Padre Sergio, León Tolstoi

[Otee Sergij]. Cuento de León Tolstoi (Lev Nicolaevič Tolstoj, 1828-1910), escrito entre 1890 y 1898, y no publi­cado hasta 1911.

Es la historia de un joven príncipe el cual, destinado a una gran ca­rrera, un mes antes de casarse con una joven dama la zarina, descubre que ha sido la favorita del zar, rompe sus rela­ciones con ella y se hace religioso. Pero ambicioso y ávido de gloria también con su hábito de religioso, no sabe cómo aniqui­lar las pasiones que le nublan el corazón y el cerebro.

Después de haber vivido en varios monasterios se hace ermitaño. La fama de su santidad se difunde pronto en­tre el pueblo, y su celda llega a ser meta de peregrinaciones. Una mujer hermosa y de­seosa de aventuras, con el pretexto de haber perdido el camino y fingiendo una súbita indisposición, logra hospedarse, de noche, en el tugurio del ermitaño.

El padre Sergio está a punto de sucumbir a la tentación, cuando, de improviso, para evitar el pecado, se corta con un hacha un dedo de la mano. Aquella mujer, trastornada, parte y durante algún tiempo se encierra en un convento. La santidad del ermitaño es ya conocida en toda Rusia, y hasta se le atribuyen mila­gros.

Pero la carne no está nunca vencida; al querer curar a una jovencita enferma de neurastenia, ésta, casi inconscientemente, le induce a pecar. El padre Sergio huye de su celda, y después de un sueño que a él le parece de inspiración divina, marcha a pie a una ciudad lejana en que vive una mu­jer a quien él había conocido durante su infancia, la cual vive trabajando fatigosa­mente para mantener a sus hijos. «Yo he vivido con los hombres, con el pretexto de Dios — dice el padre Sergio —; ella sirve a Dios y cree vivir para los hombres».

En adelante, para expiar sus pecados, irá pere­grinando por Rusia. Las últimas líneas de la narración dicen que «…se colocó en Sibe­ria en la propiedad de un rico campesino ahora vive allí, trabaja en el huerto de su amo, enseña a los niños y asiste a los enfermos». Obra de su madurez, este cuento contiene la esencia de la filosofía de Tolstoi, que ve en el amor operante el camino para llegar a Dios. El psicologismo propio del gran escritor se refina aquí, como en las mejores obras suyas, superando su com­placencia en la introspección, tan cultivada por la escuela naturalista, y siguiendo, en el íntimo tormento de las almas, el misterio que las dirige hacia la salvación.

G. Kraisky