En el camino (Jack Kerouac)

 Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.

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Suave es la noche (Francis Scott Fitzgerald)

Dice mi solapa de Suave es la noche que Francis Scott Fitzgerald "ha retratado como nadie a la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras".

Si pensamos bien esta frase, creo que habría que aplicársela más bien a un buen fotógrafo profesional, a un redactor de artículos de serie b en la columna de un periódico de la época o en un grabador con piedra y cincel. Pero no en un "clásico del siglo XX" (bajotítulo de la colección). Siempre he pensado que la verdadera literatura, el "arte literario" o los "clásicos" son aquellos que sobreviven al paso del tiempo y trascienden el tema del que parten. Decir lo ut supra mencionado de Scott Fitzgerald es casi como decir de Goya que "retrató como nadie a la familia de Carlos IV durante su reinado". Los que conozcan a fondo la obra de Goya sabrán el sentido del "como nadie", pero no arroja luz ninguna en la oscura estepa mental del ignorante…

Suave es la noche no es, para mi gusto, un retrato de la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras, por más que la novela esté ambientada en dicho periodo y por más que sus protagonistas pertenezcan a ese oscuro segmento poblacional que es la clase alta estadounidense. Si así hubiese sido, no me habría encandilado desde el principio hasta el final a lo largo de 526 páginas. Cambien el título por: "Estudios inéditos acerca del comportamiento de la clase social alta estadounidense en el periodo 1914-1939". La verdad es que no creo que fuese muy interesante.

Suave es la noche es un pausado retrato del género humano, no te importe la raza ni el color de la piel. Las inquietudes, sinvivires y sin amares de los personajes son los de los seres humanos, no los de la clase alta norteamericana. Dick Diver es un hombre que, en su empalabrado camino de 526 páginas pasa de ser un joven prometedor con el futuro que desee a sus pies, a un hombre entrado en años, que no ha conseguido completar ninguno de los proyectos con que soñaba de joven y que se ve, cuando echa la vista atrás con ojos de diacrónica melancolía, como la versión errada y defectuosa de lo que fue antes. El lector asiste con él, lenta e casi imperceptiblemente a este cambio. El declive de Dick Diver se va insinuando en sus acciones, en su lenta escisión con el mundo que le rodea -y en el que tan bien se desenvolvía al principio-, en su incapacidad para acometer hazañas y enderezar entuertos al final de su vida y en el conocimiento que traba con palabras como "renunciar", "ceder", "resistir" y "soportar".

Nicole, su mujer, es una joven estupenda y maravillosa pero que estuvo ingresada en un hospital psiquiátrico durante su juventud, debido a las secuelas que en ella habían dejado los abusos sexuales de su padre. Nicole tiene dos caras: la enferma y la recuperada, que se entretejen en torno a su marido, Dick, formando una red tensa y resistente de la que él no es capaz de (querer) escapar. Nicole tiene comportamientos de pasiva-agresiva al más puro estilo Mia Farrow, pero también tiene arrebatos adolescentes, dudas más femeninas que una tienda de ropa interior, ansias de ser siempre hermosa, preocupaciones acerca de lo que los demás piensen de ella… El retrato de esta pareja es tan humano que llega a hacerse doloroso a través de las palabras.

Además, tenemos a Rosemary, la lánguida, ingenua e impávida actriz; al alcohólico señor North, a Mary la trepadora; al escritorzuelo de masas McKisco y a algún impasible americano más que pasa sin hacer ruido por el relato. Todos estos personajes, descritos y concretados hasta el más íntimo detalle, son en realidad, vehículos que Scott Fitzgerald utiliza para lanzar a la cara del lector reflexiones sobre el ser humano, descripciones preciosas y perfectas de algunos sentimientos, argumentaciones más que lógicas sobre las causas de posibles comportamientos… en definitiva, utiliza a todos estos personajes para “retratar como nadie al género humano de cualquier época”. Leída hoy, parece casi una defensa de la inmutabilidad del ser humano. Miren si no, la riqueza de las descripciones de lo que ocurre en el interior de cada ser (y qué plausibles son):

”El príncipe Chillicheff salió de su ensimismamiento –tal vez estaba estudiando una vez más las posibilidades que tenía de salir de Rusia algún día, pensamiento al que había dedicado tanto tiempo que era dudoso que pudiera abandonar de inmediato – y se dispuso a marcharse con ellos.

La trama carece totalmente de importancia, pero es el columpio que utiliza Scott Fitzgerald para mecernos en el vaivén de las decisiones que una persona cualquiera debe tomar a lo largo de su vida. Quizás soy demasiado reiterativa si digo que la novela es una linterna, una antorcha para andar entre la gente. Discutía hace poco con mi dios de las pequeñas cosas sobre si en una novela importaba más el qué se dice o el cómo se dice. Suave es la noche es el ejemplo perfecto de la fusión de ambas both cosas: el cómo se dice es totalmente relevante porque ilumina los rincones de la historia sacando de ella aspectos desconocidos, convirtiendo a los hechos en únicos por la forma en que están contados. Con Dick Diver pasa como con Raskolnikov: somos todos pero no es nadie. Y es que Scott Fitzgerald utiliza comparaciones y descripciones tan explicativas, tan lúcidas y tan gráficas para describir lo que le pasa a sus personajes que, al leerlas, uno piensa que es algo que ya ha sentido en sus propias carnes o que podría llegar a sentir (o lo siente en el instante en que lo lee):

” Siempre estaba perfectamente relajado, preparado para el combate, como ocurre con los buenos deportistas que, cuando están de suplentes, están realmente descansando la mayor parte del tiempo, mientras que alguien menos preparado hace creer que está descansando pero la constante tensión nerviosa le deja físicamente agotado.”

Y bien, se preguntará el lector de reseñas, ¿cómo utiliza don Scott Fitzgerald el lenguaje para conseguir todo eso? Aunque gusta de la frase larga, Scott Fitzgerald consigue un ritmo muy fluido gracias a la precisa construcción de las acciones: cada frase tiene sentido completo (por supuesto), pero deja abierto un interrogante que se contestará en la frase o trozo de frase siguiente.

“No es desacertado que se diga de los esquizofrénicos que tienen doble personalidad.” (y aquí el lector se pregunta por qué no es desacertado) “Nicole era alternativamente una persona a la que no hacía falta explicar nada y otra a la que nade se le podía explicar”

O bien esta otra escena:

” En cuanto salió Abe con su paso vacilante, Dick y Rosemary se abrazaron precipitadamente. Les cubría a ambos una especie de polvillo de París a través del cual percibían sus respectivos olores (…) Durante medio minuto más, Dick se aferró a aquel estado. Rosemary fue la primera en volver a la realidad. “

Como podemos ver el “en cuanto” nos remite a algo que sucederá después, así como el “durante medio minuto más” nos da la idea de que sea lo que sea lo que describe la frase que se inicia así, enseguida se verá abortado por otra cosa; es decir, nos hace albergar dos expectativas distintas. Finalmente, “fue la primera en volver a la realidad”, nos abre el interrogante de cómo volvió a la realidad, no nos deja todos los nudos atados.
Pero además, Scott Fitzgerald tiene algunas frases que parecen casi juegos de palabras conceptistas pero que en realidad, son abrasadoramente descriptivas: “tenía la arrogancia propia de los hombres altos de un país de bajos” y “no soy más que un conjunto de muchas personas diferentes, todas ellas muy sencillas” son dos de mis preferidas.

Es cierto que todos los personajes principales de la novela pertenecen a la clase alta norteamericana, es cierto que Scott Fitzgerald fue un conocidísimo juerguista en París; pero lo que no es cierto es que sus novelas sean un retrato de la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras: Scott Fitzgerald retrata al género humano de una forma certera y tan sagaz, que a veces nos duele vernos reconocidos. Es un pulidor de espejos descarnadamente reales. Por eso es un clásico del siglo XX.

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Mi idea de la diversión (Will Self)

Ian Wharton es un joven ejecutivo cuya vida está condicionada por dos hechos principales: su capacidad de memoria eidética y su relación con el señor Broadhust, que se hace llamar entre otras cosas El Gran Controlador y mago de lo cotidiano. Ian, de niño, conoció al señor Broadhust, quien lo introdujo en la magia negra y el esoterismo, aunque de un modo un tanto peculiar, obligándole a no practicar sexo con mujeres bajo la amenaza de que se le partiría el pene. Ian termina en la consulta de un psiquiatra, el doctor Gyggle, que hace extraños experimentos con drogadictos, y que le tratará de ayudar a recuperarse.
Ya a la vista del argumento, se aprecia que se trata de un libro "raro".

Está dividido en dos partes.

El libro primero redactado en primera persona y que se titula así precisamente (Primera persona) narra la vida del personaje principal, Ian, su infancia, sus experiencias en el camping de caravanas donde vivía, rodado de gitanos, con su madre, sus primos, tíos, etc, todo ello marcado por la ausencia de su padre, y el carácter fuerte de su madre, que le producía una gran atracción. También, y lo que es más importante, su relación con Broadhust, descrito de una forma grotesca, como un gordo de aspecto muy extraño, y comportamientos aún más extraños, que iniciará a Ian en rituales y prácticas de lo más rocambolesco, aprovechando ese potencial del joven como eidético. Ian, además, parece poseer la capacidad de proyectar su imaginación en mundos virtuales de un modo casi de viaje astral.

Esta parte de la novela, muy bien escrita, se lee con cierto interés, y curiosidad. Tiene ironía y algo de humor, aunque muy "sui generis". Al menos, resulta coherente, y nos permite conocer de primera mano la vida y pensamientos de Ian, y como va cayendo poco a poco bajo el dominio de El Gran Controlador.
Las dos escenas claves de esta parte son una que transcurre en un teatro, donde el susodicho asesina a una mujer con un sutil toque de su bastón-estilete, sin que nadie se dé cuenta; y la primera relación sexual o intento de ello de Ian, frustrada por la aparición del Controlador en la caravana en el momento justo. A partir de aquí todo empieza a adquirir toques de surrealismo total, de extrañeza.

Ian viaja mucho a través de su memoria eidética, llegando a presenciar escenas atroces, protagonizadas por él mismo, como el asesinato y violación de un mendigo, etc
La segunda parte, que se titula Tercera persona, también hace honor a su nombre.

Ian ha caído bajo el domino del psiquiatra Gyggle que aprovecha también su eidetismo para liberarle de sus "ideas delirantes" acerca de El gran controlador y de su frustración sexual.
Esta parte me ha gustado menos; la encuentro demasiado surrealista; se cuentan muchas cosas sin ton ni son; hay abundancia de escenas oníricas o delirantes (como las que acontecen en la llamada Tierra de las Bromas Infantiles, un lugar imaginario donde el psiquiatra hace viajar a Ian); ideas extrañas como la de la campaña publicitaria del "primer producto financiero comestible Ñam-Ñam", etc, etc.

Se me ha hecho muy pesada la lectura de la segunda parte, debido a la falta de un argumento claro y al excesivo tinte irreal que tiene todo.

El libro no está mal escrito, y remite a clásicos muy conocidos como Fausto de Goethe, aunque en ningún lugar se mencione que Broadhurst sea el diablo. Sin embargo, sus actitudes de control y deseo de manipular el alma de Ian, de empujarlo a una vida de relajación moral, lo hacen émulo de tal personaje. De hecho, también le encuentro cierto parecido, tanto en escenas como en intención como en tono, con "El maestro y Margarita" de Bulgakov. Hay escenas como las que describen el regreso de El Gran Controlador a Londres que son similares (en su esencia) a las que describían la llegada a Moscú del Diablo. La descripción del personaje, si bien en lo físico no guarda relación, sí que podría emparentarse con ese personaje de Bulgakov en su talante juguetón y burlón, y en que actúa como catalizador del descubrimiento de la inmoralidad de otros.

Porque en el libro hay una ambigüedad acerca de la cordura de Ian que hace que las lecturas sean variadas. Así que lo mismo podría ser un asesino, como un loco que imagina cosas. Esta sensación se acentúa al final cuando el Gran Controlador le revela a Ian que él fue quien mató a la mujer en el teatro y quien violó a la joven de la caravana, recuerdos que fueron luego manipulados por la moral de Ian. El reconocimiento de su posible talante criminal es tomado por Ian con gran indiferencia. En algunos párrafos se compara con un superhombre nietzscheano, por encima del bien y del mal, aunque todo desde un punto de vista bastante humorístico.

El libro, como indica el subtítulo, es un fábula acerca de la moral, del bien y del mal (eso dice la contraportada), aunque para mi gusto sobran miles de escenas, en especial en la segunda parte, está poco centrado, no hay mucho argumento, y sin embargo, sí un exceso de reflexiones que no vienen mucho a cuento. También es un libro para "interpretar", en el sentido de que hay más escrito entre líneas que lo que se muestra.

No es mi tipo de lectura favorito; me ha aburrido bastante, aunque si alguien quiere intentarlo…
http://reginairae.blogcindario.com/2005/11/00244-mi-idea-de-la-diversion-de-will-self.html

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Prólogo
(Campana vespertina.)
Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos.

Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.

Me compré este librito en Barcelona por diversas causas. Por un lado, porque no había nada de Rafael Sánchez Ferlosio desde que me leí El Jarama hace 7 u 8 años. Por otra parte, Félix siempre ha alabado muchísimo a Ferlosio "el hipotáctico", y quería comprobar por mí misma si tenía razón o era una preferencia más sentimental que otra cosa. Por último, mientras lo hojeaba, me topé con esto:

"(Acción testimonial)La comunicación ha alcanzado tal volumen y tanta preportencia, que la noticia pesa muchísimo más que lo notificado. Las noticias son más hechos, hacen u ocurren enormemente más que los hechos mismo de los que dan cuenta. Por eso, a espaldas de la noticia que hace, se ha desarrollado, como por contrapunto, la acción que dice. La acción que sólo dice, o sólo quiere decir, la que se llama "acción testimonial", no pocas veces, cruenta, es el reverso monstruoso de la no menos monstruosa prepotencia de la noticia que hace."

La verdad es que me llamó muchísimo la atención que un escritor al que yo conectaba con el valle del Jarama, los años 50 y un enrevesamiento literario de descripción de paisajes extremeños, me plantase delante de la cara una reflexión que tanto tiene que ver con lo que estudio día a día. Por otra parte, este parrafito es una reflexión que se hacen algunos profesores de mi universidad pero expresada de una manera excelsa. Así pues, este pensamiento estableció el punto de unión entre el libro y yo, pese a que, a priori, no teníamos nada que ver.

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos es un conjunto de relatos, aforismos, pensamientos sueltos como escritos en servilletas y poemas que sirve de desbrozadora de topicazos, de hacha para talar el pensamiento muerto y de polvos mágicos que desenmascaran la verdad. Son aforismos que a veces acusan, a veces se lamentan, otras veces enuncian pausadamente una verdad que nadie se atrevía a admitir; otras veces, gritan impotentes, otras se conforman con jugar con el lenguaje… Hay de todo y para todo tipo de lectores siempre que esos lectores sean amantes de la verdad sencilla y sin tapujos, enemigos del autoengaño, luchadores contra lo políticamente correcto pero inútil o engañoso, admiradores de la belleza del castellano bien usado, capaces de concentrarse en largas frases interminables y ávidos por aprender nuevas palabras y nuevas formas de ver ciertas realidades.

Es difícil dividir el libro en secciones. Sí que se puede llamar la atención sobre la minuciosa descripción de "Cuatro Paisajes Imperiales" que son la Gran Muralla China, el pensil sobre el Yang-Tsé, El Teatro Marcello de Roma y unas ciertas ruinas cantadas por Rodrigo Caro Baroja (Itálica). Lo que me llama la atención de estos paisajes es que le sirven de pretexto, o más bien, le sirven de huso en que hilar una idea moral.

Vendrán más años malos… es una miscelánea de textos que me recuerda mucho a esto de los blogs… (o quizás debería ser al revés); pero como habéis visto más arriba, o en el texto que utilicé para el acertijo; las reflexiones vienen precedidas por una señal temática. Ferlosio tiene muchísimas: "Anti-España", "Usos", "Ver y Mirar" "Ideologuemas", "La Edad de Oro", etc. El caso es que bajo estas categorías, engloba pensamientos breves y certeros,a veces con forma de poema o de relato, que producen todos la sensación de ser un chispazo momentáneo, un "cortocircuito de Azuíta", una breve iluminación sobre un asunto que antes estaba a oscuras… A veces repite los temas, otras veces no, pero como en esto de los blogs, cada idea, cada pensamiento es autónomo y libre de los demás, pero también ayuda a conformar un texto mayor, el libro entero. Se trata por lo tanto, de un texto en el que cada frase dialoga con las demás y todas ellas dialogan a la vez formando el libro. Más que un libro, una aventura emocionante de ésas que puedes empezar a leer por donde quieras…

La verdad es que no soy capaz de decidirme por alguno de los comentarios para mostrar con él lo certero del pensamiento de Ferlosio y lo bello de su expresión. Me ha encantado todo él por la limpidez de su sentido común, por lo socrático de sus pensamientos y lo sobrio (pese a las frases que se incardinan unas en otras) del lenguaje utilizado. Creo que a mi madre, gran amante de los clásicos, le encantaría este libro.

Dejo aquí algunas de estas reflexiones. Pueden resultar muy polémicas porque, a mi modo de ver, el sentido común lo es. (Que se lo pregunten a Sócrates y a su Cicuta):

"(Incitación) ¿Pero qué necesidad había, digo yo, de inventarse un delito tan artificioso como el del ultraje a la bandera? Si al acto de quemar una bandera se le quitase el carácter de delito, quedaría privado de tal modo de sentido y aliciente, que a nadie se le pasaría por las mientes tomarse la molestia y aceptar el dispendio de ir a la pañería y soltar cuarenta duros por dos metros de tela rojigualda por el vano o dudoso placer de quemarlos en la plaza. Si es verdad que las leyes penalizan un acto para evitar que se cometa, he aquí un acto con respecto al cual la impunidad o la despenalización sería mucho más definitivamente disuasoria que la pena."

No me digan que el sentido común no es muy transgresor… (no sigamos reflexionando respecto de esto porque nos podemos poner muy tristes, no sé si me captan ;-)He puesto en negrita una frase que me parece maravillosa: por la construcción, por la idea y por las palabras utilizadas. (Dispendio, dispendio, dispendio… ¡qué lindo!)

Y esta otra reflexión tan brillante sobre la palabra:

"(Palabras-fuerza). No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. […]"

Eso sí, inflamadas de sentido común están todas y cada una de las palabras de Ferlosio en este libro. Gracias, Félix.

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200503.htm

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Introducción a la Estética (G.W:F. Hegel)

Encontré este libro fisgoneando en una librería de barrio de Madrid. Me llamó la atención que sólo costase dos euros y medio y aun a riesgo de toparme con una mala traducción o con una selección de textos caótica y mal planteada, me lo llevé.

En realidad, las ideas estéticas de Hegel ocupan dos volúmenes, unas 1200 páginas; así que lo que yo me llevaba no era más que una pequeña aproximación a sus reflexiones sobre la estética, como con prismáticos, para obtener una idea general. Esta parte introductoria está formada por las lecciones sobre estética que Hegel impartió en la Universidad de Berlín.

El libro que yo me compré dice contener las ideas centrales de la estética hegeliana de forma concisa. Efectivamente, es así. La traducción, creo que muy buena, es de Ricardo Mazo.

El libro se divide en tres grandes partes, que a su vez se dividen en partes más pequeñas. Me gusta que los libros de filosofía estén bien estructurados, porque en ellos siempre es muy fácil perder el hilo del discurso, entender mal ciertos conceptos porque su univocidad no es repetida una y otra vez o aburrirse soberanamente.

La concepción objetiva del arte
La primera parte de esta Introducción a la Estética se llama "La concepción objetiva del arte". En la primera parte de este capítulo aporta unas nociones generales para que podamos entender con él cómo entiende él que debe fundamentarse una filosofía del arte, una "filosofía de lo bello", una estética.
En primer lugar, hace una serie de distinciones entre lo bello natural y lo bello artístico. Lo bello artístico es superior porque es un producto del espíritu. "Todo lo que procede del espíritu es superior a lo que existe en la Naturaleza", dice Hegel. Y es que el punto de partida de la estética es necesariamente que exista un objeto de estudio. (Es curioso, porque Heidegger, en El origen de la obra de arte también dedica una parte extensísima a hablar sobre el "carácter de cosa" de la obra de arte, se ve que es algo que preocupa a los filósofos ;-).

"Por el contrario, en la estética, por ejemplo, se presenta inmediatamente la necesidad de examinar una tras otra las diferentes concepciones de lo bello, de pasar revista a los diferentes puntos de vista y a las diversas categorías que han sido aplicadas a lo bello, de analizarlos y, confrontándolos por medio del razonamiento con los hechos y datos que poseemos, de intentar extraer el concepto y obtener así una definición de lo bello".

A esto se quiere dedicar Hegel para establecer su filosofía de lo bello.

Posteriormente, se defiende contra las posibles objeciones que se pueden oponer al intento de construir una filosofía de lo bello. Entre ellas, puede encontrarse la indeterminación del concepto de "lo bello", debido a la variedad de cosas bellas. Para evitar esto, dice Hegel que basta con dominar "las formas concretas" de los objetos bellos, o sea, de las obras de arte, y extraer la regla general, es entonces cuando podemos comenzar a elaborar una teoría del arte. Una vez que se ha procedido a todas las eliminaciones de formas concretas necesarias, Hegel encuentra una determinación general en el arte:

el arte estaría destinado a despertar en nosotros sensaciones agradables para la creación de fomras que tengan la apariencia de la vida".

Otra característica que encuentra Hegel en las obras de arte es que su belleza se dirige a los sentidos y que esta belleza emana de la libertad de producciones y formas: "con la creación y la contemplación de las obras de arte nos libramos de las trabas de las reglas y los reglamentos". Esto explica también el hecho de que haya tal variedad de objetos bellos. Esta variedad, además, según Hegel invita a creer en la existencia de un instinto para lo bello. Hegel se enfrenta también con otras trabas para hacer una filosofía del arte, pero las va solventando con dignidad ,-) La justificación de hacer una filosofía del arte frente a una ciencia del arte, le obliga a Hegel a hacer una definición de arte. Me encanta esta parte, porque en ella, Hegel se va adentrando en materia cada vez más oscura y resbaladiza, cuando trataba de dar respuesta a una pregunta que no parecía ser tancompleja. Pero con la navaja de desbrozar conceptos, se mete en la selva de lo estético y nos va aclarando poco a poco qué es el arte. Contra la posibilidad de una ciencia del arte, Hegel esgrime el argumento de que el arte es del reino de la apariencia y de la ilusión. "El arte crea apariencias y vive de apariencias". Pues es verdad, ahora, que para Hegel eso no supone ningún inconveniente, puesto que la esencia de las cosas, siempre debe aparecer, por lo tanto, la apariencia es algo esencial de las cosas.

La apariencia del arte, sin embargo, no es una apariencia cualquiera. El arte tiene una existencia que está hecha de apariencias. Y si lo que buscamos en el arte es la verdad (dice Hegel), la apariencia del arte tiene que ser tal que nos haga superarla y alcanzar esa verdad, porque el arte "pone en nuestra presencia un principio superior". Así pues, bien pensado, el arte es un conjunto indisoluble de concreción y abstracción. El arte es una representación sensible (destinada a los sentidos) de las cosas abstractas (destinadas al pensamiento). Tiene un alto destino, que es expresar lo divino, las necesidades y las exigencias más elevadas del espíritu.

Hasta aquí, todas las ideas del arte (mucho mejor hiladas de lo que yo las he presentado aquí, of course, no le vamos a negar a Hegel su mérito 😉 Lo malo es que esta primera parte de la primera parte (viva Groucho!) acaba hablando sobre la muerte del arte y la conversión del arte en Historia. Supongo que estas son ideas que Hegel ha desarrollado más en otras partes de su obra estética; aquí apenas ocupan cuatro párrafos, pero para saber más, se puede leer El aprendizaje de la decepción, de Félix, en el que se dedica un capítulo a explicar la muerte del arte.

El siguiente capítulo se llama "Las ideas corrientes relacionadas con la naturaleza del arte" y en él se ocupa de derrumbar algunos de los lugares comunes que la historia ha ido forjando con el arte. Entre ellos, destacan el de "imitación de la naturaleza", con una argumentación preñada de lógica que es una delicia de leer; o el de la supuesta tarea moralizadora del arte. También habla sobre el "Despertar del alma" que el arte trae consigo. Nuevamente, las argumentaciones que se ve obligado a utilizar para deshacer las madejas enmarañadas desde Aristóteles le obligan a ir despejando el camino hacia el concepto último del arte. Así, aquí explica la necesidad de que la forma y el contenido sean una fusión y de que se correspondan, o explica cómo ha de ser el arte para cumplir con su función de "despertar el alma":

"El arte utiliza la gran riqueza de su contenido, por un lado, para completar la experiencia que tenemos de nuestra vida exterior y, por otro, para evocar, de una forma general, los sentimientos y pasiones que acabamos de enumerar, a fin de que las experiencias de la vida no nos encuentren insensibles, de que nuestra sensibilidad continúe abierta a todo lo que ocurre fuera de nosotros."

Así pues, contemplar el arte es una manera de crecer.

Y así llegamos al fin de la primera parte.

Las teorías empíricas del arte
La segunda parte se llama "Las teorías empíricas del arte". Primero hace un resumen de las "Ideas relativas al arte", donde ya deja claro desde un principio que las obras de arte son producciones humanas; que están dirigidas a los sentidos y que tienen un fin particular.

Para hablar sobre la primera cuestión, la del carácter humano de la obra de arte, o sea, un carácter no natural, Hegel utiliza conceptos como los de talento y genio y habla de que, al tratarse de una obra del espíritu, está hecha para perdurar porque es un objeto que representa "la verdad imperecedera de los acontecimientos", pero siempre mostrándolos en la forma de un acontecimiento particular. Por otra parte, esta verdad imperecedera atañe al hombre mismo porque le habla de sí mismo, y esto convierte a la obra de arte en necesaria para la formación del hombre.

Además, Hegel también entra en consideraciones sobre la postura del receptor; cómo es percibida una obra de arte, qué parte del hombre se pone en acción cuando contempla una obra de arte, qué diferentes actitudes hay en la obra. Así, no deja ninguno de los elementos del proceso artístico sin estudiar: el talento necesario y el hecho espiritual que hablan del emisor; la materia y contenido de las obras de arte y el comportamiento del receptor.

En la segunda parte de este segundo capítulo "La ciencia del arte", Hegel hace un repaso de diferentes concepciones históricas de la estética, el arte y el proceso creador y las revisa, al tiempo que analiza con detalle algunas definiciones para poder incorporar elementos de ellas, una vez aclarados, a sus ideas. Lo bello acaba siendo una conjunción de un elemento interno, el contenido y su adecuación con un elemento externo, el modo de presentación de ese contenido.

La tercera parte del libro habla sobre "El arte desde un punto de vista filosófico" y continúa haciendo una revisión de diferentes planteamientos estéticos desde Kant a Schiller o Goethe.

Finalmente, el resumen "Plan General de la Obra" Hegel hace un repaso sobre las distintas épocas artísticas desde el arte clásico grecorromano hasta el romanticisimo, así como también se adentra en el estudio de las distintas manifestaciones artísticas, desde la arquitectura y la escultura hasta la música. Trata de encontrar en todas estas manifestaciones las ideas que ha venido expresando. Y vaya si lo hace.

"La tarea del arte consiste en hacer que la idea sea accesible a nuestra contemplación bajo una forma sensible, y no bajo la del pensamiento y de la espiritualidad puras en general, y que esta representación saque su valor y dignidad de la correspondencia entre la idea y su forma, fundidas juntas e interpenetrándose, la cualidad del arte y la medida en que la realidad que representa es´te de acuerdo con su concepto dependerán del grado de fusión, de unión que exista entre la idea y la forma."

Pero además, el arte es una pregunta, dice Hegel. Una pregunta dirigida a las almas y a las mentes.

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200503.htm

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