Panorama del Teatro Inglés, William Hazlitt

[A View of the English Stage]. Bajo este título, el crítico inglés William Hazlitt (1778-1830) publicó, en 1818, una serie de críticas y ensayos dramáticos, aparecidos primero en varios periódicos («The Morning Chronicle», «The Champion», «The Examiner», «The Times»).

En el primer ensayo («Sobre los actores y su actuación» [«On Actors and Acting»]) define a los actores como «los diversos representantes de la na­turaleza humana» y «los únicos hipócritas honrados»; su vida es un sueño voluntario, una locura querida, y su máxima ambición está constituida por salir «fuera de sí mis­mos»; realizan una útil función social, por­que nos muestran «lo que somos, lo que de­seamos ser y lo que tememos ser»; la es­cena es en realidad un epítome, una imagen mejorada del mundo real, del que queda excluida la parte aburrida, y que influye doblemente en la sociedad, porque mientras los autores nos imitan, a nuestra vez los imitamos; el teatro contribuye además a refinar a los hombres procurándoles ideas y temas de conversación y de interés co­mún, pues «el progreso de la civilización está en proporción al número de lugares comunes corrientes en la sociedad».

En el ensayo «Sobre la comedia moderna» [«On Modern Comedy»] trata de explicar la falta de buenas obras cómicas en su tiempo por el hecho de que la comedia se destruye a sí misma en cuanto, al exponer continua­mente al ridículo las locuras y debilida­des humanas, consume el mismo manjar de que se alimenta; la verdadera fuente del escritor cómico está indudablemente en las peculiaridades de los hombres y de las cos­tumbres, y el objeto del ridículo es el egoísmo: un hombre que se vea todos los días representado sobre la escena no puede ser absolutamente egoísta; sin contar con que los cambios de ideas, de costumbres, incluso de trajes, verificados durante los últimos años, son muy poco favorables al teatro; y concluye diciendo que el mismo Shakespeare languidecería hoy en esta densa atmósfera de lógica y de crítica.

Similar­mente trata de explicar («Sobre la poesía dramática» [«On Dramatic Poetry»]) la decadencia de la tragedia: la época en la que vive es crítica, didáctica, paradójica, ro­mántica, pero no dramática; la revolución francesa, al atraer las miradas de todos, ha abstraído al hombre de sí mismo, haciendo de él una «criatura pública» y sustituyendo por las distinciones analíticas y las dispu­tas verbales las actitudes y antipatías per­sonales y locales, sustrato indispensable de la tragedia. Sigue una serie de ensayos sobre los principales actores de su época.

Hazlitt, que con Hunt, Lamb y De Quincey representa la corriente de transición en que la persistencia de elementos heredados del clasicismo viene acompañada por la búsque­da de un equilibrio nuevo inspirado en el romanticismo, puede ser considerado como el verdadero fundador de la crítica dramá­tica inglesa; sus ensayos, en un estilo vivo, discursivo y espontáneo, además de darnos una visión completa y precisa del teatro de su época, iluminan con original finura, en el estudio que hace de las interpretaciones de los diversos actores, a los principales personajes shakespearianos.

A. P. Marchesini