Homo Videns (Giovanni Sartori)

Ya que está tan de moda el tema de la televisión con las vueltas que dan la vida, los reality shows y el comité de sabios, aprovecho la actualidad del tema para comentar este librito de Giovanni Sartori, el filósofo italiano: Homo videns. La sociedad teledirigida.

Antes de nada, unas palabritas sobre el autor
Giovanni Sartori nació en Florencia en 1924 y en 1946 se licenció en Ciencias Sociales por la Universidad de Florencia. Fue el impulsor de la primera Faculta de Ciencias Políticas de Italia, la Escuela Cesare Alfieri. En 1971 fundó la Rivista Italiana di Scienza Politica. Es doctor honoris causa por numerosas universidades y además de en Florencia, donde es profesor emérito, ha impartido clases en Stanford, Yale, Harvard y Columbia. Es considerado uno de los protagonistas del debate político contemporáneo y un experto de los problemas de las democracias occidentales. Entre sus obras destacan Ingeniería constitucional comparada, ¿Qué es la democracia? y Teoría de la democracia. Colabora habitualmente con el periódico Corriere della Sera y desde 1988 es el vicepresidente de Societá Libera, que promueve los ideales liberales en la sociedad italiana.

Homo videns, un nuevo tipo de hombre
En este libro, Giovanni Sartori se sumerge en el mundo de la televisión y trata de buscar en este tótem de todos los hogares el origen de ciertos cambios de comportamiento del hombre y de la sociedad.

La primera parte del libro, "La primacía de la imagen" es una evolución desde el hombre simbólico de Cassirer, que posee un lenguaje capaz de hablar sobre sí mismo y que capacita al homo sapiens no sólo para hablar, sino para pensar; hasta el homo videns, caracterizado por el predomino de la imagen sobre la palabra. Para Sartori este cambio supone una involución puesto que acerca al hombre nuevamente al animal, mientras que la capacidad simbólica de que le dotaba el lenguaje lo alejaba de los leones, los pingüinos y los chimpanceses.

Este cambio viene dado, según Sartori, por un cambio en la naturaleza de la comunicación. Y es que para poder comunicarse a través de la palabra era necesario estar en posesión de un código y participar en ejercicios de codificación y decodificación; en cambio, para comunicarse a través de la imagen sólo hace falta ver, con no ser ciegos, tenemos bastante. Así, la televisión y su forma de comunicación están generando un nuevo tipo de hombre. Esta es la hipótesis general de todo el libro:

"La televisión no es sólo instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía, un instrumento antropogenético, un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano."

Unida a esta hipótesis viene la defensa de la cultura libresca, tan atacada a menudo por ser privilegio de unos pocos. Como para Sartori, la "nueva cultura audiovisual" que tan elogiada ha sido durante tanto tiempo, no es más que una "subcultura"; la primera, la de los libros, la elitista, es preferible. Esta no es la única idea polémica que presenta Sartori en su libro, pero hay que reconocer que es necesaria para el mantenimiento de la coherencia de su hipótesis.

¿Por qué cree Sartori que la televisión es tan perjudicial? Por un lado, por su alta tasa de penetración y aceptación en la sociedad; porque es un fenómeno extendido, un progreso, cuando menos, cuantitativo. Por otra parte, por que ha provocado lo que él llama el "empobrecimiento de la capacidad de entender". Y es que la televisión elimina el pensamiento conceptual, que sucede a través de "entidades invisibles" que se expresan a través de palabras abstractas, y que constituyen la parte más importante de nuestra vida: felicidad, administración política, democracia, justicia, etc.

"La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender".

Y es que según Sartori, la televisión nos satisface desde el punto de vista sensorial y no satisface nuestro mundo inteligente, cualidad distintiva del homo sapiens y que se manifiesta en nuestra capacidad para desligarnos de la realidad sensible.

Por último, en esta primera parte del libro, Sartori hace un pequeño archivo de las críticas que ha habido contra la televisión y un pequeño balance de los peligros y ventajas que pueden traer consigo los nuevos multi-medios.

La segunda parte del libro es "La opinión teledirigida" y en ella, Giovanni se dedica a desentrañar la influencia de la televisión y de las formas de comportamiento y percepción que ella genera, en el mundo de la política. Por un lado, dice Sartori, la televisión cambia los modos de formación de la opinión pública. La persuasión discursiva es sustituida por la persuasión a través de la visión. Por otra parte, la televisión consigue difundir los temas políticos a través de los sondeos. Los sondeos de opinión son los que reinan, los que configuran la realidad político. Pero, se queja Sartori, las agencias demoscópicas se dedican a preguntar a la gente que qué opina sobre determinado tema sin preguntarles antes qué saben del tema en cuestión. Así pues, se desmorona Sartori, esta primacía de los sondeos es la primacía de las opiniones desinformadas. Pero ni siquiera el hecho de que fuesen "opiniones informadas" le bastaría a Sartori, pues el italiano distingue entre la información y el conocimiento. Considera al segundo como una capacidad de comprensión sobre fenómenos y de abstracción y generalización. Por otra parte, aquello de lo que no se sabe nada, no interesa. Sin embargo, Sartori no es tan negativo como para pensar que el hombre es estúpido por naturaleza. No. Pero nos recuerda que la televisión ha atrapado al hombre en un mundo visible y sólo visible, y que por eso, el hombre no ejerce su capacidad de abstracción. Así pues, la culpa la tiene la televisión:

"Si las preferencias de la audiencia se concentran en las noticias nacionales y en las páginas de sucesos es porque las cadenas televisivas han producido ciudadanos que no saben nada y que se interesan por trivialidades".

No contento con esta crítica, Sartori arremete contra la televisión por ser falaz: siendo siempre aparentemente real, transmitiendo siempre imágenes reales, la televisión puede, sin embargo mentir, ya sea a través de la descontextualización o la transmisión de imágenes reales con mensajes engañosos. Por otro lado, los criterios de notoriedad y actualidad son los que imperan en la televisión, con lo cual ésta acaba buscando estas características en cualquier tipo de hechos para poder difundirlos. Y claro, así proliferan los extyravagantes, los excéntricos y todos esos personajillos que mendigan protagonismo de cadena en cadena. Un desastre, vamos.

"¿Y la democracia?". Eso se pregunta Sartori en la tercera parte de su librito. ¿Se ve también afectada por todo este cataclismo? Pues claro que sí. La vídeo-vida, según Giovanni, afecta a la democracia a través de la incidencia electoral y la incidencia en el modo de gobernar. Por un lado, porque la política a través de la televisión es una política basada en las imágenes, en las personas; de éstas, importa más su apariencia que el contenido de su discurso; por otra parte, los políticos también se sienten condicionados por la televisión, y es que tienen que recurrir a ejercicios que sean televisables, a acciones que queden bien en televisión para así llegar al mayor número posible de votantes potenciales. Y nadie ha demostrado que esto redunde en beneficio de la organización y gestión de la comunidad.

A partir de estos razonamientos, Giovanni se afila aún más y acaba hablando de "hombres bestias" y de un gobierno de la "sin cultura". Aunque todo esto pueda parecer muy radical, es cierto que, dentro del discurso de Sartori, son ideas coherentes. Aunque lo más positivo de estas cuestiones es que nos sirve la polémica en bandeja… y discutir y contrastar ideas es el mejor método para saber qué es lo que piensa uno y para impregnarse de visiones críticas.

El librillo concluye con un apéndice en el que ahonda en algunas de las ideas ya expuestas, las apuntala aún más y ya rebata los contraargumentos que prevé, le pueden llover desde distintos sectores.

Homo videns es un libro inútil, no porque las ideas que Sartori plantea sean irreales o ilógicas, sino porque quien lee el libro, probablemente, las ha pensado ya aunque sea de forma deslavazada, y quien necesitaría empaparse de ellas, probablemente no leerá nunca el libro.

Por otra parte, es un libro pelín catastrofista ("Nos ahogamos en la ignorancia"), pero hay que reconocer que los gritos de "el barco se hunde!" están muy bien integrados en el discurso y muy respaldados por ejemplos y razonamientos que apuntalan el libro página a página. Además, quizás hay que ser exagerado y catastrofista para llegar según a qué sectores adormecidos. Además, defendiendo lo que él defiende, el libro no podía tener otro tono, claro.

En fin, un libro que da para mucho más: para conversación en bar de chatos, para avergonzarse un poquito delante de la televisión, para leer otros libros que lo contradigan y para hacer una reseña en un blog. No está mal, al fin y al cabo 🙂

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Introducción a la Estética (G.W:F. Hegel)

Encontré este libro fisgoneando en una librería de barrio de Madrid. Me llamó la atención que sólo costase dos euros y medio y aun a riesgo de toparme con una mala traducción o con una selección de textos caótica y mal planteada, me lo llevé.

En realidad, las ideas estéticas de Hegel ocupan dos volúmenes, unas 1200 páginas; así que lo que yo me llevaba no era más que una pequeña aproximación a sus reflexiones sobre la estética, como con prismáticos, para obtener una idea general. Esta parte introductoria está formada por las lecciones sobre estética que Hegel impartió en la Universidad de Berlín.

El libro que yo me compré dice contener las ideas centrales de la estética hegeliana de forma concisa. Efectivamente, es así. La traducción, creo que muy buena, es de Ricardo Mazo.

El libro se divide en tres grandes partes, que a su vez se dividen en partes más pequeñas. Me gusta que los libros de filosofía estén bien estructurados, porque en ellos siempre es muy fácil perder el hilo del discurso, entender mal ciertos conceptos porque su univocidad no es repetida una y otra vez o aburrirse soberanamente.

La concepción objetiva del arte
La primera parte de esta Introducción a la Estética se llama "La concepción objetiva del arte". En la primera parte de este capítulo aporta unas nociones generales para que podamos entender con él cómo entiende él que debe fundamentarse una filosofía del arte, una "filosofía de lo bello", una estética.
En primer lugar, hace una serie de distinciones entre lo bello natural y lo bello artístico. Lo bello artístico es superior porque es un producto del espíritu. "Todo lo que procede del espíritu es superior a lo que existe en la Naturaleza", dice Hegel. Y es que el punto de partida de la estética es necesariamente que exista un objeto de estudio. (Es curioso, porque Heidegger, en El origen de la obra de arte también dedica una parte extensísima a hablar sobre el "carácter de cosa" de la obra de arte, se ve que es algo que preocupa a los filósofos ;-).

"Por el contrario, en la estética, por ejemplo, se presenta inmediatamente la necesidad de examinar una tras otra las diferentes concepciones de lo bello, de pasar revista a los diferentes puntos de vista y a las diversas categorías que han sido aplicadas a lo bello, de analizarlos y, confrontándolos por medio del razonamiento con los hechos y datos que poseemos, de intentar extraer el concepto y obtener así una definición de lo bello".

A esto se quiere dedicar Hegel para establecer su filosofía de lo bello.

Posteriormente, se defiende contra las posibles objeciones que se pueden oponer al intento de construir una filosofía de lo bello. Entre ellas, puede encontrarse la indeterminación del concepto de "lo bello", debido a la variedad de cosas bellas. Para evitar esto, dice Hegel que basta con dominar "las formas concretas" de los objetos bellos, o sea, de las obras de arte, y extraer la regla general, es entonces cuando podemos comenzar a elaborar una teoría del arte. Una vez que se ha procedido a todas las eliminaciones de formas concretas necesarias, Hegel encuentra una determinación general en el arte:

el arte estaría destinado a despertar en nosotros sensaciones agradables para la creación de fomras que tengan la apariencia de la vida".

Otra característica que encuentra Hegel en las obras de arte es que su belleza se dirige a los sentidos y que esta belleza emana de la libertad de producciones y formas: "con la creación y la contemplación de las obras de arte nos libramos de las trabas de las reglas y los reglamentos". Esto explica también el hecho de que haya tal variedad de objetos bellos. Esta variedad, además, según Hegel invita a creer en la existencia de un instinto para lo bello. Hegel se enfrenta también con otras trabas para hacer una filosofía del arte, pero las va solventando con dignidad ,-) La justificación de hacer una filosofía del arte frente a una ciencia del arte, le obliga a Hegel a hacer una definición de arte. Me encanta esta parte, porque en ella, Hegel se va adentrando en materia cada vez más oscura y resbaladiza, cuando trataba de dar respuesta a una pregunta que no parecía ser tancompleja. Pero con la navaja de desbrozar conceptos, se mete en la selva de lo estético y nos va aclarando poco a poco qué es el arte. Contra la posibilidad de una ciencia del arte, Hegel esgrime el argumento de que el arte es del reino de la apariencia y de la ilusión. "El arte crea apariencias y vive de apariencias". Pues es verdad, ahora, que para Hegel eso no supone ningún inconveniente, puesto que la esencia de las cosas, siempre debe aparecer, por lo tanto, la apariencia es algo esencial de las cosas.

La apariencia del arte, sin embargo, no es una apariencia cualquiera. El arte tiene una existencia que está hecha de apariencias. Y si lo que buscamos en el arte es la verdad (dice Hegel), la apariencia del arte tiene que ser tal que nos haga superarla y alcanzar esa verdad, porque el arte "pone en nuestra presencia un principio superior". Así pues, bien pensado, el arte es un conjunto indisoluble de concreción y abstracción. El arte es una representación sensible (destinada a los sentidos) de las cosas abstractas (destinadas al pensamiento). Tiene un alto destino, que es expresar lo divino, las necesidades y las exigencias más elevadas del espíritu.

Hasta aquí, todas las ideas del arte (mucho mejor hiladas de lo que yo las he presentado aquí, of course, no le vamos a negar a Hegel su mérito 😉 Lo malo es que esta primera parte de la primera parte (viva Groucho!) acaba hablando sobre la muerte del arte y la conversión del arte en Historia. Supongo que estas son ideas que Hegel ha desarrollado más en otras partes de su obra estética; aquí apenas ocupan cuatro párrafos, pero para saber más, se puede leer El aprendizaje de la decepción, de Félix, en el que se dedica un capítulo a explicar la muerte del arte.

El siguiente capítulo se llama "Las ideas corrientes relacionadas con la naturaleza del arte" y en él se ocupa de derrumbar algunos de los lugares comunes que la historia ha ido forjando con el arte. Entre ellos, destacan el de "imitación de la naturaleza", con una argumentación preñada de lógica que es una delicia de leer; o el de la supuesta tarea moralizadora del arte. También habla sobre el "Despertar del alma" que el arte trae consigo. Nuevamente, las argumentaciones que se ve obligado a utilizar para deshacer las madejas enmarañadas desde Aristóteles le obligan a ir despejando el camino hacia el concepto último del arte. Así, aquí explica la necesidad de que la forma y el contenido sean una fusión y de que se correspondan, o explica cómo ha de ser el arte para cumplir con su función de "despertar el alma":

"El arte utiliza la gran riqueza de su contenido, por un lado, para completar la experiencia que tenemos de nuestra vida exterior y, por otro, para evocar, de una forma general, los sentimientos y pasiones que acabamos de enumerar, a fin de que las experiencias de la vida no nos encuentren insensibles, de que nuestra sensibilidad continúe abierta a todo lo que ocurre fuera de nosotros."

Así pues, contemplar el arte es una manera de crecer.

Y así llegamos al fin de la primera parte.

Las teorías empíricas del arte
La segunda parte se llama "Las teorías empíricas del arte". Primero hace un resumen de las "Ideas relativas al arte", donde ya deja claro desde un principio que las obras de arte son producciones humanas; que están dirigidas a los sentidos y que tienen un fin particular.

Para hablar sobre la primera cuestión, la del carácter humano de la obra de arte, o sea, un carácter no natural, Hegel utiliza conceptos como los de talento y genio y habla de que, al tratarse de una obra del espíritu, está hecha para perdurar porque es un objeto que representa "la verdad imperecedera de los acontecimientos", pero siempre mostrándolos en la forma de un acontecimiento particular. Por otra parte, esta verdad imperecedera atañe al hombre mismo porque le habla de sí mismo, y esto convierte a la obra de arte en necesaria para la formación del hombre.

Además, Hegel también entra en consideraciones sobre la postura del receptor; cómo es percibida una obra de arte, qué parte del hombre se pone en acción cuando contempla una obra de arte, qué diferentes actitudes hay en la obra. Así, no deja ninguno de los elementos del proceso artístico sin estudiar: el talento necesario y el hecho espiritual que hablan del emisor; la materia y contenido de las obras de arte y el comportamiento del receptor.

En la segunda parte de este segundo capítulo "La ciencia del arte", Hegel hace un repaso de diferentes concepciones históricas de la estética, el arte y el proceso creador y las revisa, al tiempo que analiza con detalle algunas definiciones para poder incorporar elementos de ellas, una vez aclarados, a sus ideas. Lo bello acaba siendo una conjunción de un elemento interno, el contenido y su adecuación con un elemento externo, el modo de presentación de ese contenido.

La tercera parte del libro habla sobre "El arte desde un punto de vista filosófico" y continúa haciendo una revisión de diferentes planteamientos estéticos desde Kant a Schiller o Goethe.

Finalmente, el resumen "Plan General de la Obra" Hegel hace un repaso sobre las distintas épocas artísticas desde el arte clásico grecorromano hasta el romanticisimo, así como también se adentra en el estudio de las distintas manifestaciones artísticas, desde la arquitectura y la escultura hasta la música. Trata de encontrar en todas estas manifestaciones las ideas que ha venido expresando. Y vaya si lo hace.

"La tarea del arte consiste en hacer que la idea sea accesible a nuestra contemplación bajo una forma sensible, y no bajo la del pensamiento y de la espiritualidad puras en general, y que esta representación saque su valor y dignidad de la correspondencia entre la idea y su forma, fundidas juntas e interpenetrándose, la cualidad del arte y la medida en que la realidad que representa es´te de acuerdo con su concepto dependerán del grado de fusión, de unión que exista entre la idea y la forma."

Pero además, el arte es una pregunta, dice Hegel. Una pregunta dirigida a las almas y a las mentes.

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Los diez mandamientos en el siglo XXI ( Fernando Savater)

Si hay algo que me encanta de Fernando Savater es su ironía. Es una ironía que ilumina como una cerilla: discreta, diminuta; imperceptible en lo vasto del discurso si no se la busca, pero útil; utilísima. A mi modo de ver, Savater consigue, muchas veces despejar las dudas sobre la interpretación de alguna de sus frases gracias a la ironía; la ironía es la señal que indica por qué camino seguir; gracias a la ironía, Savater ahorra en circunloquios y explicaciones.

El otro día me encontré hurgando por las estanterías con la versión de bolsillo de Los Diez Mandamientos en el siglo XXI, que fue editador por Random House Mondadori. Este librito de 180 páginas constituye la versión editorial del trabajo que Fernando Savater llevó a cabo junto con otras personas para elaborar un proyecto televisivo en el que se intentaba "explicar cómo afectan a la gente de hoy los diez mandamientos".

"¿Qué vigencia tiene los diez mandamientos? ¿Siguen siendo una guía ética y moral para la sociedad occidental a pesar del paso del tiempo y del cambio radical de la vida y las costumbres?"

Según el autor de la solapa, estas son las preguntas a las que trata de dar respuesta el librito de Fernando Savater. A mi modo de ver, el filósofo va algo más allá. O más bien, se plantea la cuestión al revés. Creo que Fernando Savater intenta iluminar con su cerillita el contenido que a día de hoy se les da a dichos mandamientos. No creo que Fernando Savater se pregunte por si siguen o no vigentes; sino por el modo en que siguen vigentes y por su evolución. De hecho, una vez leído el libro, queda claro que los Diez Mandamientos son necesarios para los humanos, pese a que hayan ido variando de contenido a lo largo del tiempo. Variación, por otra parte, también muy necesaria.

El libro consta de una introducción en la que Savater justifica la dedicación de un libro a un tema "tan antigüo"; también deja claro aquí Savater su profesión de fe. Las palabras "libertad", "responsabilidad", "autocontrol" ya aparecen bailando en esta introducción. Son palabras muy de Savater, o que en su pluma tienen un significado unívoco, acarrean en sus espaldas (¿las palabras pueden tener espaldas?) todo un ovillo de pensamientos del filósofo. Así pues, parece claro que Fernando Savater no va a ponerse en una casilla nueva de la vida para abordar este tema que puede parecer tan lejano a él, sino que tira de amarras y acerca el tema a su ámbito de pensamiento: el hombre, la libertad del hombre, la sociedad y la civilización. Y qué tienen que ver los Diez Mandamientos con nosotros.

Luego, el libro dedica un capítulo a cada Mandamiento, a desentrañar su significado inicial, y a ir observando la evolución. Si nos atenemos a sus significados primigenios, entonces se puede considerar que muchos de ellos no tienen vigencia alguna, o no son en absoluto importantes; si, por el contrario, tratamos de buscar su nueva dimensión, Savater nos enseña cómo las restricciones de Yahvé son límites totalmente racionales que de no ser dados por Dios, habrían de ser dados al hombre por el hombre mismo, tan necesarios son para la convivencia.

"Para nosotros los mandamientos son hoy la representación de algo que existió y debe haber en todas las culturas: una lista de necesarias frustraciones de los deseos de los ciudadanos."

Si esto no está ligado a la idea de "libertad" y "autocontrol", que venga Dios y lo vea (jeje).

Por otra parte, cada capítulo comienza con un pequeño monólogo exterior que el escritor, filósofo y hombre Fernando Savater dirige a Dios; estos fragmentos constituyen una pequeña reflexión que puede servir de resumen al capítulo y que anuncia el sendero por el que discurrirá el pensamiento de Savater respecto de cada mandamiento. Aquí se le hacen los reproches iniciales a Yahvé sobre sus mandamientos. Así, Fernando Savater utiliza la ironía de estos reproches para dejar claro a qué aspectos del mandamiento se refiere y a cuáles no.

Después, los estudia desde una perspectiva más actual; ayudado siempre por el Rabino Sacca, el publicista Marcelo Capurro y el economista Luis de Sebastián. Citas de estos y de otros pensadores le sirven para apoyar sus tesis, para aportar nuevas dimensiones de aquello que se está considerando o bien para aclarar sentidos de lo que se está diciendo. La galería de personas de que se ayuda está muy bien escogida, puesto que representan una pluralidad interesante. Es cierto que, en ocasiones, los mandamientos como tales se revelan inútiles para regular la sociedad actual; sin embargo, es la idea de la existencia de unos mandamientos la que no perderá vigencia nunca:

"Lo que debemos asumir no es la vigencia de uno u otro mandamiento, sino la idea de que vivir en la civilización implica aceptar un conjunto determinado de mandamientos que regulen de alguna forma la vida en sociedad."

Una idea que se revela de lo más provechoso para vivir a gusto en la sociedad y a gusto con uno mismo y conseguir tener una carita beatífica de paz conmigo como la de Savater.

Puede que las reflexiones no sea excesivamente profundas, pero lo que tiene este libro de bueno es que las aunan todas ellas, agrupan una serie de cuestiones que "el hombre de la calle" devliniano se hace (o debería hacerse) todos los días; las enlaza unas con otras y las relativiza… Así pues, aunque el libro no constituya una síntesis del pensamiento del autor, ni suponga tampoco una novedad mayúscula, sí constituye una gran ayuda para el lector al que le inquieten ciertos temas fronterizos como son la eutanasia, el deseo sexual o la envidia… En algunos casos, las directrices que Savater deja atisbar para perfeccionarse como persona pueden sonar un tanto idealistas y alejadas de la realidad. En cualquier caso, no son más que opciones a las que, según el autor, aspirar…

El librito concluye con una justificación para la existencia de un dios terrible como Yahvé que pide que se le ame a él y sobre todas las cosas y que exige una represión de muchos de los deseos de los hombres. Y bien… según Savater, si no existiese un dios terrible capaz de imponer unos castigos terribles a quien no cumpliese con sus mandamientos, entonces… violaríamos tales mandamientos y…

"Un mundo así sería horrendo. Ese dios terrible es el que representaría el rostro del mundo sin dios. La divinidad que castiga es, en el fondo, lo que los hombres serían sin las limitaciones impuestas por el dios. Es cierto que Yahvé puede resultar espantoso, pero los hombres sin tabúes pueden resultar peores."

Nada más humano, por lo visto, que dios todopoderoso 🙂

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El contrabajo (Patrick Süskind)

Reseño en esta ocasión un librito muy breve pero intenso: El contrabajo de Patrick Süskind. Se trata de un monólogo teatral que el autor escribió en 1980, y que se estrenó en Múnich en 1981, pero que no se publicó como libro hasta 1984. Un año después, publicaba El perfume, una obra que le valió el éxito y el reconocimiento internacionales y que a día de hoy es la más conocida de todas cuantas ha escrito. Posteriormente ha escrito las novelas La paloma y La casa del señor Sommer y el libro de relatos Un combate.

Cabe preguntarse por la formación musical del autor; sobre los motivos que le han llevado a escribir un monólogo como este, puesto que en él la música es la protagonista. Sobre sus propias aptitudes musicales, cuenta Süskind:

"Da eine vom Vater ererbte Sehnenverkürzung des 5. Fingers und eine von der Mutter ererbte Überlänge der Finger 2, 3 und 4 mich hauptsächlich auf akkordisch begleitendes Spiel beschränkten verziechtete ich auf eine solistische Karriere und warf mich im Wintersemester 1968 auf das Studium der mittleren und neuren Geschichte an der Universität München".

(Como el acortamiento de un tendón del quinto dedo heredado de mi padre y el alargamiento de los dedos 2, 3 y 4 heredados de mi madre me hicieron limitarme al acompañamiento de acordes, renuncié a una carrera en solitario y me lancé en el semestre de invierno de 1968 al estudio de la Historia medieval y moderna en la universidad de Múnich).

En esta cita no se puede averiguar en realidad la relación de Süskind con la música, pero sí la ironía que es capaz de destilar. Y es que Der Kontrabass es una obra absolutamente irónica.

La obra se desarrolla en la habitación insonorizada de un funcionario de la Orquesta Nacional. La obra viene vertebrada por algunas frases que se repiten como "Aber das am Rande" (Pero eso al margen) o por el hecho de que de vez en cuando, para crear la idea de secuencia, se para a beber cerveza.

Durante todo el monólogo, el contrabajista mantiene una relación ambivalente con su instrumento y con lo que significa. En ocasiones, utiliza la ironía contra este instrumento y lo engrandece de tal modo, le concede tal importancia, que lo convierte en un monstruo que lo tiene preso y apenas le deja hacer nada. En otras ocasiones, adopta un tono melancólico, se lamenta por la insignificancia de su instrumento y en cómo esta insignificancia ha configurado su vida en los mismos términos. Eso, sin perder el humor.

El contrabajista mantiene una relación de amor-odio con su instrumento que sirve, en realidad, para desmitificar el mundo de los músicos, para darnos un retrato humano y a veces, demasiado humano de su mundillo: envidias, rivalidades… Desde la supuesta altivez de los cantantes de ópera, hasta los interminables paseos de los directores de ópera; desde la burla al genio de Mozart hasta las peleas entre el primer violín y los demás: todo es visto a través de la lúcida mirada de un desesperado; de un hombre que quiere huir de sí mismo pero no lo consigue porque en ningún lado deja de ver la sombra de su contrabajo, que no es más que la sombra de sí mismo; un hombre aislado en la sociedad: artista, sí; pero funcionario; un hombre gregario, cuya función es anodinamente necesaria pero no imprescindible: resulta comiquísimo cómo cuenta el número de notas que toca en cada concierto y cómo renuncia a tocar otras muchas pues sabe que nadie se enterará.

El autor opone también dos mundos: el de la música, la espiritualidad, lo elevado (tratado desde un punto de vista irónico) con el mundo de abajo, carnal, sexual, lleno de necesidades animalmente (palabro inventado) humanas: así, toda la espiritualidad y ligereza de la música no le sirve de nada para conquistar a una mujer; por lo tanto, resuelve ir a la función de esa noche y gritar su nombre desde el foso. El artista recurre a su lado más cotidiano y más burdo para llamar la atención. Así, el autor rompe con el tópico del exotismo que rodea a la música y a los músicos.

Süskind humaniza el mundo de la música, lo destripa y nos lo hecho pedacitos, destrozado y burlado, para que contemplemos cómo aún así su belleza persiste; para que sepamos que la parafernalia sobre la que ironiza constantemente, no hace más que esconder la esencia verdadera de la belleza en la música.

Süskind consigue, además, a través de un texto brevísimo caracterizar por completo a su personaje; describirlo a través de su propio lenguaje, permitirnos conocerlo a través de sus ideas y de su forma de expresarlas. Aunque se trata de un personaje complejísimo, lleno de vaivenes, de ideas que no se sostienen, de mesura y desmesura, de amor y odio; al final es un personaje que parece estar levemente por encima de sí mismo: el discurso irónico permite entrever a una persona que se observa lúcidamente a sí misma y que es capaz de juzgarse con frialdad, pero sin cortarse las alas de la fantasía y el delirio. Y el hecho de que esté tan bien trazado, el ser capaces de aprehender al personaje y de conocerlo, nos hace también quererlo, querer comprenderlo e interesarnos por él.

"Weil Kontrabass spielen ist eine reine Kraftsache mit Musik hat das erst einmal nichts zu tun"

(Porque tocar el contrabajo es una pura cuestión de fuerza, con la música no tiene, en realidad, nada que ver).

Esto dice en una ocasión, pero en otra, cuenta cómo lo afina, dice:

"Ja, das verbindet. Das schafft Liebe"

(Sí, eso une. Eso crea amor)

En estas dos frases se muestra esta relación contradictoria que mantiene con su instrumento, pero también de la ironía con que trata su propia contradicción

Cristina Núñez Pereira 

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Las siete iglesias (Milo? Urban)

K, que fue expulsado de la policía por algo de lo que no era responsable, es readmitido temporalmente para acompañar a un estudioso de las iglesias de Praga.
Al mismo tiempo, se suceden varios asesinatos, al parecer relacionados con estas.

Mezcla entre novela de misterio y gótica, la historia tiene un largo prólogo contando la vida de su protagonista, K, que no quiere decir su nombre, (aunque al fin lo hace) porque despierta burlas etc en quien lo escucha, aunque nunca se explica en qué consiste su efecto ni se explica si quizá lleva el nombre de un conocido asesino o personaje histórico.

Pronto se establece que el protagonista es un hombre solitario e introvertido, dado a vivir en sueños y recrear la época medieval, que pierde uno tras otro a sus mentores justo cuando cree haber encontrado su meta en la vida, como es un maestro y un cura que fallece poco antes de que K. ingrese en el seminario.

Es un policía anodino, de despacho, a quien culparon de un error que no cometió y al que recuperan únicamente por sus conocimientos históricos, para guiar por la ciudad a un arquitecto y su ayudante, acompañados también por una compañera policía que sirve como aliciente sentimental del solitario protagonista.

El argumento es sencillo (K. necesita un nuevo mentor y un sentido para su vida), así como el desarrollo y la conclusión.

A ratos confusa, rara, y claramente atípica, no se puede definir como novela policíaca, puesto que no hay investigación propiamente dicha y cualquiera que haya leído dos novelas de género deduce rápidamente la identidad del asesino, aunque sólo sea porque la escasez de personajes posibles.

Como novela gótica funciona algo mejor. A ratos el desarrollo es confuso, extraño, en cierto modo onírico, y algo absurdo, llegando a una conclusión tópica y previsible que al menos está escrita con cierta soltura y atmósfera sofocante y extraña.

Para quien le interese el misterio y la investigación esta no es su novela, para quien prefiera lo gótico tampoco, aunque tiene mayores posibilidades de que le satisfaga.

Se ve que el autor ha investigado sobre las iglesias de Praga y que ha puesto entusiasmo en la reconstrucción histórica, además de un buen análisis de su anodino protagonista, pero a la historia le falta fuerza e interés y hay pasajes que no se pierde nada por saltarse descripciones.

Yo no la compraría.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/09/00203-las-siete-iglesias-de-milo-urban.html

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