EL VALOR DE LO IRREVERENTE

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Elfriede Jelinek, Bambilandia
Trad. de Claudia Baricco. Destino, Barcelona, 2006, 218 págs.

por Anna Rossell
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Desde luego Elfriede Jelinek (Mürzzuschlag, Austria, 1946) ha aprovechado bien la tradición filosófica y literaria de calibre universal de su entorno inmediato. Wittgestein y Kraus impulsan una reflexión sobre el lenguaje que los autores de la Escuela de Viena en los años cincuenta y sesenta del siglo XX se encargan de llevar a la práctica con finalidades muy concretas: provocar con la innovación formal para cuestionar la cultura establecida, evitar la habituación y acabar con la receptividad inconsciente del lector u oyente. Ya en sus inicios como escritora, Jelinek manifiesta claramente su adscripción y nunca abandonará la tendencia iconoclasta de aquellas vanguardias literarias, su gusto por el montaje, por lo grotesco y lo macabro, su gesto irreverente y transgresor. Los primeros textos de Jelinek se forjaron en esta fragua y en su andadura ha desarrollado estas consignas estéticas hasta darles el sello personal que la hizo merecedora del Nobel de Literatura 2004 “por el flujo musical de voces y contravoces en sus novelas y obras de teatro”. Y es que la autora pone al servicio de su escritura su formación musical, trabaja con los ritmos, la cacofonía, la aliteración, el retruécano y la paronimia, y provoca con las palabras asociaciones inmediatas sorprendentes que producen un efecto similar al distanciamiento de Brecht. Todo podría quedar en un mero entretenimiento para virtuosos si no fuera porque Jelinek busca sus temas en lo injusto, lo ingrato, lo hipócrita y lo obsceno y le llama al pan pan y al vino vino. Es una pluma independiente, por más que muchos pretendan lo contrario, y apunta con su artillería formal al día a día de la obscenidad social y política, al tiempo que pone de manifiesto el poder manipulador del lenguaje y, en la obra que nos ocupa, no sólo del lenguaje de las palabras, sino también de las imágenes. Bambilandia. Babel reúne en un volumen dos textos de corte teatral, dedicados sin ningún pudor a los hechos más impúdicos del momento: la segunda guerra de Irak, que el intrincado trabajo literario de Jelinek trasciende y convierte en un alegato universal contra la guerra. La autora parte de la profunda convicción de que existe una íntima conexión entre cultura patriarcal y violencia y que de este mal básico se deriva casi todo lo demás. Pero la autora no cae en el maniqueísmo de presentar al género femenino como víctima y eximirlo de culpa, ahí está la vida para demostrar que también la tiene. El texto de Jelinek incorpora y reelabora muchos ingredientes esenciales de nuestra cultura: episodios de la mitología clásica, cristiana, judía y musulmana; lo que a primera vista -por el registro cotidiano del lenguaje y la acumulación atropellada de frases- pudiera parecer producto de la improvisación es en realidad un trabajo muy elaborado de verdadera intertextualidad e interculturalidad, en el que Nietzsche convive con Jörg Heider y Matthias Claudius. Partiendo de Los Persas de Esquilo y haciéndose eco del patetismo del autor griego Jelinek conecta las guerras Médicas con la de Irak, desenmascara los sucios intereses que la impulsaron, desmonta los argumentos de Bush, Rumsfeld y Cheney y subraya su conexión con la empresa Global Crossing o el consorcio Halliburton, arremete contra la tortura y afirma que los medios de comunicación hacen del mundo un circo, también de la guerra, de la tortura y del sufrimiento, y contribuyen a una educación sentimental kitsch e inmoral, que conduce nuestro pensamiento y nuestros deseos más íntimos. Ella lo demuestra continuamente con su trabajo lingüístico de libre asociación, que es la prueba más fehaciente de que la asociación no es libre. Jelinek levanta ampollas, y es que “se limita” a sostener un espejo delante del monstruo. Lo dice ella en la introducción: “Vaya mi agradecimiento a Esquilo y a Los Persas […]. Si es por mí también pueden agregar una pizca de Nietzsche. Pero el resto tampoco es mío. Es de los malos padres. Es de los medios.” Una pluma de las que hacen falta, que a mi modo de ver peca sólo de iteración. Habida cuenta la dificultad que la traducción entraña es de lamentar que la editorial haya “corregido”, por cacofonía, el ingente esfuerzo de la traductora argentina, cuya versión a pesar de ello sigue siendo encomiable, fiel sobre todo al espíritu de Jelinek, que ha estudiado a profundidad, enriquecida además por un utilísimo aparato crítico.

© Anna Rossell
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ELFRIEDE JELINEK, PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2004

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Elfriede Jelinek,
Premio Nobel de Literatura 2004,

por Anna Rossell
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Sucede con los escritores que se manifiestan abiertamente acerca del acontecer político-social de su tiempo que a menudo la crítica y la opinión en general acaban por confundir su literatura con sus declaraciones y tomas de partido públicas, sobre todo cuando éstas arremeten con decisión y contundencia contra los poderes establecidos. Así la sola mención de su nombre provoca las más encontradas reacciones, de odio o extrema simpatía, en función del rechazo o el afecto que sienta quien lo oiga hacia el personaje en cuestión.
Claro que literatura y vida van estrechamente ligadas, pero desde luego no son lo mismo. Y no es admisible que hasta los profesionales de la crítica emitan juicios pseudoliterarios sobre la obra de un escritor cuando en realidad se trata de homenajes o ajustes de cuentas personales que nada tienen que ver con la literatura. Este es el caso de la escritora austriaca Elfriede Jelinek quien, a lo largo de su trayectoria, no se ha librado de los violentos ataques de sus detractores, que han tildado su obra de pornografía barata y la han descalificado como una alternativa al verdadero arte. El Premio Nobel de Literatura con que la autora acaba de ser galardonada viene a poner punto final a la difamación y caza de brujas a las que Jelinek se ha visto sometida sin tregua en su país y despeja de una vez por todas las dudas que algún lector poco sensible o simpatizante del ultraderechista FPÖ de Jörg Haider pretendiera albergar respecto a la calidad de su literatura. Y es que los textos de Jelinek levantan ampollas: actúan como un revulsivo en aquellos que tienen la capacidad y el valor de reconocer la brutalidad de lo brutal o desatan las iras de los que se escandalizan ante la descarnada realidad y se empeñan en negar la evidencia de lo indecente por inconfesables razones.
La literatura de la autora austriaca queda muy lejos de ser políticamente correcta, porque lo políticamente correcto y el verdadero arte se excluyen por definición. Con sus temas pone el dedo en la llaga y remueve y ahonda en su interior hasta mostrar las entrañas sangrantes porque urge hacerlo. Sus textos son una constante denuncia de los valores patriarcales y machistas que dominan nuestra cultura, ejercidos por ellos y asumidos e interiorizados por ellas. En sus novelas parodia la novela rosa, desenmascara la mentira de las relaciones amorosas que no son sino un ejercicio cotidiano de violencia sexual, retrata sin tapujos la inquietante amargura de una vida cercenada para el amor, abocada al sadomasoquismo por causa de la tiranía que ejerce una madre autoritaria sobre su hija, critica con sorna el hipócrita comportamiento de la pequeña burguesía de los años cincuenta, arremete contra la evolución político-social de su país al que acusa de continuismo nacionalsocialista o desmitifica la falacia de los idilios provincianos. Igualmente implacable se muestra Jelinek en sus numerosas obras de teatro a cuya innovación también ha contribuido. Pero la buena literatura no consiste únicamente en escribir lo que reclama ser escrito, sino además en escribirlo bien. Y desde luego Elfriede Jelinek lo hace; conoce a la perfección las posibilidades de la lengua y la maneja con un virtuosismo rayano en la exquisita minuciosidad. El experimento lingüístico en el que se recrea pone de relieve la asombrosa capacidad del lenguaje para la violencia. Al contrario de lo que afirman algunos, su literatura es pura antipornografía precisamente porque muestra lo pornográfico de la vida. Jelinek ha creado un nuevo estilo a base del montaje asociativo, la original utilización del léxico, la provocadora combinación de registros, de ritmos y sonidos recurrentes, proverbios y muletillas. Este extraordinario y genial uso de la lengua por parte de una conciencia lúcida que airea sin remilgos la obscenidad cotidiana la ha hecho justamente merecedora del primer Nobel en la historia de la literatura austriaca. A pesar de la dificultad de la tarea, en español disponemos de la traducción de tres novelas de los años ochenta: Los excluidos, La pianista (Mondadori, 1992 y 1993 respectivamente) y El ansia (Cátedra, 1993) que sirven para hacer boca. Sin duda ahora veremos pronto traducido el resto de su obra.

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Y ES QUE EL DANUBIO NO ES AZUL

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Elfriede Jelinek
La pianista
Traducción de Pablo Diener
Mondadori, Barcelona 2004, 285 pp.

por Anna Rossell
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A juzgar por el revuelo que ha generado en un sector considerable de la crítica literaria en lengua alemana la concesión del Premio Nobel 2004 de Literatura a Elfriede Jelinek (Mürzzuschlag –Austria-, 1946), se diría que la Academia de Estocolmo ha perdido la razón. Sorpresa, estupefacción, decepción, escándalo, son sólo algunas de las estaciones que dibujan la evolución emocional que ha precedido a la avalancha de artículos y opiniones publicados estos últimos meses en los suplementos culturales de los periódicos y las revistas literarias en lengua alemana.

Muchas y muy autorizadas voces, Marcel Reich-Ranicki e Iris Radisch entre otras, que desde siempre habían menospreciado su literatura, han vuelto a la carga reafirmándose en sus antiguas valoraciones. Los deméritos que los detractores achacan y han achacado a la autora, antes y después de la concesión del premio, abarcan un amplio espectro: gusto obsesivo por lo obsceno, exageración, devoción por los juegos caprichosos de palabras, recurrencia machacona de los temas, provincianismo o trivialidad. Algunos arguyen, con intención despectiva, que en su caso se trata de “literatura de mujeres para mujeres”. Estos son sólo algunos de los reproches más frecuentes, mientras que otros se abstienen de matizar y relegan su obra al completo directamente al cajón de la pornografía barata. Descalificaciones desconcertantes y sintomáticas todas, habida cuenta que ninguna de ellas es, en sí, estrictamente literaria y nada dice sobre la calidad de la escritura.

De todas las objeciones que los muchos detractores de Elfriede Jelinek hacen a su literatura una de las que más sorprenden es la afirmación de que la suya es una escritura al servicio de una ideología, carente por completo de ambición estética. Que su adscripción ideológica sea nada menos que de corte marxista-feminista puede orientar al lector en cuanto a la etiología del apasionamiento y del sospechoso ahínco con que demasiados –y demasiadas- se afanan en desprestigiar sus obras. Con todo, y aunque de importancia capital, éste es sólo uno de los factores que explican la virulencia de los ataques. El otro, no menos importante, tiene que ver con la encarnizada polémica en la que se enzarzan sistemáticamente los críticos literarios en legua alemana, que, eternamente polarizados en dos frentes, caen una y otra vez en la tentación de aplicar el baremo de la ideología como criterio literario y quedan atrapados en una discusión que pierde a menudo su verdadero objetivo. La comprensible y justificada desconfianza hacia las ideologías, que se adueñó de las conciencias alemanas y austriacas más sensibles tras la derrota del nacionalsocialismo, agravada después por si fuera poco por demasiados subproductos literarios de la República Democrática Alemana, de innegable servilismo partidista, son un lastre del que ni autores ni críticos pueden desprenderse fácilmente. Tampoco es deseable que lo hagan, siempre y cuando aquella desconfianza se mantenga en sus límites razonables y no impida el juicio lúcido y temperado, capaz de distinguir entre la buena literatura y la literatura de servilismo ideológico.

Es innegable que Elfriede Jelinek escribe sus textos desde una clara y meridiana visión del mundo y que presenta sin tapujos la obscenidad en el sentido más amplio del término (no sólo en su connotación sexual). En este sentido pudiera decirse que la autora toma partido con decisión y contundencia sin ser en ningún momento partidista, arremete –por la violencia que genera- contra los fundamentos patriarcales de nuestra sociedad e impulsa la reflexión sobre el feminismo sin que se la pueda tildar de feminista y sugiere una conexión entre capitalismo por un lado y discriminación y agresión a la mujer por otro sin que su literatura pueda ser calificada de marxista. Estos son, por decirlo brevemente, los materiales con que construye su universo de ficción. Pero su mérito no sería literario si radicara exclusivamente en estos parámetros. Es su personalísima e innovadora manera de narrar, vanguardista por excelencia, la que eleva a la autora a la categoría de escritora magistral. Jelinek practica una literatura de denuncia que, formalmente, rompe los modelos literarios tradicionales, diluye los límites entre los géneros y se sustrae a una definición fácil. Es precisamente esta conjunción entre el talante comprometido de su literatura y el excelso virtuosismo en lo formal lo que la hizo merecedora del Nobel, concedido, según la Academia Sueca, “por la musical fluidez de las voces disonantes en sus novelas y obras teatrales, que, con singular apasionamiento literario, desenmascaran lo absurdo y el poder ineludible de los clichés sociales”.

Hasta ahora poco conocida en nuestro país –Los excluidos, La pianista (Mondadori, 1992 y 1993 respectivamente) y El ansia (Cátedra, 1993)-, los lectores en lengua española disponen desde principios de año de la reedición de una de sus novelas más logradas, La pianista (Mondadori, 2005), conocida en España sobre todo a través de la película franco-alemana del mismo nombre. Dirigida por Michael Haneke e interpretada magistralmente por Isabelle Hupert -que borda el difícil papel de la protagonista-, recibió la “Palma de Oro” en el festival de Cannes. Es obvio que el lenguaje cinematográfico se rige por criterios distintos que el literario, por lo que no puede dar cuenta de la calidad de la novela, que no se manifiesta sino en el texto.

Con un estilo entrecortado, distante y frío, narrada en tercera persona, la autora nos cuenta la historia de una existencia frustrada definitivamente y desde la infancia para la vida y el amor. Erika Kohut, una mujer de poco más de treinta años, vive con su anciana madre -posesiva, tirana y egoísta- una relación de mutua dependencia sádico-masoquista. Todo en la triste vida de esta profesora de piano en el conservatorio de Viena remite a su fracaso como compositora, meta hacia la que había sido programada. A través de incursiones retrospectivas se esboza la problemática anterior, que apunta a las posibles causas inmediatas de la patología: encorsetada en la rigidez impuesta por la disciplina de largos ejercicios musicales, la niñez de la protagonista se había visto privada de las necesarias y naturales expansiones de la edad por deseo de su severa madre, que no duda en utilizar a su hija para conseguir sus aspiraciones sociales. Tras el reciente ingreso del padre en un psiquiátrico, madre e hija vivirán solas y exclusivamente para sí y su prestigio social en su piso del centro de Viena.
Para Erika los años transcurren monótonamente marcados por la rutina del trabajo en el conservatorio y entre las paredes de su casa, que no abandona sino para impartir sus clases. Inhabilitada para los sentimientos, no se resigna a que se apaguen los últimos destellos de su juventud sometida al encierro en que la mantiene la madre con la pretensión de protegerla. Escapadas voyeristas, lesiones autoinfringidas en el sexo, violencia física y de palabra entre madre e hija y proyectos de prácticas amorosas sado-masoquistas con un alumno aparecen como la sintomatología de un cuadro patológico que, con variaciones, se nos sugiere como normal en el seno de cualquier familia de la buena burguesía vienesa.

Jelinek pone al descubierto lo que se esconde tras las armoniosas fachadas de los históricos palacios de la ciudad de Viena, destruye sin piedad el mito de la capital europea de la música como sinónimo de riqueza cultural y aristocracia espiritual y desenmascara como gran falacia el idilio evocado en Sisí Emperatriz y en los valses de Strauss. Se revela en esto como clara heredera de una larga tradición que va desde Kafka a Bernhard, pasando por Kraus, Wittgenstein, los Volksstück de Ödön von Horváth, Marieluise Fleisser y Franz Xaver Kroetz y que en la filmografía de Alexander Kluge.y los directores cinematográficos en torno al Manifiesto de Oberhausen (1962) trasciende el terreno de la literatura.

Altas cotas de virtuosismo alcanza el trabajo semántico-lingüístico de esta escritora, que experimenta con el lenguaje y con distintos montajes textuales, con la cacofonía y con el ritmo, que elige todas y cada una de las palabras que escribe con exquisito cuidado, atenta siempre a los efectos y a las connotaciones para evocar diversas y simultáneas asociaciones en el lector con la intención de parodiar. Si en alguna parte le queda algún sentido al tan manido término de la intertextualidad, es sin duda en los textos de Jelinek. Precisamente por la complejidad que su literatura adquiere en lo formal es tan difícil su traducción a cualquier lengua. Con todo, y a pesar de que inevitablemente se pierde parte del efecto, la lectura traducida sigue mereciendo la pena.
Desde luego, la literatura de Jelinek puede no gustar por muchas y diversas razones. Sus temas no son plato de gusto. Pero nada más alejado de la realidad pretender que no tiene calidad estética. Afirmarlo es confundir el tocino con la velocidad.

© Anna Rossell
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Las amantes (Elfriede Jelinek)

Paula y Briggitte son dos chicas cuyo único objetivo en la vida es casarse con su hombre y dedicarse a él. Las dos se quedan embarazadas y las dos se casan, aunque para una de ellas la "felicidad" y su "sueño conyugal" desaparecerá de la manera más tonta, y por su culpa.

Se trata de la novela de Elfriede Jelinek, de las que yo conozco, más flojita y más fácil de leer. En la contraportada se dice que es una parodia de la novela romántica, pero yo eso no lo he visto mucho. Como en otras obras, Elfriede demuestra un desmesurado odio o rechazo al sexo masculino, o al sexo en general, que puede "hacer gracia" al principio pero que a estas alturas ya resulta cargante y molesto.

Tratemos de pensar que lo que critica es la actitud de esas mujeres sumisas que "viven por y para el amor", y cuya meta en la vida es dejar el trabajo para ocuparse de su casa y de su familia, cuyo horizonte vital es meramente la satisfacción de su "hombre". Parece una crítica de la idealización del "amor" (en este caso dudo de que lo sea, se habla mucho de él, pero los personajes no demuestran nada más allá del deseo de hacerse con un cónyuge o compañero que las "proteja")

Elfriede pinta a esas mujeres con las peores tintas, aunque con cierta dosis de compasión; cifran su salvación, la salvación de una vida vulgar y de trabajo, en un marido; no así, cuando habla de los hombres, que son siempre brutos, zafios, maltratadores, vulgares, borrachos y solo piensan en el sexo.

"heinz se comporta como si no tuviera cerebro, sino solamente rabo"

"dar palizas es divertido, pero Erich aún no lo sabe"

"el cuñado de paula, algo que reparte palizas y se emborracha"

"si erich tuviera que escoger entre paula y una motocicleta, escogería la motocicleta"

Como se puede observar, la visión de Elfriede Jelinek acerca de los hombres no puede ser peor jaja.

Esta novela al parecer fue escrita en el año 1975, con lo cual no sé hasta qué punto estas situaciones que se nos narran son posibles en su país, Austria, hoy en día. Desde luego, parecen propias de otra época.

La novela cuenta de forma paralela las aventuras de las dos chicas, Paula y Briggitte, y sus deseos de cazar a los respectivos Heinz y Erich, el rechazo de los padres de alguno de ellos por la "pretendienta", la irrupción de una chica llamada Susi mucho menos vulgar, de las que se "reservan" y por tanto "tienen más valor en el mercado", las reacciones de las familias cuando las chicas quedan embarazadas (con las típicas dudas de la madre de él: "a saber si es hijo de mi hijo, que la que se va con uno se va con todos, etc, etc"). Como en el resto de la producción de la autora se observa una acusada misantropía, un odio o repugnancia a todo lo que son las relaciones humanas, familiares, de pareja, etc… Sin embargo, esta es, repito, de las que he leído, su novela más "amable". No hay casi descripciones desagradables o fuertes, e incluso las típicas escenas de sexo son contadas con cierto humor, usando expresiones vulgares en ocasiones.
Véase una muestra:

"heinz quiere salir rápidamente antes de que sea demasiado tarde y esté todavía en el interior de briggitte, pero briggitte se cierra, su cabeza está todavía con las pobres pastas de avellana, sí, y con el bolso nuevo espachurrado por el suelo, pero las fuerzas de su cuerpo están completa y automáticamente concentradas en heinz.

heinz siente un gran placer y grita muy fuerte.

briggitte con gusto le metería en el morro toda la pelusa acumulada debajo del sofá, hasta que se le saliese por las orejas.
heinz vuelve a gritar ruidosamente para que se vea lo bien que lo pasa con el trato y el teatro.

briggitte gruñe atormentada, sus globos oculares siguen el camino de las pastas de avellana por medio de la suciedad del suelo. qué guarra qué es la madre, que no barre, aunque ni siquiera tiene que atender a un hombre.

heinz vuelve a gritar ruidosamente, muy rápido, cada vez en espacios de tiempo más cortos. cómo le gusta eso al pedazo de animal.

briggitte estamparía con gusto su cabeza berreante contra la pared. si tiene que hacerlo, ¿no puede por lo menos hacerlo bajito? el niñito saldrá igualmente disparado de su interior, grite más o grite menos.

(…)

briggitte no se mueve, pero está llena de moco. llena de moco pestilente…"

Una curiosidad de la novela es que está escrita sin mayúsculas, como se puede apreciar en este párrafo que he transcrito. Hay puntos y comas, y todo eso pero incluso los nombres propios y las palabras de inicio de frase están en minúscula. No alcanzo a entender las razones de esta curiosa puntuación, a no ser que se trate solamente de llamar la atención.

El humor (negro) que tiñe toda la novela queda de manifiesto también en los títulos de los capítulos, que a veces son de partirse, ejem: "briggitte odia a heinz", "¡qué bonita cópula de nuevo!", "sobre la matriz de briggitte", "¡a briggitte también le da asco heinz!", etc, etc… El estilo es el de siempre, un poco telegráfico y aforístico.

En resumen, una obra que no aporta mucho a la producción de la Premio Nobel austriaca, que no conmueve ni afecta a las vísceras, como sí hacen otras de sus novelas.

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La pianista (Elfriede Jelinek)

 

Erika es una mujer de más de 35 años, profesora de conservatorio, que vive sometida totalmente a su madre, quien no solo la crió para ser un genio (cosa que no logró, ya que fracasó durante un concierto de piano decisivo) sino que controla todos y cada uno de sus movimientos, especialmente que se acerque a hombres. Esto provocará una represión brutal en la profesora de piano y todo tipo de perversiones sexuales y fantasías autodestructivas, por no hablar de la terrorífica relación amor-odio entre madre e hija. Pero un día Walter Klemmer, un joven sano y fuerte, alumno de Erika se enamora de ella y hace lo posible por ser correspondido. Su relación llegará al límite.

Ya había leído otra obra de Elfriede Jelinek y por tanto estaba familiarizada con su peculiar estilo de escritura, que se caracteriza por el uso del tiempo presente, la frialdad y desapasionamiento en la descripción de hechos terribles, y sobre todo de los sentimientos y emociones más extremos, la abundancia de metáforas y símiles extraordinarios para caracterizar sucesos cotidianos (que provocan una impactante sensación de extrañamiento), la crítica sin concesiones tanto a las relaciones entre sexos, como al capitalismo, a su propio país, Austria, etc… A pesar de ello, esta obra me ha impresionado. La manera cómo Elfriede desnuda lo que está oculto en nuestra sociedad, las cosas que todos saben pero nadie se atreve a decir, sobre todo en las novelas, concebidas como entretenimiento burgués, políticamente correcto, es tan implacable que es imposible no sentir desasosiego leyendo sus líneas, eso en el mejor de los casos.
Sería difícil explicar cuál es el tema central de La Pianista, novela corta, pero compleja a pesar de lo escaso de su argumento, y muy intensa en emociones. Podría decirse que es la sobrecogedora relación de amor y odio entre esa madre que controla la vida de Erika, cómo viste, con quién habla, a qué horas llega de la calle, etc, y que ha llegado al extremo de evitarle todo tipo de compañía masculina o incluso amigos. La madre y la hija tienen escenas de tremenda brutalidad. En al menos dos ocasiones que yo recuerde se enzarzan en una pelea violenta en la que arrancan los pelos, se golpean y se hacen de todo; pero también está el contrapunto de la escena en que Erika se arroja en la cama sobre la madre, y la cubre de besos, que incluso la madre interpreta como "cochinadas", besos casi sexuales, y trata de quitársela de encima. Erika no parece odiar conscientemente a su madre, sino más bien todo lo contrario. Pero esa madre la ha convertido en una reprimida incapaz de sentir no solo deseo sino incluso el menor placer. Erika visita salas X para ver pornografía, que no le excita. Toma los pañuelos manchados de semen de los hombres que estuvieron antes que ella y los huele; va a los parques de la ciudad donde se reunen las parejas y los espía mientras hacen el amor; pero nunca siente nada. Es un pedazo de hielo. Ni siquiera cuando se automutila con cuchillas, observandose con frialdad, es capaz de experimentar una sensación, aunque sea de dolor.
Podría ser también esa historia de "amor" tan sui géneris entre Erika y el joven Klemmer, quien desea posearla, y olvidarla. En una escena en un baño, se enzarzan en besos y caricias; ella lo masturba, pero luego no le permite tener un orgasmo. Le prohíbe tocarse, y él le suplica que le deje, que sino le va a doler y no podrá caminar durante tres días. Pero ella le impone esa condición si quiere seguir viéndola. Son escenas tormentosas, en las que el joven se somete no de buen grado a los caprichos de la profesora, a la cual admira por sus conocimientos musicales. A lo largo de la novela se iría incrementando la tensión entre ambos con escenas de sexo y violencia, siempre desgarrador. En un momento dado, al conocer los terribles deseos masoquistas de Erika él se derrumba y le pierde el respeto y el amor, hasta llegar a satisfacerla en sus deseos, cuando ella ya no lo deseaba.
Lo más curioso es la reacción de violencia de Klemmer cuando siente que él no es el que domina la situación, sino que ella lo maneja. Entonces se rebela de un modo casi primitivo.
Así pues, se trata de una novela sobre relaciones de poder, usando como metáfora el sexo. Poder de la madre sobre Erika (al parecer la propia Elfriede tuvo una experiencia poco grata con su madre, que la quería convertir en niña prodigio de la música), de Erika sobre Klemmer y viceversa, sobre Erika y sus alumnos, con los cuales es dura y exigente, poder de los hombres sobre las mujeres, etc…
Jelinek critica el sexo masculino y pinta con cierto victimismo a la mujer, siempre objeto de los caprichos del hombre brutal. Su prosa es como un cuchillo; no deja títere con cabeza. Pone en evidencia lo que es capaz de lograr un exceso de exigencia de perfección, como el de la madre hacia su hija, "un genio", el exceso de amor, que transforma a los hijos de esa madre terrible en inútiles sociales, además de crear un vínculo de dependencia psicológica traumático. Jelinek es políticamente incorrecta, y no se priva de hacer juicios acerca de los extranjeros, los turcos, etc; claro que también se ensaña con sus compatriotas. Hay mucha violencia y sexo en esta novela, pero el sexo descrito también es violento. Cuando Erika quiere amor, después de sentir que su cuerpo muerto renace, el sexo sigue siendo violencia. Una historia muy triste. Y no apta para todos los paladares, pero que aporta una nueva visión y rompe los esquemas en un panorama literario aburrido, mediocre y acomodaticio.
No es una autora fácil, y quizás se excece en el número de páginas para lo que cuenta, pero la lectura de esta novela no dejará a nadie indiferente.

Existe una película del mismo título: La Pianista, 2001

Fragmento de La Pianista:

De camino a la escuela Erika ve inevitablemente por todos lados la destrucción de individuos y comestibles, pocas veces ve que algo crece y florece. Tan sólo en el parque del ayuntamiento o en el parque público, donde las rosas y los tulipanes brotan carnosos. Pero incluso éstos se precipitan, porque llevan en sí mismos el proceso de descomposición. Es lo que piensa Erika. En sólo el arte tiene una existencia más duradera. Erika lo cuida, lo poda, lo ata a una guía, lo desmaleza y finalmente cosecha. Pero, ¿quién sabe todo lo que se ha perdido o ha sido acallado injustamente? Cada día muere una pieza musical, una novela o un poema porque ya no posee razón de existencia en nuestro tiempo. Y lo que parecía eterno ha perecido, ya nadie lo conoce. Aun cuando habría merecido seguir existiendo. En el curso de piano de Erika ya hay niños que machacan a Mozart o a Haydn, los más avanzados se deslizan sobre los patines de Brahms y Schumann, cubriendo el bosque de la literatura musical con sus babas de caracol.

Elfriede Jelinek 

Algunas obras de Elfriede Jelinek Galardonada con el Premio Nobel de Literatura del año 2004.

Novelas
Somos reclamos, baby (1970
Los excluidos (1980)
La pianista (1983)
Deseo (1989)
Una novela de entretenimiento (2000)

Libro de poemas
Las sombras de Lisa (1967)

Ensayo
Los hijos de los muertos (1995)

Teatro
Obras de Teatro

* "Was geschah, nachdem Nora ihren Mann verlassen hatte oder Stützen der Gesellschaften" (Lo que ocurrió después de que Nora abandonara a su marido o pilares de las sociedades)
Estreno Vereinigte Bühnen Graz/Otoño de Estiria, 1979
* "Clara S, musikalische Tragödie" (Clara S, tragedia musical)
Estreno Bühnen der Stadt Bonn, 1982
* "Burgtheater. Posse mit Gesang" (Burgtheater. Sainete con canto)
Estreno Bühnen der Stadt Bonn, 1985
* "Begierde und Fahrerlaubnis (eine Pornographie)" (Deseo y permiso de conducir (una pornografía)
Estreno Otoño de Estiria Graz, 1987
* "Krankheit oder Moderne Frauen. Wie ein Stück" (Enfermedad o Mujeres Modernas. Como una pieza)
Estreno Schauspiel Bonn, 1987
* "Präsident Abendwind. Ein Dramolett, sehr frei nach Johann Nestroy" (Presidente viento nocturno. Un dramoleta, muy libre según Johann Nestroy)
Estreno Schauspiel Bonn, 1992
* "Wolken. Heim" (Nubes. Hogar)
Estreno Schauspiel Bonn, 1988
* "Totenauberg"
Estreno Burgtheater (Akademietheater), Viena, 1992
* "Raststätte oder Sie machens alle. Eine Komödie" (Parador de autopista o Lo hacen todos. Una comedia)
Estreno Burgtheater, Viena, 1994
* "Stecken, Stab und Stangl. Eine Handarbeit" (Bastón, vara y caña. Una artesanía)
Estreno Deutsches Schauspielhaus, Hamburgo, 1996
* "Ein Sportstück" (Una pieza deportiva)
Estreno Burgtheater, Viena, 1998
* "er nichts als er (zu, mit Robert Walser)" (él sólo él (a, con Robert Walser)
Estreno Festival de Salzburgo en coproducción con el Deutsches Schauspielhaus, Hamburgo, 1998
* "Das Lebewohl (Les Adieux)" (El adiós)
Estreno Berliner Ensemble, 2000
* "Das Schweigen" (El silencio)
Estreno Deutsches Schauspielhaus, Hamburgo, 2000
* "Der Tod und das Mädchen II" (La muerte y la muchacha II)
Estreno Expo 2000 Hannover en coproducción con el Saarländisches Staatstheater Saarbrücken y ZKM Karlsruhe, 2000
* "MACHT NICHTS – Eine kleine Trilogie des Todes" (NO PASA NADA – Una pequeña trilogía de la muerte)
Estreno Schauspielhaus Zurich, 2001
* "In den Alpen" (En los Alpes)
Estreno Münchner Kammerspiele en coproducción con el Schauspielhaus, Zurich, 2002
* "Prinzessinendramen: Der Tod und das Mädchen I – III und IV – V" (Dramas de princesas: La muerte y la muchacha I – III y IV – V)
Estreno de las partes I – III Deutsches Schauspielhaus, Hamburgo, 2002
Estreno de las partes IV y V Deutsches Theater, Berlín, 2002
* "Das Werk" (La central)
Estreno Burgtheater Viena, 2003
* "Irm & Margit" Teil con "Attabambi Pornoland".
Estreno Schauspielhaus, Zurich, 2004
http://reginairae.blogcindario.com/2005/09/00215-la-pianista-de-elfriede-jelinek.html

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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