Las aventuras del valeroso soldado Schwejk (Jaroslav Ha?ek)

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona imperial austríaca fue asesinado en Saravejo por un nacionalista serbio dando comienzo en la práctica, la Primera Guerra Mundial. Ese mismo día comienza igualmente Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, libro que narra las aventuras (y desventuras) del soldado Schwejk en esta contienda.

La Primera Guerra Mundial supuso el comienzo real del siglo XX, que hasta 1914 había continuado con la dinámica del siglo anterior. Los horrores de una guerra deshumanizada que afectó tanto a civiles como a militares, el nacimiento de la Unión Soviética y las revoluciones consiguientes. los fascismos, la tecnificación de la sociedad son sólo algunos de los nuevos rasgos que definirán este siglo. Pero también, la Gran Guerra supuso el fin de una época, de un modo de entender las relaciones internacionales, la estructura de los estados, etc. Nada como el final del Imperio Austrohúngaro ejemplifica mejor este derrumbe. La monarquía austriaca agrupaba diferentes nacionalidades (checos, bohemios, húngaros, austriacos, ..) que ya desde finales del siglo XIX trataban de abrirse paso y consolidarse como realidades jurídicas independientes y soberanas a todos los niveles, tanto cultural como político.

Por ello no es de extrañar que el comienzo de la guerra fuera acogido con tremendo desentendimiento por parte del pueblo checo, que se vio inmerso en un conflicto con el que nada ganaba y mucho perdía. El reclutamiento obligatorio llevó a muchos checos a los campos de batalla en defensa de un Imperio con el que no se identificaban y que usaba como lengua oficial el alemán con claro desprecio del resto de lenguas nacionales. El propio Hašek participó en la guerra, primero como soldado del ejército austriaco para desertar posteriormente y pasarse a las filas rusas donde se integró en una unidad militar formada por desertores checos. El fin de la guerra trajo consigo la caída del Imperio Austrohúngaro y la proclamación de la República Checa.

Y es en este momento, cuando el nuevo Estado comienza a dar sus pasos y la nación checa aprende a ser libre y dueña de su destino, cuando Hašek comienza a inicia la escritura de este libro. Los lectores contemporáneos del soldado Schwejk pudieron disfrutar de la enorme carga política que rezuma la obra. Los mandos del ejército austriaco son mostrados como maniáticos, borrachos, indolentes, incapaces o, simplemente, locos; su organización militar es caótica y nada consigue resultar como se planea: los transportes militares se extravían, la intendencia es corrupta, la formación de los oficiales es nula, el sistema de claves es risible y las altas instancias son incapaces de situar la línea del frente en un mapa. Todo ello es descrito por Hašek bañado por una ironía tal que, en lugar de rebosar crueldad y ánimo de revancha, destila comicidad.

La novela se iba publicando por fascículos según iba siendo escrita. Hašek se instalaba en cervecerías y tugurios sin parar de beber y escribir. Cuando completaba unas páginas las leía a sus amigos quienes se morían de la risa según oían las locuras extravagantes del buen Schwejk. Muchos personajes populares de la Praga de entonces aparecen retratados en la novela (con cariño o saña, según la estima que les tuviera el autor). Tenderos, panaderos, empleados públicos, policías, etc, desfilan por sus páginas haciendo que la lectura actual pierda gran parte del encanto que pudo tener en su día pero dejando una idea de los tipos populares checos.

En este ambiente tabernario fue creciendo la historia del soldado Schwejk hasta comenzar a ser publicada y distribuida de puerta en puerta por el propio Hašek y ver la luz como libro una vez muerto el autor. De hecho, la obra quedó incompleta al fallecer éste en 1923 en la población de Lipnice a donde se había trasladado precisamente para conseguir (sin éxito) alejarse del alcohol.

Muchas de las anécdotas y gamberradas que se cuentan en el libro fueron hechos reales de la vida de Hašek. Así, se cuenta la anécdota de un redactor de la conocida revista Mundo Animal que comenzó a inventar extraños animales como una ballena del tamaño del bacalao, a cambiar el nombre de los ya existentes o a imaginar extravagantes descubrimientos del reino animal. Por increíble que parezca, Hašek fue ese redactor calavera. También Hašek se inspira en sí mismo cuando describe la actividad de Schwejk traficando con perros que secuestra con engaños arrebatándoselos a damas descuidadas, falsificando razas o engordando el pedigrí de perros vagabundos.

Pero la novela es mucho más que un conjunto de chascarrillos populares y de una crítica a la vencida armada austriaca. Para los lectores no checos, y para los que no conocieron los sufrimientos de la Primera Guerra Mundial, el soldado Schwejk tiene aún mucho que enseñar. Tradicionalmente, esta novela se ha presentado como una inolvidable sátira antimilitarista. Los lectores ven lo absurdo de la maquinaria militar, sus métodos alienantes en los que la violencia de los oficiales con sus soldados es proverbial o cómo los abusos con la población civil son vistos como normales por la jerarquía militar. Y este discurso antimilitarista es tanto más meritorio cuanto que, en todo el libro, sus protagonistas no se enfrentan con ningún soldado enemigo, la violencia siempre se ejerce dentro de la propia fuerza austriaca, sea en luchas y disputas entre soldados de distintas nacionalidades, por parte de los oficiales, etc.

Sin embargo, el auténtico valor que hace que esta novela sea perdurable y que su lectura resulte provechosa, al margen de las concretas circunstancias históricas que la engendraron, es la fuerza de su protagonista. El libro carece de argumento como tal: Schwejk, bondadoso praguense, aquejado de tontura como él mismo reconoce y algo mayor para verse llamado a filas, acaba (fruto de su propia estupidez) enrolado en el ejército austriaco donde pasará a servir a diversos oficiales y acabará siendo ordenanza de su batallón, ocasionando el caos allá por donde pase pese a su buena voluntad y a su fidelidad al emperador. Acepta todas las tareas y castigos que le son impuestos, con franqueza (e incluso con alegría), tratando de consolar a quienes le rodean con anécdotas de su Praga natal encadenando historias hasta que se le ordena callar.

Fiel a una tradición literaria que se remonta a Cervantes y a Rabelais, Hašek hace avanzar toda la obra por la mera fuerza de su protagonista que va saltando de desastre en desastre sobre un fondo rico en detalles, personajes secundarios, reflexiones, etc. La obra carece de un plan predeterminado, es pura invención. Al igual que en las obras de los autores clásicos citados y sus coetáneos, el humor es la piedra fundamental, un humor ácido que muchas veces se asienta en el surrealismo. Las borracheras son pantagruélicas, las bofetadas dignas de gigantes, la locura de algunos oficiales, propia de un caballero andante. Hašek no busca describir la realidad, pero quiere que el lector la descubra sutilmente a través de sus palabras. Discernir las grandes verdades que esconde el discurso del estúpido Schwejk es una tarea que se impone del mismo modo en que un lector del Quijote se pregunta a menudo quién es el loco.

Schwejk nos recuerda a Sancho Panza por su figura rechoncha, su zafiedad y su gusto por la comida y la bebida, pero también por su locuacidad indominable. Donde Sancho Panza hilvana refranes con la habilidad y rapidez de un chamarilero, Schwejk recita atropelladamente divertidísimas historias de personajes de su Praga natal; no hay afirmación que escuche o pregunta que se le formule que no le remita de manera inmediata a lo que le aconteció a Zarka, empleado de la estación de gas, o a Tynezkej que había bebido agua de pantano y creía reconocer a todo aquél con quien se cruzara, o al decano que en su vejez estudiaba a san Agustín y dedujo que Australia no existía y que era una invención del diablo.

Pero, de entre tanta palabrería, uno no puede dejar de admitir que sus juicios son, a menudo, certeros y dotados de mayor cordura que los de quienes le rodean. Sancho casi nunca cede a las locuras de su señor, permaneciendo anclado en el terreno de la cordura. Por el contrario, Schwejk aúna la figura sensata y prosaica de Sancho con el romanticismo idealista de don Quijote, de ahí que su personalidad sea tan atrayente y que, en todo momento, debamos preguntarnos ante qué Schwejk nos encontramos.

El paisaje de fondo de la novela es muy rico, no sólo gracias a estas anécdotas, sino en gran medida por los numerosos personajes que siempre rodean a Schwejk. Muchos de ellos son meras caricaturas, como el teniente Dub, preocupado por el modo de imponer disciplina a sus soldados pero que siempre termina por quedar en evidencia, o el gigante Baloun, que pese a su fuerza y tamaño llora desconsolado si no logra saciar su infatigable apetito. Peculiar resulta también el voluntario de un año Marek, a quien se le encomienda escribir la crónica del batallón y que, en sus ratos libres, se dedica a redactar los gloriosos hechos de guerra del batallón que aún no han tenido lugar. También lee a sus compañeros cómo morirán heroicamente ante la indiferencia de estos más preocupados por el tamaño de sus ranchos.

Quizá el personaje más complejo de todos ellos sea el teniente Lukasch quien soporta todas las locuras de Schwejk sin apartarle de su lado, sospechamos que siente por él cierto cariño pese a los insultos que le regala a menudo. A pesar de ser un militar fiel al régimen imperial, no puede disimular su desprecio por el resto de oficiales y su incompetencia. También tiene su lado humano cuando intenta seducir a una hermosa joven casada con un hombre de avanzada edad al que claramente no ama. Sin embargo, el atolondrado Schwejk se interpondrá involuntariamente para frustrar el éxito de esta aventura amorosa.

Al igual que ocurre con otras obras de escritores checos (Yo que he servido al Rey de Inglaterra), los personajes son tratados de manera humorística y cariñosa al mismo tiempo, de manera que, pese a su crueldad, parecen completamente inofensivos. Y es en esta tradición, heredera de la corriente clásica citada anteriormente, en la que debemos enmarcar esta obra. Su lectura puede resultar tremendamente entretenida pero, entre sus páginas, de manera casual, nos asaltarán preguntas que alentarán reflexiones varias sobre muy diversas cuestiones que, sin duda, harán enriquecedor el esfuerzo de seguir a este esforzado buen soldado Schwejk.

Confieso que he leído

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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La Edad de la Inocencia (Edith Wharton)

La Edad de la Inocencia (Edith Wharton)

Un joven abogado a punto de casarse, se siente atraído por la Condesa Olenska, pariente de su mujer, en el Nueva York del siglo pasado.

Cuando empiezas a leer este libro crees que se trata de otra novela decimonónica sobre adulterios, al estilo de La Regenta, Madame Bovary y similares. Sin embargo, aquí todo es más sutil. Más bien se trata de la historia de un adulterio frustrado, de una fantasía, lo cual queda de manifiesto sobre todo al final.
La autora ofrece un retrato de los ambientes de la alta sociedad neoyorkina y de los personajes que la componen, usando una prosa efectiva, elegante y elaborada, pero sin perder la sencillez, y dotada de un cierto sentido del humor. No hay alardes vanguardistas. La historia se narra en el clásico estilo lineal. Abundan las descripciones de eventos sociales, vestidos y personajes. Se aprecia un gusto por el detalle muy desarrollado. Eso implica que la novela sea bastante visual. Hay más descripción de acciones que introspección, aunque, curiosamente, lo importante sucede en el cerebro del protagonista, Newland Archer, un joven abogado comprometido con May, que se siente atraído por la prima de esta, la Condesa Olenska, mujer mundana, a la que todos consideran excéntrica por su formación europea (y que él conoció de niña). En varios pasajes se pone de manifiesto esa oposición cultural entre Estados Unidos y Europa. El mundo americano es descrito quizás de un modo bastante amable, entrañable, aunque no exento de cierta crítica.
Newland tiene ideas progresistas sobre el matrimonio, considerado como camaradería con la mujer; pero pronto caerá en la misma rutina y convencionalismo que todos los demás. Desprecia a otros personajes masculinos que tienen amantes, y, sin embargo, él desea serlo de Ellen Olenska. La autora incide en la contradicción, haciendo que Newland busque excusas para justificar que lo suyo “es diferente”.
May arrastra a Archer al matrimonio. Parece una mujer simple y convencional, pero al final sabremos que no era tan tonta como daba a entender, y que había actuado “a sus espaldas” para lograr sus fines (la conservación del lazo matrimonial).
Quizás la introducción y la descripción de escenas costumbristas del inicio es demasiado larga. Durante muchas páginas la acción no avanza.
Un punto importante es cuando Newland inicia el acercamiento a Ellen. Ella parece mostrarse receptiva, pero sus encuentros son muy etéreos. Cuando él le pide directamente que sean amantes, ella parece reticente.
La estructura del libro es circular. Se inicia con Newland y Ellen encontrándose en la Opera (Ellen acaba de llegar de Europa, tras fugarse de la casa de su marido, un conde que le da mala vida, y está tramitando el divorcio); y cerca del final hay otra escena similar en la Opera, donde Newland recuerda la primera. Ellen acaba marchándose de nuevo a Europa, pero no con su marido.
Pero la escena más importante es la reunión que celebra May al final para despedir a Ellen. Newland, que no sabía que la condesa tenía pensado irse, ignora qué está ocurriendo. Para el lector también parece una escena trivial. Sólo treinta años más tarde llegaría a enterarse de que su mujer le dijo a Ellen que estaba embarazada, y que eso determinó su marcha, para no interferir. Todo es muy sutil; no se explica, más bien se deja a la imaginación del lector, de modo que son posibles varias interpretaciones.
Ese salto de treinta años al final del libro es lo más interesante del mismo. May ha muerto y él tiene ya hijos mayores. Uno de ellos, se lo lleva de viaje a París donde vive Ellen. Cuando le pide que suba a ver a la mujer, Newland se niega; le pide que suba él primero. Pero pasado un tiempo, el hombre se va a dar una vuelta por París. Se revela que prefiere mantener el recuerdode un amor pasado, que no era sino una ilusión, algo ideal. Ese ideal que lo llevó en los momentos más exacerbados de su pasión amorosa a desear incluso la muerte de su mujer, una fantasía que no llegó a cumplirse hasta mucho después; y como vimos, una vez cumplida, no sirvió para que él satisficiera su sueño.

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La Vida en las Ventanas (Andrés Neumann)

Net es un joven que envía multitud de cartas a una tal Marina, con quien tuvo una relación hace tiempo. En ellas va contando la vida en su hogar, su relación con Xavi, el dueño de un bar, amigo suyo, de turbias costumbres, sus amores con Cintia; además, de hacer de vez en cuando algunas reflexiones sobre la vida y el amor.

Lo más llamativo de esta novela es su estructura. Está organizada según el clásico modelo de literatura epistolar con algunas variantes, como el hecho de que no se trate de un intercambio de correspondencia sino más bien de un “monólogo”, que no recibe respuesta de la destinataria; como anécdota, el medio del que se vale Net para enviar sus mensajes es el correo electrónico. De ahí el título del libro. Las ventanas a que hace referencia son naturalmente las de Windows, a través de las cuales él ve el mundo. Al final del libro hay una escena en la que el protagonista se asoma a una ventana real, y observa la ropa tendida de sus vecinos a la vez que fantasea sobre sus vidas, el deseo de contemplar algún crimen, etc, es decir, el deseo de romper una rutina que se le hace insoportable.
Porque de monotonía y rutina se trata. Net nos desvela una vida aburrida y sin sustancia, muy común, muy típica de joven de su edad, con sexo, romances, coqueteos con las drogas, discotecas, etc. De todas formas, la novela se detiene más en las relaciones familiares del protagonista. Asistimos desde el inicio de las cartas al relato del desmoronamiento de su hogar. Padres que no se comunican, la típica hermana, adolescente rebelde, gente que se va de casa, trabajos basura donde te explotan, paseos por centros comerciales. Resulta un poco tópico y no está contado con emoción ni entusiasmo.
La prosa es sencilla, aunque con ciertos toques poéticos que dan al texto en algunas ocasiones poca naturalidad. Quiero decir, que sí, vale, el joven es universitario, pero se expresa de un modo que no parece muy común entre la gente de su edad. Y no solo él. Además, algunas de esas cartas son bastante largas, lo cual no encaja con la realidad del correo electrónico. Más que emails, parecen entradas de un diario bastante prolijo. También es cierto que entre una y otra parece que pasa mucho tiempo, lo cual puede hacer pensar que Net tiene tiempo para redactarlas de ese modo. La estructura me ha gustado, pero el libro en sí lo veo un poco fallido, sobre todo a la hora de relacionar la historia de la familia con la de Xavi.
El papel que juega Xavi en el relato no me ha quedado muy claro. Desde el inicio se nos muestra como una especie de artista maldito (referencias a Rimbaud, Max Estrella, Marqués de Bradomín, etc, acentúan la imagen) que regenta un bar y que debido a su mal humor va poco a poco quedándose sin clientela; cae en las drogas, incluso en la venta de sustancias ilegales. Su casa es un caos de desorden. Se supone que es el mejor amigo de Net, pero no se profundiza en la relación. Tampoco vemos por qué es un artista, qué tiene de especial.
El distanciamiento, no sé si buscado o no, es constante en todo el libro. Se cuentan cosas, algunas de ellas muy graves, sin que se refleje una emoción en el narrador-personaje.
Tal vez esta sea una de las “moralejas” de la novela: la incomunicación a pesar de contar con cada vez más medios para transmitir ideas y mensajes. Uno de los pasajes más reveladores coloca a Net ante el ordenador de su hermana, entrando en su correo electrónico y leyendo algo que él piensa que ella ha querido que lea, y por eso le ha dejado la clave a la vista. Ella no puede decírselo directamente, sino a través del email.
Es un libro digno que podría haber dado mucho más de sí.

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Antes de que te duermas (Linn Ullmann)

Antes de que te duermas (Linn Ullmann)

Karin Blom está en la cama abrazada a su sobrino Sander, al tiempo que rememora hechos importantes de su vida y de la de su familia: la boda de su hermana Julie y su posterior y fracasado matrimonio con Aleksander; la vida de su abuelo Rikard en Nueva York, el regreso de su familia a Noruega, sus novios, la muerte de familiares, sus novios…

Esta es la primera novela de Linn Ullmann, hija del director de cine sueco Ingmar Bergman y de la actriz noruega Liv Ullman.
Escrita con una prosa limpia, lírica y con aires mágicos, y narrada en primera persona y en presente, la novela fluctúa entre la realidad y la ficción. La narradora, Karin, una joven muy suya, que se confiesa mentirosa, va desgranando sus recuerdos y las historis que le contaron sobre sus parientes más antiguos, introduciendo grandes dosis de fantasía. Esto crea algunas situaciones surrealistas como cuando narra su relación con Carl, un joven que tenía unas botas mágicas que jamás se quitaba, y que se transformó en pez, al quitárselas por primera vez o sus impresiones al ver el rostro operado de su madre. Tampoco se respeta el clásico orden cronológico. La narradora va saltando del pasado al presente continuamente, de las historias de unos personajes a otros. Karin, por cierto, es un personaje peculiar que cuando se proponer seducir a un hombre no ceja en su empeño para lograrlo, aunque no retiene a los novios durante mucho tiempo. A lo largo de la novela abundan las situaciones irreales con las que la autora trata de reflejar diversos aspectos de la vida familiar o de pareja. El tono es muy intimista, frío, nórdico, fabuloso, triste y como deprimido, desencantado. El tema se presta a ello. Se profundiza en los sentimientos de los personajes, que sufren muchísimo con el desamor, llegando algunos de ellos a intentos de suicidio. Pero no está contado con pasión, aunque en algunos momentos (pocos) sientes el desgarro de los protagonistas.
No está mal escrita. La autora tiene ambición y estilo, y está considerada una de las escritoras noruegas de más proyección. Aunque con esos genes artísticos… lo tenía fácil.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/02/00099-antes-de-que-te-duermas-de-linn-ullmann.html

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Lágrimas de luz (Rafael Marín Trechera)

Lágrimas de luz (Rafael Marín Trechera) 



Mis primeros contactos con la ciencia ficción escrita fueron las novelitas pulp que publicaba Bruguera. Los autores que más recuerdo fueron Clark Carrados, Curtis Garland, A. Thorkent, Kellton McYntire, Ralph Barbie, Glenn Parrish. Como tenía nueve años de edad, y en ese entonces el mundo era ancho y ajeno, suponía que dichos autores eran, como sus nombres lo sugerían, estadounidenses o ingleses.

Como (casi) todos sabemos, dicha suposición es errónea. Clark Carrados se llama en realidad Luis Gonzáles Lecha, A. Thorkent es Angel Torres Quezada, y de los otros ya no recuerdo los nombres. De gringos nada: españoles de los pies a la cabeza. Chapetones pues. De los que desayunan churros y dicen ¡hostias!

¿Y por qué esos seudónimos tan ánglófilos? Lo más probable es que las editoriales de esos tiempos, igual que los estudios cinematográficos, tienen el gran objetivo de VENDER sus productos, y los directivos pensaron que un autor con nombre supuestamente anglosajón vendería más libros que uno con nombre hispano. No es una mala idea, ¿ o ustedes creen que Clark Gable, Cary Grant y demás realmente se llamaban así?

Lo malo de esta práctica es que, si bien tal vez no lo creó, reforzó un prejuicio: que los hispanohablantes no podíamos producir ciencia ficción. Si el autor era español, debía escribir sobre la guerra civil . Si era sudamericano, sobre el realismo mágico. Pero de ciencia-ficción, nada.

Lo confieso, yo también fui víctima de este prejuicio. Cuando en Perú se vendieron las ediciones de Orbis, ignoré los títulos cuyos autores eran Rafael Marín Trechera, Gabriel Bermudez Castillo, Domingo Santos, Manuel de Pedrolo y algún otro que no recuerdo, lo cual ahora lamento profundamente, por que esa colección no volvió a imprimirse.

Y es que con la internet, vine a enterarme que los hispanoamericanos también escribían ciencia-ficción, y muy buena por cierto. También me enteré, mal de muchos consuelo de tontos, que en otras latitudes (incluida la propia España) el prejuicio anti autores hispanohablantes seguía existiendo. Y me enteré también que, gracias a "Lágrimas de luz", el prejuicio que tan reiteradamente he mencionado estaba en retirada. Bueno, tal vez no únicamente gracias a la novela en mención, pero creo que es la más destacada en ese sentido. Al menos, así lo deduzco por lo que he podido leer en la internet. Si acaso me equivoco, me encantaría que me corrigieran.

Los comentarios que pude leer respecto a la novela eran mayoritariamente elogiosos. ¿Habría algún error, algún caso de "amiguismo" como suele suceder en nuestro medio peruano? La reedición de "Lágrimas de luz" por la editorial Gigamesh confirmó que no se trataba de un "clásico" inflado o de una obra del montón, sino de un libro que pertenece ya al colectivo de los "libros de ciencia ficción", ya sin etiquetas nacionales. Rafael Marín escribe buena ciencia-ficción, y punto.

Y yo había desdeñado aquel libro. Y no había forma de conseguirlo (en Perú, las librerías no venden los libros de Gigamesh). Pero la generosidad de Rafael no tiene límites, y tuvo a bien enviarme un ejemplar, el cual me puse a leer en cuanto rompí el sobre de envío.

La novela nos relata los avatares de un poeta, de un bardo de un futuro tan decadente que ha vuelto a una especie de medioevo con grandes masas de incultos y harapientos. En dicha sociedad, los poetas sirven de ayuda (no se sabe si a su pesar) para apuntalar dicho estado de cosas. El protagonista, Hamlet Evans, aspira a ser poeta con el fin de escapar de la Tierra y emplearse al servicio de la Corporación, entidad que mueve los hilos del universo humano del futuro. Evans inicia su aprendizaje como poeta en el asteroide Monasterio, suerte de colegio o academia donde aprende técnicas básicas de lenguaje. Al fin, es enrolado en una nave como poeta oficial (o algo así), y se inicia su peregrinar de mundo en mundo, ganándose la vida empleando su arte cantando las hazañas (y ocultando las vilezas) de los poderosos de turno, ya sean militares o meros ricachones.

El universo de "Lágrimas de luz" es despiadado. Es interesante, pero no provoca vivir en él. No hay final felíz, y uno comprende que, ya sea en nuestro planeta o desperdigada por el universo, la humanidad está condenada a arrastrar sus vicios y su violencia a la par que su tecnología y su creatividad. Los viajes espaciales y los ambientes exóticos de diversos mundos, cada uno con su fauna y sociedades bastante peculiares, nos muestran un futuro saturado, donde conceptos como libertad y felicidad no existen: sólo existe la Corporación , el poder por encima de todos, el poder del cual no se puede escapar, salvo mediante la imaginación y la poesía. Y eso, sólo para algunos afortunados. Hamlet Evans sabe que sus poemas hacen más soportable la vida a la gente, pero no la cambia ni le ofrece esperanzas de un futuro mejor. No se si eso sea un mérito o un demérito de la novela, pero esa sensación de pesadumbre – que tiene Hamlet Evans – es tan real, tan vívida, que pareciera que Rafael Marín realmente hubiera vivid
o en ese futuro.

En cierta manera, "Lágrimas de luz" me hace recordar a "Dune", que recrea un futuro medieval. Sólo que la novela de Herbert está escrita desde el punto de vista de los poderosos, de los que gobiernan, los que, pese a todos sus dramas y tragedias, tienen la voz cantante en el universo. En cambio, en el universo conocido de Rafael Marín tenemos la otra cara de la moneda: los buscavidas, los poetas, las masas sometidas, ignorantes, degradadas. Tiene sentido. Herbert es americano, y para los americanos la época medieval nos parece algo romántico y heróico, pues la conocemos más que nada por las versiones hollywoodenses. Rafael Marín es europeo, español, heredero de un conocimiento más veráz de lo que fue el medievo y de lo que significó en la historia. Y tal vez por eso no se hace ilusiones respecto al futuro, o al menos, respecto a un futuro renacer de esa forma de vida. Sabe que no hay caballeros en brillante armadura, sino opresores. No hay sencilla vida campesina, sino servidumbre. No hay gloriosas batallas, sino el sangriento saldo de guerras sin sentido.

Pero, no vaya a creerse que estamos ante otra novela que se cuelga de la moda de hacer "literatura malditista", tán fácil de imitar como de olvidar. Siendo una novela de ciencia-ficción, ambientada en un futuro distante y en universo más vasto, la tristeza y el pesimismo que impregnan la obra son producto de la comprensión de la naturaleza humana y de su posible devenir antes que actitudes acartonadas. Te fregaste, Hamlet Evans, por que tu visión del futuro es más realista que muchas supuestas visiones del presente.

Creo que el título de "Lágrimas de luz" está más que justificado para esta novela. A un universo así, no le queda otra cosa que llorar.

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