Pan y Vino, Friedrich Hölderlin

[Brot und Wein]. Elegía compuesta por Friedrich Hölderlin (1770- 1843) en 1801, dedicada a Wilhem Heinse y publicada por primera vez en el «Almana­que de las Musas» de Seckendorf, para el año 1807.

Es de una gran importancia para quien quiera adentrarse en el mundo del pensamiento hölderliniano. Como la noche y el día, dice el poeta, se alternan en el mundo, alternando para los hombres el re­poso con el trabajo, así en el curso de la historia de la humanidad se alternan con épocas oscuras, en que los dioses ausentes de la vida terrena y los hombres han de reconquistar inconscientemente, poco a po­co, la potencia espiritual perdida, épocas en que los dioses vuelven a vivir en el mundo porque los hombres se han tornado dignos de ellos.

Este es un alternarse nece­sario y eterno. Para atestiguar su venida al mundo y para prometer al mismo tiempo un retomo, los dioses han dejado prendas en el mundo: el vino de Dionisos, el pan y el vino de Jesús. Hölderlin interpreta atrevidamente la venida de Cristo a la tie­rra como una continuación, como un com­pletarse de la religión griega, porque, en lugar de suprimir el carisma dejado por Dionisos, el vino, Cristo añade otro, el pan.

Hoy, dice Hölderlin, es de noche en el mun­do, pero, como existen los dos carismas sa­grados, los hombres pueden vivir en rela­ción con el Dios invisible, y prepararse para la regeneración espiritual de mañana. La poesía de Hölderlin, con su intento de lograr la conciliación de los dos términos antitéticos de paganismo y cristianismo que volveremos a encontrar en sus últimos Himnos (v.), ya presenta aquí, junto con el sentido difuso de mística espera, el carác­ter alucinadamente visionario propio de su última producción…

Naturalmente, el valor de estas interpretaciones hölderlinianas no es objetivo, sino lírico, por la potencia de vuelo que su sentimiento religioso alcanzó en ellas y por la potencia de poéticas visiones que su arte sacó de ellas. Esta elegía figura, en realidad, entre las cosas más grandes que Hölderlin ha escrito.

A. Musa

Su magia más querida es la insinuación, la intuición, no la claridad. Su poesía no quiere ser nunca plástica, sino solamente luminosa — por esto no arroja ni siquiera sombras que marquen con mayor precisión los volúmenes de las cosas —, no quiere hacer que se vea, al describir, nada real sobre la tierra, sino elevar intuitivamente a los cielos algo no sensible, algo del sentimiento espiritual. (S. Zweig)