La novelas sobre nazis escritas por anglosajones ya me ponen en guardia, pero aún así, como esta me la regaló un amigo, decidí leerla. No es pesada. Se acaba pronto. Por ahñí, punto a favorLa idea en sí me pareció atractiva y me acerqué al libro con mente abierta y ganas de imbuirme en aquel ambiente difícil. La primera desilusión fue comprobar que el autor no estaba demasiado interesado en nada que no tuviese que ver con los tópicos conocidos por todo el mundo. Mi impresión después de unos cuantos patinazos graves (como llamar Marga a la mujer de Goebbels, en vez de Magda) fue que el autor se había documentado para escribir el libro viendo tres películas malas y cuatro documentales de la propaganda americana, y eso me molestó bastante.
Por lo demás, la trama avanza bastante lentamente, sin rumbo fijo ni dirección, y a simple golpe de comparación. Porque en cuanto a estilo, no se me ocurre otra manera de describirlo que decir que esta sería la obra que escribiera Chiquito de la Calzada si en vez de dedicarse al humor se hubiera dedicado a la novela negra. Comparación tras comparación, venga a cuento, o no, con medida y sin ella, y desgranando uno a uno, sin piedad, los tópico de lo malos que son los nazis, lo asquerosa que es la vida en un sitio donde ellos gobiernan y lo repugnante que es la gente que se afilia al partido.
La novela es fría, maniquea, con personajes burdos, mal trazados y escenarios impensables. Las chicas quieren proque sí al detectuive, al que unasveces lepegan proque sí y otras veces le obedecen o le quieren porque les da la gana. Este, en resumen, es el rigos lógico del libro.
Al final parece que se endereza un poco en algunas escenas con cierto gancho, pero la conclusión es que cualquier porquería de novela puede ser mejor novela que esta. Tengo las otras dos de Berlín Noir y estoy por regalarlas.
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TÍTULO=»Berlin Noir I. Philip Kerr. «Violetas de marzo»»
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Al igual que James Blish, Walter M. Miller (nacido en 1923) es un escritor de cf interesado por el cristianismo, pero se diferencian en que Miller es un creyente, no un agnóstico como Blish. Cántico a San Leibowitz (A Canticle for Leibowitz) es su única novela. Cuando se publicó por primera vez no fue calificada como «cf», a pesar de que sus tres partes aparecieron originalmente (abreviadas) como novelas cortas en Magazine of Fantasy and Science Fiction. Miller escribió un buen número de
Este libro combina elementos de ciencia dura (física, biología y química) con especulaciones teológicas, sociológicas e incluso literarias. El campo de referencia intelectual del autor es sorprendente. Brian Aldiss no exageraba cuando decía que Blish tenía «uno de los intelectos más poderosos (y una de las memorias más ricas, diría yo) que jamás se hayan dedicado a la ciencia ficción». Esto parece sorprendente cuando uno recuerda que James Blish (1921–1975) fue un escritor del género de cf que se había fogueado en las revistas norteamericanas de segunda línea de los años cuarenta. Antes de dedicarse a la literatura se había graduado en biología y había trabajado en una importante com-pañía farmacéutica. Hasta la aparición de Un caso de conciencia (A Case of Conscience) era conocido principalmente por unas óperas del espacio bastante presuntuosas, los relatos de la serie «Okie», varios de los cuales formaron el libro Earthman, Come Home.
Ésta es otra de las denominadas novelas británicas catastróficas de la escuela de John Wyndham. En realidad, es exactamente eso, aunque más aguda –más perturbadora, más mordaz– que El día de los trífidos o Kraken acecha. Antes de la publicación de esta novela, John Christopher (cuyo nombre real es Christopher Samuel Youd, nacido en 1922) había escrito varios
Esta novela se publicó por primera vez en 1952, por entregas, en la revista Galaxy, bajo el título «Gravy Planet». Es una novela corta y alegre, su permanente ingenio y su incisivo humor son deliciosos. En muchos sentidos representa la quintaesencia de la «ciencia ficción de carácter social» de los años cincuenta, un estilo que, bajo la dirección editorial de H. L. Gold, distinguió a Galaxy. En 1960, el novelista Kingsley Amis declaró que Mercaderes del espacio (The Space Merchants) «tiene pleno derecho a ser considerada la mejor novela de cf hasta ahora». Aunque se refería a la cf norteamericana de revistas, y no a la reconocida tradición británica de Wells, Huxley y Orwell, se trataba, sin embargo, de un gran elogio. ¿Merece el libro semejante elogio? Yo creo que sí.