LA ORATORIA (Jorge Mota)

LA ORATORIA
por Jorge Mota
Al esbozar este pequeño trabajo sobre la oratoria, he considerado importante añadir también unos comentarios sobre la psicología de las  masas y sobre la personalidad de "Jefe", toda vez que, en mayor o en  menor escala, un buen orador, tendrá directa o indirectamente la función de "leader".
LA PSICOLOGIA DE LAS MASAS.
Gustave Le Bon se ocupó de este tema con amplitud y su extenso estudio  al respecto sigue siendo una pieza fundamental no superada.  Cualquier  persona que quiera iniciarse en la oratoria, debe leer, repetidamente, la obre de Le Bon.
Aquí extractaremos sólo algunos pasajes a modo de orientación: "igualmente que para los seres entre los cuales no interviene el  razonamiento, en las muchedumbres la imaginación representativa es muy  poderosa, muy activa y susceptible de ser vivamente impresionada.  Las  imágenes evocadas en su espíritu por un personaje, un acontecimiento, un  accidente, tiene case la vivacidad de las cosas reales.  Las  muchedumbres están algo en el caso del soñador, cuya razón, suspendida  momentáneamente, deja surgir en su espíritu imágenes de una intensidad  extrema, pero que se disiparán rápidamente si pudiesen ser sometidas a   reflexión. "No siendo capaces las muchedumbres ni de reflexión ni de razonamiento , carecen de la noción de lo inverosímil, porque generalmente las cosas  más inverosímiles son las que hieren más profundamente su espíritu. "Lo maravilloso, lo legendario de los acontecimientos es siempre lo que  impresiona a las muchedumbres con mayor intensidad".
En otro pasaje, y en cierto modo como resumen de una serie de  razonamientos dice:   "Hemos demostrado que las muchedumbres no razonan; que admiten o rechazan las ideas en bloque; que no soportan discusión  ni contradicción, u que las sugestiones, actuando sobre ellas, invaden  completamente el campo de su entendimiento y tienden enseguida a transformarse en actos.  Hemos demostrado que las muchedumbres,  sugestionadas convenientemente, está prontas a sacrificarse por el ideal  que les fue sugerido.  Hemos visto también que sólo conocen los   sentimientos de violencia extremada; que en ellas la simpatía se   convierte pronto de adoración, y la simpatía, apenas nacida, se   convierte en odio.  Estas indicaciones generales permiten ya presentir  la naturaleza de sus convicciones".
Resumiendo Le Bon viene a afirmar que las masas como tales tienen la  personalidad distinta de los individuos que las forman.  Sus opiniones  constituyeron en su tiempo una novedad, sin embargo hoy han sido ya  estudiadas sistemáticamente todas las reacciones de las masas.  Todos  estos estudios, empero, partes de la obre de Le Bon y sobre ellos se  apoya el "arte" de la democracia, es decir, el arte de hacer creer a los dirigidos que son directores.
 Diversos autores han abundado en las opiniones del genial autor francés. Hitler, en "Mein Kampf" , comenta ampliamente el tema de las masa  resaltando que el hecho de "ser una masa convence de la razón", afirmación muy justa y tremendamente cierta.  El genial octor Robert   escribiría: "Por lo mismo que las masas no discurren , tampoco soportan    la contradicción.  Las masas piensan poco pero las masas sienten.  Las  masas no razonan, sino que solamente se mueven por el sentimiento", e  incluso en una gran película, "Un hombre para la eternidad" pudimos  anotar una frase muy elocuente al respecto: "las masas siguen a   cualquier cosa que se mueve".
Sin embargo como hemos apuntado,  y aunque no nos extenderemos al  respecto, los modernos estudios de formación de dirigentes, no olvidan esos principios fundamentales.  En la obra "Formación de dirigentes" de   Carlos Campoy, editada en 1971, podemos leer un espléndido resumen del libro de Le Bon, aunque no se indique así en el texto:
"A. La sociedad de masas es muy poco apta para el razonamiento, pero es  muy apta para la acción.
"B. La muchedumbre, actuando masivamente, posee un alma colectiva que  motiva pensamientos, sentimientos y acciones, distintas a aquellas de  las que serían capaces de hacer aisladamente, los individuos que las  integran.  "C. Muy pocas veces son guiadas por la razón, careciendo de poder sobre ellas las leyes de la lógica.  Por eso , sus dirigentes o líderes,  invocan sus sentimientos y nunca su razón"  continuando en otros puntos  diciendo que son susceptibles de una moralidad extrema, son intolerables  y autoritarias, simples y exageradas, sugestionables y crédulas." Sólo encontramos un gran error en Le Bon al afirmar que a través de los  periódicos es muy difícil crear un gran movimiento de opinión. Realmente hay que tener en cuenta la época en que vivió el autor , pero indudablemente hoy sabemos muy bien que es no sólo posible, sino  habitual.  Aspectos importantes que afectan a cada persona  individualmente como el impuesto de renta, no crea ni pintadas, ni manifestaciones, ni protestas, simplemente porque no es estimulado por la prensa.  La prensa crea pequeños líderes de corta duración para   evitar la pérdida de su control y procura que esos líderes no tengan realmente calidad de tales en cuyo caso podrían independizarse. En otros dos puntos hemos de mostrar una pequeña divergencia con Le  Bon.  Dicho autor viene a asegurar – como ya hemos dicho – que las masas  tienen una personalidad propia.
Realmente este aspecto es discutible, pues lo que les confiere esa "personalidad" es el anonimato y la  impunidad.  Muy probablemente las personas que forman esa masa, solas,  pero garantizando el anonimato y la impunidad, actuarían de igual forma.
Le Bon en cierto modo hace referencia a este hecho, pero no lo pone    debidamente de manifiesto y ello tiene su importancia pues habrá que pensar que cuando las personas individuales que forman las masa, sean  incapaces de actuar injustamente, – pese a la garantía de impunidad y    anonimato – , esas masas, formadas por esas personas, tampoco lo harán.
Otro punto de discrepancia con Le Bon – aunque más bien en orden  teórico – es que analizando sus comentarios se llega a la conclusión de que el buen "jefe", el  buen "orador" es el que sabe adaptarse a esas   características de las masas, es decir, el que sabe ser superficial, exagerado, intolerante, etc.  De haber conocido Le Bon a Hitler, muy posiblemente habría dicho que ere el prototipo ideal que él había defino en su libro.  Muchos camaradas incluso lo pensarán también, sin embargo Hitler supo arrastrar a las masas diciéndoles algo, sus discursos no son una sucesión de slogans más o menos convincentes.
Los discursos de Hitler son profundos, están llenos de ideas, de grandes ideas.  Hitler  en Nüremberg, en sus grandes discursos culturales, hablaba a las masas de arte, de moral, de ética.  Nada más falso que pretender que las masas  son y serán como son y los líderes ha de ser como son y serán las masas. El papel del líder – y eso ya lo trataremos luego en la oratoria – ha de  pretender elevar a esas masas, educarlas y lograr cambiarlas, otro  proceder sería tan absurdo como el misionero que para lograr feligreses, reparte entre los negros chocolate y abalorios.  Efectivamente tendrá sin duda muchos más seguidores, pero durante mucho menos tiempo que   aquel que se ha preocupado de convencerles.  Ser líder de una masa que  no va a ninguna parte tiene tanto interés como comprar uncoche sin motor.
Lo que sí es indudablemente cierto es que en una reunión donde no existe previamente un responsable, es imposible sacar conclusiones, independientemente de que esté formada por gente eminente o por  estúpidos.  Este es un fenómeno que no tiene su origen en la masa, o en lla gente reunida, sino en la organización, pero que no deja de ser interesante constatar.
En todo caso las masas pueden ser controladas por medio de la  disciplina. Hay masas más salvajes que otras.  Al término de la guerra mundial se puso de manifiesto este hecho y Francia e Italia se pusieron rápidamente en cabeza de la brutalidad de las masas, mientras que en  países anglosajones o germánicos se produjo una depuración igual pero en  forma más civilizada.
Creo que el motivo de este hecho habría que buscarlo en que esas   naciones son, por naturaleza, más disciplinadas, más obedientes. Conciben menos ese actuar individualista típico latino.  Esas masas esperarían más una orden de "vamos!" que un grito en igual sentido.  El  sentido de la disciplina, de la rectitud y, fundamentalmente, la  educación, puede lograr, estoy convencido, que en el futuro el espíritu  de las masas no se ajuste a lo escrito por Le Bon.
 
EL JEFE.
Un orador tiene que ser un Jefe.  Puede no ser el Jefe Principal, incluso ese Jefe Principal puede no ser orador, pero indiscutiblemente   el orador será un jefe tanto si se lo propone como si quiere evitarlo. Ello hace que sea conveniente analizar, aunque someramente, las virtudes que debe poseer un jefe.
Si observamos con detenimiento toda la sociedad que nos rodea veremos  que está organizada jerarquicamente, desde el deporte, donde hay un "capitán" en cada equipo, un entrenador, etc., hasta las empresas donde  todo son jefes y jefecillos.  La sociedad actual, como cualquier otra  del pasado , se articula en un sistema jerárquico.
A Joaquín Bochaca le preguntaron en el curso de un extenso examen psicotécnico, si él creía que los hombre eran iguales.  Bochaca se  limitó a decir que si fuesen iguales no le estarían haciendo a él un  examen psicotécnico.  La evidencia dejó sin respuesta al examinador  pero, indudablemente, no le convenció, pues todo el mundo "sabe" que no puede ser convencido de según que cosas. En la sociedad capitalista todo está organizado alrededor de los  "líderes", aunque se les llame "ídolos", "estrellas", etc., son  realmente líderes falsos.  Son encumbrados a placer y hundidos al gusto, pero fundamentalmente con ellos mueven a las masas o las distraen.
En el libro mencionado antes sobre "Formación de Dirigentes" –  básicamente relativo a directivos de empresa _ se contienen algunos puntos plenamente válidos y que quizás no es necesario transcribir por conocidos, sin embargo es curioso constatar como en la formación de  mandos de empresas se reconoce el papel de líder, del Jefe, si bien constatando a su vez que en la sociedad actual hay multitud de  organizamos creados para dificultar la labor a ese líder – Parlamentos, Consejos de Administración…- elaborándose también los sistemas para conseguir la aquiescencia de dichos organismos. Una gran diferencia entre el concepto capitalista del "Jefe" y nuestro "Führerprincip" (principio de caudillaje), la tenemos en que para la  mentalidad democrática el líder puede ser formado en una escuela de dirigentes, mientras que nosotros reconocemos que es precisa una  cualidad interna básica e innata.
Realmente el capitalismo crea sus líderes, líderes a la medida de sus  necesidades y efectivamente son prácticamente elegidos al azar, pero justamente eso es así porque les interesa que ese supuesto "líder" tenga   sólo la apariencia de tal, diferente de nuestro "Líder" que debe serlo  plenamente, debe dirigir y no ser dirigido.
Contrariamente es también común el error de pensar que el jefe "no se  hace, nace".  Esta afirmación tiene tanto de cierta como la anterior.  El jefe realmente nace, pero precisa de una educación.  En ejemplo muy  ilustrativo de Clausewitz, diremos que el jefe es el río y los conocimientos técnicos los afluentes. Uno y otros se complementas.Es posible que un jefe que nace, también por instinto se forme él mismo autodidácticamente, pero realmente un conocimiento adquirido y unas técnicas adecuadas pueden descubrir más fácilmente la personalidad de un  jefe. Las virtudes que deben tener los jefes son, en líneas generales, las   siguientes: Inteligencia y fuerza intelectual; voluntad fuerte y tenaz; actividad, dinamismo y trabajo; energía y, en caso necesario, audacia; sentimiento de responsabilidad; sentimiento del deber; preocupación por  el bien común; gran cultura general; capacidad organizativa, mando; capacidad administrativa, previsión; conocimientos generales de cosas muy diferentes del mismo ámbito; competencia en la especialidad propia; capacida física y mental; capacidad de relación social con hombres  diversos; altruismo; sinceridad; lealtad; rectitud; confianza en sí  mismo; optimismo; presencia física; seguridad ; valentía; independencia  de intereses o personas; comprensión; intransigencia; sugestión (simpatía, atracción ); serenidad ( flema ); alegría; ser reservado; espíritu de cooperación; ambición. Contrariamente los defectos de los que debe carecer, además de los que por se contrarios a las virtudes mencionadas ya se presuponga, son :Exigir mucho de los demás; tomarlo todo al pie de la letra; estar inclinado a generalizar; reaccionar ante todo; reaccionar coléricamente; intenso apasionamiento; capacidad de odio intenso; incapaz de olvidar  una injusticia; incapaz de mantener una actitud; ser socialmente indiferente; ser intratable; despertar malos sentimientos; ser  pesimista; dar demasiada importancia a problemas pequeños; no tener una  escala de valores definidos para ordenar cada cosa en su importancia;  ser desagradable en el trato.
De hecho de estar virtudes y defectos podría decirse en justicia que ni  son todas las que estás ni están todas las que son.  Se trata más bien  de una recopilación de lo que diversos autores han opinado sobre el  tema.  Con gusto añadiría o suprimiría de la lista, aquellas que se me  puedan indicar erróneas. Por ejemplo la presencia física me había pasado totalmente por alto,  pese a ser de importancia decisiva.  Fue Enrique Aynat quien con ocasión  de un conferencia en Valencia me hizo dar cuenta de la omisión.  León  Degrelle, por ejemplo, lleva en una maleta una americana sólo para el  momento de hablar.  Una vez acabado un acto se cambia de vestido.  Político como Adolfo Suarez han debido buena parte de su éxito a su  presencia física, pero incluso aquellos que poseen un mal aspecto, son  "arreglado" por maquilladores y sastres.  La presencia física tiene  ciertamente mucha importancia.
Personalmente pedí a varios camaradas que me conocían desde hacía  bastante años, que hiciesen una valoración mía según esas "virtudes" y  "defectos" del Jefe.  Yo mismo me punté también y otro camarada, recién  entrado en CEDADE, hizo igualmente su valoración.  El camarada nuevo,  -que indudablemente me conocía muy poco- , bien por ignorancia o por  respeto fue muy generoso en su puntuación, con un 7 en las virtudes y un  3 en los defectos.  Sin embargo los otros, incluido yo mismo,  coincidimos bastante en la puntuación, siendo más o menos de 7 en las  virtudes y 7 en los defectos.
Con un ligero saldo a favor tenía  indudablemente que reconocer que mis defectos anulaban mis virtudes. Creo que es interesante que cada cual se haga a sí mismo y a sus  mandos, una valoración privada según esas virtudes y defectos.  Ayuda  mucho a corregirse o a formarse, el tener una clara visión de la  situación personal.
Esto es tanto más interesante cuanto que hay determinadas virtudes, al  igual que determinados defectos, que si se hallan incorporados a la  manera de ser, al "estilo", de CEDADE.
No ha de extrañar que esto ocurra, pues personas que en un mundo  absolutamente hostil, confluyen desde diversos puntos a un mismo lugar,  han de tener necesariamente unas características comunes.  Ejemplo  plenamente manifiesto al respecto lo constituye un examen psicotécnico  realizado por tres destacados miembros de CEDADE en una misma empresa.  El resultado de los tres exámenes, realizados con considerable  diferencia de tiempo -años-, es sorprendentemente similar.  Junto a  algunos rasgos típicos de cada cual, se mencionaron en dicho informe  -que dicho sea de paso costó- 120.00 pesetas- diversas características  comunes a los tres y raras en otros compañeros de trabajo: tendencia a sentirse bien entre pequeño grupo (no espíritu de masa); serios e introvertidos; seguridad en sí mismos; ambición; capacidad al razonamiento abstracto; reflejos mentales; rigidez de espíritu    acentuada honradez; tenacidad; dotes de mando (tendencia al liderazgo autocrático, uno de ellos); facilidad numérica; sensibilidad muy acusada; capaces de prescindir del afecto de los demás. Es verdaderamente curioso observar que estas tres personas, de sexo y  edad diferentes, posean las tres "facilidad numérica" o "capacidad al razonamiento abstracto", lo cual puede tratarse de una casualidad o del  resultado de las otras características. Algunos problemas relacionados con la "Jefatura", tiene una especial  característica en CEDADE. Una de esas peculiaridades es la de que no se  posee ningún medio coactivo que pueda obligar a cumplir las órdenes. En las empresas la obediencia se basa en el sueldo y, eventualmente, en  el afán de ascenso.  En el Ejercito la obediencia se halla enmarcada por  sanciones a troche y moche.  Contrariamente en CEDADE la obediencia ha  de ser voluntaria, espontánea y sincera.  Esto hace que, unido a una  época anárquica como la actual y a la naturaleza de los españoles, la  disciplina brille más bien por su ausencia.  Las cualidades del Jefe en  CEDADE tienen que tener una gran parte de sicología.  Como muy bien me  decía hace poco nuestro Presidente Pedro Varela, sólo se puede ordenar a  la gente aquello que sabes de antemano que va a cumplir.  Se precisa  pues un sexto sentido o una gran sigología, para lograr la apariencia  externa de disciplina.
El problema que atraviesa CEDADE -como todos los partidos sin  excepción-, es la falta de mandos.  Poseemos muchos soldados, peor muy  pocos oficiales y jefes.  Es por ello que esa sicología de los mandos de  CEDADE, deban emplearse en saber elegir bien a los futuros militantes. Ante todo nuevo militante se presentan los tres grados clásicos para su  incorporación a la lucha: integración, actuación y participación.  Es  necesario cuidar con más interés a aquellos futuros miembros de los que  podamos sospechar que en el futuro puedan ser mando.  Ello lo hemos de  hacer incluso cuando esos futuros mandos, nos desplacen a nosotros.  En  la actualidad el militante se integra más que lo integramos.  Igualmente su actuación es casi siempre por iniciativa propia e,  indudablemente, la participación parte de él en la mayoría de ocasiones. Evidentemente el sistema capitalista, o las estructuras empresariales,  cuentan con dos factores de los que carecemos: el dinero y el halago.  Dos armas muy importantes para controlar a los subalternos o impresionar  a los superiores.  No pudiendo utilizar ninguna de ambas, es realmente  difícil lograr una cohesión y cuando se logra ello es indudablemente una  virtud del jefe.
En CEDADE nos encontramos ahora en un momento de transición que trae  consigo graves problemas organizativos.  Hasta ahora éramos demasiado  pocos para tener que integrarnos en un esquema organizativo  perfectamente estructurado.  Ahora, sin embargo no somos todavía los  suficientes, pero somos demasiados como para continuar como hasta ahora,  con un sistema simple de responsabilidad y funciones otorgados oralmente  sobre la marcha y cambiadas en poco tiempo.
A este constante cambio de mando y funciones, contribuye en buen manera  el hecho de que una parte de la militancia es "flotante".  Viene a  CEDADE a cumplir una especie de servicio militar y se marcha al cabo de  unos pocos meses o años.  Sin embargo, constatando este hecho, se  precisa la estructura adecuada para minimizar su aspecto negativo y  convertirlo en positivo.  Todo ello lleva a carecer de una estrategia definida.  Ello resulta  imposible ya que todo plan estratégico requiere una proyección a varios  años vista y ello es prácticamente imposible cuando las piezas claves de  esas estrategias cambian o abandonas CEDADE. sean determinantes dentro de un plan general.  El hecho de contar con un  buen diseñador gráfico ha influenciado en buena manera el aspecto  exterior de CEDADE.  Si en lugar de un diseñador hubiésemos dispuesto de  un diseñador de carteles, ello se habría notado igualmente.  En una  empresa una persona que cesa es sustituida por otra, pero aquí se está  al arbitrio de lo que "venga", que debe ser aprovechado una vez viene y  sobre la marcha.
Igualmente constituye una dificultad importante para todo mando,  delegado etc. el conciliar la convivencia de personas de la tercera  edad, junto a hombres maduros y jóvenes de 15 años.  Todo ello requiere  unas virtudes my difíciles de alcanzar, por lo que, habitualmente, el  círculo de personas que rodea a un determinado mando, es similar a su  propia edad, lo cual es indudablemente un fracaso.
El Jefe debe tener, como he dicho, una profunda sicología.  12 puntos  básicos son enumerados en el libro de Campoy y conviene relacionarlos  con todo detalle:
"1. El hombre es una unidad psicológica.
"2. Existen grandes diferencias entre las personas.  todo individuodebe ser tratado con arreglo a sus personalidad.
"3. La conducta del hombre no es lógica, sino psicológica.
"4. Toda persona tiende a conservar su integridad física y su vida.
"5. Toda persona tiende a conservar su integridad moral y su estimación.
"6. Toda persona tiende a la agrupación.
"7. Toda persona tiende a repetir aquello que ha tenido éxito.
"8. Existe una gran resistencia a los cambios.
"9. Existe una repulsión por las situaciones que no permiten un cierta libertad de acción al individuo y por las que la permiten en exceso.
"10. Todo los juicios de las personas tienen carácter comparativo.
"11. hay una tendencia a terminar las tareas comenzadas.
"12. Existe una necesidad de conocer los resultados de la propia situación. "
Quizás habría que discrepar el punto 6 pues realmente, en los últimos  años, la tendencia a la asociación se ha perdido en un cada vez más  creciente individualismo en todos los órdenes.  Esa tendencia abstracta  a la asociación sigue existiendo es situaciones especiales, cuando el  hombre solo siente miedo y precisa de estar integrado en una unidad  mayor, pero los medios modernos de propaganda y especialmente la  televisión, han logrado plenamente matar ese instinto.
Como punto suplementario añadiría una que dijese que "toda persona es  sensible al halago".  Es verdaderamente difícil encontrar una persona  que pueda opinar sobre otra, sin que influyan en esta opinión la actitud  y pensamiento de esa persona en cuestión con relación a él.  Se tiende a  simpatizar con el que nos halaga y a sentir poco entusiasmo hacia quien  nos critica.
Esos 12 (con el último, 13) puntos de sicología aplicada, hay que  conocerlos, tanto para poder tratar a los demás, como para corregir  aquellos que pueden
ser defectos en un mando.
Para terminar con este apartado, y dentro de las necesidades de CEDADE,  hay que mencionar una vez más, que el espíritu jerárquico no significa  autocrático.  La jerarquía distribuye responsabilidades no órdenes.  Da  a cada cual un ámbito de actuación.  Todo control obsesivo sobre los  subalternos acaba por hacerles perder el interés por el trabajo.  En las  empresas puede constatarse plenamente que personas de una gran eficacia  la pierden al recortarles sus responsabilidades y al tener ingerencias  de sus superiores en asuntos de su competencia.
En las empresas esas personas dejen de rendir al haber matado su  interés, pero continúan pues están sujetas por un sueldo y quizás, con  un cambio de jefes, puede despertarse de nuevo su entusiasmo.  En CEDADE  esas personas marchan y muchas veces los mandos no llegan a enterarse de  los motivos que las llevaron a irse y que, de haberlos conocido, podrían  hacerse subsanado.
En cierto modo el sistema democrático tiene un interés y un aplicación.  En pequeño grupo puede ser útil, especialmente cuando se trata de tomar  resoluciones que afectan directamente a las personas.  Así por ejemplo  antes de imponer un mando sobre unos militantes, debe conocerse la  opinión de éstos. El mejor líder del mundo sería ineficaz entre personas  que de buen principio le rechazan.
Al igual que marchando un grupo por un camino es lógico que se consulte  la opinión de todos antes de tomar una u otra dirección, así aquellos  problemas que afectan a todos, tienen que resolverse conociendo la  opinión de la mayoría.  La mayoría no debe decidir, pero debe respetarse  su opinión. Es
importante discutir algunos problemas con personas cuya opinión puede ser estimable.  Escuchar las diversas opiniones y, sin intervenir, observar las actitudes de cada cual.  Al término de la discusión podrá  tomarse una postura mucho mejor nacida del conjunto de ideas de todos. Lo que no debe hacer el Jefe es participar de la discusión, pero si  escucharla para poder actuar con el mejor provecho.
Igualmente hay que hacer caso de la mayoría cuando, sin excepción, se  queja de una actitud o de una situación.  Cuando todos o una gran parte, repiten exactamente lo mismo, habrá que pensar que tienen razón.  Sin  embargo en esos casos hay que tener mucho cuidado de que realmente sea  la opinión de la mayoría y no la de unos pocos que gritan más que los  otros y que procuran dar la sensación de número.
ORATORIA
A lo largo de la historia -de la más reciente- ha habido diversas  personas que han cobrado fama por su facilidad como oradores.  De 1900  hasta 1940, fueron los oradores la base y fundamento de toda acción  política.   Hitler en "Mein Kampf", deja claro que los oradores son los  que arrastran a la masas y no los escritores.  Todas las observaciones  de Hitler al respecto son tremendamente ciertas, sin embargo, casual o  premeditadamente, los tiempos cambian.  Hombres como Lerroux, Hitler o Degrele, podrían llegar a tener un poder  enorme por medio de su simple palabra, de al tremendamente barato y que  no podía prohibirse -aunque a Hitler se le llegó a prohibir-.  Cualquier  persona podía convertirse en un peligro y ello tenía que se remediado. La televisión iba a sustituir con ventaja a la oratoria.  Es importante  es constatación porque muchos camaradas que están tentados a pensar que  el "Mi Lucha" es un libro plenamente actual, han de tener en cuenta que  trasladar a nuestra época las consideraciones de Hitler sería erróneo.
No voy a pretender tampoco tener yo la clave de la "oratoria hoy",  puedo, cuando menos, afirmar que he procurado estudiar el problema con  detenimiento.Se ha dicho de mí en ocasiones, que soy un buen orador.  El camarada  Otto Skorzeny llegó a decir después de un mitin en el que intervine que puedo ser buen orador dentro de CEDADE, pero disto mucho  de ser lo que realmente puede calificarse de "buen orador".  Ello no  no es  falsa modestia, sino el resultado de mis estudios sobre el tema, sobre ello volveremos luego.  Lo que es importante constatar es la diferencia existente entre los años
30 y la actualidad.  En aquella época, tanto en alemania como en spaña, no existía la televisión, y la radio era un lujo.  Millones de parados, verdaderamente arruinados, no podían hacer otra cosa que quedarse en la  mísera habitación que poseían o salir a la calle.  Los parados de los   años treinta estaban en la calle y no como ahora en sus casa, cuando no  eran en los bares.
Esos millones de parados, preocupado por su existencia física, por la  comida del día siguiente, eran el público que llenaba los grandes  locales.  Hitler, como Degrelle, cobraban entrada en sus mítines.  Eso era realmente insólito y tanto más en su tiempo, pero lo normal era   poder estar 4 ó 5 horas gratis, escuchando un mitin.  Si esto ocurría en  España, imaginemos a alemania o Inglaterra en pleno invierno.
Los oradores, esos grandes oradores, muy pocos, hablaban tres, cuatro y  hasta cinco horas seguidas, pero ahora la situación ha cambiado.
Realmente cinco horas seguidas es imposible encontrarlas libres en un  mundo tiranizado por la falta de tiempo. La gente que llena los mítines hoy no son obreros parados preocupados por su comida,  De hecho los parados de hoy no tienen en general  problemas de comida, pero además no son los que llenan los mítines.  La  gente que llena los mítines son los aficionados a la política, gente en  cierto modo culta o por lo menos entendida en el tema del que se  diserta.  La gente que asiste a los mítines va a divertirse, a pasar un  rato divertido, a gritar un poco y a aplaudir frenéticamente las mejores  frases.  Por ello realmente hay que proporcionarles esa diversión.  No  podemos ser graves y taciturnos, el público de los mítines va a estos  actos un poco como "esparcimiento" y no volverá a menudo si le sembramos  el porvenir de negros presagios.
Como he dicho, la primera vez que me escuchó Skorzeny dijo que era un  doctor Goebbels, mientas que la siguiente, afirmó que era un orador  malísimo.  Por qué? Le escribí preguntándole el motivo de este cambio de  opinión, pero lamentablemente falleció antes de que pudiésemos hablar  extensamente sobre el tema, sin embargo, pude analizar personalmente  ambos actos y con lo que me había dicho Skorzeny, encontré la  explicación.
El primer acto había sido la fundación de CEDADE en Madrid.  Tuve la  suerte de que en la sala de hallaban presentes los recién "expulsados"  diplomáticos de la china nacionalista.  Una alusión a ellos levantó una  ovación y "caldeo" un acto que discurría hacia la monotonía y el  aburrimiento.
Sin embargo en este acto yo hablé de ideología, de  socialismo, dije realmente algo, y aunque el público se limitó a  aplaudir los aspectos menos profundos, se sintió unido al conjunto del  Poco a poco la mayoría de los asistentes a nuestro actos dejaban de ser  gente mayor para estar llena la sala de jóvenes.  Las frases que  aplaudía la gente no eran ya la alusión despectiva al vaticano, o alguna  referencia al 18 de julio, sino temas como la banca, el sionismo, etc.
Habíamos seguido el buen camino, gracias en parte a las recomendaciones de Skorzeny.  No basto con arrastrar a las masas, sino que hay que  arrastrarlas hacia alguna parte.  La fácil demagogia oratoria, puede  llevar a que sean las masas las que re arrastren a ti, como nos había  ocurrido los primeros tiempos.  Mirando el público, sabía de lo que  tenías que hablar. ocurrido los primeros tiempos.
De toda esta experiencia de años, y de haber hablado con los mejores  oradores que he podido y haber escuchado al resto, creo que en la  actualidad la oratoria tiene un carácter diferente de la de los años 30.  Lo importante no es lo que se dice, quien lo dice, a quién, por qué y  cuando lo dice, sino que lo determinante es "como lo dice".  es decisiva  la forma de decir las cosas y para ello cre que debe servir de magnífica  norma el más depurado humor inglés.  Jerome K. Jerome y Wodehause, son dos autores para leer todo aquellos  que quieran ser oradores.  Este tipo de humor siempre se ha  caracterizado por basarse en la forma de decir las cosas.  Las mismas  cosas dichas de otra forma, carecerían de interés.
Al empezar un mitin, creo que n Valencia, dije de buen principio más o  menos: "A mi me toca hablar de la democracia, es decir, la mía no es una  conferencia seria".  Ello despertó risas y los aplauso, por dos motivos:  Por inesperado (lo inesperado produce hilaridad) y por la forma de  decirlo.  Si hubiese dicho que la democracia no era seria, ello no  habría sorprendido a nadie.
A diferencia de lo que dice Hitler, creo que los mítines actuales tienen  que tener una duración máxima de tres cuartos de hora por orador y dos  horas máximo el conjunto.  Puede extenderse un solo orador durante una  hora o máximo hora y media, pero basto mirar al público para darse  cuente de que, pro interesado que esté en el asunto, empieza a estar  cansado.  Un portentoso orador, al igual que un genial director de cine,  quizá pueda extenderse más tiempo, pero constituirá la excepción a la  regla general.
El orador actual, además ha de ser muy versátil. Debe saber hablar en  forma diferente a públicos diferentes o en lugares diferentes.  De los  grandes oradores del pasado, muy poco lo lograban.  En general el orador  es considerado como el que habla a las masa y basta.
En la actualidad la técnica de la oratoria tiene en la gran sala de  mítines, sólo un parte, y pequeña, de lo que la oratoria debe ser.  Se  ha de saber hablar en la radio, en una universidad, en una fábrica, en  la televisión, en la calle, en el trabajo… A este respecto la lectura  de los primeros discursos de Hitler en 1933 es prácticamente  obligatoria.  Hitler habla de las SA, a la masa del pueblo en el Palacio  de Deportes, al Parlamento en el Reichstag y a un círculo restringido de  autoridades, y en las cuatro ocasiones expone las mismas cosas pero en  forma absolutamente distinta.  Esos cuatro discursos constituyen un  ejemplo de lo indicado.
 COMO PREPARAR UN DISCURSO.
Antes de empezar a hablar en público procure hablar con algunos oradores  famosos.  Pude hablar del tema especialmente con Jesús Suevos, un hombre  sorprendente que hablaba y escribía muy bien, fenómeno poco usual.  No  puede hablar sobre el tema con Blas Piñar, pero asistí a diversos actos  de este genial orador.  También asistí a algunos de Jiménez de Parga que  en esa tiempo era el hombre de "izquierdas" que tenía mayor poder de  convocatoria .  También hablé con León Degrelle sobre como preparar un  discurso.
Para mí Jesús Suevos era el orador más inteligente de la política  española, sabía ser claro y sobre todo profundo.  Blas Piñar es muy  "italianizante" es sus mítines.  Más que un orador es un actor, pero  realmente es el orador adecuado al público que asiste a sus actos.  Su  forma de hablar, si papel ni notas, es sorprendente.  Construye las  frases con absoluta corrección y da la impresión de estar leyendo.  Jiménez de Praga, era un orador gris, pero que en una sala llena de  policías y falangistas esperando el momento oportuno, hacía unas  críticas durísimas logrando que las autoridades no se percatasen de  ellas, aunque lamentablemente sus seguidores, como puede comprobar,  tampoco, limitándose a aplaudirle en algunos momento de escaso interés. Jesús Suevos me dijo que para se orador había que hablar,  constantemente, no para, permanentemente y a todas horas y que luego era  cuestión de subir al estrado y zás.  Lo mismo me dijo León Degrelle.  Según él basto con empezar a hablar y seguir durante el rato que  convenga.  Indudablemente parece este el mismo procedimiento de Blas  Piñar, mientras que Hitler, por lo que he leído, dictaba a sus  secretarias los discurso el día anterior a la fecha en cuestión, y tal  como se lo escribían directamente a máquina, los leía en las sesiones  del Reichstag.  Sus colaboradores decían que esos discurso estaban  llenos de alusiones a temas había tratado con ellos durante la semana  anterior, es decir, lo que me había indicado Jesús Suevos.  Además el 80  por ciento de los discursos de Adolf Hitler eran improvisados.  Dictaba  lo que había de dar en el Reichstag y que podían tener trascendencia  política internacional, una vez ya en el poder.
El análisis de todo esto me ha llevado a la afirmación de que yo no soy  en absoluto buen orador.  Yo tengo que preparar mis discursos y además  tengo ciertas limitaciones.  Como máximo podría dar uno cada tres mese, toda vez que me resulta muy molesto repetirme.  Especialmente cuando se  trata de ironías o salidas graciosas, la repetición me daría la  sensación de ser un actor y no un orador.
Estos grandes oradores, por lo que se ve, no precisan preparación  alguna.  Ocasionalmente Hitler llevaba durante sus campañas electorales, un papel en la mano con algunas anotaciones, pero en todo caso creo que  para aquellos que no somos superdotados, es precisa una preparación.
Lo primero es elegir el tema general.  Se puede elegir un máximo de  cuatro o cinco temas bastante diferentes entre sí.  Un discurso de una  hora no da para más.  Imaginemos que el tema elegido para el mitin es  "LA DEMOCRACIA".  Lo dividimos en cuatro temas, que podrían se IGUALDAD, LIBERTAD, FRATERNIDAD, PAZ.  Esos temas lo podemos subdividir en otro subtemas, IGUALDAD: de sexos, de razas, de creencias, etc.  LIBERTAD, de , de trabajo, de  pensamiento.  FRATERNIDAD, entre los pueblos, entre las razas, entre las  ideologías.  PAZ, entre las naciones, los bloques, etc.  Dentro de cada  subapartado podemos poner indicaciones marginales.  En la página  siguiente voy a indicar en forma de esquema una forma de presentarlo. En ese papel inicial en que indicamos los temas, podemos hacer cuantas  anotaciones queramos, pero lo que no hacerse es a última hora, hacerlo  de nuevo, en limpio, porque mientras hablemos no nos acordaremos  absolutamente de nada.  Si conservamos el papel original, la memoria  fotográfica, recuerda los tonos diferentes de las anotaciones en los  lados, etc.  Hacerlo de nuevo obliga a llevarlo en la mano y consultarlo  periódicamente.
Hay que tener presente que pese a los mejores deseos, nos olvidaremos de  cosas importantes y que, aún teniendo el papel en las manos, no  encontraremos momento para mirarlo, pues esas décimas de segundo  necesarias parecen siglos cuando todo el mundo está exclusivamente  pendiente de uno. Igualmente hay que tener en cuanta que si preparamos  un discurso de una hora, la duración real en el mitin será como máximo  de la mitad.
No hace falta decir que con el tiempo y la experiencia todas estas                                 dificultades van siendo vencidas, pero los que han dado alguna  conferencia o discurso, saben que eso pasa exactamente así. El esquema de un discurso, según lo indicado antes podría ser:
IGUALDAD
sexos
En el trabajo
En la familia
En la política.
de raza
Gitanos
Negros
Judíos
Arabes
de creencias.
etc.
 LIBERTAD

marchar al extranjero
marchar a otra provincia
cambiar de piso
de trabajo
etc.
Y así sucesivamente.  Este esquema quedará memorizado rápidamente.  Lo aprendérselo de memoria, pues si surge algún inconveniente y debe uno  terminar antes de los previsto o extenderse más tiempo, le será  imposible.  Le ocurrirá como esos "cicerones" de las catedrales que se  conocen la explicación de carretilla y que cuando son interrumpidos para  preguntarles la hora, deben empezar desde el principio para continuar en  el lugar eaxácto.
Con ocasión de un acto celebrado en Barcelona, yo pedí que no se me  colocase en último lugar pues no quería llevar el peso del mitin, ya que  era un acto conjunto entre varios grupos.  había previsto cuatro  oradores principales, pero en el momento de actuar sólo apareció uno y  yo mismo.  El otro que debía hablar el último, me pidió cambiar el  orden.  Yo había previsto un discurso ideológico dejando para él la  parte "mitinera".  Pero al tener que cambiar de orden, y especialmente al hacer intervenido él antes que yo con un discurso muy bien preparado  e ingenioso, no me quedó más remedio que cambiar totalmente el orden de  lo que pensaba decir, así como la manera de decirlo.  Aquel fue también  un acto memorable porque igual que he comentado antes, fue un acto en el  que se dijeron cosas, un acto con contenido.  Quizás la falta de  oradores fue el mayor éxito.  Sin embargo el orador que me procedía, que  como he dicho, dio un discurso admirable, lo llevaba escrito y no tenía  más remedio que seguir el texto, lo cual debe evitarse.
COMO DAR UN DISCURSO
Hay algunos aspectos externos que tiene para mí indudable importancia.  Es fundamental no lee y, en la medida de lo posible, no llevar notas en  la mano.  Si queremos llevarlas las podemos dejar en un bolsillo por si  hemos de recurrir a ellas o, incluir alguna cita contextual larga y  aprovechar la ocasión para llevar anotaciones en dicha cita.  Hemos de  llevar los bolsillos vacíos o hacer, como Degrelle -mencionado antes- ,  que lleva una americana solo para el mitin.  Si llevamos algo en los  bolsillos con el movimiento lógico del discurso puedo uno, entre la  calderrrilla y las llaves, parecerse a un trineo con sus peculiares  campanitas. hay que evitar balancearse.  Esto es tanto más importante cuando detrás  del orador hay algún símbolo muy contrastado, -blanco sobre rojo, por  por  ejemplo-, que va emergiendo por la derecha y la izquierda de la cabeza  del orador.  Tampoco conviene mucho de un lado al otro.  Hay que  disponer de un estrado sin nadie ni nada.
  Tampoco conviene mucho de un lado al otro.  Hay que  disponer de un estrado sin nadie ni nada.  Creo que nunca lo he  conseguido pero insisto en ello.
Sobre el estrado, sin arreglatorio, ni  botella, ni mesa barroca, etc. debe estar únicamente el orador, sin nada  en las manos, y empezar a hablar como lo estaría haciendo en su casa. Equivocarse, tartamudear, confundirse, etc., no tiene mayor  importancia.  Al contrario, da la sensación de una conversación normal,  siempre que uno no se vea nervioso o confundido.  Si nos equivocamos no  hemos de preocupar, pues la mayoría de gente apenas se da cuenta.  No  hemos de cometer el error de decir "mocasines" en lugar de "adoquines"  y, llamar nosotros mismos la atención sobre ello, diciendo el clásico,  "perdón, queríamos decir…", pues entonces todo el mundo ríe, mientras que nadie lo hará si continuamos.
En ocasiones, cuando se ven movimientos en la sala, comentarios entre  varios, señales, cuando entra la policía, etc., uno pierde el hilo de lo  que decía.
Nunca ha de pararse.  Ha de salvar el trance hablando sin  decir nada durante el tiempo que convenga hasta coger el hilo de lo que  se decía, lo cual a veces no es nada fácil. Frases como, "es indudable  que en todo caso hay que ser conscientes de que los problemas exigen una  solución adecuada a la naturaleza de los mismo, pues corresponde a la  naturaleza de casa cosa una igual correspondencia en su resolución, otra  forma de actuar contribuiría a confundir la forma de concebir las  soluciones de aquellos aspectos más transcendentes…" y con cualquier  frase de puente, podemos volver al camino original. Quizás los más observadores podrán notar algo raro en el transcurso de  la incoherente frase, pero es que realmente aunque para nosotros parezca  que ha pasado mucho tiempo, la gente presente en las sala, no se ha  percatado pues en conjunto se ha tratado de segundos.
Es importante elegir bien la hora.  Que no coincida con partidos de  fútbol retrasmitidos por televisión, ni con actos similares de signo  parecido.  La 7 u 8 de la noche es una hora habitualmente buena en  España.  La sala ha de ser cuidadosamente elegida y decorada.  Es  preferible una sala pequeña atestada que una enorme, con más gente que  la otra, pero que se vea vacía.  El último acto en Barcelona después de  salir yo de la cárcel, resultó un fracaso por la elección de una sala  enorme.
No hay que mirar a un solo punto de la sala, y menos a la mesa o al  techo.  hay que ir cambiando la vista de lugar, mirando por igual a las  primeras filas que a las últimas.  Unicamente resulta un poco forzado mirar a un segundo piso si lo hay. Pero nunca hay que tener la vista  fija.  No hay que hablar rápido.  Siempre mantener la calma e ir  pensando en ello para no "dispararse", así se dispone de más tiempo para  pensar.
Darse cuenta de cuando el público está cansado.  En ese momento hay que  caminar ya hacia el final del acto, procurando decir lo más importante  de lo que nos queda en el tintero.  Los brazos deben ayudar a la  expresión, pero sin exageración.  Hay que estar atento de lo que pasa en  la sala y a las mínimas expresiones del público.  Siempre hay en la sala  en que va asistiendo con la cabeza, o negando.  "El orador tiene el  auditorio al cual se dirige un punto permanente de referencia -escribe  Hitler-, siempre que sepa leer en la expresión de sus oyentes hasta qué  puntos éstos son capaces de seguirle y comprender sus ideas".  ha de  estar pendiente de todo lo que ocurre y hacer los oportunos comentarios  en los momentos precisos,  aunque sean totalmente fuera de texto  previsto.
 QUE DECIR EN UN DISCURSO
Lo profundo da categoría y lo divertido llena.  Creo que lo ideal es  ser siempre profundo y divertido. En general los mítines organizados por un partido, se llenan con  simpatizantes de ese partido.  No hace falta pues preocuparse de aclarar  algunos puntos que para la gente de la calle estrían oscuros, sin  embargo hay que ser claro y sencillo en la exposición. Hitler dice que si el orador "nota que sus oyentes no parecen hallarse  convencidos de la veracidad de lo expuesto, optará por repetir lo mismo  cuantas veces sea necesario, siempre en forma de nuevos ejemplos, refutando las objeciones que, sin serle hechas, capta él del auditorio y  las replica y desmenuza hasta que, en definitiva, el último sector de la  oposición revele a través de su actitud haber capitulado ante la lógica  argumentación del orador". Esto tiene ahora relativamente poca importancia en los mítines pues,  como queda dicho, se llena de correligionarios.
Siempre hay que pensar  en esa 5, 10 o 100 personas que no nos conocen y a ellas hay que dirigir  una parte de nuestra rgumentación, pero realmente la necesidad indicada  por Hitler ahora la tenemos raspasada a la televisión o al parlamente,  toda vez que los debates parlamentarios son retrasmitidos por  televisión.
En este caso hay la indudable dificultad de que no puede verse al  público.  Cuando la "oposición" va a un mitin que no es de los suyos,  solo lleva intensiones destructivas.
Como he dicho antes, lo importante es la forma de decir las cosas, más  que las cosas en sí.  Hay que utilizar ejemplos muy gráficos,  independientemente de que sean adecuados o no.  si queremos justificar  la conveniencia de ir poco a poco y paso a paso, sin grandes accione  espectaculares. Cuanto más multitudinario es un acto, tanto más generales han de ser  las ideas.
Lo importante pese a todo, es la forma de decir las cosas.  Hay que  procurar evitar el hablar como en las sinfonías clásicas que veinte  compases antes de terminar ya se adivina el final.  Hay que salir sino  con ideas nuevas, con formas nuevas de presentar esas ideas.  hemos de mencionar también la importancia de impostación de la voz.  Es  imposible por escrito matizar este extremo, pero indudablemente a cada  situación corresponde una peculiar impostación.  Incluso, en los  ejemplos sonoros que acostumbro a poner al dar el mana de la oratoria,  siempre destaco un discurso de Hitler en el cual logra el aplauso  general, únicamente por la impostación adecuada. Por último señalaré los puntos que Le Bon considera básicos para un  "agitador", "la afirmación, la repetición yel contagio.  la simple  afirmación, limpia de razonamientos y de prueba, es uno de los más  seguros medios de inculcar las ideas en el espíritu de las muchedumbres.
Cuando una afirmación se ha repetido suficientemente y hay unanimidad en  la repetición, fórmase lo que se llama una corriente de opinión, dando  lugar a que surja el poderoso mecanismo del contagio".
HITLER ORADOR
La simple audición, si entenderlo, de un discurso de Hitler y otro de Goebbels, nos demuestra que este último era mejor orador.  Eso, evidentemente, es abstracto, sin embargo en la práctica, Hitler unía a   su natural talento en la oratoria, un singular personal indescifrable, magnética.  Lo que llamamos carisma.
 Resulta pues adecuado apuntar algunos rasgos típicos de los discursos   de Hitler, pues resultan muy valiosos. tal como dice Le Bon, una de las características de la oratoria de  Hitler la hallamos en las afirmaciones categóricas.  En muchas ocasiones  hallamos esas afirmaciones, sin embargo, cuando el tema en cuestión   contiene alguna complicación, -economía, fenómenos históricos, etc.-, sigue invariablemente a esta afirmación, una serie de detallados y  clarísimos ejemplos, que dejan tan claramente expuesto el problema que es innecesaria explicación posterior.  No hay nada más claro para  entender la economía que los pocos discursos que Hitler dio sobre el  tema.  Son trasparentes como el cristal.
También, en el más puro estilo de Le Bon, Hitler utiliza las  repeticiones.  A lo largo de cada discurso pueden destacarse dos o tres  temas principales, y desde diversos puntos vuelve una y otra vez sobre  ellos, pero en una forma amena y sencilla.
La característica más remarcable de Hitler es posiblemente la  adaptación al auditorio, como ya he mencionado antes.  Le bastaba una  simple mirada para sentirse parte del auditorio y dialogar con ellos con  toda sencillez o con toda gravedad.
Otra de las características de los discursos de Hitler, es la  utilización del diálogo en el discurso.  esta forma era muy habitual en  él y se logra con ella un efecto de claridad y sencillez muy adecuado.
"Son otros muchos los que dicen : "Piense Ud. en que todo pesa sobre las espaldas de los jóvenes".  Pues pueden sentirse orgullosos de pasar por  esa escuela!".  Este fragmento de discurso, elegido al azar, muestra una  forma muy peculiar y habitual de Hitler en su oratoria que, repito,  produce un efecto muy cordial, de familiaridad.
A través de esos diálogos, consigue Hitler exponer ideas muy profundas  en forma muy sencilla. También es normal en Hitler la puntualización de soluciones o de  problemas a través de primero, segundo, tercero, etc. Y en general sus  discursos cuentan con una parte inicial histórica, evocando los primeros  tiempos de lucha, para pasar luego a los temas del momento.  En general  este hecho se explica porque casi siempre tomaba la palabra en  conmemoraciones de hechos del partido.
La idea de Hitler de que debía empezarse en forma moderada, casi  rutinaria, con la voz monótona durante una hora, para pasar en la  siguiente a actitudes combativas, continuar en la tercera en igual forma  y volver en la cuarta hora al período inicial, no tiene a mi entender  muchas posibilidades de éxito hoy día.  Al contrario, soy de la opinión  de que lo que conviene es actuar justamente a la inversa, contando con  el entusiasmo del público desde el primer momento.  Siempre hay alguien  entre los espectadores dispuesto a aplaudir en un momento oportuno, en  ocasiones una especie de "clacla" puede arrastrar al público.  El  aplauso difícil es el primero, por ello conviene evitar que con un largo  prólogo inicial el público de amodorre.

CONCLUSION
Es definitiva cuando se carece de las virtudes innatas de los grandes  oradores, que en definitiva no son demasiados a lo largo de la historia, hay que prepararse meticulosamente para la actuación en público.  No hay  realmente sistemas patentados, y por ello cada cual sobre la marcha puede ir logrando la "técnica" adecuada.  Yo he expuesto aquí algunos  puntos básicos debido a mi experiencia, pero hay que tener en cuenta que  cuando me hallaba en el colegio, prefería que castigasen que salir a  hablar en público.  Sólo a base de voluntad logré tomar la palabra sin  dificultad en cualquier acto.
Los mítines tienen el gran inconveniente de que han de ser "éxitos". No pueden resolverse como uno quiera sino como quiera el público.  En una conferencia en la que se trata de exponer un tema, es conveniente  también tratar de hacerla amena a base de anécdotas o comentarios  ingeniosos, pero no es obligatorio.  Si la gente se cansa, que se canse  y si se va, que se vaya.  El objetivo de una conferencia es formar a una  gente que se supone va con esa intención, pero en un mitin el público  espera pasarlo bien y debe conseguirse que salga con una moral de lucha.
 Eso es lo importante, lo demás carece de interés. Por ello a mí que no me resulta ningún problema hablar durante una hora  sobre cualquier tema en plan de conferencia, me es verdaderamente  molesto un mitin, pues, como digo, cada uno debe superar al anterior.  Hay que prepararlos concienzudamente y tener presente que siempre se  puede seguir aprendiendo.  Es preciso asistir a los mítines de los que  tengan más fama de buenos oradores para seguir aprendiendo siempre. Cuando Tarradellas volvió del exilio en medio de una campaña  multitudinaria preparada por todos los partidos en liza , sus palabras:  "ja soc aquí" (ya estoy aquí) constituyen una de las genialidades  oratorias más inteligentes de los últimos tiempos.  Esa simple frase  -ignoro si escogida por él o pro un equipo de publicidad- , fue más  elocuente que todo un largo discurso.
En un acto en Valencia nuestro presidente Pedro Varela utilizó un  sistema muy útil para un mitin.  Aunque no recuerdo bien los temas, fue  queríamos.  "El capitalismo quiere un obrero …, nosotros en cambio  queremos un obrero…".  Esto fue de gran efecto pues el aplauso era  obligado al término de cada comparación.  Yo utilicé ese mismo sistema  en un mitin mío en Madrid con igual éxito.
El que quiere ser orador -y todo mando de CEDADE lo ha de ser, mejor o  peor-, debe asistir a mítines, propios o extraños, desde un punto de  vista pedagógico, observando aquello pasajes que causan más impacto en  el público y los motivos por los que esto ocurre.
En un mitin dado por Jesús Suevos en Barcelona, la parte más notable  tuvo lugar cuando dijo la frase: "En Yalta se reunieron Churchill,  Roosevelt, Stalin… tres criminales de guerra".  Lo lógico es que esta  frase hubiese sido pronunciada en forma de crescendo hasta convertirse  en grito al llamarles criminales de guerra. Suevos hizo exactamente lo  contrario.  Empezó a un nivel normal, y fue bajando paulatinamente hasta llegar casi a un susurro.
Nadie esperaba por su tono de voz que fuese a  llamar criminales de guerra a los tres grandes, especialmente si tenemos  en cuenta que en la sala se hallaban presentes todas las autoridades  civiles y militares.  Creo que puede calificarse de genial esta forma  elegida, pues evidentemente contrastó plenamente su voz casi apagada con  el estruendoso aplauso que la siguió.
No hay pues sistemas "estáticos", y siempre conviene ir aprendiendo,  así como saber en todo momento cual es el objetivo a conseguir en cada  acto.
Cuando el famoso acto de Madrid en el cual la prensa en pleno  abandonó ostensiblemente la sala molesta por mis alusiones, el público  quedó entusiasmado del acto, de mi improvisación y de mi sangre fría,  pero realmente cometí un grave error.  Tenía ante mí a toda la prensa  española, a los más destacados periodistas y de hecho el mitin, en  detrimento del público debería habérselo dado todo a ellos.  Les tenía a  todos juntos y les podía convencer pues en lo que llevábamos de acto,  mirando sus rostros, podía ver que se lo estaban pasando bien.  Si por  ejemplo en un mitin vemos que hay una gran masa de gente ajena a  nosotros, hay que dirigirse preferentemente a ellos y procurar ver si  son obreros , estudiantes, etc. para enfocar el discurso en este  sentido.
Es indudable que la voz tiene una importancia muy grande, como ya he  dicho.  Se puede elevar el tono de la voz, se puede gritar, pero ha de  ser natural.
Hay algunos que creen que un mitin es dar una conferencia  a gritos y eso es falso.  Cuando escuchemos a Hitler debemos tener  presente que en alemania se habla así, es un idioma más duro y, por otro  lado, hemos de pensar que se ha perdido la costumbre.  Un "crescendo",  empezado débilmente y ulminando con toda la fuerza de nuestros  pulmones, puede ser de un gran efecto peto es preciso, primero que el  tema lo exija y , segundo, que lo logremos pues muy probablemente  tendremos que tomar aire antes de acabar la frase o llegaremos al final  sin haber alcanzado el punto máximo de la voz.  Sólo en unos pocos casos  Goebbels y Hitler logran la perfección al respecto.
ARTE DEL DIALOGO Y ENTREVISTAS
Mientras día a día me preocupa más intervenir en un mitin,  contrariamente en una emisora de radio o ante un público hostil, me  encuentro cada día más a gusto.
El orador, como ya he dicho, o más exactamente el saber hablar, es una  práctica que tiene varias facetas.  No podemos dominar un en detrimento  de las otras.  Hoy las necesidades políticas van más allá de los grandes  mítines y es por ello necesario, aplicar parte de lo dicho, a los  diálogos, entrevistas, etc. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando en un diálogo en  la radio, en un colegio, etc., o en cualquier ambiente contrario, los  interlocutores o el público hagan sus preguntas, se limitarán siempre a  notorio que nuestros adversarios, particularmente sus oradores  controversistas -escribe Hitler- aparecían en escena con un "repertorio"  determinado y en el cual se repetían siempre los mimos argumentos contra  nuestros acertos", añadiendo que "en cada uno de los discursos, era  esencial orientarse previamente acerca del probable contenido y la forma  de objeciones que podrían ser formuladas en el curso de la discusión,  para según eso analizarlas minuciosamente ya el propio discurso.  Convenía desde el comienzo mencionar las posibles impugnaciones del  adversario y demostrar su inconsistencia".
Estas observaciones siguen teniendo validez, pero más bien aplicadas a  las "conferencias" que a los mítines.  También tienen especial valor en  las entrevistas radiofónicas o televisivas.  En ese caso el público no  podrá hacer objeciones, pero las estará pensando y es preciso sacarlas a  colación en el propio discurso o diálogo.
Dice muy acertadamente Le Bon que "el arte de los gobernantes, como el  de los abogados, consiste en saber manejar las palabras .  Una de las  grandezas de este arte es que,  en una misma sociedad, las mismas  palabras tienen, por lo común, sentido muy diferente para las diversas  capas sociales".  Las palabras son muy importantes, especialmente cuando  por el uso quieren decir mucho más de lo que realmente dicen.  No se  puede decir ante un colegio Mayor que uno es "antidemócrata".  Se puede  razonar una postura antidemocrática, pero , pero sin mencionarlo  específicamente así.
Algo que hay que evitar en toda discusión, bien sea radiofónica o en  cualquier "mesa redonda", es ir al terreno del interlocutor.  Hay que  tener en cuanta que desde los licenciados en historia contemporánea, hasta los peones de tercera categoría, nadie tiene la más mínima idea de  la ideología nacionalsocialista. Cualquier militante de CEDADE, por poco  formado que esté, tiene las de ganar en cualquier debate.  Por ello el    interlocutor, cuando vea que está perdido, especialmente si es un buen locutor profesional, procurará llevarnos al tema que a él le interesa.  hemos de evitarlo a toda costa.  Si no queremos ir a su terreno, podemos  volver al que nos interese con cualquier excusa.  A la pregunta  formulada por un periodista "Que hay de los seis millones?" un camarada  contestó hablando sobre los seis millones… de parados.
Si de cualquier otra forma nos apartan del tema del que queremos hablar hemos de volver a él dejando de lado cualquier

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LA PARTE DEL MUERTO (Yasmina Khadra)

La parte del muerto
Yasmina Khadra
Alianza Editoria., 2005

Cuando hablamos de Yasmina Khadra (seudónimo de Mohamed Moulesshoul, Kenadsa, Argelia, 1955), nos viene a la cabeza la certeza de que en España las cosas no van nada bien. Y me refiero a esa literatura en lengua española escrita en las antiguas colonias (lo de protectorado es algo eufemístico) o por inmigrantes llegados de otra tierra. Podemos encontrar dos respuestas: que en España los hijos de la inmigración todavía no han dado sus primeros frutos, o que la labor del Instituto Cervantes en su sesenta y cinco años de existencia no ha conseguido los resultados esperados. Cierto que en Marruecos contamos con la AEMLE (Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española), escritores marroquíes que luchan con la lengua de Cervantes para construir una literatura tan particular como efectiva. Mi saludo desde aquí a escritores como Mohamed Sibari, Mohamed Akalay o Ahmed Daodi. El mérito es todo de ellos, porque aquí, en España, no hay ninguna editorial que apueste por estos autores (salvo esa estupenda antología impulsada por Lorenzo Silva en Ediciones Destino). Mi indignación es muy grande, porque mientras que descubrimos a autores de la talla de Lofti Akalay, Tahar Ben Jelloun o Mahi Binebine, que escriben en francés, o Abdelkader Benali, en holandés, o Fátima Mernissi, en inglés, aquí, en España, encontramos un desolador panorama de esa literatura nacida de las colonias y que después se han traducido en inmigración. ¿Dónde está esa literatura nuestra? Sería fácil contestarme que existe una gran literatura en lengua española que llega ahora de latinoamérica (escritores que viven y hacen su carrera literaria en España), pero, señores, es que éstos ya vienen con el español aprehendido.

            Si muestro mi enfado se debe a la envidia. Envidia a que Francia esté recibiendo una literatura maravillosa escrita por inmigrantes, en la lengua de Moliere. Cuando uno lee a Yasmina Khadra, se cansará de aplaudir, de hacer reverencias a este mago de la prosa, a este cirujano de la realidad. Pero su medicina no es la del curandero, sino la de un prodigioso artista de la disección. En La parte del muerto, el comisario Brahim Llob (sin lugar a dudas el más genial de los personajes surgidos en los últimos años en la novela negra) tendrá que enfrentarse a un peligroso asesino en serie, al corrupto régimen que gobierna Argelia y, lo más peliagudo, a la historia del propio país desde su independencia. La novela transcurre en 1988, meses antes de que el integrismo convirtiera en horror todo atisbo de libertad. La voz empleada en la narración es la del propio comisario, ya que Brahim Llob es escritor, de ahí que en cada línea se encuentre ese tono mordaz, delicioso, porque Llob ha visto mucho sufrimiento y cada frase es una patada en el culo al mundo que le toca vivir. Decir que Llob y Khadra son uno, salta a la vista, no sin razón este escritor se formó desde la edad de nueve años como militar, y en este mundo castrense fue naciendo en él esa vena creadora que le liberaría de la opresión del ejército. Que firme con seudónimo no es más que un guiño cariñoso a todo lo que le ha tocado vivir (Yasmina Khadra es el nombre de su mujer), ya que cuando firmaba sus libros con su nombre real sufría la irremisible censura de ese estamento de jerarquía, fusiles y botas altas. Por eso se disfrazó de mujer, y a partir de entonces burló la censura para mostrarnos la crudeza de esa realidad tantas veces velada. Más tarde, en El escritor se destapó, aunque no ha renegado nunca de su sello de identidad: Yasmina Khadra. Aquí en España lo descubrimos con esa maravillosa editorial llamada Zoela  y su colección Negrura. Si queréis descubrir al primer Brahim Llob, deberéis acudir a Morituri, Doble blanco y El otoño de las quimeras, obras que ya publicara Zoela y que Alianza Editorial ha reeditado en un solo libro, Trilogía de Argel.

            Tras lo dicho, queda el planteamiento de que en España las cosas empezarán a ir bien cuando nos salga un escritor marroquí, polaco, filipino o chino que escriba en lengua castellana, gallega, catalana o vasca delicias como la expuesta. Será síntoma de que España se ha abierto a otras culturas y que las otras culturas lo han percibido.

Jorge de Barnola

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (J. K. Rowling)

Echaba de menos algo así. Últimamente el mercado español del libro infantil y juvenil me parece que está demasiado lleno de productos políticamente correctos o de clones a la estela del éxito de la serie Pesadillas de R. L. Stine. Harry Potter parece en realidad una mirada hacia atrás en el género de la fantasía para niños, pero rescatando lo esencial y entretenido que se ha ofrecido en este tipo de libros, desde Erich Kätsner a Tove Jasson, pasando por toda la literatura inglesa de este tipo, desde Alicia hasta El hobbit.

Harry Potter no es quizá una historia demasiado original, cumpliendo casi a la perfección el paradigma de \’niño con destino criado por amenazadores e incomprensivos extraños\’. Pero la lectura del libro es francamente entretenida, divertida y fascinante en ocasiones. Está lleno de detalles de ingenio -sobre todo en la descripción del colegio de magia donde Harry acabará estudiando las artes de la hechicería. Así, Harry, hijo de dos magos muertos en un enfrentamiento con el archienemigo de sus padres, Voldermort, es famoso desde pequeño por haber eliminado a ese mismo Voldemort -aunque él no tenga el más mínimo recuerdo del hecho- y es enviado a vivir con una desagradable familia de mundanos. Más tarde, Harry ingresará en el colegio de magia y a partir de aquí empezarán sus verdaderas aventuras, rodeándose de fieles amigos y enconados enemigos… aunque estás categorías no son siempre las que parecen a la primera.

Para mí lo mejor del libro son las ocasiones donde Harry falla o está a punto de cometer un error imperdonable, sorteando la autora congracia y dignidad esas situaciones de forma que Harry no cometa un error que otros autores desarrollarían mediante una extensa redención del personaje que además sería innecesaria: Harry comete los errores justos y necesarios y también posee las dudas justas y necesarias (después de todo, el lector tiene que poder identificarse con el personaje, aunque sea un mago de destino evidente) y aprende de ambos lo justo y necesario.

Con esta curiosa mezcla de fantasía (dragones, unicornios y gnomos) y novela sobre niños en la escuela (matones, enemigos de patio de recreo y profesores hueso), la historia de Harry Potter se inscribe por derecho propio entre las mejores novedades de la literatura infantil. Además, es posible leerla a casi cualquier edad y disfrutar de ella, un logro considerable en cualquier género.

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LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA (Carlo M. Cipolla)

Introducción

La humanidad se encuentra -y sobre esto el acuerdo es unánime- en un estado lamentable.  Ahora bien, no se trata de ninguna novedad.  Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación lamentable.  El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente inviable – y me atrevería a decir estúpido- en que fue organizada la vida desde sus comienzos.  Desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las otras especies del reino animal, y todas las especies desde el gusano al elefante tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades.  Los seres humanos, sin embargo, poseen el privilegio de tener que cargar con un peso añadido, una dosis extra de tribulaciones cotididanas, provocadas por un grupo de personas que pertenecen al propio género humano.  Este grupo es mucho más poderoso que la Mafia o que el complejo industrial-militar.  Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatutos, pero que consigue, no obstante, actuar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros.  Es preciso subrayar a este respecto que este ensayo no es ni producto del cinismo ni un ejercicio de derrotismo social.  Las páginas que siguen son, de hecho, el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y, por lo tanto, posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

– 1 – La Primera Ley Fundamental Esta Ley afirma sin ambigüedad que: SIEMPRE E INEVITABLEMENTE CADA UNO DE NOSOTROS SUBESTIMA EL NÚMERO DE INDIVIDUOS ESTÚPIDOS QUE CIRCULAN POR EL MUNDO.  A primera vista la afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez.  Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la auténtica veracidad de esta afirmación.  Considérese lo que sigue.  Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

a) personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas;

b) día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.  La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población: cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación.  Por ello en las páginas que siguen se designará la cuota de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo Þ.

– 2 – La Segunda Ley Fundamental Las tendencias culturales que prevalecen hoy en día en los países occidentales favorecen una visión igualitaria de la humanidad.  Se prefiere pensar en el hombre como el producto en masa de una cadena de montaje perfectamente organizada.  La genética y la sociología, sobre todo, se esfuerzan por probar, con una cantidad impresionante de datos científicos y formulaciones, que todos los hombres son iguales por naturaleza, y que si algunos son más iguales que otros, esto ha de ser atribuido a la educación y al ambiente social, y no a la Madre Naturaleza.  Se trata de una opinión extendida que personalmente no comparto.  Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza.  Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguíneo.  En definitiva, uno nace estúpido por designio inescrutable de la Divina Providencia.  Aunque estoy convencido de que una fracción Þ de seres humanos es estúpida, y de que lo es por designio de la Providencia, no soy un reaccionario que pretende introducir de nuevo furtivamente discriminaciones de clase o de raza.  Creo firmemente que la estupidez es una prerrogativa indiscriminada de todos y cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante.  Este hecho está expresado científicamente en la Segunda Ley Fundamental: LA PROBABILIDAD DE QUE UNA PERSONA DETERMINADA SEA ESTÚPIDA ES INDEPENDIENTE DE CUALQUIER OTRA CARACTERÍSTICA DE LA MISMA PERSONA.  A este propósito, la Naturaleza parece realmente haberse superado a sí misma.  Es sabido que la Naturaleza, de un modo más bien misterioso, actúa de tal manera que mantiene constante la frecuencia relativa de ciertos fenómenos naturales.  Por ejemplo, tanto si los hombres se reproducen en el polo norte como en el ecuador, si las parejas que se unen son desarrolladas o subdesarrolladas, si son negras, blancas o amarillas, la proporción varón-mujer entre los recién nacidos es constante, con un ligero predominio de los varones.  No sabemos de qué manera la Naturaleza obtiene este extraordinario resultado, pero sabemos que para obtenerlo debe operar con grandes números.  El hecho extraordinario acerca de la frecuencia de la estupidez es que la Naturaleza consigue actuar de tal modo que esta frecuencia sea siempre y dondequiera igual a la probabilidad Þ, independientemente de la dimensión del grupo, y que se dé el mismo porcentaje de personas estúpidas, tanto si se someten a examen grupos muy amplios como grupos reducidos.  Ningún otro tipo de fenómenos objeto de observación ofrece una prueba tan singular del poder de la Naturaleza.  La prueba de que la educación y el ambiente social no tienen nada que ver con la probabilidad Þ nos la han proporcionado una serie de experimentos llevados a cabo en muchas universidades del mundo.  Podemos clasificar la población de una universidad en cuatro grandes grupos: ordenanzas, empleados, estudiantes y cuerpo docente.  Cada vez que se analizó el grupo de ordenanzas se halló que una fracción Þ eran estúpidos.  Teniendo en cuenta que el valor de Þ era más elevado de lo que se esperaba (Primera Ley), se juzgó, de entrada, pagando el tributo a las modas en vigor, que era debido a la pobreza de las familias de las que generalmente proceden los ordenanzas, y también a su escasa instrucción.  Pero al analizar los grupos más elevados se encontró que el mismo porcentaje dominaba también entre los empleados y los estudiantes.  Más impresionantes todavía fueron los resultados obtenidos entre el cuerpo docente.  Tanto si se analizaba una universidad grande como una pequeña, un instituto famoso o uno desconocido, se encontró que la misma fracción Þ de profesores estaba formada por estúpidos.  Fue tal la sorpresa ante los resultados obtenidos que se resolvió extender las investigaciones a un grupo especialmente seleccionado, a una auténtica "elite", a los galardonados con el premio Nobel.  El resultado confirmó los poderes supremos de la Naturaleza: una fracción Þ de los premios Nobel estaba constituida por estúpidos.  Este resultado es difícil de aceptar y de digerir, pero existen demasiadas pruebas experimentales que confirman básicamente su validez.  La Segunda Ley Fundamental es una ley de hierro, y no admite excepciones.  El Movimiento para la Liberación de la Mujer apreciará en todo su valor la Segunda Ley, por cuanto esta ley demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalente tan numerosos entre los hombres como entre las mujeres.  La población de los países del Tercer Mundo hallará consuelo en esta Segunda Ley, en la medida en que demuestra que los pueblos llamados "desarrollados" no son al fin y al cabo tan desarrollados.  Guste o no guste esta Segunda Ley Fundamental, en cualquier caso sus implicaciones son diabólicamente inevitables.  Tanto si uno se dedica a frecuentar los círculos elegantes como si se refugia entre los cortadores de cabezas de la Polinesia, si se encierra en un monasterio o decide pasar el resto de su vida en compañía de mujeres hermosas y lujuriosas, persiste el hecho de que deberá siempre enfrentarse al mismo porcentaje de gente estúpida, porcentaje que (de acuerdo con la Primera Ley) superará siempre las previsiones más pesimistas.

– 3 –

Un intervalo técnico Los individuos se caracterizan por diferentes grados de propensión a la socialización.  Existen individuos para quienes cualquier contacto con otros individuos es una dolorosa necesidad.  Éstos se ven obligados, literalmente, a soportar a las personas.  En el otro extremo del espectro, se hallan los individuos que no pueden soportar de ningún modo vivir solos, y están dispuestos a pasar el tiempo incluso en compañía de personas que desprecian antes que estar solos.  Entre estos dos extremos, existe una gran variedad de situaciones, si bien la gran mayoría de personas se halla más próxima al tipo que no puede soportar la soledad que al tipo que no es propenso a las relaciones humanas.  Aristóteles reconoció este hecho cuando escribió que "el hombre es una animal social", y la validez de su afirmación está demostrada por el hecho de que nos movemos en grupos sociales, que existen más personas casadas que solteras, que se malgasta mucho dinero y tiempo en exasperantes y aburridas fiestas, y que la palabra soledad generalmente tiene connotaciones negativas.  Tanto si uno pertenece al tipo solitario como si pertenece al tipo mundano, en cualquier caso tiene que tratar con la gente, si bien con intensidad diferente.  De vez en cuando también los solitarios se encuentran con personas.  Además, uno se pone en relación con los seres humanos incluso evitándolos.  Lo que podría haber hecho por un individuo o por un grupo, y no lo he hecho, representa un "coste-oportunidad" (es decir, una ganancia frustrada o pérdida) para aquella persona concreta o grupo concreto.  La moraleja es que cada uno de nosotros tiene una especie de cuenta corriente con cada uno de los demás.  De cualquier acción, u omisión, cada uno de nosotros obtiene una ganancia o una pérdida, y al mismo tiempo proporciona un ganancia o una pérdida a algún otro.  La ganancia puede ser positiva, nula o negativa; una ganancia negativa equivale a una pérdida.  En las ganancias y las pérdidas deben incluirse también las recompensas y las satisfaccines psicológicas y emotivas, y los estrés psicológicos y emotivos.  Estos son bienes (o males) inmateriales y, por lo tanto, difíciles de medir con parámetros objetivos.  El análisis del tipo costes-beneficios puede ayudar a resolver el problema, aunque no completamente; pero no quiero aburrir al lector con detalles técnicos: un margen de imprecisión puede afectar a la medición, pero no afecta a la esencia del argumento.  En todo caso, un punto debe quedar claro.  Al considerar las acciones de una persona, y al valorar los beneficios o las pérdidas que esa persona obtiene, se debe tener en cuenta su sistema de valores; pero para determinar la ganancia o la pérdida de la persona o grupo de personas con quienes se relaciona es absolutamente indispensable tomar como referencia el sistema de valores de éstas últimas.  Con demasiada frecuencia se olvida esta norma de juego limpio, y muchos problemas surgen precisamente del hecho de que no se respeta este principio de conducta cívica.  Recurramos a un ejemplo trivial, protagonizado por dos individuos, a los que llamaremos Ticio y Cayo.  Ticio da un golpe a Cayo y obtiene por ello una satisfacción.  Tal vez Ticio sostenga que Cayo es feliz por haber recibido un golpe.  Pero es muy probable que Cayo no sea de la misma opinión.  Es más, puede que Cayo considere que el golpe ha sido un desagradabilísimo incidente.  Si el golpe de Cayo ha sido una ganancia o una pérdida para Cayo, es Cayo quien debe decidirlo, y no Ticio.

– 4 – La Tercera Ley Fundamental (ley de oro) Esta Ley presupone, aunque no lo enuncie explícitamente, que todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.  Si Ticio comete una acción y obtiene una pérdida, al mismo tiempo que procura un beneficio a Cayo, ha actuado como un incauto; si realiza una acción de la que obtiene un beneficio, y al mismo tiempo procura un beneficio también para Cayo, ha actuado inteligentemente; si realiza una acción de la que obtiene un beneficio causando un perjuicio a Cayo, ha actuado como un malvado.  La Tercera Ley Fundamental aclara explícitamente que: UNA PERSONA ESTÚPIDA ES AQUELLA QUE CAUSA UN DAÑO A OTRA PERSONA O GRUPO DE PERSONAS SIN OBTENER, AL MISMO TIEMPO, UN PROVECHO PARA SÍ MISMA, O INCLUSO OBTENIENDO UN PERJUICIO.  A la vista de esta Tercera Ley Fundamental, las personas racionales reaccionan instintivamente con escepticismo e incredulidad.  El caso es que las personas razonables tienen dificultades para imaginar y comprender un comportamiento irracional.  Pero dejémonos de teorías y veamos qué es lo que nos ocurre en la práctica en la vida diaria.  Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio a nosotros: nos encontrábamos frente a un malvado.  También podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción, cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.  Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.  Tales casos ocurren continuamente.  Pero si reflexionamos bien, habrá que admitir que no representan la totalidad de los acontecimientos que caracterizan nuestra vida diaria.  Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.  Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace.  En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

– 5 – Distribución de la frecuencia La mayor parte de las personas no actúa de un modo coherente.  En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras esta misma persona puede comportarse como una incauta.  La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.  Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada.  Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.  El hecho de que sea posible analizar a los individuos en vez de sus acciones, permite hacer algunas digresiones sobre la frecuencia de los malvados y de los estúpidos.  El malvado perfecto es aquel que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias.  El tipo de malvado más ordinario es el ladrón.  Una persona que roba 10.000 pesetas, sin causar daños posteriores, es un malvado perfecto: tú pierdes 10.000 pesetas, él gana 10.000 pesetas.  Sin embargo, los malvados perfectos son relativamente pocos.  Los malvados que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan a los demás son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero, desgraciadamente, no son muy numerosos.  La mayor parte de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a la pérdidas ocasionadas a los demás.  Si alguien hace que te caigas y te rompas una pierna para quitarte 10.000 pesetas, o te causa daños en el automóvil por un valor de 50.000 pesetas para robarte una radio insignificante, por la que no va a obtener más de 3.000, si alguien te dispara y te mata con el único objetivo de pasar una noche en Montecarlo en compañía de tu mujer, podemos estar seguros de que no se trata de un malvado "perfecto".  Aun utilizando sus parámetros para medir sus ganancias (pero usando los nuestros para medir nuestras pérdidas), este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.  La distribución de la frecuencia de personas estúpidas es completamente diferente de la distribución de los malvados, de los inteligentes y de los incautos.  La razón de esto es que la gran mayoría de personas estúpidas son fundamental y firmemente estúpidas; en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo.  Pero aún hay más.  Existen personas que, con sus inverosímiles acciones, no sólo causan daños a otras personas, sino también a sí mismas.  Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.
– 6 – Estupidez y poder Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente.  Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.  La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales.  Algunos individuos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a tal herencia pertenecen, desde su nacimiento, a la elite de su grupo.  El segundo factor que determina el potencial de una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad.  Entre los burócratas, militares, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje Þ de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que han ocupado (u ocupan).  ¡Ah!, y no nos olvidemos de los prelados.  La pregunta que a menudo se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad.  Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales.  En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia.  Pero el lugar de las clases y las castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia.  En el seno de un sistema democrático, las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción Þ entre los poderosos.  Hay que recordar que, según la Segunda Ley, la fracción Þ de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción.  Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel Þ de estúpidos entre las personas que están en el poder.

– 7 – El poder de la estupidez No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida.  Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras, en qué consiste el poder de la estupidez.  Esencialmente los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.  Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado.  Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad.  El malvado quiere añadir un "más" a su cuenta.  Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un "más" para sí, procurando también al mismo tiempo un "más" para los demás, deberá obtener su "más" causando un "menos" a su prójimo.  Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo.  En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas.  Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible.  Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables.  No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque.  Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.  Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que:

a) generalmente el ataque nos coge por sorpresa;

b) incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.  El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque -como intentar disparar sobre un objeto capaz de los más improbables e inimaginables movimientos-.  Esto es lo que pensaba Schiller al afirmar que "contra la estupidez los mismos dioses luchan en vano".  Hay que tener en cuenta también otra circunstancia.  La persona inteligente sabe que es inteligente.  El malvado es consciente de que es un malvado.  El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez.  Al contrario que todas estas personas, el estúpido no sabe que es estúpido.  Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.  El estúpido no está inhibido por el sentimiento de autoconsciencia.  Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón.  Estúpidamente.

– 8 – La Cuarta Ley Fundamental No hay que asombrarse de que las personas incautas generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas.  El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión.  Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.  Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto.  Se puede tan sólo formular la hipótesis de que a menudo tanto los inteligentes como los malvados, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio, en vez de segregar inmediatamente cantidades mayores de adrenalina y preparar la defensa.  Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez.  A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio.  Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:

a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y

b) da a la persona estúpida oportunidad de desarrollar posteriormente sus capacidades.  Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga.  Pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto uno se verá arruinado y destruido por sus imprevisibles actos.  Todo esto aparece claramente sintetizado en la Cuarta Ley Fundamental, que afirma que: LAS PERSONAS NO ESTÚPIDAS SUBESTIMAN SIEMPRE EL POTENCIAL NOCIVO DE LAS PERSONAS ESTÚPIDAS.  LOS NO ESTÚPIDOS OLVIDAN CONSTANTEMENTE QUE EN CUALQUIER MOMENTO Y LUGAR, Y EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, TRATAR Y/O ASOCIARSE CON INDIVIDUOS ESTÚPIDOS SE MANIFIESTA INFALIBLEMENTE COMO UN COSTOSÍSIMO ERROR.  Es lo que pensaba Gracián cuando recomienda: "evita relacionarte con necios".  A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables a la humanidad.

– 9 – El macroanálisis y la Quinta Ley Fundamental Las consideraciones finales precedentes nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en vez de bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones de bienestar individual.  Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental.  No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales la Quinta es, desde luego, la más conocida y su corolario se cita con mucha frecuencia.  Esta ley afirma que: LA PERSONA ESTÚPIDA ES EL TIPO DE PERSONA MÁS PELIGROSA QUE EXISTE.  El corolario de la ley dice así: EL ESTÚPIDO ES MÁS PELIGROSO QUE EL MALVADO.  La formulación de la ley y de su corolario es aún del tipo "micro".  Sin embargo, tal como hemos anunciado, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro".  El punto esencial que hay que tener en cuenta es éste: el resultado de la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una transferencia de riqueza y/o de bienestar.  El malvado perfecto, con su acción, habrá añadido un "más" a su cuenta, "más" que equivaldrá exactamente al "menos" que ha ocasionado a otra persona.  La sociedad en su conjunto no ha salido ni beneficiada ni perjudicada.  Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada, pero no se producirían grandes desastres.  Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar en favor de aquellos que actúan malvadamente.  Si todos los miembros de una sociedad actuaran malvadamente por turnos regulares, no solamente la sociedad entera, sino incluso cada uno de los individuos, se hallaría en un estado de perfecta estabilidad.  Pero cuando los estúpidos entran en acción, las cosas cambian completamente.  Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas.  Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.  Los incautos dotados de rasgos de inteligencia superiores a la media, así como los malvados con rasgos de inteligencia y, sobre todo, los inteligentes contribuyen todos, aunque en grado diverso, a aumentar el bienestar de la sociedad.  Por otra parte, los malvados y los incautos con rasgos de estupidez no hacen sino añadir pérdidas a las ya causadas por las personas estúpidas, aumentando de este modo el nefasto poder destructivo de estas últimas.  Todo esto nos sugiere algunas reflexiones sobre los resultados que se dan en las sociedades.  Según la Segunda Ley Fundamental, la fracción de gente estúpida es una constante Þ, que no se ve influida por el tiempo, espacio, raza, clase o cualquier otra variante histórica o sociocultural.  Sería un grave error creer que el número de los estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso.  Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos.  La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive:

a) los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros;

b) se produce un cambio en la composición de la población de los no estúpidos, con un aumento relativo de las poblaciones de incautos y malvados con rasgos de estupidez.  Esta hipótesis teórica se ve abundantemente confirmada por un exhaustivo análisis de casos históricos.  En efecto, el análisis histórico nos permite reformular las conclusiones teóricas de un modo más concreto y con detalles más realistas.  Tanto si consideramos la época clásica como la medieval, la moderna o contemporánea, nos impresiona el hecho de que todo país en ascenso tiene su inevitable porcentaje Þ de personas estúpidas.  Sin embargo, un país en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción Þ, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.  En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a Þ; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.  Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos refuerza, inevitablemente, el poder destructivo de la fracción Þ de los estúpidos, y conduce al país a la ruina.

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LA MONTAÑA MÁGICA (Thomas Mann)

La montaña mágica es el título de la más conocida novela de Thomas Mann, escritor contemporáneo de Herman Hesse. Su título original es Der Zauberberg y fue publicada por primera vez en 1924, y desde entonces ha sido traducida a todos los idiomas con más hablantes.

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 Argumento

La acción se desarrolla en un sanatorio para enfermos de tuberculosis. Hans Castorp, un joven burgués de Hamburgo, emprende una visita a su primo Joachim Ziemssen, quien se ve temporariamente imposibilitado de desarrollar su carrera militar debido a una afección pulmonar. Hans Castorp llega como visita al sanatorio Beghof, situado en los alpes suizos, pero iniciada su estadía descubren en él una "lesión húmeda" (pétit tache humide) lo que lo obliga a quedarse como enfermo. Esta obligada supresión de la vida burguesa va a efectuar en el carácter de Hans Castorp transformaciones considerables, llevándolo a preguntarse sobre la naturaleza del tiempo, la constitución del cuerpo humano y la naturaleza, la muerte, la enfermedad, la libertad. Cómodamente tendido en su chaise longue observa los cambios que el trascurso del tiempo efectúa sobre el valle, sobre él mismo, sobre lo que lo rodea. Asiste también a los debates de dos adversarios intelectuales, el "capitalista republicano" Settembrini, y el oscurantista Naphta, que se debaten su alma de discípulo; y a la revelación que el amor no tiene sexo, a través de la sutil unión de Pribislav Hippe, compañero de escuela, y la rusa de "ojos oblicuos", Madame Chauchat. La Montaña mágica es un examen minucioso de las transformaciones, de los estadios, y a través del análisis de los discursos morales, se va despojando de ellos.

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 Disgresión sobre el Tiempo

"Se cree que la novedad y el carácter interesante de su contenido ´hacen pasar´ el tiempo, es decir, lo abrevian, mientras que la monotonía y el vacío alargan a veces el instante y la hora patéticamente. Pero esto es inexacto, pues, siendo en ocasiones así, la monotonía y el vacío pueden abreviar y acelerar vastas extensiones de tiempo hasta reducirlas a la nada. Por el contrario, un contenido rico e interesante es sin duda capaz de abreviar una hora e incluso un día, pero considerado en conjunto, confiere al paso del tiempo amplitud, peso y solidez, de manera que los años ricos en acontecimientos pasan con mayor lentitud que los años pobres, vacíos y ligeros, que el viento barre y se alejan volando. El hastío es pues, en realidad, una representación enfermiza de la brevedad del tiempo provocada por la monotonía. Los grandes períodos de tiempo, cuando su curso es de una monotonía interrumpida , llegan a encogerse en una medida que espanta mortalmente al espíritu. Cuando los días son semejantes entre sí, no constituyen más que un solo día, y con una uniformidad perfecta, la vida más larga sería vivida como muy breve y pasaría en un momento. La costumbre es una somnolencia o, al menos, un debilitamiento de la conciencia del tiempo, y cuando los años de la niñez son vividos lentamente y luego la vida se desarrolla cada vez más deprisa y se precipita, es también debido a la costumbre. Sabemos perfectamente que la inserción de nuevas costumbres es el único medio del que disponemos para mantenernos vivos, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para obtener en definitiva, un rejuvenecimiento, una confirmación, una mayor lentitud de nuestra experiencia del tiempo y, por ello, la renovación de nuestro sentimiento de la vida en general."

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