allí mismo, inmediatamente, en el primer grito, me traiciono a mí mismo, te traiciono a ti, lo traiciono todo.
Las metáforas de Kafka eran tan fuertes que iban muchísimo mas allá de su intención original. Me consta que tanto El proceso como “En la colonia penitenciaria” se han entendido como sendas profecías del destino terrible que aguardaba a la nación judía en la segunda guerra mundial, que estalló quince años después de la muerte de Kafka. Pero no eran ninguna profecía genial. Lo único que demuestran ambas obras es que un creador que sabe cómo reflejar sus experiencias mas intimas de un modo profundo y autentico también alcanza la esfera suprapersonal o social. Estoy contestando de nuevo la pregunta relativa al contenido político de la literatura. La literatura no tiene por que ponerse a escarbar en busca de realidades políticas, ni tiene por que preocuparse de los sistemas políticos que van sucediéndose. La literatura puede ir mas allá sin dejar por ello de resolver las cuestiones que el sistema vigente plantee al ser humano. Esta es la con secuencia más importante que yo extraje, para aplicármela, de Kafka.
Extríado del libro El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, De Philip Roth.
Seix Barral, 2003. Traducción de Ramón Buenaventura.

www.cumbresborrascosas.net

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LA ORATORIA (Jorge Mota)

LA ORATORIA
por Jorge Mota
Al esbozar este pequeño trabajo sobre la oratoria, he considerado importante añadir también unos comentarios sobre la psicología de las  masas y sobre la personalidad de "Jefe", toda vez que, en mayor o en  menor escala, un buen orador, tendrá directa o indirectamente la función de "leader".
LA PSICOLOGIA DE LAS MASAS.
Gustave Le Bon se ocupó de este tema con amplitud y su extenso estudio  al respecto sigue siendo una pieza fundamental no superada.  Cualquier  persona que quiera iniciarse en la oratoria, debe leer, repetidamente, la obre de Le Bon.
Aquí extractaremos sólo algunos pasajes a modo de orientación: "igualmente que para los seres entre los cuales no interviene el  razonamiento, en las muchedumbres la imaginación representativa es muy  poderosa, muy activa y susceptible de ser vivamente impresionada.  Las  imágenes evocadas en su espíritu por un personaje, un acontecimiento, un  accidente, tiene case la vivacidad de las cosas reales.  Las  muchedumbres están algo en el caso del soñador, cuya razón, suspendida  momentáneamente, deja surgir en su espíritu imágenes de una intensidad  extrema, pero que se disiparán rápidamente si pudiesen ser sometidas a   reflexión. "No siendo capaces las muchedumbres ni de reflexión ni de razonamiento , carecen de la noción de lo inverosímil, porque generalmente las cosas  más inverosímiles son las que hieren más profundamente su espíritu. "Lo maravilloso, lo legendario de los acontecimientos es siempre lo que  impresiona a las muchedumbres con mayor intensidad".
En otro pasaje, y en cierto modo como resumen de una serie de  razonamientos dice:   "Hemos demostrado que las muchedumbres no razonan; que admiten o rechazan las ideas en bloque; que no soportan discusión  ni contradicción, u que las sugestiones, actuando sobre ellas, invaden  completamente el campo de su entendimiento y tienden enseguida a transformarse en actos.  Hemos demostrado que las muchedumbres,  sugestionadas convenientemente, está prontas a sacrificarse por el ideal  que les fue sugerido.  Hemos visto también que sólo conocen los   sentimientos de violencia extremada; que en ellas la simpatía se   convierte pronto de adoración, y la simpatía, apenas nacida, se   convierte en odio.  Estas indicaciones generales permiten ya presentir  la naturaleza de sus convicciones".
Resumiendo Le Bon viene a afirmar que las masas como tales tienen la  personalidad distinta de los individuos que las forman.  Sus opiniones  constituyeron en su tiempo una novedad, sin embargo hoy han sido ya  estudiadas sistemáticamente todas las reacciones de las masas.  Todos  estos estudios, empero, partes de la obre de Le Bon y sobre ellos se  apoya el "arte" de la democracia, es decir, el arte de hacer creer a los dirigidos que son directores.
 Diversos autores han abundado en las opiniones del genial autor francés. Hitler, en "Mein Kampf" , comenta ampliamente el tema de las masa  resaltando que el hecho de "ser una masa convence de la razón", afirmación muy justa y tremendamente cierta.  El genial octor Robert   escribiría: "Por lo mismo que las masas no discurren , tampoco soportan    la contradicción.  Las masas piensan poco pero las masas sienten.  Las  masas no razonan, sino que solamente se mueven por el sentimiento", e  incluso en una gran película, "Un hombre para la eternidad" pudimos  anotar una frase muy elocuente al respecto: "las masas siguen a   cualquier cosa que se mueve".
Sin embargo como hemos apuntado,  y aunque no nos extenderemos al  respecto, los modernos estudios de formación de dirigentes, no olvidan esos principios fundamentales.  En la obra "Formación de dirigentes" de   Carlos Campoy, editada en 1971, podemos leer un espléndido resumen del libro de Le Bon, aunque no se indique así en el texto:
"A. La sociedad de masas es muy poco apta para el razonamiento, pero es  muy apta para la acción.
"B. La muchedumbre, actuando masivamente, posee un alma colectiva que  motiva pensamientos, sentimientos y acciones, distintas a aquellas de  las que serían capaces de hacer aisladamente, los individuos que las  integran.  "C. Muy pocas veces son guiadas por la razón, careciendo de poder sobre ellas las leyes de la lógica.  Por eso , sus dirigentes o líderes,  invocan sus sentimientos y nunca su razón"  continuando en otros puntos  diciendo que son susceptibles de una moralidad extrema, son intolerables  y autoritarias, simples y exageradas, sugestionables y crédulas." Sólo encontramos un gran error en Le Bon al afirmar que a través de los  periódicos es muy difícil crear un gran movimiento de opinión. Realmente hay que tener en cuenta la época en que vivió el autor , pero indudablemente hoy sabemos muy bien que es no sólo posible, sino  habitual.  Aspectos importantes que afectan a cada persona  individualmente como el impuesto de renta, no crea ni pintadas, ni manifestaciones, ni protestas, simplemente porque no es estimulado por la prensa.  La prensa crea pequeños líderes de corta duración para   evitar la pérdida de su control y procura que esos líderes no tengan realmente calidad de tales en cuyo caso podrían independizarse. En otros dos puntos hemos de mostrar una pequeña divergencia con Le  Bon.  Dicho autor viene a asegurar – como ya hemos dicho – que las masas  tienen una personalidad propia.
Realmente este aspecto es discutible, pues lo que les confiere esa "personalidad" es el anonimato y la  impunidad.  Muy probablemente las personas que forman esa masa, solas,  pero garantizando el anonimato y la impunidad, actuarían de igual forma.
Le Bon en cierto modo hace referencia a este hecho, pero no lo pone    debidamente de manifiesto y ello tiene su importancia pues habrá que pensar que cuando las personas individuales que forman las masa, sean  incapaces de actuar injustamente, – pese a la garantía de impunidad y    anonimato – , esas masas, formadas por esas personas, tampoco lo harán.
Otro punto de discrepancia con Le Bon – aunque más bien en orden  teórico – es que analizando sus comentarios se llega a la conclusión de que el buen "jefe", el  buen "orador" es el que sabe adaptarse a esas   características de las masas, es decir, el que sabe ser superficial, exagerado, intolerante, etc.  De haber conocido Le Bon a Hitler, muy posiblemente habría dicho que ere el prototipo ideal que él había defino en su libro.  Muchos camaradas incluso lo pensarán también, sin embargo Hitler supo arrastrar a las masas diciéndoles algo, sus discursos no son una sucesión de slogans más o menos convincentes.
Los discursos de Hitler son profundos, están llenos de ideas, de grandes ideas.  Hitler  en Nüremberg, en sus grandes discursos culturales, hablaba a las masas de arte, de moral, de ética.  Nada más falso que pretender que las masas  son y serán como son y los líderes ha de ser como son y serán las masas. El papel del líder – y eso ya lo trataremos luego en la oratoria – ha de  pretender elevar a esas masas, educarlas y lograr cambiarlas, otro  proceder sería tan absurdo como el misionero que para lograr feligreses, reparte entre los negros chocolate y abalorios.  Efectivamente tendrá sin duda muchos más seguidores, pero durante mucho menos tiempo que   aquel que se ha preocupado de convencerles.  Ser líder de una masa que  no va a ninguna parte tiene tanto interés como comprar uncoche sin motor.
Lo que sí es indudablemente cierto es que en una reunión donde no existe previamente un responsable, es imposible sacar conclusiones, independientemente de que esté formada por gente eminente o por  estúpidos.  Este es un fenómeno que no tiene su origen en la masa, o en lla gente reunida, sino en la organización, pero que no deja de ser interesante constatar.
En todo caso las masas pueden ser controladas por medio de la  disciplina. Hay masas más salvajes que otras.  Al término de la guerra mundial se puso de manifiesto este hecho y Francia e Italia se pusieron rápidamente en cabeza de la brutalidad de las masas, mientras que en  países anglosajones o germánicos se produjo una depuración igual pero en  forma más civilizada.
Creo que el motivo de este hecho habría que buscarlo en que esas   naciones son, por naturaleza, más disciplinadas, más obedientes. Conciben menos ese actuar individualista típico latino.  Esas masas esperarían más una orden de "vamos!" que un grito en igual sentido.  El  sentido de la disciplina, de la rectitud y, fundamentalmente, la  educación, puede lograr, estoy convencido, que en el futuro el espíritu  de las masas no se ajuste a lo escrito por Le Bon.
 
EL JEFE.
Un orador tiene que ser un Jefe.  Puede no ser el Jefe Principal, incluso ese Jefe Principal puede no ser orador, pero indiscutiblemente   el orador será un jefe tanto si se lo propone como si quiere evitarlo. Ello hace que sea conveniente analizar, aunque someramente, las virtudes que debe poseer un jefe.
Si observamos con detenimiento toda la sociedad que nos rodea veremos  que está organizada jerarquicamente, desde el deporte, donde hay un "capitán" en cada equipo, un entrenador, etc., hasta las empresas donde  todo son jefes y jefecillos.  La sociedad actual, como cualquier otra  del pasado , se articula en un sistema jerárquico.
A Joaquín Bochaca le preguntaron en el curso de un extenso examen psicotécnico, si él creía que los hombre eran iguales.  Bochaca se  limitó a decir que si fuesen iguales no le estarían haciendo a él un  examen psicotécnico.  La evidencia dejó sin respuesta al examinador  pero, indudablemente, no le convenció, pues todo el mundo "sabe" que no puede ser convencido de según que cosas. En la sociedad capitalista todo está organizado alrededor de los  "líderes", aunque se les llame "ídolos", "estrellas", etc., son  realmente líderes falsos.  Son encumbrados a placer y hundidos al gusto, pero fundamentalmente con ellos mueven a las masas o las distraen.
En el libro mencionado antes sobre "Formación de Dirigentes" –  básicamente relativo a directivos de empresa _ se contienen algunos puntos plenamente válidos y que quizás no es necesario transcribir por conocidos, sin embargo es curioso constatar como en la formación de  mandos de empresas se reconoce el papel de líder, del Jefe, si bien constatando a su vez que en la sociedad actual hay multitud de  organizamos creados para dificultar la labor a ese líder – Parlamentos, Consejos de Administración…- elaborándose también los sistemas para conseguir la aquiescencia de dichos organismos. Una gran diferencia entre el concepto capitalista del "Jefe" y nuestro "Führerprincip" (principio de caudillaje), la tenemos en que para la  mentalidad democrática el líder puede ser formado en una escuela de dirigentes, mientras que nosotros reconocemos que es precisa una  cualidad interna básica e innata.
Realmente el capitalismo crea sus líderes, líderes a la medida de sus  necesidades y efectivamente son prácticamente elegidos al azar, pero justamente eso es así porque les interesa que ese supuesto "líder" tenga   sólo la apariencia de tal, diferente de nuestro "Líder" que debe serlo  plenamente, debe dirigir y no ser dirigido.
Contrariamente es también común el error de pensar que el jefe "no se  hace, nace".  Esta afirmación tiene tanto de cierta como la anterior.  El jefe realmente nace, pero precisa de una educación.  En ejemplo muy  ilustrativo de Clausewitz, diremos que el jefe es el río y los conocimientos técnicos los afluentes. Uno y otros se complementas.Es posible que un jefe que nace, también por instinto se forme él mismo autodidácticamente, pero realmente un conocimiento adquirido y unas técnicas adecuadas pueden descubrir más fácilmente la personalidad de un  jefe. Las virtudes que deben tener los jefes son, en líneas generales, las   siguientes: Inteligencia y fuerza intelectual; voluntad fuerte y tenaz; actividad, dinamismo y trabajo; energía y, en caso necesario, audacia; sentimiento de responsabilidad; sentimiento del deber; preocupación por  el bien común; gran cultura general; capacidad organizativa, mando; capacidad administrativa, previsión; conocimientos generales de cosas muy diferentes del mismo ámbito; competencia en la especialidad propia; capacida física y mental; capacidad de relación social con hombres  diversos; altruismo; sinceridad; lealtad; rectitud; confianza en sí  mismo; optimismo; presencia física; seguridad ; valentía; independencia  de intereses o personas; comprensión; intransigencia; sugestión (simpatía, atracción ); serenidad ( flema ); alegría; ser reservado; espíritu de cooperación; ambición. Contrariamente los defectos de los que debe carecer, además de los que por se contrarios a las virtudes mencionadas ya se presuponga, son :Exigir mucho de los demás; tomarlo todo al pie de la letra; estar inclinado a generalizar; reaccionar ante todo; reaccionar coléricamente; intenso apasionamiento; capacidad de odio intenso; incapaz de olvidar  una injusticia; incapaz de mantener una actitud; ser socialmente indiferente; ser intratable; despertar malos sentimientos; ser  pesimista; dar demasiada importancia a problemas pequeños; no tener una  escala de valores definidos para ordenar cada cosa en su importancia;  ser desagradable en el trato.
De hecho de estar virtudes y defectos podría decirse en justicia que ni  son todas las que estás ni están todas las que son.  Se trata más bien  de una recopilación de lo que diversos autores han opinado sobre el  tema.  Con gusto añadiría o suprimiría de la lista, aquellas que se me  puedan indicar erróneas. Por ejemplo la presencia física me había pasado totalmente por alto,  pese a ser de importancia decisiva.  Fue Enrique Aynat quien con ocasión  de un conferencia en Valencia me hizo dar cuenta de la omisión.  León  Degrelle, por ejemplo, lleva en una maleta una americana sólo para el  momento de hablar.  Una vez acabado un acto se cambia de vestido.  Político como Adolfo Suarez han debido buena parte de su éxito a su  presencia física, pero incluso aquellos que poseen un mal aspecto, son  "arreglado" por maquilladores y sastres.  La presencia física tiene  ciertamente mucha importancia.
Personalmente pedí a varios camaradas que me conocían desde hacía  bastante años, que hiciesen una valoración mía según esas "virtudes" y  "defectos" del Jefe.  Yo mismo me punté también y otro camarada, recién  entrado en CEDADE, hizo igualmente su valoración.  El camarada nuevo,  -que indudablemente me conocía muy poco- , bien por ignorancia o por  respeto fue muy generoso en su puntuación, con un 7 en las virtudes y un  3 en los defectos.  Sin embargo los otros, incluido yo mismo,  coincidimos bastante en la puntuación, siendo más o menos de 7 en las  virtudes y 7 en los defectos.
Con un ligero saldo a favor tenía  indudablemente que reconocer que mis defectos anulaban mis virtudes. Creo que es interesante que cada cual se haga a sí mismo y a sus  mandos, una valoración privada según esas virtudes y defectos.  Ayuda  mucho a corregirse o a formarse, el tener una clara visión de la  situación personal.
Esto es tanto más interesante cuanto que hay determinadas virtudes, al  igual que determinados defectos, que si se hallan incorporados a la  manera de ser, al "estilo", de CEDADE.
No ha de extrañar que esto ocurra, pues personas que en un mundo  absolutamente hostil, confluyen desde diversos puntos a un mismo lugar,  han de tener necesariamente unas características comunes.  Ejemplo  plenamente manifiesto al respecto lo constituye un examen psicotécnico  realizado por tres destacados miembros de CEDADE en una misma empresa.  El resultado de los tres exámenes, realizados con considerable  diferencia de tiempo -años-, es sorprendentemente similar.  Junto a  algunos rasgos típicos de cada cual, se mencionaron en dicho informe  -que dicho sea de paso costó- 120.00 pesetas- diversas características  comunes a los tres y raras en otros compañeros de trabajo: tendencia a sentirse bien entre pequeño grupo (no espíritu de masa); serios e introvertidos; seguridad en sí mismos; ambición; capacidad al razonamiento abstracto; reflejos mentales; rigidez de espíritu    acentuada honradez; tenacidad; dotes de mando (tendencia al liderazgo autocrático, uno de ellos); facilidad numérica; sensibilidad muy acusada; capaces de prescindir del afecto de los demás. Es verdaderamente curioso observar que estas tres personas, de sexo y  edad diferentes, posean las tres "facilidad numérica" o "capacidad al razonamiento abstracto", lo cual puede tratarse de una casualidad o del  resultado de las otras características. Algunos problemas relacionados con la "Jefatura", tiene una especial  característica en CEDADE. Una de esas peculiaridades es la de que no se  posee ningún medio coactivo que pueda obligar a cumplir las órdenes. En las empresas la obediencia se basa en el sueldo y, eventualmente, en  el afán de ascenso.  En el Ejercito la obediencia se halla enmarcada por  sanciones a troche y moche.  Contrariamente en CEDADE la obediencia ha  de ser voluntaria, espontánea y sincera.  Esto hace que, unido a una  época anárquica como la actual y a la naturaleza de los españoles, la  disciplina brille más bien por su ausencia.  Las cualidades del Jefe en  CEDADE tienen que tener una gran parte de sicología.  Como muy bien me  decía hace poco nuestro Presidente Pedro Varela, sólo se puede ordenar a  la gente aquello que sabes de antemano que va a cumplir.  Se precisa  pues un sexto sentido o una gran sigología, para lograr la apariencia  externa de disciplina.
El problema que atraviesa CEDADE -como todos los partidos sin  excepción-, es la falta de mandos.  Poseemos muchos soldados, peor muy  pocos oficiales y jefes.  Es por ello que esa sicología de los mandos de  CEDADE, deban emplearse en saber elegir bien a los futuros militantes. Ante todo nuevo militante se presentan los tres grados clásicos para su  incorporación a la lucha: integración, actuación y participación.  Es  necesario cuidar con más interés a aquellos futuros miembros de los que  podamos sospechar que en el futuro puedan ser mando.  Ello lo hemos de  hacer incluso cuando esos futuros mandos, nos desplacen a nosotros.  En  la actualidad el militante se integra más que lo integramos.  Igualmente su actuación es casi siempre por iniciativa propia e,  indudablemente, la participación parte de él en la mayoría de ocasiones. Evidentemente el sistema capitalista, o las estructuras empresariales,  cuentan con dos factores de los que carecemos: el dinero y el halago.  Dos armas muy importantes para controlar a los subalternos o impresionar  a los superiores.  No pudiendo utilizar ninguna de ambas, es realmente  difícil lograr una cohesión y cuando se logra ello es indudablemente una  virtud del jefe.
En CEDADE nos encontramos ahora en un momento de transición que trae  consigo graves problemas organizativos.  Hasta ahora éramos demasiado  pocos para tener que integrarnos en un esquema organizativo  perfectamente estructurado.  Ahora, sin embargo no somos todavía los  suficientes, pero somos demasiados como para continuar como hasta ahora,  con un sistema simple de responsabilidad y funciones otorgados oralmente  sobre la marcha y cambiadas en poco tiempo.
A este constante cambio de mando y funciones, contribuye en buen manera  el hecho de que una parte de la militancia es "flotante".  Viene a  CEDADE a cumplir una especie de servicio militar y se marcha al cabo de  unos pocos meses o años.  Sin embargo, constatando este hecho, se  precisa la estructura adecuada para minimizar su aspecto negativo y  convertirlo en positivo.  Todo ello lleva a carecer de una estrategia definida.  Ello resulta  imposible ya que todo plan estratégico requiere una proyección a varios  años vista y ello es prácticamente imposible cuando las piezas claves de  esas estrategias cambian o abandonas CEDADE. sean determinantes dentro de un plan general.  El hecho de contar con un  buen diseñador gráfico ha influenciado en buena manera el aspecto  exterior de CEDADE.  Si en lugar de un diseñador hubiésemos dispuesto de  un diseñador de carteles, ello se habría notado igualmente.  En una  empresa una persona que cesa es sustituida por otra, pero aquí se está  al arbitrio de lo que "venga", que debe ser aprovechado una vez viene y  sobre la marcha.
Igualmente constituye una dificultad importante para todo mando,  delegado etc. el conciliar la convivencia de personas de la tercera  edad, junto a hombres maduros y jóvenes de 15 años.  Todo ello requiere  unas virtudes my difíciles de alcanzar, por lo que, habitualmente, el  círculo de personas que rodea a un determinado mando, es similar a su  propia edad, lo cual es indudablemente un fracaso.
El Jefe debe tener, como he dicho, una profunda sicología.  12 puntos  básicos son enumerados en el libro de Campoy y conviene relacionarlos  con todo detalle:
"1. El hombre es una unidad psicológica.
"2. Existen grandes diferencias entre las personas.  todo individuodebe ser tratado con arreglo a sus personalidad.
"3. La conducta del hombre no es lógica, sino psicológica.
"4. Toda persona tiende a conservar su integridad física y su vida.
"5. Toda persona tiende a conservar su integridad moral y su estimación.
"6. Toda persona tiende a la agrupación.
"7. Toda persona tiende a repetir aquello que ha tenido éxito.
"8. Existe una gran resistencia a los cambios.
"9. Existe una repulsión por las situaciones que no permiten un cierta libertad de acción al individuo y por las que la permiten en exceso.
"10. Todo los juicios de las personas tienen carácter comparativo.
"11. hay una tendencia a terminar las tareas comenzadas.
"12. Existe una necesidad de conocer los resultados de la propia situación. "
Quizás habría que discrepar el punto 6 pues realmente, en los últimos  años, la tendencia a la asociación se ha perdido en un cada vez más  creciente individualismo en todos los órdenes.  Esa tendencia abstracta  a la asociación sigue existiendo es situaciones especiales, cuando el  hombre solo siente miedo y precisa de estar integrado en una unidad  mayor, pero los medios modernos de propaganda y especialmente la  televisión, han logrado plenamente matar ese instinto.
Como punto suplementario añadiría una que dijese que "toda persona es  sensible al halago".  Es verdaderamente difícil encontrar una persona  que pueda opinar sobre otra, sin que influyan en esta opinión la actitud  y pensamiento de esa persona en cuestión con relación a él.  Se tiende a  simpatizar con el que nos halaga y a sentir poco entusiasmo hacia quien  nos critica.
Esos 12 (con el último, 13) puntos de sicología aplicada, hay que  conocerlos, tanto para poder tratar a los demás, como para corregir  aquellos que pueden
ser defectos en un mando.
Para terminar con este apartado, y dentro de las necesidades de CEDADE,  hay que mencionar una vez más, que el espíritu jerárquico no significa  autocrático.  La jerarquía distribuye responsabilidades no órdenes.  Da  a cada cual un ámbito de actuación.  Todo control obsesivo sobre los  subalternos acaba por hacerles perder el interés por el trabajo.  En las  empresas puede constatarse plenamente que personas de una gran eficacia  la pierden al recortarles sus responsabilidades y al tener ingerencias  de sus superiores en asuntos de su competencia.
En las empresas esas personas dejen de rendir al haber matado su  interés, pero continúan pues están sujetas por un sueldo y quizás, con  un cambio de jefes, puede despertarse de nuevo su entusiasmo.  En CEDADE  esas personas marchan y muchas veces los mandos no llegan a enterarse de  los motivos que las llevaron a irse y que, de haberlos conocido, podrían  hacerse subsanado.
En cierto modo el sistema democrático tiene un interés y un aplicación.  En pequeño grupo puede ser útil, especialmente cuando se trata de tomar  resoluciones que afectan directamente a las personas.  Así por ejemplo  antes de imponer un mando sobre unos militantes, debe conocerse la  opinión de éstos. El mejor líder del mundo sería ineficaz entre personas  que de buen principio le rechazan.
Al igual que marchando un grupo por un camino es lógico que se consulte  la opinión de todos antes de tomar una u otra dirección, así aquellos  problemas que afectan a todos, tienen que resolverse conociendo la  opinión de la mayoría.  La mayoría no debe decidir, pero debe respetarse  su opinión. Es
importante discutir algunos problemas con personas cuya opinión puede ser estimable.  Escuchar las diversas opiniones y, sin intervenir, observar las actitudes de cada cual.  Al término de la discusión podrá  tomarse una postura mucho mejor nacida del conjunto de ideas de todos. Lo que no debe hacer el Jefe es participar de la discusión, pero si  escucharla para poder actuar con el mejor provecho.
Igualmente hay que hacer caso de la mayoría cuando, sin excepción, se  queja de una actitud o de una situación.  Cuando todos o una gran parte, repiten exactamente lo mismo, habrá que pensar que tienen razón.  Sin  embargo en esos casos hay que tener mucho cuidado de que realmente sea  la opinión de la mayoría y no la de unos pocos que gritan más que los  otros y que procuran dar la sensación de número.
ORATORIA
A lo largo de la historia -de la más reciente- ha habido diversas  personas que han cobrado fama por su facilidad como oradores.  De 1900  hasta 1940, fueron los oradores la base y fundamento de toda acción  política.   Hitler en "Mein Kampf", deja claro que los oradores son los  que arrastran a la masas y no los escritores.  Todas las observaciones  de Hitler al respecto son tremendamente ciertas, sin embargo, casual o  premeditadamente, los tiempos cambian.  Hombres como Lerroux, Hitler o Degrele, podrían llegar a tener un poder  enorme por medio de su simple palabra, de al tremendamente barato y que  no podía prohibirse -aunque a Hitler se le llegó a prohibir-.  Cualquier  persona podía convertirse en un peligro y ello tenía que se remediado. La televisión iba a sustituir con ventaja a la oratoria.  Es importante  es constatación porque muchos camaradas que están tentados a pensar que  el "Mi Lucha" es un libro plenamente actual, han de tener en cuenta que  trasladar a nuestra época las consideraciones de Hitler sería erróneo.
No voy a pretender tampoco tener yo la clave de la "oratoria hoy",  puedo, cuando menos, afirmar que he procurado estudiar el problema con  detenimiento.Se ha dicho de mí en ocasiones, que soy un buen orador.  El camarada  Otto Skorzeny llegó a decir después de un mitin en el que intervine que puedo ser buen orador dentro de CEDADE, pero disto mucho  de ser lo que realmente puede calificarse de "buen orador".  Ello no  no es  falsa modestia, sino el resultado de mis estudios sobre el tema, sobre ello volveremos luego.  Lo que es importante constatar es la diferencia existente entre los años
30 y la actualidad.  En aquella época, tanto en alemania como en spaña, no existía la televisión, y la radio era un lujo.  Millones de parados, verdaderamente arruinados, no podían hacer otra cosa que quedarse en la  mísera habitación que poseían o salir a la calle.  Los parados de los   años treinta estaban en la calle y no como ahora en sus casa, cuando no  eran en los bares.
Esos millones de parados, preocupado por su existencia física, por la  comida del día siguiente, eran el público que llenaba los grandes  locales.  Hitler, como Degrelle, cobraban entrada en sus mítines.  Eso era realmente insólito y tanto más en su tiempo, pero lo normal era   poder estar 4 ó 5 horas gratis, escuchando un mitin.  Si esto ocurría en  España, imaginemos a alemania o Inglaterra en pleno invierno.
Los oradores, esos grandes oradores, muy pocos, hablaban tres, cuatro y  hasta cinco horas seguidas, pero ahora la situación ha cambiado.
Realmente cinco horas seguidas es imposible encontrarlas libres en un  mundo tiranizado por la falta de tiempo. La gente que llena los mítines hoy no son obreros parados preocupados por su comida,  De hecho los parados de hoy no tienen en general  problemas de comida, pero además no son los que llenan los mítines.  La  gente que llena los mítines son los aficionados a la política, gente en  cierto modo culta o por lo menos entendida en el tema del que se  diserta.  La gente que asiste a los mítines va a divertirse, a pasar un  rato divertido, a gritar un poco y a aplaudir frenéticamente las mejores  frases.  Por ello realmente hay que proporcionarles esa diversión.  No  podemos ser graves y taciturnos, el público de los mítines va a estos  actos un poco como "esparcimiento" y no volverá a menudo si le sembramos  el porvenir de negros presagios.
Como he dicho, la primera vez que me escuchó Skorzeny dijo que era un  doctor Goebbels, mientas que la siguiente, afirmó que era un orador  malísimo.  Por qué? Le escribí preguntándole el motivo de este cambio de  opinión, pero lamentablemente falleció antes de que pudiésemos hablar  extensamente sobre el tema, sin embargo, pude analizar personalmente  ambos actos y con lo que me había dicho Skorzeny, encontré la  explicación.
El primer acto había sido la fundación de CEDADE en Madrid.  Tuve la  suerte de que en la sala de hallaban presentes los recién "expulsados"  diplomáticos de la china nacionalista.  Una alusión a ellos levantó una  ovación y "caldeo" un acto que discurría hacia la monotonía y el  aburrimiento.
Sin embargo en este acto yo hablé de ideología, de  socialismo, dije realmente algo, y aunque el público se limitó a  aplaudir los aspectos menos profundos, se sintió unido al conjunto del  Poco a poco la mayoría de los asistentes a nuestro actos dejaban de ser  gente mayor para estar llena la sala de jóvenes.  Las frases que  aplaudía la gente no eran ya la alusión despectiva al vaticano, o alguna  referencia al 18 de julio, sino temas como la banca, el sionismo, etc.
Habíamos seguido el buen camino, gracias en parte a las recomendaciones de Skorzeny.  No basto con arrastrar a las masas, sino que hay que  arrastrarlas hacia alguna parte.  La fácil demagogia oratoria, puede  llevar a que sean las masas las que re arrastren a ti, como nos había  ocurrido los primeros tiempos.  Mirando el público, sabía de lo que  tenías que hablar. ocurrido los primeros tiempos.
De toda esta experiencia de años, y de haber hablado con los mejores  oradores que he podido y haber escuchado al resto, creo que en la  actualidad la oratoria tiene un carácter diferente de la de los años 30.  Lo importante no es lo que se dice, quien lo dice, a quién, por qué y  cuando lo dice, sino que lo determinante es "como lo dice".  es decisiva  la forma de decir las cosas y para ello cre que debe servir de magnífica  norma el más depurado humor inglés.  Jerome K. Jerome y Wodehause, son dos autores para leer todo aquellos  que quieran ser oradores.  Este tipo de humor siempre se ha  caracterizado por basarse en la forma de decir las cosas.  Las mismas  cosas dichas de otra forma, carecerían de interés.
Al empezar un mitin, creo que n Valencia, dije de buen principio más o  menos: "A mi me toca hablar de la democracia, es decir, la mía no es una  conferencia seria".  Ello despertó risas y los aplauso, por dos motivos:  Por inesperado (lo inesperado produce hilaridad) y por la forma de  decirlo.  Si hubiese dicho que la democracia no era seria, ello no  habría sorprendido a nadie.
A diferencia de lo que dice Hitler, creo que los mítines actuales tienen  que tener una duración máxima de tres cuartos de hora por orador y dos  horas máximo el conjunto.  Puede extenderse un solo orador durante una  hora o máximo hora y media, pero basto mirar al público para darse  cuente de que, pro interesado que esté en el asunto, empieza a estar  cansado.  Un portentoso orador, al igual que un genial director de cine,  quizá pueda extenderse más tiempo, pero constituirá la excepción a la  regla general.
El orador actual, además ha de ser muy versátil. Debe saber hablar en  forma diferente a públicos diferentes o en lugares diferentes.  De los  grandes oradores del pasado, muy poco lo lograban.  En general el orador  es considerado como el que habla a las masa y basta.
En la actualidad la técnica de la oratoria tiene en la gran sala de  mítines, sólo un parte, y pequeña, de lo que la oratoria debe ser.  Se  ha de saber hablar en la radio, en una universidad, en una fábrica, en  la televisión, en la calle, en el trabajo… A este respecto la lectura  de los primeros discursos de Hitler en 1933 es prácticamente  obligatoria.  Hitler habla de las SA, a la masa del pueblo en el Palacio  de Deportes, al Parlamento en el Reichstag y a un círculo restringido de  autoridades, y en las cuatro ocasiones expone las mismas cosas pero en  forma absolutamente distinta.  Esos cuatro discursos constituyen un  ejemplo de lo indicado.
 COMO PREPARAR UN DISCURSO.
Antes de empezar a hablar en público procure hablar con algunos oradores  famosos.  Pude hablar del tema especialmente con Jesús Suevos, un hombre  sorprendente que hablaba y escribía muy bien, fenómeno poco usual.  No  puede hablar sobre el tema con Blas Piñar, pero asistí a diversos actos  de este genial orador.  También asistí a algunos de Jiménez de Parga que  en esa tiempo era el hombre de "izquierdas" que tenía mayor poder de  convocatoria .  También hablé con León Degrelle sobre como preparar un  discurso.
Para mí Jesús Suevos era el orador más inteligente de la política  española, sabía ser claro y sobre todo profundo.  Blas Piñar es muy  "italianizante" es sus mítines.  Más que un orador es un actor, pero  realmente es el orador adecuado al público que asiste a sus actos.  Su  forma de hablar, si papel ni notas, es sorprendente.  Construye las  frases con absoluta corrección y da la impresión de estar leyendo.  Jiménez de Praga, era un orador gris, pero que en una sala llena de  policías y falangistas esperando el momento oportuno, hacía unas  críticas durísimas logrando que las autoridades no se percatasen de  ellas, aunque lamentablemente sus seguidores, como puede comprobar,  tampoco, limitándose a aplaudirle en algunos momento de escaso interés. Jesús Suevos me dijo que para se orador había que hablar,  constantemente, no para, permanentemente y a todas horas y que luego era  cuestión de subir al estrado y zás.  Lo mismo me dijo León Degrelle.  Según él basto con empezar a hablar y seguir durante el rato que  convenga.  Indudablemente parece este el mismo procedimiento de Blas  Piñar, mientras que Hitler, por lo que he leído, dictaba a sus  secretarias los discurso el día anterior a la fecha en cuestión, y tal  como se lo escribían directamente a máquina, los leía en las sesiones  del Reichstag.  Sus colaboradores decían que esos discurso estaban  llenos de alusiones a temas había tratado con ellos durante la semana  anterior, es decir, lo que me había indicado Jesús Suevos.  Además el 80  por ciento de los discursos de Adolf Hitler eran improvisados.  Dictaba  lo que había de dar en el Reichstag y que podían tener trascendencia  política internacional, una vez ya en el poder.
El análisis de todo esto me ha llevado a la afirmación de que yo no soy  en absoluto buen orador.  Yo tengo que preparar mis discursos y además  tengo ciertas limitaciones.  Como máximo podría dar uno cada tres mese, toda vez que me resulta muy molesto repetirme.  Especialmente cuando se  trata de ironías o salidas graciosas, la repetición me daría la  sensación de ser un actor y no un orador.
Estos grandes oradores, por lo que se ve, no precisan preparación  alguna.  Ocasionalmente Hitler llevaba durante sus campañas electorales, un papel en la mano con algunas anotaciones, pero en todo caso creo que  para aquellos que no somos superdotados, es precisa una preparación.
Lo primero es elegir el tema general.  Se puede elegir un máximo de  cuatro o cinco temas bastante diferentes entre sí.  Un discurso de una  hora no da para más.  Imaginemos que el tema elegido para el mitin es  "LA DEMOCRACIA".  Lo dividimos en cuatro temas, que podrían se IGUALDAD, LIBERTAD, FRATERNIDAD, PAZ.  Esos temas lo podemos subdividir en otro subtemas, IGUALDAD: de sexos, de razas, de creencias, etc.  LIBERTAD, de , de trabajo, de  pensamiento.  FRATERNIDAD, entre los pueblos, entre las razas, entre las  ideologías.  PAZ, entre las naciones, los bloques, etc.  Dentro de cada  subapartado podemos poner indicaciones marginales.  En la página  siguiente voy a indicar en forma de esquema una forma de presentarlo. En ese papel inicial en que indicamos los temas, podemos hacer cuantas  anotaciones queramos, pero lo que no hacerse es a última hora, hacerlo  de nuevo, en limpio, porque mientras hablemos no nos acordaremos  absolutamente de nada.  Si conservamos el papel original, la memoria  fotográfica, recuerda los tonos diferentes de las anotaciones en los  lados, etc.  Hacerlo de nuevo obliga a llevarlo en la mano y consultarlo  periódicamente.
Hay que tener presente que pese a los mejores deseos, nos olvidaremos de  cosas importantes y que, aún teniendo el papel en las manos, no  encontraremos momento para mirarlo, pues esas décimas de segundo  necesarias parecen siglos cuando todo el mundo está exclusivamente  pendiente de uno. Igualmente hay que tener en cuanta que si preparamos  un discurso de una hora, la duración real en el mitin será como máximo  de la mitad.
No hace falta decir que con el tiempo y la experiencia todas estas                                 dificultades van siendo vencidas, pero los que han dado alguna  conferencia o discurso, saben que eso pasa exactamente así. El esquema de un discurso, según lo indicado antes podría ser:
IGUALDAD
sexos
En el trabajo
En la familia
En la política.
de raza
Gitanos
Negros
Judíos
Arabes
de creencias.
etc.
 LIBERTAD

marchar al extranjero
marchar a otra provincia
cambiar de piso
de trabajo
etc.
Y así sucesivamente.  Este esquema quedará memorizado rápidamente.  Lo aprendérselo de memoria, pues si surge algún inconveniente y debe uno  terminar antes de los previsto o extenderse más tiempo, le será  imposible.  Le ocurrirá como esos "cicerones" de las catedrales que se  conocen la explicación de carretilla y que cuando son interrumpidos para  preguntarles la hora, deben empezar desde el principio para continuar en  el lugar eaxácto.
Con ocasión de un acto celebrado en Barcelona, yo pedí que no se me  colocase en último lugar pues no quería llevar el peso del mitin, ya que  era un acto conjunto entre varios grupos.  había previsto cuatro  oradores principales, pero en el momento de actuar sólo apareció uno y  yo mismo.  El otro que debía hablar el último, me pidió cambiar el  orden.  Yo había previsto un discurso ideológico dejando para él la  parte "mitinera".  Pero al tener que cambiar de orden, y especialmente al hacer intervenido él antes que yo con un discurso muy bien preparado  e ingenioso, no me quedó más remedio que cambiar totalmente el orden de  lo que pensaba decir, así como la manera de decirlo.  Aquel fue también  un acto memorable porque igual que he comentado antes, fue un acto en el  que se dijeron cosas, un acto con contenido.  Quizás la falta de  oradores fue el mayor éxito.  Sin embargo el orador que me procedía, que  como he dicho, dio un discurso admirable, lo llevaba escrito y no tenía  más remedio que seguir el texto, lo cual debe evitarse.
COMO DAR UN DISCURSO
Hay algunos aspectos externos que tiene para mí indudable importancia.  Es fundamental no lee y, en la medida de lo posible, no llevar notas en  la mano.  Si queremos llevarlas las podemos dejar en un bolsillo por si  hemos de recurrir a ellas o, incluir alguna cita contextual larga y  aprovechar la ocasión para llevar anotaciones en dicha cita.  Hemos de  llevar los bolsillos vacíos o hacer, como Degrelle -mencionado antes- ,  que lleva una americana solo para el mitin.  Si llevamos algo en los  bolsillos con el movimiento lógico del discurso puedo uno, entre la  calderrrilla y las llaves, parecerse a un trineo con sus peculiares  campanitas. hay que evitar balancearse.  Esto es tanto más importante cuando detrás  del orador hay algún símbolo muy contrastado, -blanco sobre rojo, por  por  ejemplo-, que va emergiendo por la derecha y la izquierda de la cabeza  del orador.  Tampoco conviene mucho de un lado al otro.  Hay que  disponer de un estrado sin nadie ni nada.
  Tampoco conviene mucho de un lado al otro.  Hay que  disponer de un estrado sin nadie ni nada.  Creo que nunca lo he  conseguido pero insisto en ello.
Sobre el estrado, sin arreglatorio, ni  botella, ni mesa barroca, etc. debe estar únicamente el orador, sin nada  en las manos, y empezar a hablar como lo estaría haciendo en su casa. Equivocarse, tartamudear, confundirse, etc., no tiene mayor  importancia.  Al contrario, da la sensación de una conversación normal,  siempre que uno no se vea nervioso o confundido.  Si nos equivocamos no  hemos de preocupar, pues la mayoría de gente apenas se da cuenta.  No  hemos de cometer el error de decir "mocasines" en lugar de "adoquines"  y, llamar nosotros mismos la atención sobre ello, diciendo el clásico,  "perdón, queríamos decir…", pues entonces todo el mundo ríe, mientras que nadie lo hará si continuamos.
En ocasiones, cuando se ven movimientos en la sala, comentarios entre  varios, señales, cuando entra la policía, etc., uno pierde el hilo de lo  que decía.
Nunca ha de pararse.  Ha de salvar el trance hablando sin  decir nada durante el tiempo que convenga hasta coger el hilo de lo que  se decía, lo cual a veces no es nada fácil. Frases como, "es indudable  que en todo caso hay que ser conscientes de que los problemas exigen una  solución adecuada a la naturaleza de los mismo, pues corresponde a la  naturaleza de casa cosa una igual correspondencia en su resolución, otra  forma de actuar contribuiría a confundir la forma de concebir las  soluciones de aquellos aspectos más transcendentes…" y con cualquier  frase de puente, podemos volver al camino original. Quizás los más observadores podrán notar algo raro en el transcurso de  la incoherente frase, pero es que realmente aunque para nosotros parezca  que ha pasado mucho tiempo, la gente presente en las sala, no se ha  percatado pues en conjunto se ha tratado de segundos.
Es importante elegir bien la hora.  Que no coincida con partidos de  fútbol retrasmitidos por televisión, ni con actos similares de signo  parecido.  La 7 u 8 de la noche es una hora habitualmente buena en  España.  La sala ha de ser cuidadosamente elegida y decorada.  Es  preferible una sala pequeña atestada que una enorme, con más gente que  la otra, pero que se vea vacía.  El último acto en Barcelona después de  salir yo de la cárcel, resultó un fracaso por la elección de una sala  enorme.
No hay que mirar a un solo punto de la sala, y menos a la mesa o al  techo.  hay que ir cambiando la vista de lugar, mirando por igual a las  primeras filas que a las últimas.  Unicamente resulta un poco forzado mirar a un segundo piso si lo hay. Pero nunca hay que tener la vista  fija.  No hay que hablar rápido.  Siempre mantener la calma e ir  pensando en ello para no "dispararse", así se dispone de más tiempo para  pensar.
Darse cuenta de cuando el público está cansado.  En ese momento hay que  caminar ya hacia el final del acto, procurando decir lo más importante  de lo que nos queda en el tintero.  Los brazos deben ayudar a la  expresión, pero sin exageración.  Hay que estar atento de lo que pasa en  la sala y a las mínimas expresiones del público.  Siempre hay en la sala  en que va asistiendo con la cabeza, o negando.  "El orador tiene el  auditorio al cual se dirige un punto permanente de referencia -escribe  Hitler-, siempre que sepa leer en la expresión de sus oyentes hasta qué  puntos éstos son capaces de seguirle y comprender sus ideas".  ha de  estar pendiente de todo lo que ocurre y hacer los oportunos comentarios  en los momentos precisos,  aunque sean totalmente fuera de texto  previsto.
 QUE DECIR EN UN DISCURSO
Lo profundo da categoría y lo divertido llena.  Creo que lo ideal es  ser siempre profundo y divertido. En general los mítines organizados por un partido, se llenan con  simpatizantes de ese partido.  No hace falta pues preocuparse de aclarar  algunos puntos que para la gente de la calle estrían oscuros, sin  embargo hay que ser claro y sencillo en la exposición. Hitler dice que si el orador "nota que sus oyentes no parecen hallarse  convencidos de la veracidad de lo expuesto, optará por repetir lo mismo  cuantas veces sea necesario, siempre en forma de nuevos ejemplos, refutando las objeciones que, sin serle hechas, capta él del auditorio y  las replica y desmenuza hasta que, en definitiva, el último sector de la  oposición revele a través de su actitud haber capitulado ante la lógica  argumentación del orador". Esto tiene ahora relativamente poca importancia en los mítines pues,  como queda dicho, se llena de correligionarios.
Siempre hay que pensar  en esa 5, 10 o 100 personas que no nos conocen y a ellas hay que dirigir  una parte de nuestra rgumentación, pero realmente la necesidad indicada  por Hitler ahora la tenemos raspasada a la televisión o al parlamente,  toda vez que los debates parlamentarios son retrasmitidos por  televisión.
En este caso hay la indudable dificultad de que no puede verse al  público.  Cuando la "oposición" va a un mitin que no es de los suyos,  solo lleva intensiones destructivas.
Como he dicho antes, lo importante es la forma de decir las cosas, más  que las cosas en sí.  Hay que utilizar ejemplos muy gráficos,  independientemente de que sean adecuados o no.  si queremos justificar  la conveniencia de ir poco a poco y paso a paso, sin grandes accione  espectaculares. Cuanto más multitudinario es un acto, tanto más generales han de ser  las ideas.
Lo importante pese a todo, es la forma de decir las cosas.  Hay que  procurar evitar el hablar como en las sinfonías clásicas que veinte  compases antes de terminar ya se adivina el final.  Hay que salir sino  con ideas nuevas, con formas nuevas de presentar esas ideas.  hemos de mencionar también la importancia de impostación de la voz.  Es  imposible por escrito matizar este extremo, pero indudablemente a cada  situación corresponde una peculiar impostación.  Incluso, en los  ejemplos sonoros que acostumbro a poner al dar el mana de la oratoria,  siempre destaco un discurso de Hitler en el cual logra el aplauso  general, únicamente por la impostación adecuada. Por último señalaré los puntos que Le Bon considera básicos para un  "agitador", "la afirmación, la repetición yel contagio.  la simple  afirmación, limpia de razonamientos y de prueba, es uno de los más  seguros medios de inculcar las ideas en el espíritu de las muchedumbres.
Cuando una afirmación se ha repetido suficientemente y hay unanimidad en  la repetición, fórmase lo que se llama una corriente de opinión, dando  lugar a que surja el poderoso mecanismo del contagio".
HITLER ORADOR
La simple audición, si entenderlo, de un discurso de Hitler y otro de Goebbels, nos demuestra que este último era mejor orador.  Eso, evidentemente, es abstracto, sin embargo en la práctica, Hitler unía a   su natural talento en la oratoria, un singular personal indescifrable, magnética.  Lo que llamamos carisma.
 Resulta pues adecuado apuntar algunos rasgos típicos de los discursos   de Hitler, pues resultan muy valiosos. tal como dice Le Bon, una de las características de la oratoria de  Hitler la hallamos en las afirmaciones categóricas.  En muchas ocasiones  hallamos esas afirmaciones, sin embargo, cuando el tema en cuestión   contiene alguna complicación, -economía, fenómenos históricos, etc.-, sigue invariablemente a esta afirmación, una serie de detallados y  clarísimos ejemplos, que dejan tan claramente expuesto el problema que es innecesaria explicación posterior.  No hay nada más claro para  entender la economía que los pocos discursos que Hitler dio sobre el  tema.  Son trasparentes como el cristal.
También, en el más puro estilo de Le Bon, Hitler utiliza las  repeticiones.  A lo largo de cada discurso pueden destacarse dos o tres  temas principales, y desde diversos puntos vuelve una y otra vez sobre  ellos, pero en una forma amena y sencilla.
La característica más remarcable de Hitler es posiblemente la  adaptación al auditorio, como ya he mencionado antes.  Le bastaba una  simple mirada para sentirse parte del auditorio y dialogar con ellos con  toda sencillez o con toda gravedad.
Otra de las características de los discursos de Hitler, es la  utilización del diálogo en el discurso.  esta forma era muy habitual en  él y se logra con ella un efecto de claridad y sencillez muy adecuado.
"Son otros muchos los que dicen : "Piense Ud. en que todo pesa sobre las espaldas de los jóvenes".  Pues pueden sentirse orgullosos de pasar por  esa escuela!".  Este fragmento de discurso, elegido al azar, muestra una  forma muy peculiar y habitual de Hitler en su oratoria que, repito,  produce un efecto muy cordial, de familiaridad.
A través de esos diálogos, consigue Hitler exponer ideas muy profundas  en forma muy sencilla. También es normal en Hitler la puntualización de soluciones o de  problemas a través de primero, segundo, tercero, etc. Y en general sus  discursos cuentan con una parte inicial histórica, evocando los primeros  tiempos de lucha, para pasar luego a los temas del momento.  En general  este hecho se explica porque casi siempre tomaba la palabra en  conmemoraciones de hechos del partido.
La idea de Hitler de que debía empezarse en forma moderada, casi  rutinaria, con la voz monótona durante una hora, para pasar en la  siguiente a actitudes combativas, continuar en la tercera en igual forma  y volver en la cuarta hora al período inicial, no tiene a mi entender  muchas posibilidades de éxito hoy día.  Al contrario, soy de la opinión  de que lo que conviene es actuar justamente a la inversa, contando con  el entusiasmo del público desde el primer momento.  Siempre hay alguien  entre los espectadores dispuesto a aplaudir en un momento oportuno, en  ocasiones una especie de "clacla" puede arrastrar al público.  El  aplauso difícil es el primero, por ello conviene evitar que con un largo  prólogo inicial el público de amodorre.

CONCLUSION
Es definitiva cuando se carece de las virtudes innatas de los grandes  oradores, que en definitiva no son demasiados a lo largo de la historia, hay que prepararse meticulosamente para la actuación en público.  No hay  realmente sistemas patentados, y por ello cada cual sobre la marcha puede ir logrando la "técnica" adecuada.  Yo he expuesto aquí algunos  puntos básicos debido a mi experiencia, pero hay que tener en cuenta que  cuando me hallaba en el colegio, prefería que castigasen que salir a  hablar en público.  Sólo a base de voluntad logré tomar la palabra sin  dificultad en cualquier acto.
Los mítines tienen el gran inconveniente de que han de ser "éxitos". No pueden resolverse como uno quiera sino como quiera el público.  En una conferencia en la que se trata de exponer un tema, es conveniente  también tratar de hacerla amena a base de anécdotas o comentarios  ingeniosos, pero no es obligatorio.  Si la gente se cansa, que se canse  y si se va, que se vaya.  El objetivo de una conferencia es formar a una  gente que se supone va con esa intención, pero en un mitin el público  espera pasarlo bien y debe conseguirse que salga con una moral de lucha.
 Eso es lo importante, lo demás carece de interés. Por ello a mí que no me resulta ningún problema hablar durante una hora  sobre cualquier tema en plan de conferencia, me es verdaderamente  molesto un mitin, pues, como digo, cada uno debe superar al anterior.  Hay que prepararlos concienzudamente y tener presente que siempre se  puede seguir aprendiendo.  Es preciso asistir a los mítines de los que  tengan más fama de buenos oradores para seguir aprendiendo siempre. Cuando Tarradellas volvió del exilio en medio de una campaña  multitudinaria preparada por todos los partidos en liza , sus palabras:  "ja soc aquí" (ya estoy aquí) constituyen una de las genialidades  oratorias más inteligentes de los últimos tiempos.  Esa simple frase  -ignoro si escogida por él o pro un equipo de publicidad- , fue más  elocuente que todo un largo discurso.
En un acto en Valencia nuestro presidente Pedro Varela utilizó un  sistema muy útil para un mitin.  Aunque no recuerdo bien los temas, fue  queríamos.  "El capitalismo quiere un obrero …, nosotros en cambio  queremos un obrero…".  Esto fue de gran efecto pues el aplauso era  obligado al término de cada comparación.  Yo utilicé ese mismo sistema  en un mitin mío en Madrid con igual éxito.
El que quiere ser orador -y todo mando de CEDADE lo ha de ser, mejor o  peor-, debe asistir a mítines, propios o extraños, desde un punto de  vista pedagógico, observando aquello pasajes que causan más impacto en  el público y los motivos por los que esto ocurre.
En un mitin dado por Jesús Suevos en Barcelona, la parte más notable  tuvo lugar cuando dijo la frase: "En Yalta se reunieron Churchill,  Roosevelt, Stalin… tres criminales de guerra".  Lo lógico es que esta  frase hubiese sido pronunciada en forma de crescendo hasta convertirse  en grito al llamarles criminales de guerra. Suevos hizo exactamente lo  contrario.  Empezó a un nivel normal, y fue bajando paulatinamente hasta llegar casi a un susurro.
Nadie esperaba por su tono de voz que fuese a  llamar criminales de guerra a los tres grandes, especialmente si tenemos  en cuenta que en la sala se hallaban presentes todas las autoridades  civiles y militares.  Creo que puede calificarse de genial esta forma  elegida, pues evidentemente contrastó plenamente su voz casi apagada con  el estruendoso aplauso que la siguió.
No hay pues sistemas "estáticos", y siempre conviene ir aprendiendo,  así como saber en todo momento cual es el objetivo a conseguir en cada  acto.
Cuando el famoso acto de Madrid en el cual la prensa en pleno  abandonó ostensiblemente la sala molesta por mis alusiones, el público  quedó entusiasmado del acto, de mi improvisación y de mi sangre fría,  pero realmente cometí un grave error.  Tenía ante mí a toda la prensa  española, a los más destacados periodistas y de hecho el mitin, en  detrimento del público debería habérselo dado todo a ellos.  Les tenía a  todos juntos y les podía convencer pues en lo que llevábamos de acto,  mirando sus rostros, podía ver que se lo estaban pasando bien.  Si por  ejemplo en un mitin vemos que hay una gran masa de gente ajena a  nosotros, hay que dirigirse preferentemente a ellos y procurar ver si  son obreros , estudiantes, etc. para enfocar el discurso en este  sentido.
Es indudable que la voz tiene una importancia muy grande, como ya he  dicho.  Se puede elevar el tono de la voz, se puede gritar, pero ha de  ser natural.
Hay algunos que creen que un mitin es dar una conferencia  a gritos y eso es falso.  Cuando escuchemos a Hitler debemos tener  presente que en alemania se habla así, es un idioma más duro y, por otro  lado, hemos de pensar que se ha perdido la costumbre.  Un "crescendo",  empezado débilmente y ulminando con toda la fuerza de nuestros  pulmones, puede ser de un gran efecto peto es preciso, primero que el  tema lo exija y , segundo, que lo logremos pues muy probablemente  tendremos que tomar aire antes de acabar la frase o llegaremos al final  sin haber alcanzado el punto máximo de la voz.  Sólo en unos pocos casos  Goebbels y Hitler logran la perfección al respecto.
ARTE DEL DIALOGO Y ENTREVISTAS
Mientras día a día me preocupa más intervenir en un mitin,  contrariamente en una emisora de radio o ante un público hostil, me  encuentro cada día más a gusto.
El orador, como ya he dicho, o más exactamente el saber hablar, es una  práctica que tiene varias facetas.  No podemos dominar un en detrimento  de las otras.  Hoy las necesidades políticas van más allá de los grandes  mítines y es por ello necesario, aplicar parte de lo dicho, a los  diálogos, entrevistas, etc. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando en un diálogo en  la radio, en un colegio, etc., o en cualquier ambiente contrario, los  interlocutores o el público hagan sus preguntas, se limitarán siempre a  notorio que nuestros adversarios, particularmente sus oradores  controversistas -escribe Hitler- aparecían en escena con un "repertorio"  determinado y en el cual se repetían siempre los mimos argumentos contra  nuestros acertos", añadiendo que "en cada uno de los discursos, era  esencial orientarse previamente acerca del probable contenido y la forma  de objeciones que podrían ser formuladas en el curso de la discusión,  para según eso analizarlas minuciosamente ya el propio discurso.  Convenía desde el comienzo mencionar las posibles impugnaciones del  adversario y demostrar su inconsistencia".
Estas observaciones siguen teniendo validez, pero más bien aplicadas a  las "conferencias" que a los mítines.  También tienen especial valor en  las entrevistas radiofónicas o televisivas.  En ese caso el público no  podrá hacer objeciones, pero las estará pensando y es preciso sacarlas a  colación en el propio discurso o diálogo.
Dice muy acertadamente Le Bon que "el arte de los gobernantes, como el  de los abogados, consiste en saber manejar las palabras .  Una de las  grandezas de este arte es que,  en una misma sociedad, las mismas  palabras tienen, por lo común, sentido muy diferente para las diversas  capas sociales".  Las palabras son muy importantes, especialmente cuando  por el uso quieren decir mucho más de lo que realmente dicen.  No se  puede decir ante un colegio Mayor que uno es "antidemócrata".  Se puede  razonar una postura antidemocrática, pero , pero sin mencionarlo  específicamente así.
Algo que hay que evitar en toda discusión, bien sea radiofónica o en  cualquier "mesa redonda", es ir al terreno del interlocutor.  Hay que  tener en cuanta que desde los licenciados en historia contemporánea, hasta los peones de tercera categoría, nadie tiene la más mínima idea de  la ideología nacionalsocialista. Cualquier militante de CEDADE, por poco  formado que esté, tiene las de ganar en cualquier debate.  Por ello el    interlocutor, cuando vea que está perdido, especialmente si es un buen locutor profesional, procurará llevarnos al tema que a él le interesa.  hemos de evitarlo a toda costa.  Si no queremos ir a su terreno, podemos  volver al que nos interese con cualquier excusa.  A la pregunta  formulada por un periodista "Que hay de los seis millones?" un camarada  contestó hablando sobre los seis millones… de parados.
Si de cualquier otra forma nos apartan del tema del que queremos hablar hemos de volver a él dejando de lado cualquier

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