Heinlein fue el decano de los escritores de ciencia ficción norteamericanos, distinguido particularmente por su descripción realista, por no decir dura, de los desarrollos tecnológicos en un futuro cercano. Sin embargo, como ya hemos visto al comentar La desagradable profesión de Jonathan Hoag [21], también sentía inclinación por lo fantástico. En su vejez, escribió una serie de novelas que son más de literatura fantástica que de ciencia ficción, un ejemplo reciente de las cuales es Job: A Comedy of Justice (1984), influida por James Branch–Cabell. La primera y quizá la más popular de sus obras fantásticas de su período tardío fue Ruta de gloria (Glory Road), un intento de elaborar una obra de aventuras afable, alegre y de estilo desconocido para los años sesenta, un juego escapista que evoca un mundo «donde no hay contaminación, ni problemas de trán-sito, ni explosión demográfica … ni guerra fría, ni bombas H, ni publicidad televisiva, ni conferencias en la cumbre, ni ayuda extranjera, ni impuestos ocultos, ni impuesto de la renta».
El personaje principal, E. C. Scar Gordon, un soldado norteamericano rudo y superficial, es herido cuando está de ser-vicio como «asesor militar» en el sudeste asiático. Todavía con poco más de veinte años, decide abandonar el ejército y obtener un título de alguna universidad europea para establecerse y llevar una buena vida cuando vuelva a su hogar. Mientras pasea por una playa nudista del sur de Francia, conoce a una bella (y musculosa) chica rubia que lo sorprende diciéndole: «Eres muy hermoso». Queda tan desconcertado por la observación que se olvida de preguntarle su nombre y su teléfono. Obsesionado por la joven y deprimido por la situación del mundo (como su creador, tiene sólidas ideas «libertarias» de derecha), Gordon decide que una segura carrera de clase media no es, después de todo, adecuada para él:
No quería volver a la escuela … Maldito lo que me importa ya tener garajes para tres coches y piscinas para nadar ni ningún otro símbolo de status o «seguridad». No hay ninguna seguridad en este mundo y sólo los redomados imbéciles y los ratones piensan que podría haberla.
En alguna parte de la jungla me había despojado de toda ambición de este género. Había sido herido demasiadas veces y había perdido todo interés por los supermercados y las subdivisiones de las zonas residenciales, y esta noche era la cena de la Asociación de Padres y Maestros, no lo olvides, querido, tú prometiste…
Yo quería un huevo de Roe … Quería las lunas arroja-dizas de Barsoom. Quería Storisende y Poictesme, y a Holmes sacudiéndome para despertarme y decirme: «El juego ha empezado». … Quería al Preste Juan, y Excalibur extraída por un brazo blanco–luna de un lago silencioso …
(Para ser un joven deportista de comienzos de los años sesenta, ha leído una sorprendente cantidad de obras de ficción romántica de antaño.) Incapaz de hallar de nuevo a su «Helena de Troya» desnuda, responde al anuncio de un periódico que pide un hombre competente con todas sus armas e indomablemente valeroso, y resulta que el anuncio es de su bella y tentadora rubia. Al parecer, necesita un paladín. «Será una gran aventura … y un tesoro mayor aún.» El atontado joven Gordon salta ante la oportunidad que se le presenta, y pronto se encuentra trasladado, mediante un «pentáculo de poder», a otro mundo, un mundo de héroes, heroínas y monstruos. Lo que sigue es una historia de espada y hechicería sumamente divertida, llena de chistes, afectados apotegmas, farsas, suaves estímulos sexuales, referencias a la literatura popular y una emocionante acción (aunque rebuscada). La narración es más importante que la trama, el modo de relatar la trama más importante que la trama misma. La voz de Heinlein puede ser demasiado intrusiva para algunos lectores; sin embargo, para el gran público sensible al intenso encanto de este libro, muestra al autor cerca de la cima de su buena forma.
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Este enorme esfuerzo, la primera obra publicada por su joven autor norteamericano, apareció en tres volúmenes titulados La ruina del Amo Execrable, La guerra de Illearth y El poder que preserva (seguidos por tres volúmenes más en Segundas crónicas, pero no me referiré a ellos aquí). No hay ninguna duda de que pertenece a la escuela de J. R. R. Tolkien. De todas las trilogías de fantasía épica que han aparecido en los treinta y tantos años transcurridos desde El Señor de los Anillos, la de Donaldson ha sido la de mayor éxito comercial, y muchos lectores sostendrán también que es la mejor. Mi impresión es que se trata de una obra innegablemente impresionante, aunque desigual. Donaldson nos brinda una subcreación entera: el mundo del País, donde el héroe (mágicamente desplazado desde nuestra Tierra) se embarca en una intensa búsqueda para derrotar a los poderes corruptos del mal personificados por el Infame Señor Despectivo. Aunque el País tiene una semejanza más que superficial con la Tierra Media, el mismo Thomas Co-venant es un personaje mucho más moderno que cualquiera de los de Tolkien: es descrito como un personaje solitario cargado de angustia, que no tiene confianza en sí mismo y sufre la terri-ble enfermedad de la lepra. En los tres volúmenes, nunca está seguro de si su experiencia del País es o no una especie de ilusión terminal, el sueño de una mente enferma en un cuerpo achacoso.
Esta agradable historia de fantasía y misterio de un escritor norteamericano (nacido en 1945) ha sido descrita por Stanislaw Lem, el distinguido novelista polaco, como «un gran tour de force». Ciertamente, es un libro original y curioso, con un fuerte y peculiar condimento. La narración trata de los extraños sucesos que ocurren cuando Thomas Abbey y su novia Saxony Gardner visitan la pequeña ciudad de Galen, en Missouri, con el propósito de hacer una biografía de un autor de libros para niños. El gran Marshall France, ya difunto, entre cuyas novelas para jóvenes lectores se cuentan títulos tan antojadizos como El pesar del perro verde, La alberca de las estrellas y El país de las risas, llevaba una vida muy recluida en Galen, donde murió a la edad de 44 años (algunos años antes del comienzo de esta historia) . Thomas y Saxony son grandes admiradores de la obra de Marshall France; han estado obsesionados toda su vida por su mágica prosa, sus animales que hablan y sus personajes excéntricos pero encantadoramente humanos. Sin embargo, poco se sabe del escritor, y Thomas, que es desdichado en su trabajo como maestro de escuela, decide tomarse un año de vacaciones para escribir una biografía, con ayuda de Saxony.
En esta atractiva novela todo se hace mediante espejos. O más bien dicho, por el mesmerismo, las cartas de tarot, las bolas de cristal y los aparatos de relojería. Fata Morgana es un entretenimiento burlesco del siglo xIx, en parte un pastiche de las primeras historias de detectives francesas del tipo de Emile Gaboriau. Como el eminente monsieur Lecoq de Gaboriau, el rudo personaje de edad mediana de Kotzwinkle, el inspector Paul Picard, es un miembro de la Sûreté de París. El año es 1861, y Picard se halla tras la pista de un tal Ric Lazare, un mago que adivina el futuro y aparentemente vive de timar a los ricos y a gente de la alta sociedad. Haciéndose pasar por un comerciante en perlas, Picard visita el salón de Lazare, donde le impresiona la voluptuosa belleza de la misteriosa madame Renée Lazare: «Ella llevó la mano a la cadena de flores aterciopeladas que tenía en el pelo y Picard sintió que los pétalos de terciopelo se le abrían en el estómago cuando ella le echó una mirada. La sensación fue insoportablemente deliciosa». El mismo Lazare afirma tener más de cinco mil años y ser un maestro de antiguos misterios. Sea cual fuere la verdad, pone en ridículo al detective al ver rápidamente más allá del disfraz de Picard. Presa de desesperación, el policía abandona París en busca de alguna prueba que condene a Lazare.
Hay un libro del mismo tíyulo de Sturgeon, pero no conviene confundirlo con este.