VIVIR (Ayn Rand)

En 1926, dos semanas después de cumplir los veintiún años, la joven Alisa Zinovievna Rosenbaum llegó a los Estados Unidos escapando de la URSS con poco dinero y un dominio más bien modesto del idioma inglés. Diez años después, publicó su primera novela, Los que vivimos, usando su nuevo nombre: Ayn Rand. Y dos años más tarde, en 1938, la primera edición de ¡Vivir!, su segunda novela, apareció en Inglaterra como Anthem (himno). En 1946, la obra llegó a España y Estados Unidos, donde ella vivía.

Cuando Rand escribió ¡Vivir!, los coqueteos de los políticos e intelectuales americanos con el comunismo eran tales que los años treinta fueron conocidos en Estados Unidos como la Década Roja. Y lo que siguió fue la alianza con la Unión Soviética de Stalin durante la Guerra Mundial. No es de extrañar que, horrorizada ante el avance de los colectivistas en occidente, Rand les dedicara estas palabras en el prefacio de la edición de 1946:

"Ellos han de afrontar el pleno significado de aquello que defienden o condonan; el específico, exacto y pleno significado del colectivismo, de sus lógicas implicaciones, de los principios sobre los que se asienta, y de las ultimas consecuencias a las que estos principios llevarán. Deben afrontarlo, después decidir si esto es lo que quieren o no."

¡Vivir! entra claramente en el género popularmente conocido como "distopia", pues nos muestra "las ultimas consecuencias" a las que llevan los principios del colectivismo. Narra la vida cotidiana en una sociedad futura que ha abrazado esta ideología hasta el extremo de haber erradicado totalmente no ya el respeto al individuo sino el propio concepto de individualidad.

O casi.

Porque el hilo conductor de la novela es precisamente la individualidad del protagonista que lucha por abrirse camino entre la jungla de leyes de su comunidad. Una individualidad que le hace sentir nauseas ante el sistema colectivizado de reproducción sexual que controlan los planificadores sociales. Una individualidad que se atreverá a transgredir cuantas normas le impidan ser feliz y llevar una vida llena. Pero también una individualidad ingenua y bonachona que cree que la colectividad le sabrá recompensar los beneficios que él les ofrece aunque él los haya obtenido saltándose a la torera las leyes más fundamentales.

Como por ejemplo, escribir.

Llegado a este punto, el lector de ésta pequeña novela de ésta -en España- poco conocida autora bien puede pensar: ¿qué necesidad tenía Rand de plagiar tan descaradamente la mítica 1984 de Orwell? Pero si el lector presta atención verá que la edición británica de ¡Vivir! es de 1938. Y 1984 no fue publicada hasta 1949.

Hay otra curiosidad sobre la escritura del protagonista que llamará la atención del lector desde la primera página: aún cuando él escribe sobre sus pensamientos más íntimos o sobre sus acciones más personales y secretas, no deja nunca de usar la primera persona del plural. En esa sociedad, cada hombre se sabe insignificante; tanto, que sólo la colectividad es reconocida.

Pero el protagonista, como digo, no sólo escribe. Es sus indagaciones solitarias descubre sorprendentes inventos que los hombres había olvidado mucho tiempo atrás. Pero la colectividad prefiere seguir rigiéndose por sus leyes y alumbrarse con velas antes que aceptar la luz eléctrica que el protagonista ha redescubierto investigando a solas. Porque aquí, la luz eléctrica, como el sol en la célebre sátira de Bastiat, es entendida como una monstruosa amenaza: "acarrearía la ruina del Departamento de las Velas. La Vela es un gran don para la Humanidad y está aprobada por todos. No debe ser destruida por la voluntad de uno solo".

Entonces, huye. Se aleja de la sociedad que le ha condenado sin haberle comprendido. Se adentra en el bosque prohibido con la esperanza de dar con aquello cuyo anhelo le ha hecho sentirse diferente y cuya búsqueda le ha convertido en un proscrito. Aquello sin lo cual la vida es una mazmorra y todo esfuerzo una tortura.

Y lo encuentra.

Las últimas páginas son un estallido genuinamente Randiano de felicidad, satisfacción y confianza. Un verdadero himno a aquel concepto, aquella palabra, aquella verdad sobre la que edificará su futuro y podrá… ¡Vivir!

Vivir como un hombre. No como un eslabón más en una cadena. "Yo soy. Yo pienso. Yo quiero. […] Yo soy un hombre. […]

"He destruido el monstruo que gravitaba como una negra nube sobre la tierra y ocultaba el sol a los hombres. El monstruo que estaba sentado en un trono, con cadenas en las manos, los pies sobre el pecho de un hombre, y se alimentaba con la sangre del libre espíritu humano. El monstruo de la palabra ‘Nosotros’.

"Y ahora contemplo el sagrado rostro de un dios y a este dios lo levanto sobre la tierra, más arriba que el cielo, más resplandeciente que el sol, este dios que los hombres han deseado desde que existen, este dios que les dará la dicha, la paz y el orgullo.

"Este dios, esta sola palabra: ‘Yo’."

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LA REBELIÓN DE ATLAS (Ayn Rand)

La rebelión de Atlas

«Si viese usted a Atlas, el gigante que sostiene al mundo sobre sus hombros, si usted viese que él estuviese de pie, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, con sus brazos temblando pero todavía intentando mantener al mundo en lo alto con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor sea su esfuerzo, mayor es el peso que el mundo carga sobre sus hombros- ¿Qué le diría usted que hiciese?…[…]…Que se rebele»

La Rebelión de Atlas es por muchos considerada la obra de ficción más completa y poderosa de Rand sobre la filosofía Objetivista. En la década de los \’80, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos hizo una encuesta, preguntando cuál era el libro que mayor influencia había tenido en la vida de los encuestados. El primero en el ránking fue La Biblia, el segundo, La Rebelión de Atlas (Atlas Shrugged).

Más individuos pasan a ser libertarianos por haber leído «La Rebelión de Atlas» que por ningún otro motivo (Fuente: «The contested legacy of Ayn Rand»).

El libro narra la decadencia de los Estados Unidos como consecuencia del excesivo intervencionismo del gobierno. A pesar de que el libro se escribió entre los años 1946 y 1957, algunas personas ven en la lectura del proceso de destrucción económico que el libro narra, una situación de deterioro económico similar al vivido por Cuba a partir de 1960.

El libro divide la fibra social de Estados Unidos en dos clases: la de los saqueadores y la de los no–saqueadores.

Los saqueadores están dirigidos por la clase política, que piensa que toda actividad económica debe estar regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal

Los no-saqueadores son hombres emprendedores, aquellos dirigentes políticos, religiosos y sindicalistas, los capitales de empresa y los intelectuales que piensan que la solución está justamente en todo lo contrario. Entre ellos, y más en concreto, de los patronos, surge un movimiento de protesta que se concreta en una huelga de empresarios acompañada de sabotajes y desapariciones de empresarios y emprendedores, que desaparecen misteriosamente. El líder de este movimiento es John Galt, a la vez un filósofo y científico.

Galt, desde su escondite en las montañas, da órdenes, sugiere iniciativas y mueve todos los hilos. Junto con él, se refugian los principales empresarios. Durante el tiempo que dura la huelga y la desaparición de los empresarios, el sistema estadounidense se va hundiendo bajo el peso del cada vez más opresivo intervencionismo estatal. La obra termina cuando los empresarios deciden abandonar su escondite de las Montañas Rocosas y regresan a Wall Street y a los centros de decisión; marchan encabezados por el dólar, símbolo que Galt ha elegido como estandarte de su particular rebelión.

Rand quería llamar a su novela «La Huelga»; el título de La Rebelión de Atlas le fue sugerido por su esposo, pues así equipara el empresario al titán mítico que carga a sus espaldas los destinos del mundo. Cuando la obra apareció, llamó la atención por lo atrevido y osado del planteamiento para ese entonces. Hasta ese momento, ni siquiera en Estados Unidos, alguien se había atrevido a realizar un planteamiento en el que los empresarios eran los buenos y el Estado el malvado.

Para Ayn Rand, el hecho de que una huelga pudiera hundir en el caos a los Estados Unidos es la confirmación de que el país no puede vivir sin su clase empresarial, que la política debe subordinarse a las necesidades de la economía empresarial y, finalmente, que es preciso volver al espíritu de los primeros colonos que se sublevaron contra Inglaterra en el siglo XVIII: lucharon contra el intervencionismo estatal y en defensa de sus derechos individuales. Lo que propone Rand es volver al origen de la tradición americana, solo que el héroe ya no es un granjero que se subleva contra los ingleses, sino el patrono que lucha contra el intervencionismo subyugante del estado y cuyo esfuerzo es el que verdaramente crea riqueza.

Al poco tiempo de salir se vendieron cuatro millones de ejemplares de la obra. Luego de este libro, sólo escribió ensayos, en los que desarrolló explícitamente las premisas filosóficas implícitas de «La Rebelión de Atlas». Uno de esos ensayos, «La virtud del egoísmo» es considerado uno de los manifiestos principales de la corriente filosófica de Rand.

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EL MANANTIAL (Ayn Rand)

Es una novela proselitista con una ética y una moral propias y de ahí su clasificación en este género.

En 1943 vino el primer éxito importante de Ayn Rand como novelista, con la publicación de El manantial. El libro, que había tardado siete años en escribir, fue rechazado por 12 editores, hasta que un editor joven en la editorial Bobbs-Merrill le espetó a su jefe: "Si este no es un libro adecuado para usted, entonces yo tampoco debo trabajar para usted".

En 1949 una versión fílmica de El Manantial fue realizada y dirigida por King Vidor. Protagonizada por Gary Cooper (Howard Roark), Patricia Neal (Dominique Francon), Raymond Massey (Gail Wynand) y Kent Smith (Peter Keating).

El guión fue escrito por Ayn Rand, y controlado minuciosamente por ella misma de una forma completamente desacostumbrada en Hollywood,
donde los estudios se toman todo tipo de libertades con los guiones
originales. En varias ocasiones durante el rodaje, Ayn amenazó con
suspender todo el proyecto si el guión sufría la más leve modificación.
Tanto Gary Cooper
como Ayn Rand no quedaron satisfechos con la película. Gary Cooper,
quizás ya demasiado mayor para un papel que en libro corresponde a un
hombre joven, pronunció el famoso discurso final sin entenderlo
realmente, cosa que se nota en la entonación y el énfasis. Ayn Rand
tuvo que luchar mucho para mantener la integridad del guión, y aún así
tampoco quedó satisfecha con la película, llegando a afirmar que lo
único bueno que tenía era que conseguiría nuevos lectores para la
novela. No obstante, la película es muy apreciada hoy en día en
círculos objetivistas, y, dado lo irregular de su distribución, suele estar disponible en redes P2P.

El fundamento de El Manantial es el individualismo y el
colectivismo en el alma humana. La obra se concentra en la vidas de los
cinco principales personajes. El héroe, Howard Roark, es la persona
ideal para Rand; un arquitecto intransigente que está completamente
entregado firmemente, aun cuando de manera serena, a sus ideales,
especialmente creyendo que ninguna persona debe jamás copiar el estilo
de otra, sobre todo en el campo de la arquitectura. A lo largo de la
novela todos los demás protagonistas en algún momento u otro, por
diferentes razones y con distintos grados de énfasis le piden que
renuncie a algunos de sus principios. Sin embargo Howard se mantiene
incólume y no compromete su integridad. Un aspecto interesante y
contrastante de la personalidad de Howard es que, en lugar de la forma
acostumbrada de los héroes típicos, él no se lanza a explicar por medio
de largos y apasionados sermones y monólogos acerca de sus puntos de
vista y por qué el mundo no es lugar justo; todo lo contrario, Howard
lo hace de forma desdeñosa, lacónica y altiva.

Versión española de Wikipedia

Los otros protagonistas son también personas realmente llamativas: un crítico de arte que trata de imponer a toda costa sus opiniones, de modo que los artistas creen las obras que él desea. Una solterona que ssdedica a las obras sociales como reflejo de lo amargada que está pro la vida. Un magnate al que le sobra el dinero pero aún así le falta el coraje para hacer lo que realmente desea…

La novela se lee muy fácilmente a pesar de sus mil y pico páginas, y se esté de acuerdo o no con sus tesis resulta grandiosa.

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