Los Dientes del Dragón (Juan Eslava Galán)

En el siglo XII un grupo de templarios es encomendado para rescatar a una elfa que está en manos de un tal Muley Oman, que la quiere de esposa. Cuando están metidos en harina escuchan una conversación sobre la Mesa de Salomón, un objeto mágico que supuestamente da muchos poderes y tal. Se lo cuentan al Papa y este decide organizar una expedición para lograr la maravilla y así poder ganar las Cruzadas a los moros. Forman parte del grupo de elegidos un templario veterano llamado Lucas de Tarento, el escudero Guido, un cura llamado Cantacuzano, el criado Pedro "El Raposo", la elfa rescatada de antes que no se sabe para qué va pero va, un enano de miembro superdotado y un semiorco. Pero resulta que también los enemigos de la Iglesia, la Abominación, es decir los fieles de la antigua Diosa, encarnados en el mago Asmodeo y su lacayo el asesino Sven Le Berg van detrás de las piedras necesarias para acceder a la Mesa… Así que entre prostíbulo y prostíbulo y cada grupo por su lado, van detrás de las piedras, matando dragoncitos y demás bichos…
El argumento de esta novela es prácticamente igual que el de "Los Falsos Peregrinos" del mismo autor; es más, hasta los personajes principales tienen parecidos sospechosos, lo cual le quita, ya de entrada, una buena parte de interés. Como en la otra novela hay un asesino sin escrúpulos que mata por donde quiera que va, un tal Sven Le Berg, calcado del Lotario de Voss de los "Peregrinos". Hasta en la descripción física son similares: guerreros rubios y germánicos. También hay un templario "que conoce la verdad" acerca de la religión católica y de la familia de Jesús y María Magdalena (puaj, este tema ya da náuseas); un guerrero joven y virginal, Guido, cuya única misión es la que tenía el ayudante Lucas en la otra novela, es decir, ser casto y puro y sentir amor verdadero hacia el único personaje femenino, la Elfa, y protagonizar melosas escenas… Y el criado "que sabe de la vida" y es simple, llano y primitivo, también copiado del criado de los Peregrinos, (y con el mismo final)

La novela se inicia también como la otra, en el entorno de las Cruzadas. Hay muchas escenitas de batallas y de duelos a espada, que son relatados con minuciosidad; no gasta el mismo número de palabras, sin embargo, en tratar de dotar de consistencia o de personalidad a sus personajes, quitando cuatro rasgos distintivos que los identifican.

La prosa es simple y facilona, pero se lee bien, aunque poco a poco se va haciendo más pesado y te entran ganas de terminar de una vez. Claro que cuando llegas al decepcionante final lamentas casi haber perdido el tiempo. Como en otras novelas de Eslava Galán, el final es con mucho, lo peor. Este autor no sabe rematar. Además, te habla de esa supuesta Mesa de Salomón que buscan los personajes pero apenas la describe y tampoco es que sea un objeto al que luego se saque mucho partido. Por otra parte, no es la primera vez que este mito surge en la obra del autor. Creo recordar que ya la citaba en "La lápida templaria" (puaj, otra vez templarios, qué obsesión) Quien haya leído varios libros de Eslava Galán sabe a qué me refiero: es muy repetitivo en los temas, que si los templarios de marras, que si la Mesita (sobre la que escribió incluso un ensayo), y sobre todo el rollo de la María Magdalena y su estirpe a la que tanto jugo le están sacando últimamente.

Aunque se supone que el espíritu de la novela es utilizar los mitos mediterráneos y europeos para hacer una novela de fantasía, creo que se queda muy corto en el empeño. Más que fantástica, parece una novela de aventuras ambientada en tiempo histórico, muy poco homogénea y bastante caótica. Es cierto que aparecen Tarascas, largartos gigantes, dragones y los personajes hacen vuelos estilo Harry Potter para salvar las largas distancias (qué práctico, juas), pero no tiene "magia" ni el encanto de lo maravilloso que siempre está presente en los verdaderos mitos. Un factor que contribuye a acrecentar esta sensación es el humor chocarrero y chabacano que tiñe todo el texto y hace sospechar lo poco en serio que se toma el autor esta historia, que en el fondo es una variación sobre el mismo tema de otras novelas suyas, o casi un autoplagio.

El hecho de meter en el grupo un enano, una elfa y un semiorco no se entiende mucho, ya que ninguno de ellos tiene una participación efectiva en la trama principal y más bien están el primero y el tercero para ser alivio cómico (demasiados alivios cómicos en esta novela, también hay que incluir a Pedro el Raposo y casi en ocasiones, por lo paródico y obtuso de su maldad, a Sven le Berg) Hay capítulos enteros, o largos fragmentos, que no tienen ninguna relación con el argumento y son utilizados por el autor para dar sus típicas lecciones magistrales acerca de los temas que le son caros y la típica estructura del sabio/maestro contestando a las preguntas del cándido aprendiz.

Algo que irrita sobremanera en este libro es la soberbia e incoherencia de Eslava Galán, que por un lado se muestra anticlerical, ateo y hace continuas burlas de la religión cristiana, y luego muestra como "verdadera" la religión antigua, la de la Diosa, que fue desplazada por el terrible Dios machista y brutal. Con la Diosa todo era más chachi, claro. Vaya ateo… El que lo es de verdad rechaza TODOS los dogmas.

Mención aparte del "humor" que se las gasta, que es en un noventa y nueve por ciento de tipo sexual o escatológico. No es muy fino el chico que digamos. Hay un capítulo de puro relleno donde se nos muestra al enano cachondo yéndose de putas, mientras el semiorco y otro de su especie ridiculizan a la religión católica de un modo muy poco sutil. Es un humor muy agresivo (sobre todo el sexual) y a veces ofensivo.
Algunas muestras de las "gracias":

"Aquel caserón inhóspito, hubiera parecido deshabitado si no fuera por los certámenes de pedos y eructos que organizaban en las cuadras Gorgo y Grontal"

"Sobre todo evitaba la mancebía, donde, al parecer, los alguaciles buscaban a un enano que había inhabilitado por cinco semanas, eso dijo el médico que cosió los desgarros a las tres mejores coimas del cuñado del jefe de policía, un rufían tracio a cuyo cuidado estaban la famosa cortesana Expira Frígida (antes Expira Candente), y sus amigas la Holgada y la Berrienda.
-Con esos datos que me das y sin tenerlo fichado, difícil veo que le podamos echar el guante -decía el comisario- porque en esta época del año, con las ferias de san Teotecopopos, Constantinopla está llena de enanos forasteros.
-¿Qué más señas particulares queréis que el miembro viril que tiene este delincuente? -protestaba el tracio-. Es de tales dimensiones que sobre esa picha perchaban los siete halcones del emir Halufo.
-¿Percharon los siete? -se admiraba el jefe de la policía.
-¡No, hombre, no percharon, es una comparación! -se sulfuraba el tracio-. ¿Cómo van a perchar en una picha sensible los siete halcones, con esos garrones afilados que gastan?"

"Después de examinar todas las anotaciones se decidió por una tal Expira Candente que había escrito: "Rubia cachonda. Viciosa. Trasero de trece palmos de latitud. Tetas espectaculares. Chocho loco. Culo tragón. Lluvia dorada. Consolador. Chupo agujeros oscuros.Trago leche. Me gustan grandes y gordas""

Y así toda la novela… Cualquier momento es bueno para hablar de putas, miembros viriles, sexo vulgar…

Otra cosa destacable es que es muy reiterativa. Se supone que tienen que conseguir ya no me acuerdo si son doce o diez piedras de Dragón, y hay episodios de captura de piedras o derrota de monstruo muy similares.

También "recrea" u "homenajea" la famosa escena de Perceval llegando al palacio del Rey Pescador, casi literalmente…

En fin… Una novela con un propósito interesante, pero que se malogra por la falta de una trama más emocionante, el exceso de choteo, personajes tópicos, escenas que no vienen a cuento y un final que te deja fría… por lo malo. Solo para MUY incondicionales de Eslava Galán o bien fans de Dragonlance y similares que se traguen todo lo que contenga al menos un enano y un elfo.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams)

Toca un libro curioso. Y es que, originariamente, este libro fue en realidad una novela radiofónica. Fue tras el éxito de la radionovela que el autor decidió pasarla a libro convencional. Por lo visto, existen también series televisivas y teatrales en las que ha colaborado el autor, un juego de ordenador, cómics y una toalla de baño.

La edición que tengo entre mis manos es un regalo y venía con lector por un periodo de tres días. Es la “Edición Definitiva” de la editorial Anagrama. ¿Y por qué definitiva? Et bien, porque además del texto de la Guía, incluye un epílogo de Robbie Stamp, uno de los productores ejecutivos de la película; una serie de entrevistas que este mismo autor ha hecho a los actores, así como la primera hoja de rodaje, del día 19 de abril de 2004 (para cinéfilos o maníacos) y una magnífica autoentrevista con Karey Kirkpatrick, guionista de la película.

¿Qué es la Guía del autoestopista galáctico? Pues bien:

  • "No se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrícola lo vio ni oyó hablar de él"
  • Probablemente, se trate del libro más notable que jamás publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales tampoco ha oído hablar terrícola alguno."
  • Y además, en muchas civilizaciones, esta Guía ya ha sustituido a la gran Enciclopedia Galáctica como "la fuente de todo el conocimiento y la sabiduría", por dos razones: a) es un poco más barata y b)porque ostenta la simpática leyenda: NO SE ASUSTE. (Y aquí es cuando todos los lectores aspiran hacia dentro y dicen: OH!).

    Y ya aquí empieza la parodia, pues la Enciclopedia Galáctica es una creación de Isaac Asimov que aparece en su "Trilogía de la Fundación". ¿Quieren aún más parodia? Pues bien, la Guía del autoestopista galáctico pertenece a una "trilogía en cinco partes". Douglas Adams no pudo evitar añadir los libros 4 y 5, de ahí su nombre.

    Yo no sé mucho de Ciencia Ficción. La verdad es que nunca me han llamado la atención los planetas imaginarios, los monstruos de múltiples cabezas, las princesas peinas al ilicitano modo, las espadas láser o las transgresiones temporales que no se puedan hacer en un DeLorean. Así pues, tampoco puedo decir hasta qué punto es paródica la Guía del Autoestopista Galáctico. Pero no deja descanso a la mandíbula. Lo que me ha encantado de este libro (aparte de que me lo leyeran en voz alta en el Parque de San Francisco) es que, más que una parodia de la desbordante imaginación de los autores de ciencia ficción, parece una parodia del propio género humano.

    Adams utiliza todo tipo de monstruos y galaxias para reírse de los humanos. El método es sencillo, pero desternillante: ¿qué hay que hacer para reírse de algo? Apreciarlo con suficiente distancia, deshacerse de las categorías, romper las etiquetas, atreverse a mirar las cosas por primera vez. Adams no deja títere ni terrícola con cabeza: se ríe de la burocracia:

    ”- Pero los planos estaban a la vista…
    – ¿A la vista? Si incluso tuve que bajar al sótano para verlos.
    – Ahí está el departamento de exposición pública.
    – Con una linterna.”

    Se ríe de las máquinas ultraperfectas que somos capaces de construir mediante dos personajes metálicamente entrañables: Eddie, un ordenador de pareado perfecto: tan inteligente como insolente; y Marvin, un robot deprimidísimo que deprime a quien lo tenga al lado. Se ríe de la política y de las parafernalias de los gobiernos:

    ”Sólo seis personas en toda la Galaxia sabían que la función del Presidente galáctico no consistía en ejercer el poder, sino en desviar la atención de él.”

    Se ríe de todo y de todos a la vez; de la onomastia alucinante de los libros de Ciencia Ficción utilizando nombres como Prostetnic Vogon Jeltz, (monstruo monstruoso capaz de hacer monstruosa poesía pero dispuesto a escuchar críticas metafísicas acerca de ella), la Voraz Bestia Bugblatter de Traal, o Slartibartfast; de los mundos posibles mediante la creación de un planeta cuya principal fuente de ingresos es precisamente, la construcción de planetas; se ríe de los humanos haciendo que los ratones se rían de ellos; se ríe consigo mismo utilizando absurdos y lógicas ilógicas, así por ejemplo , se dice de un anciano solitario que “declaró repetidas veces que nada era verdad, aunque más tarde se averiguó que mentía”. También se ríe de los delirios enrevesados de la Biblia y de las exégesis grotescas que todo hijo de vecino está dispuesto a acometer antes o después. De hecho, aporta un argumento para demostrar la no existencia de Dios que haría reventar de risa a San Anselmo: “Me niego a demostrar que existo”, dice Dios, “porque la demostración anula la fe y sin fe no soy nada”.

    Por eso me gusta, porque utiliza el mundo de la ciencia ficción para reírse un poquito de ella. Y también para reírse sanamente de nosotros mismos. Además, gracias al distanciamiento que surge de contemplarnos a nosotros mismos a través de los ojos (acuosos, verdosos, sanguinolentos, sopocientos, digitales…) de los monstruos de la galaxia, Adams ilumina las regiones más asumidas del comportamiento humano, esas que nunca se someten a crítica, de tan interiorizadas como las tenemos. De hecho, creo que todas las citas que hasta ahora he utilizado no tienen por qué atribuirse única y exclusivamente a un libro de ciencia ficción…

    ¿La trama? La trama es bien sencilla. La tierra es destruida y Arthur Dent, un humano humanísimo, con preocupaciones humanísimas se encuentra fuera de la esfera del humano y se ve obligado a sentir como ajeno todo lo humano (por hacerle un esguince a Terencio). Consigue salvarse gracias a Ford Prefect (sic), con el que se ve arrojado al espacio exterior. Allí, primero sufre una serie de peripecias de la mano (no recuerdo exactamente si tienen este tipo de extremidades) de los vogones, raza extraterrestre contra la que conviene precaverse. Finalmente son recogidos por la nave robada por Zaphod Beeblebrox y sus dos cabezas, que utiliza la energía de la improbabilidad para funcionar (¿qué esto es altamente improbable? Claro, pues por eso). Se dirigen a Magrathea, a buscar un tesoro (no podía faltar). No os cuento lo que sucede al final por no estropearlo; eso sí: es digno de Ingmar Bergmann…

    Un viaje definitivamente alucinante, divertidísimo, pero muy sabio; para amantes y no amantes de la Ciencia Ficción, para amantes del humor absurdo, de los juegos de palabras y de los disparates… ¿Se animan? Pues cojan la toalla… y cuidado con los hooloovoos…, que en vez de ser a whiter shade of pale son a smart shade of blue 😉

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    Mi idea de la diversión (Will Self)

    Ian Wharton es un joven ejecutivo cuya vida está condicionada por dos hechos principales: su capacidad de memoria eidética y su relación con el señor Broadhust, que se hace llamar entre otras cosas El Gran Controlador y mago de lo cotidiano. Ian, de niño, conoció al señor Broadhust, quien lo introdujo en la magia negra y el esoterismo, aunque de un modo un tanto peculiar, obligándole a no practicar sexo con mujeres bajo la amenaza de que se le partiría el pene. Ian termina en la consulta de un psiquiatra, el doctor Gyggle, que hace extraños experimentos con drogadictos, y que le tratará de ayudar a recuperarse.
    Ya a la vista del argumento, se aprecia que se trata de un libro "raro".

    Está dividido en dos partes.

    El libro primero redactado en primera persona y que se titula así precisamente (Primera persona) narra la vida del personaje principal, Ian, su infancia, sus experiencias en el camping de caravanas donde vivía, rodado de gitanos, con su madre, sus primos, tíos, etc, todo ello marcado por la ausencia de su padre, y el carácter fuerte de su madre, que le producía una gran atracción. También, y lo que es más importante, su relación con Broadhust, descrito de una forma grotesca, como un gordo de aspecto muy extraño, y comportamientos aún más extraños, que iniciará a Ian en rituales y prácticas de lo más rocambolesco, aprovechando ese potencial del joven como eidético. Ian, además, parece poseer la capacidad de proyectar su imaginación en mundos virtuales de un modo casi de viaje astral.

    Esta parte de la novela, muy bien escrita, se lee con cierto interés, y curiosidad. Tiene ironía y algo de humor, aunque muy "sui generis". Al menos, resulta coherente, y nos permite conocer de primera mano la vida y pensamientos de Ian, y como va cayendo poco a poco bajo el dominio de El Gran Controlador.
    Las dos escenas claves de esta parte son una que transcurre en un teatro, donde el susodicho asesina a una mujer con un sutil toque de su bastón-estilete, sin que nadie se dé cuenta; y la primera relación sexual o intento de ello de Ian, frustrada por la aparición del Controlador en la caravana en el momento justo. A partir de aquí todo empieza a adquirir toques de surrealismo total, de extrañeza.

    Ian viaja mucho a través de su memoria eidética, llegando a presenciar escenas atroces, protagonizadas por él mismo, como el asesinato y violación de un mendigo, etc
    La segunda parte, que se titula Tercera persona, también hace honor a su nombre.

    Ian ha caído bajo el domino del psiquiatra Gyggle que aprovecha también su eidetismo para liberarle de sus "ideas delirantes" acerca de El gran controlador y de su frustración sexual.
    Esta parte me ha gustado menos; la encuentro demasiado surrealista; se cuentan muchas cosas sin ton ni son; hay abundancia de escenas oníricas o delirantes (como las que acontecen en la llamada Tierra de las Bromas Infantiles, un lugar imaginario donde el psiquiatra hace viajar a Ian); ideas extrañas como la de la campaña publicitaria del "primer producto financiero comestible Ñam-Ñam", etc, etc.

    Se me ha hecho muy pesada la lectura de la segunda parte, debido a la falta de un argumento claro y al excesivo tinte irreal que tiene todo.

    El libro no está mal escrito, y remite a clásicos muy conocidos como Fausto de Goethe, aunque en ningún lugar se mencione que Broadhurst sea el diablo. Sin embargo, sus actitudes de control y deseo de manipular el alma de Ian, de empujarlo a una vida de relajación moral, lo hacen émulo de tal personaje. De hecho, también le encuentro cierto parecido, tanto en escenas como en intención como en tono, con "El maestro y Margarita" de Bulgakov. Hay escenas como las que describen el regreso de El Gran Controlador a Londres que son similares (en su esencia) a las que describían la llegada a Moscú del Diablo. La descripción del personaje, si bien en lo físico no guarda relación, sí que podría emparentarse con ese personaje de Bulgakov en su talante juguetón y burlón, y en que actúa como catalizador del descubrimiento de la inmoralidad de otros.

    Porque en el libro hay una ambigüedad acerca de la cordura de Ian que hace que las lecturas sean variadas. Así que lo mismo podría ser un asesino, como un loco que imagina cosas. Esta sensación se acentúa al final cuando el Gran Controlador le revela a Ian que él fue quien mató a la mujer en el teatro y quien violó a la joven de la caravana, recuerdos que fueron luego manipulados por la moral de Ian. El reconocimiento de su posible talante criminal es tomado por Ian con gran indiferencia. En algunos párrafos se compara con un superhombre nietzscheano, por encima del bien y del mal, aunque todo desde un punto de vista bastante humorístico.

    El libro, como indica el subtítulo, es un fábula acerca de la moral, del bien y del mal (eso dice la contraportada), aunque para mi gusto sobran miles de escenas, en especial en la segunda parte, está poco centrado, no hay mucho argumento, y sin embargo, sí un exceso de reflexiones que no vienen mucho a cuento. También es un libro para "interpretar", en el sentido de que hay más escrito entre líneas que lo que se muestra.

    No es mi tipo de lectura favorito; me ha aburrido bastante, aunque si alguien quiere intentarlo…
    http://reginairae.blogcindario.com/2005/11/00244-mi-idea-de-la-diversion-de-will-self.html

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    Bartleby y compañía (Enrique Vila-Matas)

    El gran Otis B. Driftwood (no sé cuántos de ustedes se habrán percatado de que el enlace a la página de Otis está mal. Ya lo he arreglado. Mil disculpas por las molestias!) y yo nos entrecruzamos lectoramente y leímos dos libros diferentes de Vila-Matas a la vez. De ahí que decidiéramos entrecruzarnos también las reseñas… He aquí la que Otis escribió sobre Bartleby y compañía y con la que me hace el honor (y a vosotros como lectores) de participar en mi saloncito. Os dejo con él:

    Reseña literaria: Bartleby y Compañía
    Enrique Vila-Matas, Barcelona, 2000
    Ed. Anagrama (Colección Quinteto)

    La vanidad y la modestia. La pérdida de fe, la falta de convicción o la reafirmación en ella. La pereza y la desidia con todos sus grados intermedios o la hiperactividad. Razones todas ellas, contradictorias algunas, que pueden llevar a un escritor a sufrir el síndrome de Bartleby.

    Bartleby es un personaje de un relato de Hermann Melville, un oficinista que es el paradigma del “no hacer”. Ese personaje o, mejor dicho, su carácter, es el que toma Vila-Matas para explicar un síndrome que afecta a los escritores que deciden dejar de escribir por cualquiera de las razones enumeradas arriba, o por ninguna de ellas en particular. En sus pequeñísimos capítulos, estructurados como si fuera un compendio de notas a pie de página, el autor nos va presentando a diversos autores, algunos casi míticos y otros completos desconocidos, explicándonos por qué unos dejaron la literatura (o, más bien, la negaron, y de ahí la expresión “literatura del NO”) y por qué otros, con mucho potencial, jamás publicaron nada. Así, durante las doscientas páginas viajamos desde Arthur Rimbaud hasta Juan Ramón Jiménez, pasando por gente que nunca escribió como Joseph Joubert e incluso personajes de ficción que representan extremos dentro de la literatura del NO, como Paranoico Pérez, convencido de que Saramago es un plagiario de sus ideas y que por eso no escribe, para que no se las robe.

    Dentro de su estilo ligero y un puntito (o puntazo) surrealista, Vila-Matas se intercala a sí mismo como personaje dentro de este ¿ensayo? postulándose como escritor del NO, colocando a un filósofo, Derain, como contrapunto humorístico que le confirma o le revienta sus tesis e hipótesis literarias por un módico precio y que sirve de puente para definir distintas formas de analizar a estos escritores. Con afirmaciones sorprendentes como la que se refiere a los suicidas (que no cuento para no reventar la sorpresa), nos va asociando a cada escritor con cada excusa para no escribir, bien sean éstas explícitas (verdaderas o falsas), bien haya motivos implícitos (igualmente falsos o verdaderos).

    Lo primero que se le pasa por la cabeza al lector cuando se sumerge en este libro – que, como es habitual en su autor, es áspero para comenzar y mucho más fluido una vez dentro – es una pregunta: “¿Seré un escritor del NO? ¿Seré acaso un Bartleby, maestro?” Para mí es la genialidad que tiene, el remover las entrañas de quien lee para hacerle pensar en la posibilidad de escribir, y mucho mejor, de dejar de escribir. Pues si Wilde decía que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, Vila-Matas afirma indirectamente que lo máximo a lo que aspira un escritor es a que hablen de él por dejar de escribir, o incluso sin haber escrito nada.

    En este sentido creo que todo lector es, en cierta medida, un escritor que no escribe. Conozco muy poca gente a la que, cuando les digo que voy a escribir una novela, no se paren en ese momento a pensar detenidamente en la suya propia. Son apenas unos segundos de silencio que resultan más elocuentes que cualquier conversación sobre libros. Y la experiencia – propia y ajena – me dice que somos más francos, abiertos y sinceros cuando nos enfrentamos a nuestras propias ideas puestas en el papel. Quizás por eso tengamos tanto miedo a escribir. No porque los demás se rían de lo que escribimos, sino porque nosotros mismos no seamos capaces de reírnos de ello. El mundo está plagado de futuros escritores del NO. Y sospecho que Vila-Matas pensó en ellos al escribir este libro. Y es que es un libro que merece la pena releer, aunque cueste entrar en él. Es de los que se te quedan dando vueltas en la cabeza, como cuando estamos un rato viendo cómo centrifuga la lavadora sin saber por qué. En definitiva, perfecto para cualquier especie de Bartleby que pulule por la Tierra. Y casi habría una por cada ser humano.

    http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200505.htm

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    Discurso sobre o filho-da-puta\" (Alberto Pimenta)

    Esta no va a ser una reseña convencional, puesto que este no es un libro convencional, ni el autor es un autor convencional. El libro del que os hablo se llama Discurso sobre o filho-de-deus ao qual segue o Discurso sobre o filho-da-puta. (Discurso sobre el hijo de dios al que sigue el discurso sobre el hijo de puta). El autor es un señor portugués llamado Alberto Pimenta.

    Alberto Pimenta nació en 1937 en Oporto. Estudió Teatro y Literatura en la Universidad de Coimbra y fue lector en la Universidad de Heidelberg (en la bella alemania). Es profesor ahora en la Universidad de Lisboa. En 1977 se expuso a sí mismo durante dos horas en la "Jaula de los Chimpancés", en el Jardín Botánico de Lisboa, en una operación que dio en llamar "Operação Homo Sapiens".

    Alberto Pimenta ha escrito muchos libros, todos de muy diferente cariz: de poesía, de ensayo, etc. Destacan los títulos O Labirintodonte, Read & Mad, As 4 Estações (Las Cuatro Estaciones) o A balada do filho-da-puta. De sus ensayos, resulta destacable O silêncio dos poetas (El silencio de los poetas), A magia que tira os pecados do mundo (La magia que quita los pecados del mundo) (publicados ambos en Ediciones Cotovia) y A Metáfora sinistra (La metáfora siniestra). Como poeta, siempre ha cultivado una vena satírica, lingüísticamente muy juguetona y ha explorado los campos de la poesía visual y de la, llamémosla aquí "permormativa".
    Además, se ha encargado de la serie de televisión "A Arte de Ser Português", (El arte de ser portugués), entre otras. Padua Fernandes ha publicado un interesante ensayo sobre el autor que puedes leer aquí.

    El discurso sobre el hijo de puta puede ser considerado un ensayo, a pesar de estar cargado de humor e ironía punzante y descarada. La edición que tengo yo contiene dos versiones sobre el mismo discurso. La primera, es el genuino discurso sobre el hijo de puta, que viene antecedido de un plano general de la obra y de la consabida "Balada del hijo de puta".Sobre el plan general de que trata la obra, nos dice el autor:

    "de como o filho-da-puta existe e praticamente se encontra em todos os lugares.[…]modos de o filho-da-puta ser filho-da-puta."

    Estas son algunas de las cuestiones sobre las que nos ilumina el libro. Efectivamente, Alberto Pimenta caracteriza bajo la denominación de "filho-da-puta" a un determinado tipo de personas, casi a una raza. Cada lector seguro que conoce a muchos ejemplares de este prototipo. ¿Por qué se caracteriza un "verdadeiro filho-da-puta"? Lo primero que nos dice el autor es que están casi en todas partes, pero que no se definen a primera vista, no son fáciles de identificar. Los "filhos-da-puta" son gente que se encarga de ocultar con una supuesta disposición a hacer las cosas, su verdadera indisponibilidad para hacerlas. En eso mismo consiste el ser un "filho-da-puta", en manifestar de pronto la no conformidad y desbaratar todos los planes. Además, distingue dos tipos principales de "filhos-da-puta": los especializados en hacer (perrerías, se entiende); y los especializados en no dejar hacer (impedir que las cosas discurran con normalidad y sin problemas).

    Realmente, la cuestión que trata Alberto Pimenta en este libro no es del todo banal, sino que muchas veces, reconocemos en sus frases retratos robot de personas que nos rodean e incluso comportamientos nuestros. Aquí está lo preocupante. Pero Pimenta nos pone la venda antes de abrirnos la herida y lo describe todo con una gran dosis de humor y con mucha ironía, con lo cual uno acaba riéndose de sí mismo (pero tomando nota secretamente).

    "O lema do filho de puta é amar a humanidade em geral e odiar toda a gente em particular". (El lema del hijo de puta es amar a la humanidad en general y odiar a cada persona en particular)

    (jijiji)

    Pero la edición que ha caído en mis manos no constituye únicamente un ensayo lúcido e irónico sobre qué es, cómo se detecta, cómo vive y cómo muere un buen hijo de puta ("filhos de puta somos todos"). El libro se publicó por primera ve en 1977, pero según cuenta Pimenta en la Introducción, se topó con una traducción hecha del Discurso al latín por una señora alemana llamada Ruth-Maria Riehl, de la Universidad de Indiana. Por lo visto, esta señora decidió traducir la expresión "filho-da-puta" por "Angelus Tutelarius". (Personalmente, me parece a mí que todo esto no es más que un juego de Alberto Pimenta y que tal señora no existe). Eso sí, sirve esta disculpa para poner en pie el Discurso sobre o filho-de-deus, que viene a ser el mismo que el anteriormente comentado, salvando las notas al pie de página y el sentido de muchas de las partes del discurso, que cambia totalmente, gracias al "carácter" que uno adjudica inconscientemente al "hijo-de-dios".

    Con este supuesto plagio, Alberto Pimenta pone en el tapete el tema de la protección intelectual (formalmente, que no de contenido, pues no alude a ella) y de la recursividad (lo cual me hace mucha gracia, pues justo sobre eso hablaba hace nada con Carl Philip aquí. Y es que el Discurso sobre o filho-de-deus no es más que la traducción de la supuesta traducción latina del Discurso sobre o filho-da-puta. ¿Un plagio a uno mismo? ¿Un plagio recursivo?

    "Que o plágio nunca tivesse tido praticamente leitores não me admira: o público é sempre fiel a si mesmo. Agora é que vamos tirar as dúvidas! EW também estou curioso de saber se o rapaz me vai processar por eu lhe usurpar o seu plágio! Que é isto? Será este o verdadeiro metaplágio? Só a Sociedade de Autores poderia responder. Mas não se poderá apresentar um projecto de lei de Proteção a Metapiratas?// (Que el plagio no haya tenido prácticamente lectores no me admira: el público siempre es fiel a sí mismo. Ahora vamos a salir de dudas! Y también me encantaría saber si el rapaz me va a procesar porque yo le haya usurpado su plagio. ¿Qué es esto? ¿Será este el verdadero metaplagio? Sólo la Sociedad de Autores podría responder. ¿Y no se podrá presentar un proyecto de ley de Protección contra Metapiratas?)

    ¡Al abordaje!

    http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200502.htm

    Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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    TÍTULO=»Discurso sobre o filho-da-puta\" (Alberto Pimenta)»
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