La Piel Fría, de Albert Sánchez Piñol

El mejor resumen de este libro que he encontrado en la red es el de un tal Catxo, en este foro http://www.vandal.net/foro/cgi-bin/foro.cgi?accion=leermensaje&mensaje=142394&foro=26 y reza así:

"Recomendación Literaria: “La Piel Fria” es un libro (de esos que tienen hojas y se leen) escrita por un tal "Albert Sánchez Piñol", uno de esos Catalanes con apellido Castellano.

El libro trata sobre un señor que se va a una isla desierta con un único habitante: el encargado del faro. Bueno, en realidad no es el único habitante, unas extrañas criaturas (con la piel fría y en forma de Pez) también habitan esta AmazingIsland, lo que no sabe el “señor” es que el Farero se folla a estas criaturas en forma de Pez.

Así pues, si os interesa saber más cosa sobre el maravilloso mundo de la zoofilia con peces no dudéis compraros este libro de terror y misterio."

Gracias, Catxo, me ahorras el esfuerzo. Pues no se puede decir mejor ni con menos palabras. Porque más o menos esto es lo único que sucede a lo largo de las 219 páginas del libro. Añadamos que mientras suceden estos apasionantes acontecimientos, los dos hombres con atacados por los monstruitos, y ya está el resumen completo.

Comentario

Cada día me acerco a los libros alabados "por crítica y público" con más prevención. ¿Cómo puede la gente poner por las nubes una cosa como la escrita por este caballero? El libro no pasa de normalito, siendo benévola en la crítica. Todas las supuestas ideas sobre la civilización/barbarie y demás, no son más que justificaciones para enmascarar lo que denominaría una "gigantesca fantasía erótica masculina acerca de la mujer ideal" o dicho de otro modo "una paja mental" en el sentido más literal de la expresión. Es curioso que las críticas que he leido hasta ahora de esta novela correspondan a hombres y que ninguno haya hecho hincapié en este aspecto, y sí en cuestiones filosóficas. Bueno, ya sabemos que mucha filosofía no es sino una espiritualización que busca dignificar el efecto de las hormonas. También Nieztsche odiaba a las mujeres porque no le hacían caso.

Al principio de la novela se nos mete un rollo sobre el pasado de activista del IRA que no viene mucho a cuento, la verdad. Fuera de eso, poco sabemos de él. Si acaso que es muy culto y leido, hasta conoce a Frazer y todo. Las referencias culturales parecen metidas con calzador. Chocantes resultan las valoraciones que hace sobre la fisionomía del monstruo femenino llamado Aneris que es el quid de la novela. Le hace todo un análisis digno de los expertos nazis en valoración de razas. Digamos que le dedica a la descripción del bicho una página entera, según recuerdo, y en términos encomiásticos.

"El cráneo es perfecto. Me refiero a una perfección lisa, una esfericidad limpia de asperezas. (…) No tiene las concavidades de los criminales de nacimiento, tampoco las protuberancias de los genios prematuros. Sorpresa del frenópata: ningún desarrollo especial de la zona parietal u occipital. Tiene un volumen ligeramente menor que el de las mujeres eslavas y una sexta parte más dilatado que el de la cabra bretona. (…) Musculatura de mármol, una piel tersa y con deliciosos barnices de verde salamandra. (…) Los pezones son negros y pequeños como botones. Le he puesto un lápiz bajo los pechos, pero se cae, como si un hilo invisible los empujara hacia arriba. Con estas manzanas, Newton habría tenido muchos problemas para elaborar su teoría. Aquí se hace imprescindible la referencia francesa, según la cual unos pechos perfectos deben caber en una copa de champán. La musculatura de todo el cuerpo revela salud y energía, adiós corsés. Caderas de bailaria y vientre plano, planísimo. Glúteos más compactos que el granito de la isla. Cutis uniforme con el resto de la piel, cuando en los humanos, tan a menudo, la textura de las mejillas y del resto del cuerpo no suelen ser homogéneos. (…) Ni rastro de raíces de pelos en las axilas, el cráneo o el pubis. Los muslos son un milagro de esbeltez y se ajustan a las caderas con una exactitud que ningún escultor podría reproducir.En cuanto al rostro, perfiles egipcios… El cuello recuerda al de las doncellas estilizadas de las pinturas renacentistas. Pag 100

Este fragmento viene al pelo para apoyar mi teoría de la "fantasía erótica". El hombre no escatima halagos hacia el bicho, aunque mezclar mujeres eslavas y cabras bretonas en una misma comparación resulta un poco, ejem, "desconcertante". Pero el autor atribuye al ser muchas caractarísticas que algunos consideran como propias de la mujer idealizada: gluteos duros, pechos que no se caen, vientre planísimo, rasurada, salud, cuello de doncella renacentista… En fin. Que ahora que lo pienso, el simil de las manzanas de Newton también es bastante desafortunado y crea un efecto humorístico.
La primera vez que el protagonista ve al bicho, Piñol resalta hacia donde se le van los ojos.

"Alcé el cuerpo hacia arriba, como si fuese un recién nacido, para observarlo mejor. Era una hembra, sí. El sexo no estaba cubierto por vello púbico de ninguna clase" pag 63

Bueno, olvidémonos por un momento de esa redundancia de que alza el cuerpo hacia arriba (es difícil alzar algo hacia abajo) y de que vello púbico solo lo hay de una clase (el púbico, jeje), y volvamos a la frase. A partir de aquí ya te imaginas que va a haber ciertos roces libidinosos o si lo preferís, "intercambios culturales entre especies". El muy pillín ya va a lo que va.

"Parecía joven y fértil" pag 64

No deja de ser extraordinaria la facultad de este oficial atmosférico que se podría llamar casi de "rayos x en los ojos" para valorar al monstruo. Solo con mirarla ya sabe que es joven y fértil, pese a que jamás ha visto un bicho de esos en su vida. Es más, también es capaz de conocer características tan íntimas como:

"Solo respiraba con la parte alta de los pulmones" pag 64

Pero bueno, él ya tienen fijado su punto de interés, y no se olvida de recordarlo:

"En lo que se refiere a la reproducción, la naturaleza conoce una amplia amalgama de medios" pag 64

En los aspectos formales, lo único destacable es la estructura circular de la novela, que empieza y termina de la misma manera, sustituyendose los roles de los personajes y dando inicio a un nuevo ciclo. A pesar de todo lo que se ha dicho sobre su supuesta originalidad, el argumento está bastante manido: el hombre encastillado que recibe el asedio de hordas de criaturas hostiles. Eso se ha visto en literatura y cine miles de veces. La única diferencia es que ahora el autor se llama Sánchez.
La evolución de los personajes es bastante elemental. El protagonista pasa de temer y aborrecer a los bichitos a comprenderlos, tratar de relacionarse con ellos, y blablabla. Pero naturalmente, su cambio de opinión se debe a su "conocimiento carnal" del bicho hembra, que al parecer da mucho gustito y vuelve locos a todos los hombres. Al final tanta barbarie, tanta civilización y tanto blablabla y la razón por la que él decide quedarse en la isla es que se ha "encoñado" con un a mujer-batracio, que no habla, no piensa, es dócil, realiza las labores del hogar y se deja hacer.
La moraleja del cuento es demasiado evidente. En todo caso, se deduce que el autor, al contraponer la civilización con la barbarie, opta por la segunda, por eliminar todo lo que hace distinto al ser humano y volver a lo más animalesco. Nada de libros ni de cultura, si puedes disponer de una mascotita que satisfaga tus necesidades corporales. Como veis, todo esto es muy profundo.
Para dejar claro todo lo que ha trabajado en la novela y que es muy erudito, hasta hace juegos con los nombres de los personajes. Así Aneris sería el anagrama de Sirena, citauca (la raza de los seres), acuatic. Lo de la sirena me hace más gracia. Es un toque cultural que vincula a Aneris con el mito de la mujer fatal, atractiva y que ata a los hombres a su isla. ¿No os decía que era profundo?
No requiere un uso excesivo de las neuronas. Además, la letra del libro es bastante gorda, lo cual facilita la lectura y la hace muy rápida. Pero no tiene tensión dramática ninguna. Las acciones están contadas de un modo rutinario. El hombre llega, se instala en su cabaña y zas, aparecen los bichos de repente. Nada, ni un pequeño halo de misterio, ni un ruidito a medianoche, ni una pisada en el barro que creen un poco de intriga. Aquí te pillo y aquí te mato. Y luego es repetitivo. Todo el libro con los dos humanos asediados por continuos ataques de miriadas de monstruitos (desde luego debían de ser muy tontos si en tanto tiempo no habían encontrado el modo de tomar la plaza, ejem, porque se supone que los había a millones). Al final la cosa se complica con la irrupción del triángulo amoroso con la mascota como objeto de deseo de los dos hombres. Unas cuantas escenas de celos, peleitas, etc. De todas formas, la idea de civilizacion contra barbarie es interesante y podría haber dado más de sí de no estar planteada de modo tan obvio.
El estilo es ampuloso, como el de los escritores principantes que desean dejar bien claro que saben escribir y no dosifican el uso de las metáforas o las comparaciones, a cual más rebuscada. Digamos que Piñol es una mezcla entre Juan Manuel de Prada y Lovecraft, pero peor, claro. El texto avanza a trompicones, con frases cortas y no muy hilvanadas las unas con las otras. Hay expresiones chocantes, rimas ("Hacía treinta días que los delfines habián renunciado a nuestra popa y diecinueve que la tripulación arrojaba nubes de vaho por la boca" pag 7), frases que no tienen sentido, explicaciones que sobran, etc… En algunos momentos te preguntas si la traducción estará bien hecha o si el libro ha pasado por un corrector de estilo decente. Veamos algunos ejemplos:

"El musgo los abrigaba. Un musgo más compacto que los matorrales de los jardines y alto hasta la rodilla, fenómeno curioso" Pag 8

Y tanto.

"¿Dónde se hallaba el oficial? ¿Dedicándose a alguna tarea de su oficio, en algún lugar?" pag. 10

Pues lo normal es que todo el mundo esté en algún lugar, incluso los oficiales que realizan tareas de su oficio, jeje.

"El capitán masculló en voz baja…" pag 13

Teniendo en cuenta que según la RAE mascullar es: "Hablar entre dientes, o pronunciar mal las palabras, hasta el punto de que con dificultad puedan entenderse" sería bastante complicado tratar de hacerlo en voz alta.

"Los noventa y seis escalones desembocaban en una superficie de madera…" pag 13

Esto es curiosísimo, jajaja. El hombre entra en el faro por primera vez y sin que nadie se lo diga ni nada ya sabe que hay 96 escalones exactos. Es un prodigio de las matemáticas, aunque en ningún lado se nos diga que los va contando, cosa que por otra parte no tendría sentido en ese contexto.

"Era un espectáculo que fluctuaba entre la indefensión, la dejadez y la ferocidad" pag 14

Ejem.

"Bajo el colchón, un orinal muy lleno de orines fríos" pag. 14

Sí, lógico. Pero para mi gusto hubiera quedado mejor "una bacinilla muy llena de orines fríos". Así evitamos repetir orinal-orina. Hay que usar un poco más el diccionario de sinónimos.

"–Buenos días, técnico en señales marítimas. Somos el relevo del oficial atmosférico, su vecino" pag 14

Buenos días, ingeniero de caminos, canales y puertos. jajaja

"-¡Por el amor de Dios! – bramó el capitán, con un puño cerrado-. Tengo que hacer un viaje comercial importante ¡y estoy en tránsito! A petición de la corporación naviera me he desviado de mi trayecto, para dejar a este hombre aquí y para llevarme a su predecesor ¿Entiende esto? Pero el oficial atmosférico no está. No está. ¿Puede informarme de dónde encontrarlo?" Pag 15

Pues vaya rollo que le mete al pobre farero que ni le va ni le viene a donde va el capitán. Piñol es a veces muy explicativo.

"Se movía como un árbol desarraigado que está aprendiendo a caminar" pag 16

Sería un "ent" más que un árbol. Porque árboles andariegos pocos se ven últimamente.

"Estaba desnudo. A él no le importaba mostrar su desnudez" pag 16

Ya, ya lo hemos captado.

"–Batís. Batís Caffó" pag 17

Aunque tiene ese nombre ridículo se presenta como el mismísimo James Bond. Los hay que tienen moral.

"Estaba agotado, sí, pero el cansancio se había desvanecido. Ya no sufría cansancio, el cansancio me sufría a mí" pag 44

Agotarse, según la RAE: Cansar extremadamente. Esto es una paradoja que ni el "vivo sin vivir en mí".

"No se puede decir que durmiese. Era una somnolencia narcótica" pag 53

Narcótico: "Dicho de una sustancia: Que produce sopor, relajación muscular y embotamiento de la sensibilidad". Así que era una somnolencia sonmoliente y soporifera, jajaja

"Afortunadamente, fue una noche tranquila, si podía decirse así" pag 58

Más bien "si puede decirse así" o "si pudiera decirse así"

"Cogí un mechón de encima de la oreja, y con desconcierto mayúsculo descubrí que el color había mudado hasta el gris blanquecino" pag 68
"Cuatro días de insomnio y combates habían hecho estragos…"

Mira, como le pasaba a la niña de Freddy Krueger, la de las pesadillas. Y tanto que habían hecho estragos. Según he leído por ahí es imposible que el pelo se ponga blanco en tan poco tiempo.

"Una suciedad bíblica sepultaba mi anatomía" pag 60

¿Bíblica? ¿Y si hubiera dicho "coránica"? Pues seguiría sin tener sentido.

"El frío era una influencia benigna. Lo apreciaba, porque revitalizaba los sentidos, adquiría lucidez y ganaba vigor" pag 61

¿Quién, el frío? Bueno, claro ejemplo de frase ambigua.

"El cielo me dedicaba una ópera de luces" pag 61

No se podía quejar. Tenía de todo, hasta óperas en el cielo.

"No era Batís. Era un monstruo" (…) "Era un monstruo, de aquello no cabía duda" pag 62

Que si, que sí.

"Las cejas eran líneas de un estilo elaborado, como producto de la caligrafía de los sumerios. Ojos de color azul, Díos mío, qué ojos, qué azul. Una azul de cielo africano, no, más claro, más puro, más intenso, más brillante." paga 62

Sin comentarios.

"La conjunción de un jersey tan lleno de agujeros y tan sucio, y un cuerpo parido bajo los océanos daba como resultado un conjunto insufrible, más grotesto que esos ridículos perritos que las señoras inglesas visten con lanas de primera calidad" pag 63

Pues es una comparación poco acertada. Primero dice que el jersey era una birria y luego lo compara con lanas de primera calidad.

"Corría, agachado, y gritaba como una soprano, sosteniendo la voz" pag 66

Teniendo en cuenta que soprano es la voz femenina más alta, sería bastante difícil que un hombre pudiera alcanzarla, a no ser que se trate de uno de esos "castrati" jajaja.

"Aquí pude comprobar una vieja lección: no es fácil matar a un hombre que sabe moverse" pag 67

Ya. Gracias por la aclaración. Pensaba sí, que era fácil. Pero ahora he visto la luz.

"El atardecer caía sobre la tierra como un paraguas" pag 68

???

"En algún momento de aquella noche las funciones vitales habían vuelto a mí como el alma de un Lázaro a su cuerpo, encajada por decreto" pag 74

Por Díos, Piñol, contente.

"La raza de los germánicos es así. Inteligencia larga y estrecha, que avanza en línea recta hasta que los acontecimientos violentos la obligan a girar noventa grados." pag 80

Yo, que soy de raza latina, creo que también giraría noventa grados afectada por un acontecimiento violento, o quizás 180.

"-El mar está por todas partes, esto es un islote" pag 81

¿Ah, sí? ¡No me digas!

"Tenía la virtud de simplificar. Se podría decir que simplificaba tanto, y tan bien, que incluso él era capaz de entender la base del problema " pag 86

?????

"En otros momentos, en cambio, caía y decaía hasta una estética de cosaco desertor" pag 86

????

"Naturalmente, la discreción y los buenos modales no me permitían comentar la zoofilia de sus genitales" pag 88

La zoofilia de sus genitales, juas.

"Cuando miro a la mascota, a veces, me vienen escalofríos. De una observación sucinta se deduce que es cuadrumana, termostática, daltónica, biliosa y abúlica." pag 97

Pues sí, "sucinta", pero da pie a esta descripción esdrújula tan bonita.

"Resbalé y mi cuerpo perdió cinco, diez metros en un descenso de literatura dantesca" pag 114

Literatura dantesca, ay.

"La situación se prolongaba y las ideas más extravagantes me rondaban por la cabeza como moscas de estercolero" pag 133

¡Qué asco! Está claro que sus ideas eran una m…

"Fornicaba con la mascota en una especie de violación consentida. Me faltaban miembros para abarcar la totalidad de su cuerpo, la superficie de aquella piel gélida. La trataba como si estuviera rematando a una bestia inútil. Y al final de cada cópula sentía un odio genuino contra ella, contra aquella embajadora del horror." pag 134

RAE, violar: "Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento". Es una contradicción, solo admisible en mentes masculinas un poco perturbadas, jaja, que pueda existir una violación consentida.

"Una niebla londinense lo difuminaba con aires de fantasma. Les gritaba a los monstruos hecho un Goliat, poseído por espíritus de valquirias, más allá de la cordura humana" pag 145

Sin comentarios.

"Notaba que dentro de mí crecia un amor nuevo, un amor que el faro estaba inventando" pag 160

Ese faro es nefasto.

"Me bastó la mirada que se dedica al militante revisionista" 184

¿Qué es un militante revisionista?

"Pedirle caricias era arrancarle muelas" 189

Vale, pues no se las pidas; no seas tan sádico.

"Quien más sufría el eclipse de los niños era yo" pag 190

No es necesario ser tan rebuscado para decir que los niños ya no iban a la playa.

".. en vez de hablar, callé" pag 195

Mejor, mejor.

En resumen, un libro mediocre que partía de una idea interesante. Una especie de cuento alargado al que le hubiera venido mejor otro formato que no fuera el de novela. Que mejoren los correctores de estilo de las editoriales, por favor, que dejan en muy mal lugar a los autores.

http://reginairae.blogcindario.com/2004/12/00039-la-piel-fria-de-albert-sanchez-pinol.html

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»La Piel Fría, de Albert Sánchez Piñol»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «La Piel Fría, de Albert Sánchez Piñol»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

EL CANTAR DE LUDOVICO

 

 

En el año 881, Luis III, rey carolingio de Francia, hijo de Luis el Tartamudo, derrotó en Saucourt a un ejército de invasores escandinavos y les mató nueve mil hombres. Hacía mucho tiempo que los francos occidentales hablaban un ídioma románico, pero esta victoria de un rey franco fue celebrada en un cantar alemán, el Ludwigslied. Los francos son en el Ludwigslied el pueblo elegido de Dios. Este, para probarlos y para castigar sus pecados, permite que hordas de hombres bárbaros atraviesen el mar e invadan y destruyan la tierra. Finalmente se apiada y ordena al rey:
 
 Hludwig, kuning min / Hilph minan liutin!
 Heigun fa northman / Harto bidwungan.
 
 Ludovico, rey mío, ¡ayuda a mi gente!
 Duramente los cargan los hombres del norte.
 
 Luis, con el permiso de Dios, levanta su bandera de guerra:
 
 Tho man her godes urlub / Hueb her gundfanon uf.
 
Marcha contra los invasores y los deshace. El poema concluye con las alabanzas de la fuerza de Dios. A diferencia de la oda de Brunanburh, la victoria se atribuye al Señor, no al solo coraje de los hombres. Así, el Ludwigslied participa a la vez de lo épico y lo piadoso.
 El rey murió al año siguiente y el Ludwigslied, que se escribió para celebrar su victoria, es la última pieza memorable del siglo IX. Más de dos siglos de silencio la siguen. El idioma enmudece; en los monasterios se empieza a versificar en latín. La dinastía carolingia se extingue en 911; Otón I asume el título de emperador de Roma y se propone helenizar y latinizar la cultura alemana. El Ruodlieb, poema de materia germánica, se escribe en latín. En la Universidad de Cambridge se guarda un manuscrito del siglo XI con una larga composición de versos pareados, escrita alternadamente en latín y alemán. Heinrich rima con dixit, manus con godes hus (casa de Dios), etc. De un diálogo amoroso son estos versos:
 
 suavissima nunna / coro miner minna
 resonante odis nunc silvae / nun singant vogela in walde.
 
 Dulcísima monja, prueba mi amor
 Las selvas resuenan con cantos; cantan los pájaros en el bosque.
 
 Un hombre, Notker Labeo el Alemán (952-1022), trata de salvar la lengua vernácula. Ha observado que «en la lengua materna puede comprenderse rápidamente lo que en lengua extranjera apenas se entiende o se entiende mal». Escribe una retórica en alemán y vierte a este idioma el Libro de Job, los Psalmos, las Categorías de Aristóteles y el Consuelo de la Filosofía de Boecio. En su retórica cita unos versos contemporáneos en los que conviven la antigua aliteración y la nueva rima.
 

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»EL CANTAR DE LUDOVICO»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «EL CANTAR DE LUDOVICO»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

LAS MIL Y UNA NOCHES

Un acontecimiento capital de la historia de las naciones occidentales es el descubrimiento del Oriente. Sería más exacto hablar de una conciencia del Oriente, continua, comparable a la presencia de Persia en la historia griega. Además de esa conciencia del Oriente -algo vasto, inmóvil, magnífico, incomprensible- hay altos momentos y voy a enumerar algunos. Lo que me parece conveniente, si queremos entrar en este tema que yo quiero tanto, que he querido desde la infancia, el tema del Libro de las mil y una noches, o, como se llamó en la versión inglesa -la primera que leí- The Arabian Nights: Noches árabes. No sin misterio también, aunque el título es menos bello que el de Libro de las mil y una noches.

Voy a enumerar algunos hechos: los nueve libros de Herodoto y en ellos la revelación de Egipto, el lejano Egipto. Digo «el lejano» porque el espacio se mide por el tiempo y las navegaciones eran azarosas. Para los griegos, el mundo egipcio era mayor, y lo sentían misterioso.

Examinaremos después las palabras Oriente y Occidente, que no podemos definir y que son verdaderas. Pasa con ellas lo que decía San Agustín que pasa con el tiempo. «¿Qué es el tiempo? Si no me lo preguntan, lo sé; si me lo preguntan, lo ignoro». ¿Qué son el Oriente y el Occidente? Si me lo preguntan, lo ignoro. Busquemos una aproximación. Veamos los encuentros, las guerras y las campañas de Alejandro. Alejandro, que conquista la Persia, que conquista la India y que muere finalmente en Babilonia, según se sabe. Fue éste el primer vasto encuentro con el Oriente, un encuentro que afectó tanto a Alejandro, que dejó de ser griego y se hizo parcialmente persa. Los persas, ahora lo han incorporado a su historia. A Alejandro, que dormía con la

Ilíada y con la espada debajo de la almohada. Volveremos a él más adelante, pero ya que mencionamos el nombre de Alejandro, quiero referirles una leyenda que, bien lo sé, será de interés para ustedes.

Alejandro no muere en Babilonia a los treinta y tres años. Se aparta de un ejército y vaga por desiertos y selvas y luego ve una claridad. Esa claridad es la de una fogata.

La rodean guerreros de tez amarilla y ojos oblicuos. No lo conocen, lo acogen. Como esencialmente es un soldado, participa de batallas en una geografía del todo ignorada por él. Es un soldado: no le importan las causas y está listo a morir. Pasan los años, él se ha olvidado de tantas cosas y llega un día en que se paga a la tropa y entre las monedas hay una que lo inquieta. La tiene en la palma de la mano y dice: «Eres un hombre viejo; esta es la medalla que hice acuñar para la victoria de Arbela cuando yo era Alejandro de Macedonia.» Recobra en ese momento su pasado y vuelve a ser un mercenario tártaro o chino o lo que fuere.

Esta memorable invención pertenece al poeta inglés Robert Graves. A Alejandro le había sido predicho el dominio del Oriente y el Occidente. En los países del Islam se lo celebra aún bajo el nombre de Alejandro Bicorne, porque dispone de los dos cuernos del Oriente y del Occidente.

Veamos otro ejemplo de ese largo diálogo entre el Oriente y el Occidente, ese diálogo no pocas veces trágico. Pensamos en el joven Virgilio que está palpando una seda estampada, de un país remoto. El país de los chinos, del cual él sólo sabe que es lejano y pacífico, muy numeroso, que abarca los últimos confines del Oriente. Virgilio recordará esa seda en las Geórgicas, esa seda inconsútil, con imágenes de templos, emperadores, ríos, puentes, lagos distintos de los que conocía.

Otra revelación del Oriente es la de aquel libro admirable, la Historia natural de Plinio. Ahí se habla de los chinos y se menciona a Bactriana, Persia, se habla de la India, del rey Poro. Hay un verso de Juvenal, que yo habré leído hará más de cuarenta años y que, de pronto, me viene a la memoria. Para hablar de un lugar lejano, Juvenal dice: «Ultra Aurora et Ganges», «más allá de la aurora y del Ganges». En esas cuatro palabras está el Oriente para nosotros. Quién sabe si Juvenal lo sintió como lo sentimos nosotros. Creo que sí. Siempre el Oriente habrá ejercido fascinación sobre los hombres del Occidente. Prosigamos con la historia y llegaremos a un curioso regalo. Posiblemente no ocurrió nunca. Se trata también de una leyenda. Harun al-Raschid, Aarón el Ortodoxo, envía a su colega Carlomagno un elefante. Acaso era imposible enviar un elefante desde Bagdad hasta Francia, pero eso no importa. Nada nos cuesta creer en ese elefante. Ese elefante es un monstruo. Recordemos que la palabra monstruo no significa algo horrible. Lope de Vega fue llamado «Monstruo de la Naturaleza» por Cervantes. Ese elefante tiene que haber sido algo muy extraño para los francos y para el rey germánico Carlomagno. (Es triste pensar que Carlomagno no pudo haber leído la

Chanson de Roland, ya que hablaría algún dialecto germánico.)

Le envían un elefante y esa palabra, «elefante», nos recuerda que Roland hace sonar el «olifán», la trompeta de marfil que se llamó así, precisamente, porque procede del colmillo del elefante. Y ya que estamos hablando de etimologías, recordemos que la palabra española «alfil» significa «el elefante» en árabe y tiene el mismo origen que «marfil». En piezas de ajedrez orientales yo he visto un elefante con un castillo y un hombrecito. Esa pieza no era la torre, como podría pensarse por el castillo, sino el alfil, el elefante.

En las Cruzadas los guerreros vuelven y traen memorias: traen memorias de leones, por ejemplo. Tenemos el famoso cruzado Richard the Lion-Hearted, Ricardo Corazón de León. El león que ingresa en la heráldica es un animal del Oriente. Esta lista no puede ser infinita, pero recordemos a Marco Polo, cuyo libro es una revelación del Oriente (durante mucho tiempo fue la mayor revelación), aquel libro que dictó a un compañero de cárcel, después de una batalla en que los venecianos fueron vencidos por los genoveses. Ahí está la historia del Oriente y ahí precisamente se habla de Kublai Khan, que reaparecerá en cierto poema de Coleridge.

En el siglo quince se recogen en Alejandría, la ciudad de Alejandro Bicorne, una serie de fábulas. Esas fábulas tienen una historia extraña, según se supone. Fueron habladas al principio en la India, luego en Persia, luego en el

 

Asia Menor y, finalmente, ya escritas en árabe, se compilan en El Cairo. Es el Libro de las mil y una noches.

Quiero detenerme en el título. Es uno de los más hermosos del mundo, tan hermoso, creo, como aquel otro que cité la otra vez, y tan distinto: Un experimento con el tiempo. En éste hay otra belleza. Creo que reside en el hecho de que para nosotros la palabra «mil» sea casi sinónima de «infinito». Decir mil noches es decir infinitas noches, las muchas noches, las innumerables noches. Decir «mil y una noches» es agregar una al infinito. Recordemos una curiosa expresión inglesa. A veces, en vez de decir «para siempre»,

for ever, se dice for ever and a day, «para siempre y un día». Se agrega un día a la palabra «siempre». Lo cual recuerda el epigrama de Heine a una mujer: «Te amaré eternamente y aún después». La idea de infinito es consustancial con Las mil y una noches.

En 1704 se publica la primera versión europea, el primero de los seis volúmenes del orientalista francés Antoine Galland. Con el movimiento romántico, el Oriente entra plenamente en la conciencia de Europa. Básteme mencionar dos nombres, dos altos nombres. El de Byron, más alto por su imagen que por su obra, y el de Hugo, alto de todos modos. Vienen otras versiones y ocurre luego otra revelación del Oriente: es la operada hacia mil ochocientos noventa y tantos por Kipling: «Si has oído el llamado del Oriente, ya no oirás otra cosa».

Volvamos al momento en que se traducen por primera vez Las mil y una noches. Es un acontecimiento capital para todas las literaturas de Europa. Estamos en 1704, en Francia. Esa Francia es la del Gran Siglo, es la Francia en que la literatura está legislada por Boileau, quien muere en 1711 y no sospecha que toda su retórica ya está siendo amenazada por esa espléndida invasión oriental.

Pensemos en la retórica de Boileau, hecha de precauciones, de prohibiciones, pensemos en el culto de la razón, pensemos en aquella hermosa frase de Fenelon: «De las operaciones del espíritu, la menos frecuente es la razón.» Pues bien, Boileau quiere fundar la poesía en la razón.

Estamos conversando en un ilustre dialecto del latín que se llama lengua castellana y ello es también un episodio de esa nostalgia, de ese comercio amoroso y a veces belicoso del Oriente y del Occidente, ya que América fue descubierta por el deseo de llegar a las Indias. Llamamos indios a la gente de Moctezuma, de Atahualpa, de Catriel, precisamente por ese error, porque los españoles creyeron haber llegado a las Indias. Esta mínima conferencia mía también es parte de ese diálogo del Oriente y del Occidente. En cuanto a la palabra Occidente, sabemos el origen que tiene, pero ello no importa. Cabría decir que la cultura occidental es impura en el sentido de que sólo es a medias occidental. Hay dos naciones esenciales para nuestra cultura. Esas dos naciones son Grecia (ya que Roma es una extensión helenística) e Israel, un país oriental. Ambas se juntan en la que llamamos cultura occidental. Al hablar de las revelaciones del Oriente, debía haber recordado esa revelación continua que es la Sagrada Escritura. El hecho es recíproco, ya que el Occidente influye en el Oriente. Hay un libro de un escritor francés que se titula

El descubrimiento de Europa por los chinos y es un hecho real, que tiene que haber ocurrido también. El Oriente es el lugar en que sale el sol. Hay una hermosa palabra alemana que quiero recordar: Morgenland -para el Oriente-, «tierra de la mañana». Para el Occidente, Abendland, «tierra de la tarde». Ustedes recordarán Der Untergang des Abendlandes de Spengler, es decir, «la ida hacia abajo de la tierra de la tarde», o, como se traduce de un modo más prosaico, La decadencia de Occidente. Creo que no debemos renunciar a la palabra Oriente, una palabra tan hermosa, ya

 

que en ella está, por una feliz casualidad, el oro. En la palabra Oriente sentimos la palabra oro, ya que cuando amanece se ve el cielo de oro. Vuelvo a recordar el verso ilustre de Dante, «Dolce color d\’oriental zaffiro». Es que la palabra oriental tiene los dos sentidos: el zafiro oriental, el que procede del Oriente, y es también el oro de la mañana, el oro de aquella primera mañana en el Purgatorio.

¿Qué es el Oriente? Si lo definimos de un modo geográfico nos encontramos con algo bastante curioso, y es que parte del Oriente sería el Occidente o lo que para los griegos y romanos fue el Occidente, ya que se entiende que el Norte de Africa es el Oriente. Desde luego, Egipto es el Oriente también, y las tierras de Israel, el Asia Menor y Bactriana, Persia, la India, todos esos países que se extienden más allá y que tienen poco en común entre ellos. Así, por ejemplo, Tartaria, la China, el Japón, todo eso es el Oriente para nosotros. Al decir Oriente creo que todos pensamos, en principio, en el Oriente islámico, por extensión en el Oriente del norte de la India.

Tal es el primer sentido que tiene para nosotros y ello es obra de Las mil y una noches. Hay algo que sentimos como el Oriente, que yo no he sentido en Israel y que he sentido en Granada y en Córdoba. He sentido la presencia del Oriente, y eso no sé si puede definirse; pero no sé si vale la pena definir algo que todos sentimos íntimamente. Las connotaciones de esa palabra se las debemos al Libro de las mil y una noches. Es lo que primero pensamos; sólo después podemos pensar en Marco Polo o en las leyendas del Preste Juan, en aquellos ríos de arena con peces de oro. En primer término pensamos en el Islam. Veamos la historia de ese libro; luego, las traducciones. El origen del libro está oculto. Podríamos pensar en las catedrales malamente llamadas góticas, que son obras de generaciones de hombres. Pero hay una diferencia esencial y es que los artesanos, los artífices de las catedrales, sabían bien lo que hacían. En cambio,

Las mil y una noches surgen de modo misterioso. Son obra de miles de autores y ninguno pensó que estaba edificando un libro ilustre, uno de los libros más ilustres de todas las literaturas, más apreciados en el Occidente que en el Oriente, según me dicen.

Ahora, una noticia curiosa que transcribe el barón de Hammer Purgstall, un orientalista citado con admiración por Lane y por Burton, los dos traductores ingleses más famosos de Las mil y una noches. Habla de ciertos hombres que él llama confabulatores nocturni: hombres de la noche que refieren cuentos, hombres cuya profesión es contar cuentos durante la noche. Cita un antiguo texto persa que informa que el primero que oyó recitar cuentos, que reunió hombres de la noche para contar cuentos que distrajeran su insomnio fue Alejandro de Macedonia. Esos cuentos tienen que haber sido fábulas. Sospecho que el encanto de las fábulas no está en la moraleja. Lo que encantó a Esopo o a los fabulistas hindúes fue imaginar animales que fueran como hombrecitos, con sus comedias y sus tragedias. La idea del propósito moral fue agregada al fin: lo importante era el hecho de que el lobo hablara con el cordero y el buey con el asno o el león con un ruiseñor. Tenemos a Alejandro de Macedonia oyendo cuentos contados por esos anónimos hombres de la noche cuya profesión es referir cuentos, y esto perduró durante mucho tiempo. Lane, en su libro

Account of the Manners and Costums of the modern Egyptians, Modales y costumbres de los actuales egipcios, cuenta que hacia 1850 eran muy comunes los narradores de cuentos en El Cairo. Que había unos cincuenta y que con frecuencia narraban las historias de Las mil y una noches.

Tenemos una serie de cuentos; la serie de la India, donde se forma el núcleo central, según Burton y según Cansinos-Asséns, autor de una admirable versión

 

española, pasa a Persia; en Persia los modifican, los enriquecen y los arabizan; llegan finalmente a Egipto. Esto ocurre a fines del siglo quince. A fines del siglo quince se hace la primera compilación y esa compilación procedía de otra, persa según parece: Hazar afsana, Los mil cuentos.

¿Por qué primero mil y después mil y una? Creo que hay dos razones. Una, supersticiosa (la superstición es importante en este caso), según la cual las cifras pares son de mal agüero. Entonces se buscó una cifra impar y felizmente se agregó «y una». Si hubieran puesto novecientas noventa y nueve noches, sentiríamos que falta una noche; en cambio, así, sentimos que nos dan algo infinito y que nos agregan todavía una yapa, una noche. El texto es leído por el orientalista francés Galland, quien lo traduce. Veamos en qué consiste y de qué modo está el Oriente en ese texto. Está, ante todo, porque al leerlo nos sentimos en un país lejano.

Es sabido que la cronología, que la historia existen; pero son ante todo averiguaciones occidentales. No hay historias de la literatura persa o historias de la filosofía indostánica; tampoco hay historias chinas de la literatura china, porque a la gente no le interesa la sucesión de los hechos. Se piensa que la literatura y la poesía son procesos eternos. Creo que, en lo esencial, tienen razón. Creo, por ejemplo, que el título Libro de las mil y una noches (o, como quiere Burton, Book of the Thousand Nights and a Night, Libro de las mil noches y una noche), sería un hermoso título si lo hubieran inventado esta mañana. Si lo hiciéramos ahora pensaríamos qué lindo título; y es lindo pues no sólo es hermoso (como hermoso es Los crepúsculos del jardín, de Lugones) sino porque da ganas de leer el libro.

Uno tiene ganas de perderse en Las mil y una noches; uno sabe que entrando en ese libro puede olvidarse de su pobre destino humano; uno puede entrar en un mundo, y ese mundo está hecho de unas cuantas figuras arquetípicas y también de individuos. En el título de

Las mil y una noches hay algo muy importante: la sugestión de un libro infinito. Virtualmente lo es. Los árabes dicen que nadie puede leer Las mil y una noches hasta el fin. No por razones de tedio: se siente que el libro es infinito. Tengo en casa los diecisiete volúmenes de la versión de Burton. Sé que nunca los habré leído todos pero sé que ahí están las noches esperándome; que mi vida puede ser desdichada pero ahí estarán los diecisiete volúmenes; ahí estará esa especie de eternidad de Las mil y una noches del Oriente.

¿Y cómo definir al Oriente, no el Oriente real, que no existe? Yo diría que las nociones de Oriente y Occidente son generalizaciones pero que ningún individuo se siente oriental. Supongo que un hombre se siente persa, se siente hindú, se siente malayo, pero no oriental. Del mismo modo, nadie se siente latinoamericano: nos sentimos argentinos, chilenos, orientales (uruguayos). No importa, el concepto no existe. ¿Cuál es su base? Es ante todo la de un mundo de extremos en el cual las personas son o muy desdichadas o muy felices, muy ricas o muy pobres. Un mundo de reyes, de reyes que no tienen por qué explicar lo que hacen. De reyes que son, digamos, irresponsables como dioses.

Hay, además, la noción de tesoros escondidos. Cualquier hombre puede descubrirlos. Y la noción de la magia, muy importante. ¿Qué es la magia? La magia es una causalidad distinta. Es suponer que, además de las relaciones causales que conocemos, hay otra relación causal. Esa relación puede deberse a accidentes, a un anillo, a una lámpara. Frotamos un anillo, una lámpara, y aparece el genio. Ese genio es un esclavo que también es omnipotente, que juntará nuestra voluntad. Puede ocurrir en cualquier momento.

Recordemos la historia del pescador y del genio. El pescador tiene cuatro hijos, es pobre. Todas las mañanas echa su red al borde de un mar. Ya la

 

expresión un mar es una expresión mágica, que nos sitúa en un mundo de geografía indefinida. El pescador no se acerca al mar, se acerca a un mar y arroja su red. Una mañana la arroja y la saca tres veces: saca un asno muerto, saca cacharros rotos, saca en fin, cosas inútiles. La arroja por cuarta vez (cada vez recita un poema) y la red está muy pesada. Espera que esté llena de peces y lo que saca es una jarra de cobre amarillo, sellado con el sello de Solimán (Salomón). Abre la jarra y sale un humo espeso. Piensa que podrá vender la jarra a los quincalleros, pero el humo llega hasta el cielo, se condensa y toma la figura de un genio.

¿Qué son esos genios? Pertenecen a una creación preadamita, anterior a Adán, inferior a los hombres, pero pueden ser gigantescos. Según los musulmanes, habitan todo el espacio y son invisibles e impalpables.

El genio dice: «Alabado sea Dios y Salomón su Apóstol.» El pescador le pregunta por qué habla de Salomón, que murió hace tanto tiempo: ahora su apóstol es Mahoma. Le pregunta, también, por qué estaba encerrado en la jarra. El otro le dice que fue uno de los genios que se rebelaron contra Solimán y que Solimán lo encerró en la jarra, la selló y la tiró al fondo del mar. Pasaron cuatrocientos años y el genio juró que a quien lo liberase le daría todo el oro del mundo, pero nada ocurrió. Juró que a quien lo liberase le enseñaría el canto de los pájaros. Pasan los siglos y las promesas se multiplican. Al fin llega un momento en el que jura que dará muerte a quien lo libere. «Ahora tengo que cumplir mi juramento. Prepárate a morir, ¡oh mi salvador!» Ese rasgo de ira hace extrañamente humano al genio y quizá querible.

El pescador está aterrado; finge descreer de la historia y dice: «Lo que me has contado no es cierto. ¿Cómo tú, cuya cabeza toca el cielo y cuyos pies tocan la tierra, puedes haber cabido en este pequeño recipiente?» El genio contesta: «Hombre de poca fe, vas a ver». Se reduce, entra en la jarra y el pescador la cierra y lo amenaza.

La historia sigue y llega un momento en que el protagonista no es un pescador sino un rey, luego el rey de la Islas Negras y al fin todo se junta. El hecho es típico de Las mil y una noches. Podemos pensar en aquellas esferas chinas donde hay otras esferas o en las muñecas rusas. Algo parecido encontramos en el Quijote, pero no llevado al extremo de Las mil y una noches. Además todo esto está dentro de un vasto relato central que ustedes conocen: el del sultán que ha sido engañado por su mujer y que para evitar que el engaño se repita resuelve desposarse cada noche y hacer matar a la mujer a la mañana siguiente. Hasta que Shahrazada resuelve salvar a las otras y lo va reteniendo con cuentos que quedan inconclusos. Sobre los dos pasan mil y una noches y ella le muestra un hijo.

Con cuentos que están dentro de cuentos se produce un efecto curioso, casi infinito, con una suerte de vértigo. Esto ha sido imitado por escritores muy posteriores. Así, los libros de Alicia de Lewis Carroll, o la novela Sylvie and Bruno, donde hay sueños adentro de sueños que se ramifican y multiplican. El tema de los sueños es uno de los preferidos de

Las mil y una noches. Admirable es la historia de los dos que soñaron. Un habitante de El Cairo sueña que una voz le ordena en sueños que vaya a la ciudad de Isfaján, en Persia, donde lo aguarda un tesoro. Afronta el largo y peligroso viaje y en Isfaján, agotado, se tiende en el patio de una mezquita a descansar. Sin saberlo, está entre ladrones. Los arrestan a todos y el cadí le pregunta por qué ha llegado hasta la ciudad. El egipcio se lo cuenta. El cadí se ríe hasta mostrar las muelas y le dice: «Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en El Cairo en cuyo fondo hay un jardín y en el jardín un reloj de sol y luego una fuente y una higuera y bajo la fuente está un tesoro. Jamás he dado el menor crédito a esa mentira. Que no te vuelva a ver por Isfaján. Toma esta

 

moneda y vete.» El otro se vuelve a El Cairo: ha reconocido en el sueño del cadí su propia casa. Cava bajo la fuente y encuentra el tesoro.

En Las mil y una noches hay ecos del Occidente. Nos encontramos con las aventuras de Ulises, salvo que Ulises se llama Simbad el Marino. Las aventuras son a veces las mismas (ahí está Polifemo). Para erigir el palacio de Las mil y una noches se han necesitado generaciones de hombres y esos hombres son nuestros bienhechores, ya que nos han legado ese libro inagotable, ese libro capaz de tantas metamorfosis. Digo tantas metamorfosis porque el primer texto, el de Galland, es bastante sencillo y es quizá el de mayor encanto de todos, el que no exige ningún esfuerzo del lector; sin ese primer texto, como muy bien dice el capitán Burton, no se hubieran cumplido las versiones ulteriores. Galland, pues, publica el primer volumen en 1704. Se produce una suerte de escándalo, pero al mismo tiempo de encanto para la razonable Francia de Luis XIV. Cuando se habla del movimiento romántico se piensa en fechas muy posteriores. Podríamos decir que el movimiento romántico empieza en aquel instante en que alguien, en Normandía o en París, lee Las mil y una noches. Está saliendo del mundo legislado por Boileau, está entrando en el mundo de la libertad romántica.

Vendrán luego otros hechos. El descubrimiento francés de la novela picaresca por Lessage; las baladas escocesas e inglesas publicadas por Percy hacia 1750. Y, hacia 1798, el movimiento romántico empieza en Inglaterra con Coleridge, que sueña con Kublai Khan, el protector de Marco Polo. Vemos así lo admirable que es el mundo y lo entreveradas que están las cosas.

Vienen las otras traducciones. La de Lane está acompañada por una enciclopedia de las costumbres de los musulmanes. La traducción antropológica y obscena de Burton está redactada en un curioso inglés parcialmente del siglo catorce, un inglés lleno de arcaísmos y neologismos, un inglés no desposeído de belleza pero que a veces es de difícil lectura. Luego la versión licenciosa, en ambos sentidos de la palabra, del doctor Mardrus, y una versión alemana literal pero sin ningún encanto literario, de Littmann. Ahora, felizmente, tenemos la versión castellana de quien fue mi maestro, Rafael Cansinos-Asséns. El libro ha sido publicado en México; es, quizá, la mejor de todas las versiones; también está acompañada de notas.

Hay un cuento que es el más famoso de Las mil y una noches y que no se lo halla en las versiones originales. Es la historia de Aladino y la lámpara maravillosa. Aparece en la versión de Galland y Burton buscó en vano el texto árabe o persa. Hubo quien sospechó que Galland había falsificado la narración. Creo que la palabra «falsificar» es injusta y maligna. Galland tenía tanto derecho a inventar un cuento como lo tenían aquellos confabulatores nocturni. ¿Por qué no suponer que después de haber traducido tantos cuentos, quiso inventar uno y lo hizo? La historia no queda detenida en el cuento de Galland. En su autobiografía De Quincey dice que para él había en Las mil y una noches un cuento superior a los demás y que ese cuento, incomparablemente superior, era la historia de Aladino. Habla del mago del Magreb que llega a la China porque sabe que ahí está la única persona capaz de exhumar la lámpara maravillosa. Galland nos dice que el mago era un astrólogo y que los astros le revelaron que tenía que ir a China en busca del muchacho. De Quincey, que tiene una admirable memoria inventiva, recordaba un hecho del todo distinto. Según él, el mago había aplicado el oído a la tierra y había oído las innumerables pisadas de los hombres. Y había distinguido, entre esas pisadas, las del chico predestinado a exhumar la lámpara. Esto, dice De Quincey que lo llevó a la idea de que el mundo está hecho de correspondencias, está lleno de espejos mágicos y que en las cosas pequeñas está la cifra de las mayores. El hecho de que el mago mogrebí aplicara

 

el oído a la tierra y descifrara los pasos de Aladino no se halla en ninguno de los textos. Es una invención que los sueños o la memoria dieron a De Quincey. Las mil y una noches no han muerto. El infinito tiempo de Las mil y una noches prosigue su camino. A principios del siglo dieciocho se traduce el libro; a principios del diecinueve o fines del dieciocho De Quincey lo recuerda de otro modo. Las noches tendrán otros traductores y cada traductor dará una versión distinta del libro. Casi podríamos hablar de muchos libros titulados Las mil y una noches. Dos en francés, redactados por Galland y Mardrus; tres en inglés, redactados por Burton, Lane y Paine; tres en alemán, redactados por Henning, Littmann y Weil; uno en castellano, de Cansinos-Asséns. Cada uno de esos libros es distinto, porque Las mil y una noches siguen creciendo, o recreándose. En el admirable Stevenson y en sus admirables Nuevas mil y una noches (New Arabian Nights) se retoma el tema del príncipe disfrazado que recorre la ciudad, acompañado de su visir, y a quien le ocurren curiosas aventuras. Pero Stevenson inventó un príncipe, Florizel de Bohemia, su edecán, el coronel Geraldine, y los hizo recorrer Londres. Pero no el Londres real sino un Londres parecido a Bagdad; no al Bagdad de la realidad, sino al Bagdad de Las mil y una noches.

Hay otro autor cuya obra debemos agradecer todos: Chesterton, heredero de Stevenson. El Londres fantástico en el que ocurren las aventuras del padre Brown y del Hombre que fue Jueves no existiría si él no hubiese leído a Stevenson. Y Stevenson no hubiera escrito sus Nuevas mil y una noches si no hubiese leído Las mil y una noches. Las mil y una noches no son algo que ha muerto. Es un libro tan vasto que no es necesario haberlo leído, ya que es parte previa de nuestra memoria y es parte de esta noche también.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»LAS MIL Y UNA NOCHES»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LAS MIL Y UNA NOCHES»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

BHAGAVAD-GITA. POEMA DE GILGAMESH

Aquí están dos famosos poemas de las literaturas asiáticas. Uno es el Bhagavad-Gita, título que podemos traducir por el Canto del Dios o por el Canto del Bienaventurado. Data del segundo o del tercer siglo antes de nuestra era. El nombre del autor es desconocido; los hindúes atribuyen sus obras a una divinidad, a una secta, a un personaje de la fábula o simplemente al Tiempo, hipótesis que parece atendible pero que alarma a los eruditos. El poema consta de setecientos versos y ha sido interpolado en el Mahabharata, que consta de doscientos doce mil. Se enfrentan dos ejércitos; Arjuna, el héroe, vacila antes de entrar en la batalla porque teme matar a sus parientes, a sus amigos y a sus maestros, que militan en el opuesto bando. El auriga de su carro lo insta a cumplir con el deber que su casta le impone. Declara que el universo es ilusorio y que la guerra también lo es. El alma es inmortal; transmigra a otros seres muerta la carne. La derrota o la victoria no importan; lo esencial es cumplir con su deber y lograr el Nirvana. Se revela después como Krishna, que es uno de los mil nombres de Vishnu. Un pasaje de este poema que afirma la identidad de los contrarios ha sido imitado por Emerson y por Charles Baudelaire. Es curioso que una apología de la guerra nos llegue de la India. En la Bhagavad-Gita confluyen las seis escuelas de la filosofía hindú.

La otra pieza de este volumen es la epopeya de Gilgamesh. Tal vez no sólo cronólogicamente es la primera de las epopeyas del mundo. Fue redactada o compilada hace cuatro mil años. En la famosa biblioteca de Asurbanipal doce tablas de arcilla contenían el texto. La cifra no es casual; corresponde al orden astrológico de la obra. Dos son los héroes del poema: el rey Gilgamesh y Enkidu, un hombre primitivo y sencillo, que vaga entre las gacelas de la pradera. Ha sido creado por la diosa Aruru para destruir a Gilgamesh, pero los dos se hacen amigos y emprenden aventuras que prefiguran los doce trabajos de Hércules. También se prefiguran en la epopeya el descenso a la Casa de Hades en la Odisea, el descenso de Eneas y la Sibila y la casi de ayer Comedia dantesca. La muerte del gigante Khumbaba, que guarda la foresta de cedros y cuyo cuerpo está revestido de ásperas escamas de bronce, es una de las muchas maravillas de este multiforme poema. La triste condición de los muertos y la búsqueda de la inmortalidad personal son temas esenciales. Diríase que todo ya está en este libro babilónico. Sus páginas inspiran el horror de lo que es muy antiguo y nos obligan a sentir el incalculable peso del Tiempo.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»BHAGAVAD-GITA. POEMA DE GILGAMESH»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «BHAGAVAD-GITA. POEMA DE GILGAMESH»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

EL CAMINO DEL GUERRERO (Miguel Ángel Villar Pinto)

Japón, año 1548 d. C.

Los europeos arriban a estas tierras con el fin de conquistarlas. En medio de una época dominada por continuos enfrentamientos, el daimyo del clan Takeda tendrá que hacer frente a grandes dificultades para que perviva la cultura de sus antepasados.

«El camino del guerrero es una novela histórica que refleja fielmente una época convulsa y de grandes transformaciones. Asimismo, los personajes que en ella intervienen, aunque existan multitud de paralelismos con los reales en los que están basados, han sido concebidos con la intención de expresar el contraste entre un mundo en comunicación con la naturaleza y la armonía del espíritu, y otro recién nacido que reniega de ello buscando tan sólo el interés propio y material.»                                                     
Reseña Editorial

«El joven y prolífico escritor coruñés Miguel Ángel Villar acaba de publicar su tercera novela en poco más de un año.»

                                                          20 Minutos

«Se trata de una novela histórica centrada en el Japón feudal, al que llegan los portugueses en el siglo XVI para emprender una conquista que resulta muy diferente a la de los otros países colonizados, ya que tienen que pactar con varios clanes.»

                                                          Diario de Ferrol

«Recupera un trozo de la historia situada en Japón, cuando el país se enfrenta a una nueva corriente que pone en duda los valores de la tradición de los samuráis, dominante hasta entonces, y la sociedad empieza a cuestionar el poder del emperador.»

                                                          El Ideal Gallego

«La acción discurre en un momento en el que pugnan dos filosofías de vida enfrentadas y que la llegada de los europeos viene a agravar: el bushido, fiel a la tradición del budismo zen, para el que los medios y el fin forman parte de un mismo propósito; y la derivada de la lectura de El arte de la guerra de Sun Tzu, según el cual el fin justifica los medios.»
                                                          Xornal

Web oficial de Miguel Ángel Villar Pinto
Primer capítulo
Entrevista en Localia TV
Entrevista en SFC Radio

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»EL CAMINO DEL GUERRERO (Miguel Ángel Villar Pinto)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «EL CAMINO DEL GUERRERO (Miguel Ángel Villar Pinto)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI