Vivo o muerto (Varios)

Vivo o muerto es una apuesta de Tropo Editores por recuperar para la literatura un género tan clásico como los cuentos de vaqueros. Con prólogo de José Luis Borau (un artículo publicado en Heraldo de Aragón, en 1954) y Anselmo Núñez Marqués, en Vivo o Muerto hacen su especial homenaje al Spaguetti Western autores como los premio Nadal Francisco Casavella o Felipe Benítez Reyes, el argentino Norberto Luis Romero, Hilario J. Rodríguez, José María Latorre, o los aragoneses Carlos Castán, Manuel Vilas, Mario de los Santos, Patricia Esteban Erlés y Óscar Sipán.

“Pero los vaqueros son como nosotros querríamos ser. La gracia y la originalidad son virtudes poco masculinas. Estos hombres duros,  curtidos, nobles e impetuosos, hacen lo que nosotros habríamos querido hacer siempre en vez de sumar en una oficina,  estudiar un texto o poner una tuerca. Son independientes, valerosos, decididos, se juegan todo a la cara de una moneda y saben cantar canciones con una guitarra. No tienen problemas amorosos, que es una de las cosas que más odiamos los hombres. Ven una muchacha al llegar al poblado y ya saben que va a ser para ellos, que les va a querer. Hasta llegar al beso final no hay otro inconveniente que vencer a los bandidos, rescatar el dinero robado o adivinar quién mató a su hermano. Es decir, problemas sencillos, de los que se pueden resolver sin andarse en zarandajas ni complicaciones. Sólo con la fuerza y la destreza”.

JOSÉ LUIS BORAU
(Director, productor, guionista, actor, crítico de cine y académico de la RAE)

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LISTADO DE AUTORES:
PRÓLOGO JOSÉ LUIS BORAU Y ANSELMO NÚÑEZ MARQUÉS
José Luis Borau es director, guionista, actor, productor y crítico de cine. Actualmente compagina la p de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y el sillón B de la Real Academia de la Lengua Española. Con “Brandy” (1963) arrancó su carrera en el cine y en un género: el spaghetti-western.
Anselmo Núñez Marqués es  licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Doctorado en Arte Contemporáneo. Autor del libro “Western a la europea… Un plato que se sirve frío”.
        
FRANCISCO CASAVELLA

Francisco Casavella inicia su trayectoria literaria a los 28 años con la novela El Triunfo (Versal, 1990, Premio Tigre Juan). A ésta le seguirán Quédate (Ediciones B, 1993), Un enano español se suicida en Las Vegas (Anagrama, 1997) y la novela juvenil El secreto de las fiestas (Anaya, 1997). Su última obra es la trilogía El día del Watusi (Mondadori, 2002), formada por "Los juegos feroces", "Viento y joyas" y "El idioma imposible", un fresco de la Barcelona, del último cuarto de siglo XX, desde el chabolismo del tardofranquismo hasta las Olimpiadas y los escándalos financieros de los 90. Fue guionista de Antártida, primera película de Manuel Huerga (1995), y en la actualidad escribe para distintos periódicos y revistas. Ha sido traducido a varios idiomas. En 2008 gana el prestigioso Premio Nadal con Lo que sé de los vampiros.
Dos de sus novelas han sido llevadas a la pantalla: Volverás (Antonio Chavarrías, 2002), adaptación de Un enano español se suicida en Las Vegas, y El triunfo (Mireia Ros, 2006).

FELIPE BENÍTEZ REYES
Poeta, novelista y ensayista español nacido en Rota (Cádiz). Excelente dominador del lenguaje, que abarca desde el neo-simbolismo de su primera época hasta la gran versatilidad de sus trabajos poéticos posteriores, está considerado como una de las voces más influyentes del panorama literario español. Es autor de los libros de poemas, Paraíso manuscrito (1982), Los vanos mundos (1985), La mala compañía (1989), Poesía (1992), Sombras particulares (1992, Premio Loewe), Vidas improbables (1994, Premio Nacional de Poesía 1996), Paraísos y mundos (1996), El equipaje abierto (1996) y Escaparate de venenos (2000). En todos ellos se ven influencias de los poetas de la generación del 27 (Lorca, Aleixandre, etc). Ha obtenido entre otros los premios, Luis Cernuda, Ojo Crítico, Loewe, de la Crítica y Nacional de Literatura. Su labor como novelista y ensayista es también notable, sobresaliendo su primera novela, Chistera de duende (1991).  Premio Nadal 2007 por Mercado de Espejismos.
HILARIO J. RODRÍGUEZ
 

Hilario J. Rodríguez (Santiago de Compostela, 1963) es licenciado en Filología Anglogermánica y en Filología Hispánica. Durante varios años dio clases de lengua, literatura e inglés en España, República de Irlanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Ha ganado varios certámenes literarios y ha publicado la colección de relatos Aunque vuestro lugar sea el infierno y muy recientemente la novela Construyendo Babel (editorial Tropismos). Como crítico 

cinematográfico, colabora con Dirigido por, Imágenes de actualidad o Abc, y es director adjunto de la revista Versión original. Entre sus libros, cabe destacar Eyes Wide Shut: Los sueños diurnos, Museo del miedo, Lars von Trier: El cine sin dogmas (finalista del premio al Mejor Libro del Año de la Asociación de Críticos Cinematográficos) y El cine bélico: Una propuesta de análisis (de próxima aparición en la editorial Paidós).
NORBERTO LUIS ROMERO
Norberto Luis Romero nació en Córdoba, Argentina (1951). Es director y profesor de cine. En 1983 publica en Editorial Noega, de Asturias, su primer libro de cuentos, Transgresiones, y en 1988 el mismo libro aparece en Argentina publicado por Alción Editora. Tras un largo silencio aparece en 1996 “El momento del unicornio”, en Ediciones Nobel, de Asturias, simultáneamente con su primera novela Signos de descomposición, en la editorial Valdemar, de Madrid, donde en 1999 publica su segunda novela “La noche del Zeppelín” y en 2002 la tercera: “Isla de sirenas”. En 2003 la novela “Ceremonia de máscaras”, en Laertes, Barcelona. En "Leaping dog press", Virginia, “The Last night of carnaval”, libro de relatos en traducción de H. E. Francis; y en 2005, "Editorial Egales" de Madrid, publica la novela “Bajo el signo de Aries”. En 2007, "Ediciones Amargord", en su colección de minilibros "1003 libros para cruzar la noche", publica el cuento Capitán Seymour Sea.

CARLOS CASTÁN

Barcelona, 1960. Es autor de los libros Frío de vivir (Zócalo, 1997;  Emecé, 1997;  Salamandra, 1998. Traducción al alemán: Gern ein Rebell. Nagel&Kimche: 2000), Museo de la soledad. (Espasa, 2000; Círculo de Lectores, 2001; Tropo Editores, 2007) y Sólo de lo perdido (Destino, 2008).

MANUEL VILAS
Manuel Vilas nació en Barbastro en 1962. Ha publicado la novela Dos años felices y una serie de relatos sobre la vida contemporánea reunidos en La región intermedia. Es autor de los libros de poesía El rumor de las llamas, El mal gobierno, Las arenas de Libia, El cielo y Resurrección (XV Premio Gil de Biedma). Autor de las novelas Zeta, Magia y España.
JOSÉ MARÍA LATORRE
Nacido en Zaragoza, actualmente reside en Barcelona. Coordina la revista «Dirigido» y dirige la colección de libros «Programa Doble». Colabora en revistas y periódicos de España e Italia sobre temas de literatura, cine y música y ha escrito dieciséis guiones para televisión a partir de clásicos de la literatura fantástica. Su guión para el cortometraje "El sistema de Robert Hein", a partir de un cuento de Pere Calders, obtuvo el premio de la Generalitat catalana.
Novelista, ha publicado cuentos en las revistas de España "Turia", ”Clarín” "La Mosca", "Revista de Literatura Rey Lagarto", "Quimera", "Penthouse", "Trébede", "Rolde", "Prima Littera" y cuentos que es hoy en día. Ella esgrime los siguientes argumentos para justificar un latrocinio tan especializado: “elemental, queridos, los libros de relatos son más fáciles de ocultar en  el bolsillo de un abrigo e infinitamente mejores que las novelas que se escriben actualmente en  aqueste país”. Espera  poder robar su primer libro publicado, “Manderley en venta” (TROPO EDITORES, 2008), en cualquier gran superficie o pequeña librería de viejo, a principios del próximo año. Premio Isabel de Portugal de Narrativa 2007,  Premio Universidad de Zaragoza de Narrativa 2007, Premio “Tierra de Monegros” 2007.
MARIO DE LOS SANTOS 
Nacido en Zaragoza, en 1977. Doctor por la Universidad de Zaragoza. Autor de las novelas Al final de la cebada (Zócalo, 2004) y "Cuando tu rostro era niebla" (Onagro, 2008). Ganador del Premio de Novela Fundación 2009 con "La brújula del universo" (Huerga y Fierro, 2008).
OSCAR SIPÁN.
Nacido en Huesca, en 1974. Galardonado en numerosos certámenes literarios, entre los que destacan el VIII Certamen Literario Alfonso Martínez-Mena 2008, de Alhama de Murcia, el XXXV Premio Ciudad de Villajoyosa 2007, IX Premio de Libro Ilustrado para Adultos 2006, que convoca la Diputación de Badajoz, el Premio “Don Alonso Quijano 2006, Málaga, el Premio Paradores de Turismo de España 2003, el Premio Odaluna de Novela 1998 de Albacete o el XVII Premio Isabel de Portugal 2002. Autor de los libros “Rompiendo corazones con los dientes” (Premio Odaluna, 1998), Pólvora Mojada (Premio Isabel de Portugal 2003), Leyendario (2004), Escupir sobre París (2005), Tornaviajes (2006, Premio Búho), Guía de hoteles inventados (Premio de libro ilustrado para Adulto 2006, Diputación de Badajoz), Leyendario, Criaturas de agua (2007). En 2008 publicará “Avisos de derrota” (Beca de creación, Ayuntamiento de Zaragoza 2008).
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Prólogo

 

 

             Hace dos años di por concluido un afanoso e inolvidable viaje de algo más de un lustro, en el que me propuse rescatar tempranas pasiones y en ello desentrañar el misterio de mi cinefilia adolescente.
             Recuerdo que el planteamiento inicial estuvo cargado de incertidumbres sobre el camino a seguir, pues descarté posibilidades como la de tomar la muy lejana ruta de Alderaán o la del Planeta Prohibido -antiguos anhelos-, quizá impelido por una cuestión de modestia tecnológica o de visado. Descarté igualmente aquella otra que conducía a la recóndita floresta de Sherwood o a las más exuberantes selvas de Mompracem, tal vez porque sentí haber rebasado ya la edad de las utopías libertarias o simplemente por evitar andar entre las ramas de una ficción definitivamente ajena, atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más escéptico y reaccionario.
            Fue así que decidí buscar otras añoranzas no menos arraigadas, pero más cercanas, adentrándome en el territorio proscrito del Western patrio o mediterráneo, más conocido como Spaghetti Western. Bautizado así de forma maliciosa y despectiva por quienes elevaban a la categoría de Séptimo Arte sólo aquellos productos que consideraban representativos de la tradición o bien de la innovación, si se trataba de una determinada escuela o generación definida por su progresismo ideológico. Los mismos que con alambicadas justificaciones seudo filosóficas, moralistas y recurriendo de forma impúdica a un criterio tan subjetivo como el estético, terminaron por condenarlo al ostracismo, desatando una corriente menospreciativa sin precedentes. Un clima de opinión que afectó, incluso, al gremio de realizadores europeos, al punto de que un amplio sector renegara de esa caterva de atrevidos colegas que había osado recrear aquí, en el viejo continente, la iconografía del género americano por excelencia. (Recuerdo, con menos severidad, declaraciones como las de Damiano Damiani al subrayar –por si acaso- que su película “Yo soy la revolución” no era un western, pese a utilizar sin ambages todos sus clichés, además de otros surgidos de la chistera del inolvidable Sergio Leone).
           Elegí, en definitiva, ese camino, por todo lo dicho y porque las exigencias de nuevos tiempos cinematográficos, marcados por el desarrollo de los denominados “efectos especiales”, terminaron relegando al olvido, a vagar por las tinieblas de la historia del cine, a un género con el estigma de impostor.
           Sí, sopesando motivos relacionados con el carácter, se me antojó entonces que este era un rumbo prometedor: suponía ir contra corriente, afrontar causas perdidas y frecuentar poéticas decadentes (“En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos”  resonaba Rimbaud).
            Asumí que para desmontar prejuicios y descifrar secretos habría de rehacerme a cada andanada desmitificadora. El compromiso requería convicción, la senda a seguir estaba desdibujada, pero yo conservaba en lo profundo de mi memoria y en el vértice de mi retina imágenes, y éstas me acercaban ese prurito arrebatado de infancia del que todos presumimos cuando nuestro físico nos la niega rotundamente.
            Como si de un viaje iniciático se tratara, me propuse participar de una historia pasada sin saber bien cómo, poniéndole a mi corazón freno y marcha atrás, para recalar en aquellas aventuras del Oeste vividas en el cine hacía treinta años. Y comencé por irrumpir en sus fotogramas rayados, visitando decorados mantenidos y rehabilitados por obra y gracia de asistencia, viejos y curtidos especialistas como Paco Ardura o Rafael Molina. Pero allí, el eco de voces pasadas, tan sordo como el crujir de la madera o el vaivén chirriante de sus puertas, transmitía una nostalgia fantasmagórica. Rastreé a pie algunos de los desolados parajes, ramblas, desfiladeros e incluso dunas de la geografía hispana por donde transcurrieron aquellas emocionantes galopadas, adornadas por el énfasis musical de Ennio Morricone, en busca de vestigios de antiguos ranchos, fuertes o minas abandonadas, pero entre la ventisca encontré ruinas y, en el peor de los casos, una magnificente soledad. E intenté capturar encuadres, localizaciones y realizar comparativas de escarpados perfiles paisajísticos mudados por la desgaste del tiempo (emulando -dicho sea de paso- la pericia de Carlo Gaberscek), aunque sólo alcanzara a ver y reconocer cuando cerraba los ojos.
            Y lejos de estar vacío en espíritu por tan sutiles hallazgos, me propuse -costase lo que costase- averiguar el paradero de aquellos héroes impertérritos y villanos despiadados que en algún momento, por exigencias del guión, tuvieron que abandonar aquel territorio, para colgar -como confesara Robert Hundar- el cinturón y el Colt en un clavo cercano a la puerta de sus casas. Aquella generación maldita de actores de rostro y de raza. Y sí, aunque no eran pocos los que habían quedado ya en el camino -y no precisamente abatidos por las balas-, encontré a otros soportando el anonimato con frágil dignidad y con el consuelo de estar vivos, pero derrumbándose en gratitud ante la simple y sincera manifestación de admiración. Lamentando y maldiciendo los derroteros de una industria que les fue olvidando al dar la espalda a ese género en el que terminaron encasillados. Ni siquiera esa experiencia, que fue un auténtico descenso a los infiernos, resultó prosaica o decepcionante, pese a asistir a sus anécdotas adulteradas y olvidos no deliberados, a sus rencores y rivalidades no disimuladas, a sus achaques y cicatrices mal restañadas. La silicosis que arrastraría de su primera época de minero, nunca fue impedimento para que un septuagenario Frank Braña presumiera de sus 17 fracturas acumuladas por saltar del caballo y realizar acrobacias y machadas propias de un actor que siempre dio la cara al riesgo, a la profesión; sin embargo, la traiciones sufridas le devoraban el hígado cada mañana.
           Aquel universo en el que la ficción y la realidad estaban tan engarzadas, que resultaba en sus arrabales, en sus reliquias, entre bastidores tan desconcertante y decadente a la par que apasionante, era el Spaghetti Western en estado puro. Extinto pero presente. Contenía definitivamente una arrebatadora carga poética, más allá de lo que intuí al comienzo del camino, a la que no pude resistirme. Y según lo previsto, me entregué a ese intento particular de rehabilitación a través del relato de lo que fue, de lo que fueron y de lo que dejó en mí. No obstante, cuando ya, reconfortado por el esfuerzo, se imponía el regreso, en aquel rojizo atardecer de la última página, sentí que había tenido que pagar un precio, el de haber latido tan cerca: aquella emoción vibrante, ingenua, contagiosa y vital que para mí había destilado el western desde su ficción, terminó por transformarse en taciturna melancolía. Quizá también atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más escéptico y reaccionario.

 

             Pasados –como dije- dos años de aquella experiencia, tengo la fortuna de asistir como espectador de excepción, a esta nueva propuesta literaria de revisitación, que nos asalta con una consigna determinativa, “Vivo o muerto”. Un título que nos invita a frecuentar una vez más -desde la imaginación- aquella poética, a riesgo de hacernos partícipes de su decadencia y de una épica marcada por el exceso, la precariedad y el desafío de la existencia: Si estas vivo, dispara, de otra forma prepárate la tumba.
         “Vivo o muerto” proclama rotundamente, como en aquellos pasquines de SE BUSCA, la reivindicación de esta temática de la única forma posible, desde la dualidad  de un universo primario y salvaje en el que todo se divide o se encuadra en dos categorías. Si a esos extremos añadimos algunos de los rasgos distintivos del temperamento latino, tales como la pasión o la venganza, estos cuentos del Spaghetti Western prometen acercarnos el aroma y la aventura de una frontera no muy lejana, sin dejar a nadie indiferente.
            Por experiencia sé que no es fácil evocar y recrear con palabras un mundo que apenas necesitaba de ellas, tan elocuente en sus primeros primerísimos planos, en su laconismo sentencioso, en su aridez, en su letárgica desolación. Pero, la prosa luminaria de esta obra coral nos concede nuevamente la magia de sus imágenes y de su iconografía, proponiéndonos diversos caminos a seguir más allá de la realidad (también con historias posibles detrás de las bambalinas).
           Un regalo, en fin, que incita a quienes dormitamos con el sombrero calado hasta las cejas, a alzar la mirada, con lánguida cadencia, hacia ese nostálgico horizonte por donde siempre se pone el sol.

 

 

Anselmo Núñez Marqués

 

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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AVISOS DE DERROTA, de OSCAR SIPÁN

Oscar Sipán es un fabulador nato, un hombre nacido para crear ficciones, una persona acostumbrada a ver la realidad con ojos de escritor, a deformarla, a divisarla desde perspectivas inusuales.
Hace un tiempo tuvo un gravísimo accidente de tráfico que le hizo replantearse su vida. Podría haber muerto y no hubiese hecho nada de lo que en verdad deseaba haber realizado. A partir de ese momento decidió apostarlo todo por lo que en verdad le llenaba: la literatura. Se dio un margen de un año para lograrlo. Hace ocho años de ello y, hasta ahora, está viviendo su sueño.
Oscar Sipán es un escritor clásico, hecho a sí mismo a base de lecturas, capaz de sacarle punta a cualquier tema porque tiene la facultad de ver más allá de lo que realmente hay en una realidad. De esa realidad, su realidad, obtiene el material de sus cuentos.
Avisos de derrota, su nuevo libro de cuentos surge de lo que el denomina tsunami sentimental, una ola gigante que arrasó su vida de nuevo hace dos años. Por eso el desamor presente en la mayoría de los relatos. Por eso los cuentos de Oscar Sipán contienen gotas de la esencia de su alma. Un alma buena, inquieta, que continuamente se cuestiona el mundo que le rodea. Los relatos son, de alguna manera, un exorcismo.
Contiene cuentos dotados de realismo mágico, como Il mondo mio, La jaula de Faraday, El sonido de matar y el sonido de morir o Memento mori. Son cuentos que nos muestran la realidad paralela, en la que introduce al lector con naturalidad, de modo fácil. Con lo complicado que es hacer parecer fácil lo difícil.
Tiene cuentos esféricos, con final cerrado y que golpean la mente del lector; y cuentos abiertos que dan que pensar. Trasciende una documentación propia de las personas curiosas, que le lleva a descubrir la chispa de inicio del relato, la semilla que lo contiene en su totalidad, que se revela en su cabeza.
La jaula de Faraday es una ficción preciosa que parte de alterar en un momento determinado la realidad de un suceso verídico. Nelson Marra gana un premio literario con el relato El guardaespaldas, cuyo personaje es un torturador de la policía política en un país latinoamericano. Juan Carlos Onetti es miembro del jurado que lo premia. La situación política del momento es complicada y la dictadura uruguaya se refuerza con el miedo. El 9 de febrero de 1974 Nelson Marra es detenido por haber escrito el relato. No será liberado hasta 4 años después, torturado, marcado para siempre por un cuento. Una vez en libertad, se exilia, primero en Suecia y luego en Madrid. Onetti es capturado en la misma fecha, por ser jurado de un premio literario que otorga el premio a Marra, y es liberado el 14 de mayo de 1974. Se exilia en España. Sipán altera la realidad y utilizando a Onetti como personaje, no premia el cuento de Marra. A partir de esos hechos surge la ficción. Es un homenaje a Marra y a Onetti, y me atrevería a decir que es un homenaje a la libertad de expresión y al poder de la literatura, a esa facultad que tiene la ficción de hacer ver la realidad, porque sin la ficción la realidad no existiría, como el yin no existe sin el yang, como no se comprende la bondad si no se opone a la maldad.
Otro relato en el que Sipán parte de hechos reales y circunstancias vividas es El dios de las camareras, con el que abre el libro. Aquí aprovecha un viaje en la búsqueda de los restos que queden en Moraira del escritor Chester Himes para narrar un desamor. Pero es más que eso. Sipán se muestra otra vez metaliterario, habla de lo que le gusta (la literatura) y de lo que le llama la atención en este mundo de lo narrativo, y todo eso lo adereza con una gota de su alma, porque esa historia de desamor es muy posible que sea la suya o se le parezca.
El sonido de matar y el sonido de morir es uno de mis relatos preferidos. Utiliza el flash back, alterando los tiempos reales de la narración y muestra un Sipán mágico que se repite en otros muchos de estos cuentos. En Cuarenta días de niebla, utiliza la misma técnica y cierra el relato de modo magistral.
Estamos, pues, ante un libro muy recomendable, con un autor asentado en una poética del cuento firme pero que no desdeña experimentar con distintas técnicas para lograr el objetivo de asombrar al lector. Un libro de cuentos que rinde homenaje a la literatura, a la magia de la ficción, y que se sedimenta en un desamor vívido que impregna casi todos los relatos.

Ya saben, hacer fácil lo difícil.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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La dama del sueño y otros relatos (Wilkie Collins)

La dama del sueño y otros relatos (Wilkie Collins)

En la dama del sueño se recopilan cuatro relatos que basculan entre los fantasmagórico y lo misterioso. Tres de ellos ya aparecían en La reina de corazones. 
La dama del sueño. Es un relato excelente, con una gran atmósfera de pesadilla, y un personaje principal sin suerte que parece abocado a no poder dormir por la incertidumbre de ser encontrado por una mujer que primero fue un sueño.
¡Volar con el bergantín! Mi relato favorito de los cuatro. Es un impresionante relato de suspense y tensión, un hombre atado y amordazado en la bodega de un barco, rodeado por barriles de pólvora, con una vela que se va consumiendo poco a poco. Un relato conciso, que va in crescendo y que es capaz de hacer sudar al lector. 
Fauntleroy. Es el relato que menos me ha gustado. En una pequeña reunión se cuenta la verdad sobre un hombre, Fauntleroy, que es tomado como ejemplo de villano. Es de esos relatos que se disfrutan al recordarlo más que al leerlo, cómo y por qué realizó todos aquellos sacrificios por una persona, cómo soportaría la visión que tenían lo demás de él.
La mano muerta. Otro gran relato de suspense con toques de terror. Un hombre se aloja en una posada en la única habitación libre. En la cama de al lado, un cadáver. Y fuera, la lluvia. Wilkie Collins es un maestro en jugar con los elementos de la naturaleza y unirlos a la acción. El relato tiene un gran tono de suspense y miedo, por momentos me recordó a Poe.
En resumen, un “pequeño gran” libro de relatos y un ejemplo de por qué a Borges le entusiasmaba la obra de Wilkie Collins. Sami, muchas gracias por el regalo. Me han entrado ganas de volver a los clásicos…

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La Isis Dorada (Jorge Magano)

Jaime Azcárate, harto de trabajar en las catacumbas de la biblioteca del CIH (Centro de Investigaciones Históricas) ve el cielo abierto cuando se entera de que una ex compañera de la universidad dirige la revista "Arcadia". Acude a pedirle un empleo y ella le pone a prueba, quiere un artículo. En busca de la historia que le consiga un trabajo fijo que le permita conservar su buhardilla y la independencia paterna, el joven comienza a investigar los destrozos que se han realizado en algunas tiendas de reproducciones egipcias.

Al comenzar la novela se puede tener la impresión de estar ante una aventura de Dirk Pitt, puesto que el autor sigue la misma estructura que Clive Cussler: un capítulo situado en un pasado lejano y exótico (522 de la Era Cristiana, en que se "pierde" un gran tesoro), un segundo mucho más cercano (Madrid, 1970, con la llegada del templo de Debod), y el tercero y definitivo en la Navidad de 2007, aunque las similitudes acaban ahí.

En el apartado "técnico" cabe señalar cierta falta de revisión que deja en el texto muchos gerundios, palabras que se repiten (y no siempre de la forma deliberada – y algo cansina por la reiteración – que se permite el autor en plan irónico) y alguna que otra rima (supongo) involuntaria.

También se advierte que en el texto se alternan, a veces en una misma página, varias frases hechas con otras tantas expresiones ingeniosas.

El autor recurre a "avisar" de vez en cuando que va a pasar algo ("… tampoco sabía que hacía casi cuarenta y ocho horas que había fumado el último cigarrillo de su vida", pág. 81, y otras), truco que personalmente encuentro algo burdo.

También utiliza otros métodos clásicos de crear expectación, como acabar un capítulo en un momento de cierta intensidad para comenzar el siguiente con otros personajes o comentando otro tema, y consigue encontrar el equilibrio adecuado entre lo que es crear interés y enrollarse demasiado, además de relatar cosas que vienen a cuento o son divertidas, por lo que no da la sensación de engaño o que sea texto de relleno.

En cuanto a los personajes, la arrolladora personalidad del protagonista destaca por encima del resto (un perdedor adicto a las bandas sonoras de películas, a los enigmas egipcios y a las mujeres misteriosas), que quedan algo desdibujados, aunque se nota que el autor ha tratado de diferenciarlos. En algunos casos mediante coletillas en su forma de hablar, como la frase "¡Vete al traste Jaime Azcárate!" (Ingrid) o la palabra "compi" (Fidel) además de por cómo se comportan.

En una historia donde hay buena cantidad de personajes femeninos de relevancia (Iratxe, Ana, Laura Rodríguez, Amelia Campillo…) se agradece que, pese a que casi todas son jóvenes y bellas (excepto doña Consuelo y Begoña Gil Redondo, quizá…), se les dote de sentido del humor, ironía, inteligencia y que no caigan rendidas a los posibles encantos de Azcárate.

La trama es clásica a más no poder: un grupo de personajes en busca de un tesoro, otro grupo (este de villanos) que quiere lo mismo, algún que otro asesinato, misterios, enigmas anclados en el pasado que nadie hasta ahora ha conseguido resolver y un decepcionante desenlace (de la aventura – ¡Ay, Fidel!, qué buen candidato a Giordino… -, no de la novela) que no huye de los tópicos del género sino que los enriquece con ingenio.

Es este humor que invade casi toda la historia (excepto un par de capítulos históricos -19 y 20, creo-, aunque después hay un cierto bache que remonta cuando comienzan a resolver las pruebas) lo que diferencia esta de otras novelas del género, sobre todo por lo inhabitual que es contar una historia de aventura y misterio en clave de humor irónico, a ratos surrealista y absurdo, que le da personalidad y la diferencia del resto.

Utilizando ese mismo tono, el autor se permite cierta crítica más o menos sutil hacia las religiones y su capacidad de manipular a las personas y la realidad, y cómo se puede influir a las masas distorsionando la realidad.

También se agradece el humor en los capítulos "asensianos" (la resolución de enigmas al estilo de Matilde Asensi aunque mejor relatados y más comprensibles) y el homenaje/guiño (o lo que sea) a "El Señor de los anillos" de Tolkien (final del cap. 40 y comienzo del 41).

O los encuentros de Jaime con "Fofito", con Vir y Luis y más personajes divertidos y excéntricos.

En resumen, una novela entretenida, ingeniosa, divertida, que intenta no ser convencional y apartarse, mediante el humor inteligente, de las normas del género.

Por cierto, la alusión a Malena Gracia (dos veces) y la pitonisa Lola (curioso, yo me había imaginado justo así a Begoña Gil Redondo) puede suponer una dificultad de adaptación ante eventuales traducciones a otros idiomas.

http://reginairae.blogcindario.com/2007/06/00435-la-isis-dorada-de-jorge-magano.html

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La espiral del silencio (Elisabeth Noelle-Neumann)

Este libro causó una importante repercusión en los estudios de los efectos de los medios de comunicación de masas, y a un nivel más general, del proceso de formación de la opinión pública en factores relacionados con el comportamiento del voto. La tesis fundamental del libro defiende que los efectos de los medios, y en general la influencia de lo que es considerado socialmente bueno, sobre los individuos son mucho más considerables de lo que se pensaba. Hasta el advenimiento de la Teoría de la Espiral del Silencio, los estudios sobre los efectos de los medios se centraban en investigaciones a corto plazo, basadas en encuestas, que concluyeron que la capacidad de los medios para influir en el cambio de opinión de la gente era muy liviana, y el modelo clásico de la teoría de la opinión pública había defendido que el proceso de formación de la opinión dependía de la interacción de los individuos libres e ilustrados en un proceso de debate público, a través del cual se llegaba a acuerdos, con la ayuda de la prensa, que era vista como la voz del público.

Con la Teoría de la Espiral del silencio, esta visión de la opinión pública sufre un cambio. Apoyándose en una serie de encuestas, la socióloga alemana descubrió que en los procesos de formación de la opinión pública influía mucho la percepción que tenían los individuos de lo que estaba bien considerado, es decir, que las opiniones “buenas” tendían a cosechar más apoyos explícitos de los que en un principio tenían y las minoritarias (o percibidas como tales) quedaban aún más minimizadas, en un proceso de “espiral del silencio”. La opinión pública es definida como control social, un proceso en el que la gente contribuye a la formación de opiniones siempre que estas sean bien vistas, mientras que las opiniones políticamente mal consideradas acaban desapareciendo del horizonte de expectativas del gran público, y los defensores de posturas “mal vistas” acaban condenados a silenciar su opinión o a exponerse a la marginación social. Los medios de comunicación, como es evidente, contribuirían a esta espiral.

Pero basta ya de pedanterías, o al menos de tantas pedanterías, y vayamos al grano: las consecuencias de este proceso observado por Noelle – Neumann son radicales: con esta teoría se hace hincapié en la importancia de los efectos a largo plazo de los medios de comunicación. Si nosotros leemos el periódico un día cualquiera y leemos, es un suponer, “Arzalluz es un joputa”, la opinión del periódico no influirá en nuestra opinión (que igual es que Arzalluz es un joputa); pero si leemos ese periódico todos los días, y leemos muchos otros periódicos, y todos coinciden en que Arzalluz es un joputa, y nuestro entorno social cree que es aún más joputa, al final acabaremos por convenir en que Arzalluz es un joputa, o si seguimos pensando lo de antes (que Arzalluz es maravilloso porque, por ejemplo, fue jesuita y nosotros también), nos tendremos que callar o exponernos a que nos digan “tú eres tan joputa como Arzalluz”. Apliquen esto a cualquier otra situación de la vida moderna (por ejemplo un entrañable pueblecito del País Vasco, con alcalde de EH con mayoría absoluta, y con la opinión generalizada de que no pasa nada por exterminar españolazos) y se pueden imaginar que la teoría se sustenta en hechos.

Además, hemos de tener presente que Noelle – Neumann no es una investigadora cualquiera, sino una investigadora alemana, con toda la carga de seriedad, rigor y constancia que ello supone. Si Noelle – Neumann se hubiera dedicado a construir tanques estamos seguros de que habría sido enormemente eficaz, y lo mismo ocurre con su teoría, que está basada en pruebas consistentes. ¿Imposible encontrarle puntos flacos? Para nosotros es posible que sí, pero de investigadores alemanes está el mundo lleno, y un investigador aún más serio, riguroso y constante que Noelle – Neumann, en suma, mucho más pesado y aburrido (por increíble que pudiera parecer), Jürgen Habermas, defensor del modelo clásico de la opinión pública, se enfrentó en una agria e interesante polémica con la socióloga alemana a lo largo de los años 70. Afortunadamente, aquí estábamos demasiado ocupados enterrando al Tío Paco y no nos llegó eco alguno de la controversia; de hecho, no nos llegó eco alguno tampoco ni de Habermas ni de Noelle – Neumann hasta mucho después, con dos cojones, como debe ser.

La principal crítica que se le puede hacer a Noelle – Neumann es su obsesión por el empirismo, por las encuestas. Para alguien que no cree en absoluto en lo que dicen las encuestas, como el que esto escribe y como cualquiera de Ustedes el día después de cualquier proceso electoral, fundamentar una teoría casi exclusivamente en los datos empíricos puede ser arriesgado. Al menos, Noelle – Neumann no cae en el absurdo entusiasmo de los yanquis por basarlo todo en encuestas (lo que les evita el funesto vicio de formular hipótesis, teorizar y, en líneas generales, pensar algo), pero la teoría sigue mostrando flancos débiles por ahí.

La estadística, esa gran ciencia que afirma que si yo tengo 100 millones de pesetas y 99 de Ustedes ninguno, cada uno tenemos un millón. Afortunadamente para mí, por mucho que la estadística diga lo que le dé la gana, soy yo el que sigue teniendo los 100 millones (aunque por desgracia esto sólo sea un ejemplo hipotético sin ninguna base real, que si no ¿se creen Ustedes que yo me leería estos tostones en lugar de disfrutar del Spanish way of life, asistiendo a saraos y conspirando con / contra el felipismo?).

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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