El Pájaro Solitario, Giacomo Leopardi

[Il passero so­litario]. «Idilio» en tres estrofas de Giacomo Leopardi (1798-1837), compuesto quizás en­tre 1819 y 1821, acaso modificado luego y publicado con los Cantos (v.) de 1835.

Moti­vo antiguo este de El pájaro solitario (que tiene ya su «fabulita» en su calificación de solitario) que aparece ya al final del Salmo CI (8); «Vigilavi et factus sum sicut passer solitarius in tecto»; y Petrarca había cantado también «Passer mai solitario in alcun tetto/ Non fu quant’io» [«Jamás pájaro en tejado alguno se halló solitario/como yo»], donde la comparación está ya manifiesta; se pueden citar también, como se ha hecho, un pasa­je del Morgante (v.) (XIV, 60): «La passer penserosa e solitaria/Che sol con seco starsi si diletta» [«La pajarilla pensativa y solita­ria/que no se deleita sino estando sola con­sigo»]; el estrambote en que Panfilo Sasso dice de sí: «Come fa il passer solitario i’volo /Piangendo la mia cruda e trista sorte» [«Como hace el pájaro solitario yo vuelo/ Llorando mi cruda y triste suerte»]; etc.

E infinitos ejemplos se podrían añadir; tam­bién en el capítulo de Benvenuto Cellini sobre la prisión se lee: «Cantava un passer solitario forte/Sopra la rocca, etc.» [«Can­taba fuerte un pájaro solitario/sobre la roca»]. Pero se puede decir que este motivo llega a su madurez suprema en el canto dé Leopardi, que profundizó en él, creando en torno al pájaro solitario el paisaje ideal, así de campos y horizontes como de esta­ción, y estableciendo al mismo tiempo una relación novísima entre la fiesta y la pri­mavera, entre la juventud y la nueva época del año.

Los aspectos naturales de las cosas, los acontecimientos de la tierra, son siem­pre tomados por Giacomo Leopardi como una representación de su suerte humana, como si la naturaleza, con ritos de aire, de luz, de plantas, de campos, de montes, na­rrase la vida dolorosa del poeta. Y como sus afectos son tanto más profundos cuanto me­nos diversos, la materia del arte leopardiano es como una serie de variaciones (que tiene el rigor esencial de las variaciones sinfó­nicas) en torno a pocos temas fundamen­tales, todos los cuales después, con mayor o menor relieve, con más o menos inten­sidad, son recordados en cada poesía.

Aquí, el pájaro y la primavera traducen en for­mas-de canto y de paisaje un día de fiesta, la escena de la soledad elegiaca, como se representa en el ánimo de Giacomo Leo­pardi.

F. Flora